
INTRO
Sábado de noche en Santa Lucía.
Un viejo galpón de AFE, un escenario armado sobre el suelo, tres músicos y un público atravesado por una mezcla de expectativa y alegría contenida. No hay presentación formal ni frases de ocasión. Apenas alguna arenga perdida entre la gente.
Tres golpes de palillo anuncian el comienzo y el pasado vuelve a encenderse, eléctrico, aquí y ahora.
Pero no se trata de nostalgia.
Lo que ocurre ahí es otra cosa.
Es presente.
NUEVOS SOLES
El regreso de Depresión Adolescente no aparece como una ceremonia para revivir viejos tiempos. Hay algo distinto en esta nueva etapa: la sensación de haber recuperado una forma original de la banda, una energía que había quedado suspendida en algún lugar del tiempo.
—Estuvo y se sintió divino el show —dice Marcelo.
—Desde el escenario se escuchaba como en el disco —agrega Fabricio.
Caio, desde la batería, resume parte de esa sensación en algo aparentemente simple:
—Hoy todo es más sencillo de armar. El sonidista era un capo. Hace años todo era más pesado y engorroso.
Fabricio recuerda el contraste con otros tiempos.
—Hace diez años, cuando tocamos en Bluzz Live, notamos muchísimo la diferencia en el armado y en el sonido del escenario.
Pero la verdadera diferencia parece estar en otro lado. En la manera en que esta nueva etapa logró reconectar a la banda con algo que seguía intacto debajo del tiempo transcurrido.
—Siempre estuvo presente la idea de volver —cuenta Marcelo—. Nos invitaron a tocar y ese fue el puntapié inicial. Pero esta vez sentí algo distinto. Sentí que volvíamos a tocar treinta años después.
La banda había tenido reuniones anteriores, pero algo cambió en Santa Lucía. Tal vez el formato de trío. Tal vez el lugar. Tal vez el propio paso del tiempo.
—Conecté con la esencia de la banda en sus comienzos —continúa Marcelo—. Esa potencia sostenida por Caio en la batería, con la sabiduría de un viejo, aunque siga siendo un guacho.
Y quizás ahí aparezca una de las claves de este regreso: no recuperar lo que fueron, sino reencontrarse con algo que nunca terminó de desaparecer.

S.O.S. ¿ALGUIEN AHÍ?
La historia de Depresión Adolescente comienza en 1991, en una escena donde las bandas se armaban y desarmaban con la misma velocidad con la que circulaban los casetes grabados de mano en mano.
—Yo solo cantaba —recuerda Marcelo—. Teníamos dos guitarristas, Fabricio en el bajo y el Huevo en batería. Antes estaba Elvis, de Pecho e’ Fierro, pero se fue a vivir a Argentina. Nos llamábamos Los Perros.
Un mes antes del debut, Huevo se compró una batería y aprendió el repertorio a toda velocidad.
—Debutamos el 31 de enero de 1991 con Cadáveres Ilustres en Santa Lucía. Después de ese toque seguimos un tiempo con ambos guitarristas, hasta que se fueron primero uno y más adelante el otro, y ahí me hice cargo de la guitarra y la voz. Ahí nació realmente Depresión.
En aquellos primeros años todavía no existía una conexión directa con el hardcore.
—Éramos más ramoneros —dice Marcelo—. Johnny Thunders, ese tipo de sonido.
Fabricio suma a Bauhaus y The Cure como referencias importantes de aquellos comienzos.
La transformación llegó poco después, casi por accidente.
—Al otro día del debut, mi hermano me avisa que un pibe de Buenos Aires nos había visto tocar —cuenta Fabricio—. Le había gustado la banda y tenía una caja llena de discos. Nos hicimos amigos enseguida y ahí nos llegó el hardcore.
Agnostic Front, Bad Religion y Fugazi empezaron a circular entre ellos como una revelación.
—Fugazi fue importantísima para nosotros —dice Marcelo—. Todavía hoy los escucho y me maravillo con lo que hacían.
Pero no se trataba solamente de música. También había una forma distinta de entender el mundo, la autogestión y la manera de construir una escena.
—Otra influencia enorme, no sólo musical sino también en cuanto a información y cabeza, fue ver a Negu Gorriak en Pando.
En esos años las bandas parecían existir en estado de urgencia. Todo era más precario, más físico, más inmediato. Los discos viajaban de mano en mano, los flyers pasaban fotocopiados entre amigos y cada toque parecía ocurrir al borde de desaparecer para siempre.
Tal vez por eso muchas de esas historias siguen vivas.
Porque fueron construidas desde la necesidad.

