El día en que se presentaron los Rolling Stones en el Estadio Centenario, una conductora de Canal 10 entrevistó al compositor de NTVG. En una de sus preguntas, la periodista se congratulaba por la existencia de “vasos comunicantes entre el rock y los eventos deportivos que se llevan a cabo en grandes escenarios… “.

Por más que sea una banda de Rock ‘n’ Roll, AC/DC siempre se ha manejado como una empresa que dentro del rubro musical debe mantener su idiosincrasia, su funcionalidad y cumplir con el objetivo de su público cautivo, en cuanto a colmar las expectativas que tenemos. Ante esta situación, y como tantas cosas en la vida, este emprendimiento debe necesariamente tener alguien que lo comande. No por esto, quien ejecute esta tarea será un elemento imprescindible dentro de la organización, lo que significa como contracara, que quien no esté al frente, haga que su actividad pierda importancia.

Existe algo peor que tener una historia de mierda atravesada en la garganta, y es no tener a quién contársela (debería ser considerada como la afasia más cruel). En los últimos meses, varios hechos se transformaron en señales que, burlándose de mi escepticismo, me hicieron descubrir dos escenarios todavía más dolorosos: que la única persona en el mundo a la cual necesitas contar tu historia A) no le interese escucharla o B) un linfoma se haya encargado de distanciarla aún más.

En lo que a rock refiere, es una de las preguntas más frecuentes formulada entre allegados a la escena local. Todo acontecimiento tiene un origen multicausal, sería muy ingenuo justificar un hecho en base a un solo motivo. Es prácticamente unánime el concepto de pérdida de identidad del rock uruguayo. “Ya no es lo que era”, “todo suena igual”, “esto no es rock”, etc. son frases recurrentes cuando se intenta describir la descarada mercantilización y el cruel vaciamiento del rock actual.