Parodi Rock & Roll

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Miembro fundador de Los Estómagos, banda fundamental del renacimiento del rock nacional post dictadura, integrante y también fundador de Buitres Después de la Una, convertidos en uno de los grandes convocantes del medio local, referente absoluto para las generaciones de músicos y fundamentalmente guitarristas de nuestro país. Gustavo Parodi.

SR –  Formás parte de una banda de primera línea como Buitres, ¿por qué sentís la necesidad de tener un proyecto paralelo?

Gustavo – Bueno, soy un tipo que hace canciones y tengo necesidad de mostrarlas. La chance que te da tener una banda chica es que es más fácil juntarnos, además somos los tres de Pando, arreglamos para hacer un ensayo, preparamos una canción, la grabamos, la colgamos y ya la anexamos al repertorio para tocarla. Es algo de lo que hacíamos con Los Estómagos, era todo urgente e inmediato, esto es igual acá.

SR – ¿Con Buitres es más complicado hacer esto?

Gustavo – Sí, porque todo es más complicado. Por ejemplo, en su manera de moverse. Buitres es una banda que tiene utileros, plomos, sonidista, iluminador, camión para los equipos, etc, etc. Entonces cuando alguien nos llama le decimos sale tanto, y ese alto costo que tiene una banda grande nos hace perder muchas posibilidades de tocar. Y es ahí donde me cuestiono las cosas que me llevaron a tocar en una banda: hacer ruido, tocar con el equipo en la espalda, con la gente adelante, cerca, que te diga “qué estás haciendo, gordito”, ja ja ja. Tal vez sea poco profesional, pero a mí es lo que me hace bien, que por otra parte es lo que hacíamos con Los Estómagos en los primeros tiempos.

SR – Con Buitres no salen mucho a tocar al exterior.

Gustavo – Somos una banda 100% uruguaya, tocamos acá porque no tenemos la suerte de ir a Chile, Argentina. La razón es que cuando nos llegó el momento ya éramos gente grande y no podíamos embarcarnos en una gira con lo que eso conlleva. A esa altura ya teníamos laburos, hijos, carreras hechas. Estamos como recluidos, esperando cosas que pasen. En cambio con Chanchos nos dicen, “pueden tocar en tal boliche, tal día”. ¡¡¡Vamos!!! Y ahí estamos. Enchufás y tocás. Y eso yo lo necesito. Lo disfruto muchísimo.

SR – ¿Hay algunos cambios en Buitres?

Gustavo – Sí, terminó una larga relación con nuestra productora. Ahora queremos movernos por nosotros mismos y ver hasta dónde llegamos. Decidimos salir a tocar en lugares más chicos, hicimos un par de fechas en Bluzz, nos fue espectacular, a todos nos hizo muy bien. Después pasa lo de Nico (Nicolás Souto), se va y estuvimos dos meses probando batero, y ya lo tenemos. Vamos a debutar con él en Cosquin Rock.

SR – De Estómagos a Buitres, de Buitres a Chanchos, ¿hay una vuelta a las raíces?

Gustavo – Los Buitres salieron de la sombra de Los Estómagos. De tener que tocar determinado tipo de música que nos exigía la gente, fuimos como libres de tocar lo que quisiéramos. Y hoy yo quiero también tocar lo que quiera. Hacer una presentación de 25 o 30 minutos, con canciones de 1 minuto y poco, tocar todas las semanas y en contacto con la gente. Yo les decía a mis compañeros de Chanchos, “disfruten esto porque no se repite después”. Por momentos siento que estoy haciendo lo que quería cuando tenía 17 o 18 años. En Buitres hoy tenemos ideas muy diferentes musicalmente hablando. Para mí esto me permite salirme y desarrollar todo lo que tengo en la cabeza y creo que Gabriel (Peluffo), lo mismo con su proyecto con el tango, es algo que toda la vida quiso hacer.

SR – ¿Piensan seguir componiendo temas para Buitres?

Gustavo – Sí, cuando el batero se asiente vamos que tener que empezar a trabajar en hacer nuevas canciones. Elegirlo nos llevó un tiempo porque teníamos que asegurarnos de hablar con él de muchas cosas; yo le preguntaba sobre la música, Gabriel sobre la familia (ja ja ja). En definitiva es un tipo con el que vamos a convivir.

