Buitres: Abanderados del Rock

No siempre la longevidad es sinónimo de calidad, pero quizás sí se puede asociar a la vigencia. En este caso, ambos atributos aplican a este grupo muy especial de nuestro rock que siempre vale la pena destacar. Esta vez nos dimos el lujo y el gusto de entrevistar a una de las bandas más grandes del rock uruguayo: Los Buitres estuvieron por “la redacción” de Sólo Rock Uruguay y se generó una charla más que una entrevista. Gabriel Peluffo (voz), Gustavo Parodi (guitarra), Pepe Rambao (guitarra), Orlando Fernández (bajo) y Federico “Kako” Bianco (batería) componen actualmente el quinteto que, para orgullo de todos sus fans, estarán presentándose en el ANTEL Arena el 17 y 18 de junio para el festejo de sus 30 años de carrera. Había tanto para hablar con Gabriel, Gustavo y Pepe, que inevitablemente quedaron temas afuera. Pero aquí va lo charlado, una zambullida en las entrañas de este grupo icono del rock nacional.

SR: ¿Algunos de uds, cuando la banda recién comenzaba hace 30 años atrás, pensaba que iban a tener tanto éxito?

Gustavo: Yo creo que no. Cuando empezamos la banda éramos veinteañeros y no pensás que después de los 50 años vas a seguir tocando. Por eso a mí me sigue sorprendiendo todo esto.

Gabriel: Yo creo que hay dos aspectos, por un lado lo que tenía que ver con nosotros como grupo de amigos que estábamos empezando algo nuevo y con una expectativa que era de corto plazo, y por otro lado estaba lo que era el contexto, que era muy negativo. Habíamos decidido con Estómagos ese mismo año darle un fin con un recital, pero al mismo tiempo el llamado movimiento del rock nacional, que no era un movimiento pero se le llamaba así, prácticamente se había extinguido y otras bandas emblemáticas se habían separado, concretamente Traidores y Tontos. Si bien había unas bandas que estaban tocando y nosotros nos sumamos, no había un ambiente favorable, el ambiente cultural era extremadamente restringido.

Pepe: Cuando ensayábamos con Gustavo, cuando ni siquiera estaba Gabriel, pensábamos que le íbamos a romper la cabeza a todo el mundo. Y después en la primera nota que salió en un diario nos pegaron por todos lados. Lo que no te esperás son todas las cosas que vivís y lo que la gente te hace sentir cuando tu música significa mucho para ellos. Esas son cosas que nunca pensás, y suceden.

Gabriel: Cuatro años después de haber comenzado, antes de empezar a hacer shows en el Teatro de Verano, íbamos a tocar a La Factoría y la llenábamos tres o cuatro veces al año, y al mismo tiempo tocábamos en Pando y en Las Piedras y salíamos al interior a tocar. Estábamos en el sueño consumado de una banda de rock, que es tocar todos los fines de semana y que todo el mundo te fuera a ver. Y me acuerdo de decirle al Pepe: “no te acostumbres a esto, porque se va a caer como se cayó la vez pasada” (risas). “Lo único que tenés que hacer es aprovecharlo porque esto se va al carajo de vuelta”.

SR: ¿Por qué les parece que la gente tiene esa respuesta con Buitres? ¿Hay una fórmula para el éxito?

Gabriel: No hay fórmula. Inclusive un proyecto por fuera de la banda, que fue la famosa película que hicieron unos amigos fanáticos de la banda, ellos trataron de contestar la pregunta, pero no. Uno puede especular que hay una identificación generacional, pero después pasaron generaciones. La identificación cultural tampoco, porque nosotros no tomamos demasiado de la vertiente de la música popular uruguaya. Tampoco somos los rockeros paradigmáticos, yo diría que todo lo contrario. Yo creo que es una situación peculiar que otras bandas en el contexto rioplatense también han vivido. La identificación puede ser por varios motivos. Yo no me atrevo a aventurar algo exactamente por lo que la banda es atractiva; puede ser la historia de la banda, como somos nosotros arriba y abajo, como nos relacionamos con la gente, y después está la obra: las canciones. Si las canciones no hubieran sido buenas o no hubieran estado sincronizadas con algo que tenga que ver con la gente, emocional, intelectual o de estilo, esto no se hubiera prolongado tanto tiempo. Pero no sé qué es.

