Éramos demonios sin alas, ángeles con cuernos rotos
venas llenas de fuego
y corazones ardiendo en Napalm
Éramos profetas del asfalto y la luna nuestra catedral
Nos sentábamos en mesas puestas de veneno y copas llenas de vino bendito
que regaba las gargantas
y atraía el mal

Que reo este viento sucio que dejó la tormenta
castiga las ramas flacas de mi anacahuita
Lo miro a través de mi ventana,
casi me quemo un dedo, apagó el cigarro en un platillo
viejo,
la ceniza blanca me hace pensar
verla
es como recordar la brasa ardiente del pucho
como ver un carbón
recordando un fuego
majestuoso

“…en un pernó mezcló a París con Puente Alsina
Fuiste compadre del gavión y de la mina
Y hasta comadre del bacán y la pebeta
Por vos shusheta, cana, reo y mishiadura
Se hicieron voces al nacer con tu destino
¡Mezcla de faldas, querosén, tajo y cuchillo
Que ardió en los conventillos y ardió en mi corazón…!”

Llueve,
vomita, escupe el cielo indómito
su furia en forma de agua.
Llueve.
Y patinan sobre el tejado, en carrera mortal,
gotas, precipitándose hacia el pavimento.
Majestuosas, gordas, suicidas.
Revientan, se transforman en flores por un segundo.