Llueve,
vomita, escupe el cielo indómito
su furia en forma de agua.
Llueve.
Y patinan sobre el tejado, en carrera mortal,
gotas, precipitándose hacia el pavimento.
Majestuosas, gordas, suicidas.
Revientan, se transforman en flores por un segundo.

En el apartamento de “Taquito” no existía espacio en las paredes libre de frases y dibujos pintados de todas maneras, salvo atrás del armario y del ropero. Era un apartamento con living comedor, cocina, cuarto, baño y un pequeño balcón interior. Las frases rozaban la locura y parecía la casa de Charly García en los ’90. En la casa nunca faltaba el salamín y el queso para una picada. Y el escabio podía ser un vino, una caña, un Espinillar o alguna petaca de whisky barato.