COBERTURA DE MANERA PRESENCIAL DE LOS TOQUES, CON COMENTARIOS, FOTOS Y VIDEOS EXCLUSIVOS.

De a poco vamos viendo cómo la vuelta a la normalidad trae aparejado unos nuevos bríos llenos de rock y, para aquellos que estábamos esperándolo, son como una correntada de aire fresco y rejuvenecedor ante tanto tiempo sin espectáculos en vivo. Gracias a esta apertura de boliches, la agenda de toques explotó y dentro de toda la gran y exquisita oferta que hay por estos días, no damos en elegir presenciar a vivir la primera jornada del Rock&Branca, realizada el pasado viernes 17, donde en instalaciones del boliche Plaza Mateo y a partir de las 20:30, dio comienzo al programa fijado.

La banda nacional Easyband se presentó ese día y en ese lugar a dejar bien en claro que no hay encierro tan atroz, pandemia más cruel o frío y niebla de una noche inhóspita en la desolada ciudad de Montevideo, que no pueda ser anestesiada por un buen rock ‘n’ roll. Ante tal evento y al mejor estilo “perro rabioso” que lo sueltan por un instante, me di una escapada al encuentro de estos embajadores del mejor placer que por los orificios auditivos podés obtener.

Uno de estos ejemplos de gratos momentos y que no se dan muy seguido, fue lo que sucedió hace unas noches, precisamente el pasado miércoles 4 del corriente, cuando se presentó en The Shannon Pub la legendaria banda de blues-rock, El Conde. Festejando sus primeros 30 años de música y luego de este parate obligatorio por la pandemia, El Conde no demoró ni un instante, y ante la primera oportunidad que tuvo en esta vuelta hacia una teórica normalidad, se subió al escenario y de pie con la frente en alto, instrumentos enchufados y voces preparadas, otorgó lo que cada uno de los que allí estábamos buscando y sabíamos que íbamos a encontrar, un sin fin de gratas sensaciones consecuencia directa de la acción de un cuarteto conformado por excepcionales músicos.

Viernes 5 de marzo, segundo show de Peyote Asesino en La Trastienda. Todos sentaditos en nuestras ubicaciones, respetando todos los protocolos. Pero el Peyote es grande, y logra que a su público le cueste quedarse quieto en las sillas. Ni el virus con coronita logró aplacar la energía desbordante que emanó la banda desde el escenario, cual ola que nos empapó a todos.