El último sábado de mayo Buitres cerraba su ciclo de cuatro shows en La Trastienda. Con un marco de público desbordante y en un renovado recinto, la famosa banda de rock uruguayo desplegó toda su artillería sonora y artística para el deleite de sus seguidores. Un intenso concierto con casi dos horas de disfrute total.
Buitres comienza con uno de sus clásicos: “Ojos rojos”. De ahí en adelante se desarrollaría un concierto que sonaría compacto, mostrando una vez más el oficio y contundencia de esta importante banda. En la lista de canciones desfilaron algunos de sus clásicos, cantados vivamente por los presentes, intercalados con canciones de diversos álbumes de su discografía. Resulta imposible identificar cuál canción fue la que la gente disfrutó más, porque la selección realizada tuvo muy buena recepción. También hubo lugar para una canción de Los Estómagos, “Frío oscuro”, que sonó de manera impactante.

El público conectó con la banda desde el momento uno del recital. Pogo, baile, canciones y gritos fue la entrega permanente de la gente, que en continuas oleadas de energía eran entregadas al escenario. La Trastienda tiene esa posibilidad de cercanía con los artistas, lo que hace que la intensidad se viva tanto arriba como abajo del escenario. Niños, jóvenes y adultos por igual colmaron las instalaciones, mostrando, una vez más, cómo Buitres traspasa las barreras generacionales sin ningún tipo de inconvenientes.

La puesta en escena de la banda estuvo muy equilibrada, paseándose desde los picos altos hasta los momentos más íntimos con total naturalidad. Todos los espacios fueron llenados por la música y su interpretación, complementándolos con un eficiente uso de las luces. La pantalla al fondo del escenario cumplió su función de acompañar lo que los músicos hacían sobre él, con imágenes de todo tipo.

Un tremendo show donde no faltó nada de lo que se podía esperar. Buitres sigue demostrando en cada actuación el porqué de su éxito, que son las canciones que permanecen en la gente.
Ariel Scarpa
