Cuando Luis Fernando Iglesias me habló de su intención de escribir un libro sobre Baldío, me alegré en muchos sentidos. Primero por la necesaria reivindicación del que para mí, fuera el grupo más trascendente de la “canción popular” de entonces. Un término donde cabía de todo. Segundo porque fuese él quién lo escribiera. Y tercero, como le dije en su momento, si me hubiesen propuesto escribir un libro sobre una banda (eliminado aquellas con las que estuve vinculado), Baldío hubiese sido la primera opción en una reducida lista de no más de cinco, seis discos.
Baldío
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