Pocas ideas funcionan mejor que el misterio: lo poco o nada explícito, aquello que exige ser descubierto. En un mundo dominado por la imagen y la sobreabundancia de palabras, todo lo que se sustrae a esa lógica tiende a generar un interés mayor. Esa misma lógica del ocultamiento y la sugerencia parece haber guiado en muchas ocasiones el trabajo de Peter Saville, probablemente el diseñador de portadas más influyente de las últimas décadas, aunque su producción más decisiva se concentrara a finales de los años setenta y durante los ochenta, en su etapa para la discográfica Factory Records.









