Recuerdo que me impresionó la noche de Pando. ¡¡¡Destilaba rock!!! Uno caminaba por la calle Gral. Artigas de noche y te cruzabas con jóvenes con remeras que gritaban ¡soy punk! Raros peinados nuevos, al decir de Charly, iban por una vereda y por la otra volvía otra horda. ¡¡Tenía más vida que el Centro de Montevideo!! Y sí, muchos nos tomábamos el 7A e íbamos a donde estaba la movida, donde ibas caminando y te podías cruzar con alguno de Los Estómagos que estaban ensayando o Los Traidores o cualquier otra banda que iban a tocar en el Club Solís o en el Urupan. Repito: ¡¡Pando olía a Rock!!

Los invito a viajar a 1985. 1ero de marzo. Shows por todos lados, torta frita en la cortada 18 de julio. Había timbas ilegales hasta el día anterior en cada cuadra. Desde cartas, hasta mosqueta. Los cantopopu en la Intendencia asistiendo al Festival Campamentista de la Nueva trova Cubana. Los otros caminábamos hacia el Entrevero para ver algo de rock.

La animación nace y se desarrolla a la par del cine convencional a finales del siglo XIX. En muchos casos varios conceptos de uno y otro se juntan y se cruzan en varios caminos. La animación puede ser tradicional, lograda a través de la sucesión de dibujos que generan la sensación de movimiento. Existen otras técnicas como el concepto de Stop Motion: una forma de animación artesanal, donde se construye el movimiento manipulando un objeto, con las propias manos, cuadro a cuadro y donde se trabajan diversos materiales (plastilina, arena, recortes de papel, fotografías, tizas sobre suelos y muros, etc.). Dentro de ésta hay una variante llamada Pixelación; consiste en tomar imágenes de una persona manteniendo una postura fija para cada fotograma, como si fuera una marioneta. Ya en el siglo XXI la animación digital se convirtió en un nuevo espacio de desarrollo de infinitas posibilidades.

Mi padre adoraba el jazz, sabía muchísimo, pero más sabía su primo “Lucho” Grezzi. Sí, el mismo que hacía las preguntas de Jazz en Martini Pregunta. Él escuchaba todo el tiempo los clásicos del Jazz mientras dibujaba sus proyectos en su estudio de arquitectura. Pero su segunda mayor pasión, que la había heredado de mi abuelo, era la fotografía (la primera era la Arquitectura).

Comienza un nuevo año, y aunque es sólo un tema de calendario, todos nos reseteamos en la esperanza de cambios positivos. El rock nacional no está exento de esta experiencia y cada uno de los que lo vivimos desde algún rincón, ponemos una cuota de optimismo para los próximos doce meses.

Llega fin de año y los resúmenes son inevitables. 2021 fue año donde, a pesar de la pandemia, existió una explosión de rock nacional en nuestro medio. Son testigos de esta aseveración la gran cantidad de discos editados, videos lanzados y toques que se realizaron a pesar de las restricciones impuestas. Basta con recorrer nuestras páginas para ver una pequeña parte de lo que fue la movida del año.

Sobre comienzos de los ’80 con la dictadura presente aún en Uruguay, todos los jóvenes se empiezan aburrir. A rebelar. ¿Qué carajo de generación me tocó que no hago nada? ¿Y toda esa rebeldía por dónde carajo la canalizabas?, ¿yendo al Estadio los domingos? No, eso ya no. En el mundo estaban apareciendo otros estilos de música.

En esta sección que dimos en llamar ¡La pregunta! buscamos la opinión de gente del ambiente sobre determinada cuestión planteada a través de una pregunta. Sus respuestas, hilvanadas por un artículo sobre el tema, se reproducen a continuación. Para esta oportunidad, la pregunta fue: ¿El Rock Uruguayo Necesita Un Nuevo Alfonso Carbone? Y recurrimos a nuestros columnistas para las respuestas. Como sus perfiles son variados en el ámbito del rock, nos pareció una buena oportunidad para conocer sus opiniones: Hugo Gutiérrez (8:08 La Columna Que Atrasa), Varo Coll (Rock And Varo), Ramón Aloguín (Notas Libres), Leo Peirano (Paraíso Para Ciegos), Gabriel Brikman (Brikdata), Gustavo Aguilera (Redes Comunicantes) y Néstor Imbriani (Desde El Sofá – La Página De Crossroads). Todas las opiniones son súper interesantes. Vean.