Historias, anécdotas y entrevistas de Hugo Gutiérrez, baterista de la histórica banda uruguaya de punk rock, La Sangre de Verónika.

El artista británico Norman Wilkinson, inspirado en el movimiento cubista, deliberadamente distorsionó los ángulos y la perspectiva causando un novedoso efecto en sus óleos. Fue así como, sin quererlo, dio origen a un original tipo de camuflaje, al cual denominó Dazzle. Esta técnica se presentó como una solución al problema que tenían los barcos de guerra al no poderse camuflar del mismo modo que los tanques u otros vehículos militares. Al aplicarse a las embarcaciones, no los hace más difíciles de ver, pero dificulta que un enemigo juzgue con precisión la distancia, la dirección y la velocidad de los buques, lo cual otorga una clara ventaja militar. (Por Hugo Gutiérrez)

El sorteo para elegir los servicios de salud donde realizar el Internado de la Licenciatura en Fisioterapia me permitió elegir en primer lugar. Ya lo tenía decidido hacía tiempo, por una cuestión de cercanía, así que cuando el bolillero me nombró, grité: “Instituto Nacional de Oncología”, causando risas en el resto de mi generación de estudios. Nadie quería ir ahí, de hecho fui el único fisioterapeuta en marcar tarjeta en dicho centro, lo cual tenía sus ventajas.

“Confía en la historia pero no en el que la cuenta”, decía Joe Strummer a fines de los ’70s. Hace unos cuantos años, mientras paseábamos a Fuckface, le comenté esa frase a Alexa, al repasar un texto de Nietzsche. Recuerdo que se detuvo y me miró con unos ojos tan grises como las nubes que amenazaban la mañana otoñal. “¡Es genial!”, exclamó con la vitalidad que la caracterizaba. Lo cierto es que, una historia tiene tantas aristas como narradores. Dependerá de las vivencias y características de quien la cuente, así como de quien la reciba.

“Están tirando mucho de la cuerdita”, me dijo Pope, con la tapa del Sansueña en su mano derecha. La púa de la MK2 torturaba el vinilo mientras un ganso de pico rojo, hervía en una olla de pésima higiene. Pope vivía en un predio ocupado atrás del Zoo Municipal y estaba cursando una profunda depresión, que lo había hecho perder veinte kilos, producto de una ruptura amorosa. Según mi profesora de Filosofía del IAVA, Pope escuchaba rock. Pope escuchaba Darnauchans. Por lo tanto, Darnauchans era rock.

“Me tenés que hacer la segunda, Hugo. ¡Por favor, no me dejés tirado!”, me dijo Javier en un tono que no le había escuchado antes. Estábamos entrenando en el garage de Fajardo, unos años antes de que se convirtiera en sala de musculación de la Selección Uruguaya de Basketball. Sonaba DRI con Jello Biafra en el casetero del radiograbador, y mientras me ayudaba con la última repetición de press de pecho inclinado, me volvió a explicar: “la condición para que Betiana acepte salir conmigo es que lleve un amigo para Dafne. Vos estás solo, no te cuesta nada hacerme esa gauchada”.

The Clash debutó un 4 de julio de 1976 (mientras Ramones tocaban en Roundhouse) en el Black Swan de Sheffield. Su segunda presentación fue un show privado (sólo para la prensa) que brindó el 13 de agosto en su sala de ensayos, Rehearsals Rehearsals (que compartían con, los también manejados por Bernie Rhodes, Subway Sect) ubicada en el límite de Camden Town y Chalk Farm. Dos días después de tocar en el cine Screen on the Green de Islington, su tercera presentación, (al otro día de los disturbios del carnaval de Notting Hill, que dieron origen al tema “White riot”). El 31 de agosto de 1976 los Clash volvieron a telonear a los Sex Pistols, ahora, en el 100 Club de Londres.

¡La putísima madre que te re contra mil parió! ¿Cómo carajo le vas a decir “Feliz cumple” a un tipo que llegó a las 5 décadas? Es una broma de pésimo gusto. En todo caso, con un mínimo de sentido común, me tendrías que manifestar: “Lo lamento mucho. Te acompaño en el sentimiento”. Después de los treinta años, cada “aniversario” de tu natalicio no es un privilegio, es una condena, un cruel castigo. Una maldición que te convierte en un coleccionista de decepciones, catador de toda la gama de dolores.

Existe un hecho que ha sido sistemáticamente erradicado de todas las biografías y autobiografías de The Clash: la presencia de Steve Jones en el escenario de los liderados por Strummer. Recuerdo, en 1987, el artículo que escribió Pablo “El New Wave”, en el fanzine Miseria Juvenil, al respecto. Resulta que a mitad de la gira de The Clash “Out On Parole”, en 1978 (donde tuvieron como teloneros a The Specials y a los americanos Suicide), el guitarrista de los Sex Pistols, Steve Jones, empezó a aparecer por sorpresa en los shows de los Clash, para subirse a tocar en los bises del grupo.

El fin de semana pasado, gracias al repertorio elegido por Víctor Nattero y Juan Casanova, en Sala del Museo, quedó demostrada, una vez más, la enorme vigencia de los textos de Traidores (condición que se hace extensiva a toda la Generación Graffiti). Canciones como “Mentiras”, “La muerte elegante”, “Flores en mi tumba”, “De amor y de guerra”, “Enemigo del mundo”, además de no tener fecha de caducidad (a diferencia de la mayonesa y el chocolate) se vieron potenciadas como consecuencia del semi-secuestro que estamos padeciendo (un atentado a los tratados de Epidemiología). Esos temas parece que fueron escritos ayer; cobraron otra dimensión, pasaron a otro nivel. Lamentablemente, esa experiencia no se da con todos los artistas, no todos son inoxidables.