En 1969 en el marco del histórico -y hasta ese momento sin precedentes- festival de Woodstock en Bethel, Estado de Nueva York, se presenta un artista latino de origen mexicano llamado Carlos Santana junto a su banda reconocida popularmente como Santana a secas. La presentación es poderosa, ambiciosa, irradia luz e interpela los sentidos de los Cerca de 400 mil seres humanos que estaban allí presentes. La performance de Santana con su canción “Soul sacrifice” no sólo fue un momento icónico del evento en cuestión, fue un hito para un género aún inexistente sin vías de proyección en el universo musical, adquiriendo una visibilidad a partir de una legitimación de la fusión.