TODOS LOS CAMINOS SON EL MISMO CAMINO
La historia de Caio parece cerrar un círculo invisible.
El 29 de junio de 1996, el día en que nació, Depresión Adolescente tocaba junto a varias bandas en una fecha donde también debutaba Hablan Por La Espalda. Mientras él nacía, su padre iba y venía entre el hospital y el toque.
—Mi viejo estuvo en el hospital durante la tarde y después se fue a ver a las bandas.
Durante años, Depresión Adolescente fue para él apenas un nombre cercano, parte del paisaje cultural heredado de su padre y de sus amigos.
—Yo sabía quiénes eran. Sabía que uno vivía en una ciudad y otro en otra. Conocía a sus familias, pero no conectaba realmente con la banda.
Hasta que algo hizo clic.
—Cuando empecé a escuchar Municipal Waste, Fugazi o Suicidal Tendencies, me volví loco. Ahí entendí todo y me hice fan.
Tal vez ahí esté el verdadero sentido de este regreso.
No en volver al pasado, sino en comprobar que ciertas cosas siguen encontrando nuevas formas de existir.
Que la música también funciona como una herencia invisible.
Una cadena.
Un lenguaje que atraviesa generaciones sin pedir permiso.
Porque algunas bandas no desaparecen.
Quedan esperando el momento exacto para volver a encenderse.

LAS CANCIONES
Las canciones de Depresión Adolescente también sobrevivieron al tiempo. No como piezas de archivo, sino como retratos de un mundo que, según Marcelo, hoy resulta incluso más oscuro que cuando escribió aquellas letras.
—Nosotros autoeditamos un demo, el Demo 96, que fuimos grabando copia por copia en un doble casetero. Ahí estaban casi todas nuestras canciones, salvo las primeras cinco del CD que editó Inocencia Discos en el 2000.
Las grabaciones pasaron por distintos estudios y técnicos, en una época donde todo parecía construirse desde la precariedad y el impulso.
—Cuando grabamos en Estudio Record con Alejandro Mérola, ex sonidista de Los Estómagos, le dijimos que queríamos sonar como el tercer disco de ellos, porque eran nuestra referencia en cuanto al rock nacional —recuerda Fabricio.
Pero el tiempo terminó resignificando aquellas canciones.
—Las letras hoy están más vigentes que cuando las escribí —dice Marcelo—. El mundo está peor que hace treinta años. Este sistema tecnocrático, la estructura socioeconómica… todo está peor.
Fabricio encuentra ahí una de las marcas más personales de la banda.
—Un diferencial es cómo escribe y canta Marcelo. A mí me encanta y nos diferencia de otras bandas. Hay una búsqueda.
Y tal vez esa búsqueda sea lo único que nunca cambió.
—El alma nunca cambia —dice Marcelo—. Somos los mismos. Cambian los tiempos.
Fabricio también destaca la importancia que tuvo Mauro Correa al editar todas las canciones de la banda en aquel CD publicado por Inocencia Discos en el año 2000.
Gracias a ese registro, Depresión Adolescente logró llegar a mucha gente y convertirse, con el paso de los años, en referencia para varias bandas que aparecieron después de que ellos dejaran de tocar.
Las canciones siguieron circulando incluso cuando la banda ya no existía.
Como si hubieran quedado esperando este momento.

SIEMPRE ES HOY
Fabricio cuenta que ya existen diez canciones viejas listas para grabar. También aparece la posibilidad de reeditar toda la discografía en vinilo, aunque lo que más entusiasma a la banda es registrar este nuevo/viejo material y componer nueva música.
La posibilidad de nuevos shows durante el año permanece abierta y la idea de mantener activa a la banda parece cada vez más concreta.
Las distancias físicas —uno vive en Paysandú, otro en Montevideo y otro en Santa Lucía— vuelven más complejos los ensayos, pero ya no parece un problema capaz de detenerlos.
Hay algo que sigue funcionando igual que al principio.
Las ganas.
OUTRO
Ese sábado había alegría en los cuerpos.
Más allá del pogo festivo, de los estribillos coreados y de la sensación de pertenencia, lo que flotaba en el aire era otra cosa.
No estaba el gesto nostálgico de una juventud pasada, sino la certeza de que aquellas canciones todavía tienen algo para decir.
Que siguen hablando del presente.
Y quizás también de lo que viene.
Porque algunas bandas envejecen.
Otras simplemente esperan el momento justo para volver a hacer ruido.
Depresión Adolescente son:
Marcelo Goyos: guitarra y voz
Fabricio Melo: bajo
Caio Crespo: batería
Discografía:
>Demo Tape 1996 (Autoproducido)
>Hablan Por La Espalda / Depresión Adolescente (Split Tape) – Carisma Records – SRI (1997)
>Discografía 1994 – 1999 (CD) Inocencia Discos – 2000
Fotos: Maru Rocklets
Leo Peirano

