La Madrugada De Nuestro Mal

Éramos demonios sin alas, ángeles con cuernos rotos

venas llenas de fuego

y corazones ardiendo en Napalm

Éramos profetas del asfalto y la luna nuestra catedral

Nos sentábamos en mesas puestas de veneno y copas llenas de vino bendito

que regaba las gargantas

y atraía el mal

Nuestra cruz era el tiempo, los cielos plomizos, las tardes perdidas, en la plaza espectral

Perdimos el calor de las más tiernas caricias

convencidos en que la carroña blanca

era nuestro maná

Observábamos el abismo

arropados en chaquetas de cuero agrietado

soportando un viento criminal

Perdimos el calor de algún abrazo

buscando la aventura que la noche nos mentía brindar

Los años nos alcanzaron y aún bebemos el vino, ahora sepulcral

encendemos cigarrillos en medio de la oscuridad

Pero tristemente ahora sabemos

que el corredor de sombras cada vez se achica más

y los cuervos de fuego que nos acechan

están cerca

de darse un banquete

un puto banquete

cuando de una vez llegue

la madrugada de nuestro mal…

Niko Pérez


 

«Conoció a unas cien mujeres

Y a cincuenta enamoró;

Conoció a otros tantos hombres

Y con tantos se acostó

Y fundió todo el dinero y la gente se cansó

De escuchar noche tras noche

La misma triste canción.

Y ahora ve que el universo es un lugar vacío y cruel

Cuando no hay nada mayor que su necesidad en él

Y encendiendo un cigarrillo se comienza a torturar

Y habrá cerca alguien gritándole «¡hágase tu voluntad!»

Y él: «la culpa sólo en parte es mía

y en parte lo es de los demás

de lo que se trata es de morir o de matar

de morir o matar».