Leo Peirano, de Catalina Records, comparte sus múltiples experiencias en materia de rock. Un aporte con historia.

Es 1981, la irrupción de una segunda oleada de bandas punk parece desatar el caos en una Inglaterra tocada por el paro y la desregularización. Es la consolidación de un nueva escena, más violenta, más ruda. El Oi!, también conocido como streetpunk, comienza a ganarle terreno a un punk huérfano de sus primeros referentes.

¿Cuántas vidas caben en una vida?
¿Qué tantos caminos podemos recorrer en el transcurso de nuestra experiencia vital aquí en la Tierra?
Quizás pocos y nuestra vida se resuma a una rutina constante o en algunos casos sea rica en experiencias de todo tipo.
Este último caso, fue el de Christopher.
Christopher Lee.

Cualquier forma de totalitarismo (rojo o negro), lleva en su germen un terror pánico a la libertad. Ejemplos lamentablemente sobran en la historia humana y sea bajo el signo que sea, la libertad es la primera victima de regimenes de este tipo. Esta es la historia de una guerra que duró unos 12 años, entre los Punks y el Estado «Democrático» de la Alemania del Este.

Si fuese posible, ¿cambiarias el pasado? Asumo que para todos, poder cambiar cosas de nuestro pasado suena a algo por demás tentador, aunque lo sabemos imposible. Pero tecnología mediante, podemos en este caso en lo musical, reescribir quizás un mejor pasado. Volvamos entonces por un rato al pasado…

A partir del «hype» que ha traído la mini serie «Pistol» realizada por Disney… (sí, Disney, baluarte de la familia y los buenos valores, contando una historia sobre el punk) hoy quería contar sobre una historia que apenas es un detalle en esa serie e involucra a quien (seguro sin saberlo) fue el disparador de toda esta historia.

En la tierra natal de Gandhi se cocina hace tiempo un coctel muy peligroso. Sus ingredientes: Música Pop, Bollywood, Integrismo Hindú, Xenofobia y Violencia. En YouTube a veces, durante sus espacios publicitarios, aparecen cantantes hindúes o canciones hindúes que nos pueden parecer simpáticas y exóticas por nuestro desconocimiento del idioma y las costumbres. Pero bajo ese manto pop hay algo más oscuro. He aquí su historia.

Desde hace poco más de una década, en nuestros países se ha popularizado bastante el término “batalla cultural». Este mismo término refiere a lo ideológico, a la hegemonía de las ideas y conceptos, subyacentemente en su dimensión simbólica. En este articulo quiero contar una historia incompleta, de una guerra de baja intensidad en lo cultural, lo conceptual y lo simbólico, que desde hace 30 años se ha librado en las calles de Montevideo y en sus ámbitos sub culturales. Una historia plagada de música, política, aciertos, errores, ambigüedad, valores, dublé y en algunos casos, violencia.

Esta frase la vi o la leí hace mucho tiempo, vaya uno a saber dónde a esta altura de la vida, en algún sitio. A veces cuando hablamos de la música o en este caso del rock, que es lo que nos compete, olvidamos o no le damos el valor que merece a un puntal esencial en toda esa ecuación: La Familia. Cuando comenzamos a enamorarnos del rock, casi siempre ha sido bajo el influjo de algún padre, hermano, tío o primo que nos acercó o hizo escuchar a tal o cual banda, hecho que nos impulsó a querer saber y escuchar más. Seguramente al leer esto ya pensaste en ese familiar quien quizás te acercó al rock.

No creo que sea necesario presentar a The Beatles. Su carrera no sólo está llena de canciones y discos increíbles, sino que también, a los Fab Four, los rodea un halo de misterio, verdades, mentiras y mitología variada (desde la supuesta muerte de Paul a los mensajes en clave en sus canciones e inclusive, en el arte de sus discos). En lo personal, más allá que mis padres escucharan a los Beatles, por esa cosa adolescente de ir contracorriente, yo no les escuchaba y me revelaba contra su música no dándole valor. Yo era Punk, joven y tonto.