Gustavo: Poniendo el caso de los 30 años, estamos pasando por un proceso nervioso, donde no venimos onda “vamos, tocamos y está todo bien”. Lo vas sufriendo de cierta manera. No estamos cómodos en un 6 a 0, siempre estamos atrás de armar una lista, de qué va a pasar, el sonido, que las luces o la pantalla. Yo creo que un poco el secreto es ése: no te descansás y simplemente hacés lo que sabés hacer, que es juntarte, hacer canciones y después ir y tocarlas. Y después de ahí, es el agradecimiento a la gente. No hay una fórmula, no sabemos qué es, pero indudablemente las canciones gustan.

SR: Y hay mucha autenticidad de parte de uds. sobre el escenario.

Gustavo: Yo creo que sí.

SR: Y de aquellos primeros toques del 15 y 16 de diciembre de 1989 en Laskina a este ANTEL Arena, ¿qué evolución tuvo la banda?

Gustavo: Tuvo una evolución no sé si tanto musical, pero sí de sacarse una cantidad de cosas de arriba. Buitres se arma con la necesidad de tocar y divertirse. Y la consolidación de esa banda llevó tres o cuatro años… cinco años. La banda fue encontrando su manera de funcionar, de armar un disco. Yo creo que se consolida un poco cuando los 10 años, y que ahí pasa a ser popular. Y está ese proceso que a toda banda le tiene que pasar, de trillar durante como cinco años buscando el camino y el lugar, y encontrarse cómodo siendo una banda. Porque no es fácil. Para el ’98 – ’99 ya éramos una banda que tenía su estilo. Yo creo que ése es el primer paso grande de la banda: tener una identidad. Y después lo demás es desarrollar ideas. No hay un cambio después de eso: simplemente es una banda que hace canciones, las graba y las toca. Yo no creo que haya una especie de evolución, más allá de que cada cabeza va cambiando y poniendo su parte en cada lugar. 30 años evolucionando sería demasiado (risas).

SR: ¿Qué significan esos 30 años para la banda?

Gabriel: Me parece que es encontramos ese lugar, y es auténtico para nosotros mismos. A ese lugar vamos voluntariamente, vamos a buscar algo que nos llena desde todo punto de vista, intelectual, emocional, afectivo. Es un trabajo de grupo. Más allá de que el tiempo nos ha hecho cambiar por el hecho de pasar distintas etapas de la vida, es parte de nuestro ciclo vital estar vinculado a la banda. ¿Por qué no haberse separado? Hay algo que evidentemente es más fuerte y nos mantiene unidos. Y a mí me parece que eso es un poco la obra. El misterio está en el ensayo, en la composición, no solamente en los shows. Se mantiene eso de decir “qué bueno que está pensar que voy a llegar al ensayo a tratar de hacer una canción nueva que me va a copar más que las que hicimos”. Eso me parece que es uno de los hilos conductores o el nervio que te mantiene unido como banda. Tal vez en estos momentos en que se sincroniza lo que está viviendo la banda temporalmente con lo que está viviendo la gente, son nudos donde se hacen reflexiones y revisiones. Y si bien hubo momentos durísimos, capaz que el momento más crítico haya sido este último lapso, en el cual yo creo que de un año y poco a esta parte hemos refundado el vínculo. O sea, como que perdimos la oportunidad de separarnos (risas).

Pepe: Tenemos una gran devoción al sufrimiento (risas). Hay una cuestión vital en la banda, que es como si fuera un órgano unido. La evolución es un aprendizaje, son las cosas que uno se da cuenta. Inevitablemente te das cuenta porque te golpea la realidad. Yo sé que no hay una mejor forma de canalizar lo que quiero hacer que a través de la banda. Por eso si esto no está bien, mi vida no está bien.

Gabriel: Tampoco hubo factores externos que nos obligaran a hacer cosas: una gira, un disco o un tema de tal manera. Todas las decisiones fueron nuestras. Lo que redimensionás después de 30 años es que me puedo quejar de todo, pero ¿dónde es el único lugar donde tengo la libertad de poder ir y hacerlo o no hacerlo? Acá, nada más. La libertad también duele un poco, pero está bueno, y es el lugar donde somos libres.

SR: El proceso de Los Estómagos y de Buitres fue bien distinto. ¿En qué se diferencian fundamentalmente?

Gabriel: Los primeros años de Buitres fueron bastante parecidos a Estómagos.

Gustavo: En los primeros cinco años de Buitres hay cuatro discos. Algo muy similar a lo que pasó con Los Estómagos. Era buscar, buscar y buscar, había una necesidad de hacer cosas. Después todo decanta un poco para encontrar el lugar. De repente si Los Estómagos hubieran seguido, hubiera sido lo mismo. La diferencia es el tiempo, aquello duró seis años.

