Sería febrero o marzo del 2000. Con mi banda Fuzzy estábamos grabando los temas que serían parte del split con Asunto Pendiente, primer lanzamiento de Catalina Records. Por razones de economía, grabábamos dos temas por mes en un día, así de limitados estábamos. Federico Lima, guitarra y voz de Loop Lascano, era nuestro técnico de grabación e hicimos buenas migas con él, no sólo grabando sino también con buenas charlas de todo tipo.

Entre tantas frases que escupía al día, momento tras momento, creo que sin duda el nombre de la nota es para mí, la más representativa. Tanto en serio como en joda, esa era su principal respuesta en el final de una charla, por ejemplo. Creo que había un 90% de que había que irse (del país) y el otro 10% tal vez dicho como respuesta a alguien sobre algo sin prestarle mucha atención.

Esta historia pasó hace ya 17 años atrás… Era un miércoles de octubre del 2003 y en Afrokan, reducto de música cubana en el centro de la ciudad, se presentaban los españoles de Sin Dios junto a los locales Pirexia & Amy Taylor. Sin Dios era una banda renombrada dentro del hardcore en español, muy activos y con varios trabajos en su haber. Definidos como banda anarquista, sus líricas iban en consonancia con esas ideas. Cuando me enteré de su venida, me alegré porque era una banda que sonaba en mis parlantes usualmente.

El reciente (y brillante) artículo de Ariel Scarpa “Quien dice que el rock está muerto es porque él lo está”, me ha hecho retomar un artículo que tenía pensado pero no escrito aún. Hemos hablado en anteriores notas sobre la apuesta clara por la música disco por parte de la industria musical desde mediados de los 70s; y aproximadamente hasta 1980-81. También dijimos y demostramos que ése fue exactamente el comienzo del declive (y perdón por la palabra) del suicidio de la industria discográfica tal y como se había conocido hasta entonces.

¡La putísima madre que te re contra mil parió! ¿Cómo carajo le vas a decir “Feliz cumple” a un tipo que llegó a las 5 décadas? Es una broma de pésimo gusto. En todo caso, con un mínimo de sentido común, me tendrías que manifestar: “Lo lamento mucho. Te acompaño en el sentimiento”. Después de los treinta años, cada “aniversario” de tu natalicio no es un privilegio, es una condena, un cruel castigo. Una maldición que te convierte en un coleccionista de decepciones, catador de toda la gama de dolores.

La conmemoración a la que con este artículo deseamos referirnos es respecto a esa semana épica para los fanáticos de AC/DC que transcurrió desde el miércoles 2 de diciembre de 2009 hasta el domingo 6, pasando por el viernes 4, cuando en cada una de esas noches se dio un evento mágico en el estadio de River Plate (Buenos Aires), donde mas de 200.000 personas se mancomunaron para disfrutar de la banda más grande de hard rock de todos los tiempos.

¿La verdad? Pues no lo sé. ¡¡¡No lo sé!!! Fin del artículo y gracias a todos por vuestro tiempo. Podría perfectamente dejarlo aquí. Acertada o erróneamente, yo hasta bien entrado mis 20 años, creía que el productor era quien pagaba la grabación del disco (como en el cine, productor es quién paga la película). Después descubrí que encima existía otro personaje: el arreglista o arreglador. Y allí ya comenzó a darme asco la cosa; mucho asco. Es decir: compongo una canción, y resulta que necesito un productor, un arreglador y pongamos encima además, un manager. Con todo esto, a mí ya se me quitan las ganas de tocar y de hacer música.