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SR – ¿Tenés genética musical de tu familia?

Gustavo – Sí, mi padre cantaba en una orquesta de los cincuenta, y mi madre tocaba el piano. Además una tía me traía discos de rock and roll que compraba en la feria. Pero un día fui a la casa de unos parientes en el Tala, y vi una guitarra eléctrica sobre un sillón y me explotó la cabeza. Y me pregunté porqué sentí esa atracción en ese momento. Me di cuenta que mi misión en este mundo era formar una banda y hacer rock and roll.

SR – Contanos como fueron los comienzos y las dificultades que tuvieron que afrontar.

Gustavo – Empecé a juntarme con gente a tocar, pero el día que me presentan al Hueso (Fabián Hernández), sentí que con él podía hacer algo distinto. Decidimos probar gente para armar la banda y elegíamos a los que tenían más ganas. Gabriel cantaba horrible, y el hueso lo quería bochar, pero tenía unas ganas bárbaras. Después de cuatro meses de ensayos surge la oportunidad de tocar en un baile de liceo. Fue la primera actuación de Los Estómagos. Éramos algo raro para el momento, porque veníamos de una dictadura y a nivel local no se escuchaba nada de este tipo de música. Había gente ávida por escuchar, aunque no era fácil, tuvimos que sufrir bastante, debimos perseverar para imponernos. Y con el tiempo nos dimos cuenta del camino que abrimos para otras bandas. Sentimos un cierto orgullo de haber contribuido al crecimiento cultural.

SR – ¿Cómo vez hoy el panorama?

Gustavo – Sigue siendo un país con muy poca infraestructura sobre todo para el rock and roll. Hay boliches donde los parlantes no se escuchan, el escenario es de tablas con cajones abajo, hay cosas rotas, faltan enchufes, y son lugares que tocan tres o cuatro bandas por semana. Es lo mismo de lo que sufríamos en el ’84. Eso debería mejorar.

SR – ¿Tu necesidad de hacer música siempre apunta al rock?

Gustavo – Es que no concibo otra cosa, he intentado con guitarra acústica pero me miro y digo “qué hago con esto colgado acá”. Básicamente yo le hago un culto a la guitarra eléctrica. Nunca voy a tener una evolución musical porque no la acepto, y sé que está mal visto artísticamente, pero siento que me estaría traicionando. A mí me sigue gustando el “Psychocandy” de Jesus and Mary Chain, con ese culto a la guitarra eléctrica atrás.

SR – Los Estómagos…

Gustavo – Era una excelente banda de rock, cada uno cumplía una función y el Hueso era el que más insistía con eso. Después yo era el más rudimentario, y el cantante era el foco. Los Estómagos cayeron justo en esa transición de tiempo y fueron muy prolíficos. En el debe nos quedó no haber entrado en Argentina, tuvimos todo para hacerlo pero no lo hicimos. Todavía en Buenos Aires nos tienen como banda de culto.

SR – Los Chanchos…

Gustavo – Son muy ruidosos. Es un tipo con una guitarra, con un montón de fuzzes en el piso, una batería y un bajo tocado por Claudio, que es un excelente bajista. Somos un trio que musicalmente no es virtuoso pero que estamos intentado hacer otras cosas, veremos hasta dónde llegamos. Yo me quería sacar las ganas de tener una banda chica y hacer esto, porque los años pasan y no sé hasta cuándo pueda hacerlo.

 

SR – Sobre el escenario siempre estas agachado como no queriendo ser centro de atención ¿Por qué?

Gustavo – No, lo que pasa es que necesito estar concentrado y si no me agacho no escucho la guitarra (ja ja ja). Además odio las poses, no me salen, siento que haría el ridículo. Entonces me meto en mi mundo y disfruto. Yo disfruto muchísimo lo que hago.

SR – ¿Qué esta pasando con el rock?