SR: En la entrevista que les hicimos para Sólo Rock a Buitres en 1989, nos contaban que la separación de Estómagos fue por diferencias musicales, pero también por el peso y la responsabilidad del nombre. Eso no pasó con Buitres. ¿Por qué?.

Gustavo: No sé.

Gabriel: No, no pasó. Porque cuando llegaron esos momentos estábamos más maduros y éramos conscientes de que éramos responsables de nuestras decisiones. Cuando llegamos a grabar “Maraviya”, veníamos de grabar dos discos con muy poca venta. Carbone nos dijo “miren muchachos, éste es el último”. Entramos al estudio con la obra ya pensada, y se dio que justo se juntó la banda, con la composición, los temas, el momento, una nueva generación…

Gustavo: …el momento social – cultural, había una esfervecencia otra vez, fue el primer disco de rock uruguayo que apareció en cd. Y “Maraviya” se empezó a vender e hicimos un Teatro de Verano y se llenó. Fue todo lo contrario de lo que pasó con Estómagos, porque acá en el último año, no podíamos tocar. Íbamos a tocar a Buenos Aires, pero tocar acá era imposible.

Gabriel: Aparte teníamos claro que queríamos seguir tocando. Ya habíamos pasado por el hecho de que se cayera todo, pero no se nos cayeron las ganas de seguir.

Pepe: Nunca te acostumbrabas a llegar a ningún lado. Llegabas y te caías. Después en el ’94 vino la cuestión del rap y nadie nos quería grabar. Estuvimos parados un año, y eso es una diferencia, porque aprendimos a bancarnos y salimos a buscarnos la forma de grabar sin tener la compañía de por medio. Lo encontramos, lo hicimos y salimos con el disco independiente. Hicimos los 10 años y eso nos levantó el espíritu. La cosa cambió realmente con los Velódromos, ahí cambiamos de status. Vino la era de mega recitales y vimos la respuesta que tuvimos. Ese fue el gran cambio de la banda, se asentó.

Gustavo: Así y todo siempre estás con miedo de qué va a pasar, si te siguen queriendo. Eso es lo que te hace hacer cosas. Nunca nos la creímos. No digo que dudemos de nosotros mismos como músicos, pero siempre tuvimos eso, que es un poco lo que estamos pagando de los ’80, que siempre que te iba bien, sabías que atrás alguien te iba a revolcar.

Gabriel: La realidad que vivíamos nosotros también era la realidad de todo lo que pasaba del punto de vista cultural. Del año ’83 al ’99, la mayoría de los acuerdos eran coproducciones o los acuerdos personales con la gente que en el interior llevaba adelante bailes. Era un medio extremadamente precario en cuanto a la falta de continuidad. Todos éramos outsiders, por eso yo siempre me negué a decir que Buitres o Estómagos eran el mainstream, nunca lo fuimos porque no existía nada, no había sustento. El mainstream era la opinión de la prensa en los diarios especializados, que en realidad los leía muy poca gente. Nunca fuimos el rock oficial porque el rock no existía, no estaba validado como fenómeno cultural. Hasta los festivales de Durazno, el rock seguía siendo un factor negativo para que nos dejaran tocar en algún lugar.

SR: En el concepto general de la gente, Los Estómagos eran la mejor banda del momento, más allá de lo que se podía escribir.

Gabriel: Eso es muy opinable. Yo respeto a los fans de cualquier otra banda. Se habló sí, en algún momento, pero también teníamos gente que decía que éramos una porquería (risas). Yo nunca lo vi como una competencia. Siempre encontramos gente que nos apoyó, tanto a Estómagos como a Buitres. Al interior siempre nos llevaban fans de la banda.

SR: ¿En qué medida los proyectos individuales de uds. obstaculizan o enriquecen a Buitres?

Gustavo: En mi caso, yo puedo separar perfectamente bien las cosas. Yo necesito hacer cosas. La última vez que tocamos con Buitres fue en diciembre. Gracias a Los Chanchos, yo pude tocar nueve veces. Si yo no hubiera tocado, te juro que me vuelvo loco. Yo tengo 56 años, no sé cuánto tiempo más voy a seguir así, pero ahora que tengo la chance, lo voy a hacer porque me hace bien. Para mí no interfiere para nada. Son cosas diferentes.

SR: ¿Aporta a Buitres que vos estés haciendo cosas?

Gustavo: La verdad que no tengo idea.

Gabriel: A nosotros sí, porque le calma la ansiedad (risas).

SR: Tu caso, Gabriel, es completamente distinto.

