Leo Peirano, de Catalina Records, comparte sus múltiples experiencias en materia de rock. Un aporte con historia.

En la tierra natal de Gandhi se cocina hace tiempo un coctel muy peligroso. Sus ingredientes: Música Pop, Bollywood, Integrismo Hindú, Xenofobia y Violencia. En YouTube a veces, durante sus espacios publicitarios, aparecen cantantes hindúes o canciones hindúes que nos pueden parecer simpáticas y exóticas por nuestro desconocimiento del idioma y las costumbres. Pero bajo ese manto pop hay algo más oscuro. He aquí su historia.

Desde hace poco más de una década, en nuestros países se ha popularizado bastante el término “batalla cultural». Este mismo término refiere a lo ideológico, a la hegemonía de las ideas y conceptos, subyacentemente en su dimensión simbólica. En este articulo quiero contar una historia incompleta, de una guerra de baja intensidad en lo cultural, lo conceptual y lo simbólico, que desde hace 30 años se ha librado en las calles de Montevideo y en sus ámbitos sub culturales. Una historia plagada de música, política, aciertos, errores, ambigüedad, valores, dublé y en algunos casos, violencia.

Esta frase la vi o la leí hace mucho tiempo, vaya uno a saber dónde a esta altura de la vida, en algún sitio. A veces cuando hablamos de la música o en este caso del rock, que es lo que nos compete, olvidamos o no le damos el valor que merece a un puntal esencial en toda esa ecuación: La Familia. Cuando comenzamos a enamorarnos del rock, casi siempre ha sido bajo el influjo de algún padre, hermano, tío o primo que nos acercó o hizo escuchar a tal o cual banda, hecho que nos impulsó a querer saber y escuchar más. Seguramente al leer esto ya pensaste en ese familiar quien quizás te acercó al rock.

No creo que sea necesario presentar a The Beatles. Su carrera no sólo está llena de canciones y discos increíbles, sino que también, a los Fab Four, los rodea un halo de misterio, verdades, mentiras y mitología variada (desde la supuesta muerte de Paul a los mensajes en clave en sus canciones e inclusive, en el arte de sus discos). En lo personal, más allá que mis padres escucharan a los Beatles, por esa cosa adolescente de ir contracorriente, yo no les escuchaba y me revelaba contra su música no dándole valor. Yo era Punk, joven y tonto.

«The Shaggs son de verdad, puras, al margen de influencias. Su música es diferente, es sólo de ellas. Creen en ella, la viven. […] The Shaggs te quieren y les encanta tocar para ti. Tú puedes o no apreciar su música, pero sientas lo que sientas, sabes que son artistas de verdad», afirmaba la contraportada de Philosophy of the World…

Si tenés una idea de la historia del rock, sabrás seguramente que la historia de Sid Vicious (Simon John Ritchie) fue tan triste y trágica como parece. Sid, cuando reemplazo a Glen Matlock como bajista de Sex Pistols, no sabía tocar su instrumento.

El mundo de las discográficas ha sido desde siempre un mundo complejo. Desde sellos pequeños llevados adelante por entusiastas de la música, a grandes corporaciones que monopolizan el mercado a través de variadas maneras. Es un universo amplio, diverso; una industria cultural imprescindible y, a la vez, un lugar de claroscuros, con proyectos y personas valiosas, y donde conviven también seres oscuros, interesados sólo en ganar más y más dinero, usando y abusando de los artistas y de su talento hasta límites realmente increíbles.