Da gusto descubrir que este 2021 nos está dando pequeñas señales en la dirección de intentar ser un año distinto a su antecesor, en el cual como todos ya sabemos, sufrimos los estragos por el inicio de la pandemia y sus duras consecuencias, el avance estrepitoso del “trap” y sus infames artistas, y otro sin fin de patógenos agresivos para la sanidad mental y física de los seres humanos.

Hace tiempo que venía masticando y masticando una nota sobre ÁCIDO. Sí, sobre mi banda, ¿y qué? Creo que además de merecerlo, si las cosas no las cuenta uno, ¿quién? Si Santaolalla se hace un documental de mierda diciendo lo que quiere sobre el rock, ¿no puedo yo escribir un artículo de mierda en esta revista? La cosa es que de momento, lo de ÁCIDO quedó en el freezer, pero si arranqué debido a muchos motivos, sobre mi pasaje por X FM 100.3, por las radios en general o los medios de comunicación por los que pasé, etc. Pero no podía dejar pasar FEBRERO por más que me tuviese como uno de los protagonistas.

“Están tirando mucho de la cuerdita”, me dijo Pope, con la tapa del Sansueña en su mano derecha. La púa de la MK2 torturaba el vinilo mientras un ganso de pico rojo, hervía en una olla de pésima higiene. Pope vivía en un predio ocupado atrás del Zoo Municipal y estaba cursando una profunda depresión, que lo había hecho perder veinte kilos, producto de una ruptura amorosa. Según mi profesora de Filosofía del IAVA, Pope escuchaba rock. Pope escuchaba Darnauchans. Por lo tanto, Darnauchans era rock.

Buenos días, aquí el abuelo Ramón con más historias y batallitas de sus tiempos mozos. La lozana y bravía juventud de hoy día poco conoce de pretéritas épocas en las que no había internet, no había móviles, no había MTV, no había videos (ni promocionales ni en vivo). Y TAMPOCO HABÍA DEMOCRACIA NI LIBERTAD. Lo que había era rockeros mudos, inmóviles, que a veces te miraban desde las portadas de sus discos. ¿Y por qué a veces?