Gustavo – Desde hace unos años cambió el gusto por la música, hubo como una invasión de cosas latinas, entonces los jóvenes escuchan reggaetón, es más fácil. Nosotros crecimos escuchando música en inglés, pero ahora parece que está mal visto, tenés que escuchar cosas latinas. Entonces tenemos gente que tiene de treinta años para arriba que va a ver los espectáculos de rock. Acá en Uruguay faltan orejas. Ahora hay casas de música, podés tener el instrumento que quieras, hay boliches donde tocar, lo que falta es gente para escuchar. En los ochenta ponías cuatro locos a tocar y se llenaba, por lo menos para ver que podía pasar. Había necesidad de juntarse, de escuchar lo que alguien nos decía.

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SR – ¿Cómo componés tu música?

Gustavo – Y, armo con la guitarra algunos riffs y los grabo, después hago las letras que son cortas, pero creo que la autenticidad está en diez minutos. No soy de los que está un mes para terminar una canción. La inmediatez es parte de la autenticidad. Me viene la idea y necesito largarla rápido. Lo bueno de Chanchos es que hacemos canciones, las probamos en el ensayo y si nos gustan al otro día las grabamos, todo es muy rápido. Por ejemplo, “La rana hervida”. Escuché hablar del síndrome de la rana hervida y se me ocurrió hacerle una canción, y ahí está.

SR – Hablás de inmediatez, y tiene mucho que ver con la esencia punk

Gustavo – Mi definición del punk es: no desarrolles cosas por demasiado tiempo, sé breve, conciso, y en lo posible que te haga bien a vos. Creo que yo no soy punk, creo que soy primitivo, y a mí me gusta. A fines de los setenta esas bandas enchufaban y tocaban y contagiaban a otros a formar más bandas. Algo similar pasó en los noventa con el grunge de Nirvana.

SR – No acostumbran a poner bandas teloneras, ¿no?

Gustavo – Siempre nos reprochan porqué no ponemos bandas teloneras, y la verdad que es muy complicado para las bandas bancarse la actitud de la gente, sobre todo acá, no tanto en Argentina. Van con la intención de mostrarse y nadie te da pelota. Nos pasó con la Trotsky que la llevamos a todos lados durante dos años. Yo les decía “a ustedes no les sirve tocar con nosotros, déjense de joder”, y el día que no tocaron más con nosotros fue cuando despegaron.

SR – ¿Para cuándo podemos ver nuevamente a Los Estómagos?

Gustavo – No, no,  Los Estómagos no van a volver. Hemos tenido varias oportunidades para volver, pero no. Con el Hueso tenemos diferencias musicales, a él le gusta tocar el piano y ése es un instrumento que odio. Un día me invitaron a ver uno de esos grupos que hacen homenajes, en este caso a Los Estómagos. Tocaban hasta las canciones más oscuras como “Invierno”, y la verdad es que me sorprendieron. Además convocaban pila de gente. Entonces hablé con el hueso y le propuse de hacer un toque, pero él no quiere volver a tocar el bajo, entonces no se dio. Hay un recital de Buitres por el 2011 en La Trastienda que para mí fue uno de los mejores recitales que hicimos y tocamos seis o siete canciones de Los Estómagos. Tocamos “Amo de la noche”, “Ningún lugar”, “En la noche”, “Gritar”, “Fuera de control”, “Cuatro brujas”, “Una ola”, todas las canciones clásicas, y sonaba que se te partía la cabeza. Pero no eran Los Estómagos, no estaba el Hueso, no estaba el cabeza Marriott. Entonces la única forma que se junten Los Estómagos es que creen ocho o nueve canciones nuevas, pero por nuestras cabezas musicales ya es imposible. El Hueso no se banca la distorsión y a mí cada vez me gusta más, por ejemplo.

Hace algo más de 30 años entrevistamos a Los Estómagos, y Gustavo era tan claro como ahora para aportar sus conceptos. Hoy tiene también aquellas ganas de seguir tocando como cuando era muy joven, pero con el plus de la experiencia. Autocrítico, humilde al hablar de sí mismo, lo que nos deja esa sensación de que estamos ante un buen tipo. En una parte de la entrevista dice: ”yo disfruto muchísimo lo que hago”. Cómo no hacerlo si tu vida es rock and roll. Gracias Gustavo.

Ariel Scarpa – Winston Estévez