Gabriel: Siempre tuve la duda, como cantante y más allá de integrar un grupo, si me iba a quedar con esto o si iba a poder desarrollar algunas inquietudes que siempre tuve. Y hay una parte que es diferente a la de ellos, que es la biológica que tiene que ver con la voz. Me propuse que si quería probar otras cosas, tenía que ser antes de los 60 años, después es complicado. Ya voy a cumplir 54, y por eso hice esto que estoy haciendo. Si puedo seguir cantando después de los 60 ó 70, voy a seguir, pero honestamente, no es lo mismo.

Gustavo: Yo creo que él aprendió mucho, está aprendiendo a manejar su voz.

Gabriel: Y sí, el tango me puso en otro lado para cantar.

Gustavo: Yo me di cuenta el otro día cuando fuimos a grabar un tema nuevo: él está buscando por otro lado.

Gabriel: El transcurrir por un montón de ensayos, conocer gente e intercambiar con otros músicos, te abre un panorama completamente diferente. Y tenés músicos que te botijean bastante. Aparte está bueno porque te tratan de Ud. (risas). “Mire Peluffo, pero así no es” (risas). Lo que dice Gustavo es verdad, yo noté que mi voz y la forma de interpretar cambiaron. Tengo un montón de recursos más. Para mí fue una experiencia fantástica. Creo que le aporta a la banda.

SR: Y vos, Pepe, que no tenés todavía un proyecto tuyo, contanos cómo fue la transición del bajo a la guitarra.

Pepe: Lo que siempre hacía en los ensayos era mostrar los temas con el bajo, y Gustavo ponía la parte básica y le iba agregando cosas. El problema es cuando en vivo no están las guitarras que se agregan en los discos. Yo hablé con amigos, con Garo, que me dijo que no tocara lo mismo que la otra guitarra, que tratara de hacer contrapunto y otras cosas. Con el tiempo fui aprendiendo, y se está dando más fácil a través de los nuevos temas. En “Canción de Cuna…” los temas ya venían más hechos para dos guitarras, y le da otra dinámica a la banda. Realmente son los últimos años en los que me siento más cómodo en vivo. Con el bajo me llevó cuatro años encontrar el equipo y un bajo para sentirme cómodo. Con la guitarra ya lo tengo desde hace cinco o seis años. Musicalmente es mi terreno, puedo intervenir en los temas de los otros, puedo jugar con la voz de Gabriel. Es otro tipo de participación más frontal.

Gabriel: Hay dos momentos en la historia de la banda que empiezan a definir algo de la función de las guitarras en la banda y en ahorrar todo ese plafón de guitarras, para empezar a hacer grabaciones que tuvieran más que ver con lo que la banda es en vivo. El primero fue Michel Peyronel en el 2003, el que fue productor de “Mientras”. Trabajó mucho con la batería, pero guió mucho la grabación a lo que se escuchaba en el ensayo. Si bien la relación con los productores fue intensa, escabrosa, la banda sacó aprendizajes. Empezamos a ser más prácticos, lo que hacemos en el ensayo es lo que tiene que estar en el disco y en vivo. El segundo punto es cuando viene Jimmy Rip y dice que si hay dos guitarras, no pueden hacer lo mismo. Creo que nos enseñaron a ser un poco más prácticos.

SR: Hay una ganancia para la banda, y también con la incorporación de Orlando.

Gabriel: Teníamos una necesidad de dos guitarras desde antes.

Gustavo: Yo cuando lo conocí al Pepe, era guitarrista. Fue bajista porque no había más remedio.

Gabriel: Fue bastante unánime la elección de Orlando. Para nosotros era un tipo que lo conocíamos de toda la vida, de la movidita del punk rock.

Gustavo: Orlando fue público de la primera actuación de Los Estómagos y de Los Buitres. Un tipo que siempre tuvo bandas, de la misma generación y con el mismo background musical que nosotros.

Gabriel: También era el tipo que no teníamos que probarlo, nos generaba toda la confianza del punto de vista personal.

Gustavo: Y como dice él, no se iba a impresionar por pararse a tocar con Los Buitres.

SR: ¿Y el tema de los bateristas?

Gabriel: Los bateristas han cambiado a lo largo de la historia de Estómagos y de Buitres.

Gustavo: La razón que encuentro es que el batero la tiene muy complicada de por sí. Considero que el batero tiene que estar al servicio de la banda, de la canción, de la música. Lo que nosotros mismos tocamos va en función de la canción. También hay aspectos personales, de convivencia, y ver cuánto aporta esa persona a la banda hasta espiritualmente. La banda tiene que sonar compacta. Cuando estás tocando en un escenario o en un ensayo, tenés que estar cómodo, tenés que sentir que tu canción está bien arropada. En ese aspecto yo soy bastante exigente.

Gabriel: No es una tensión que se genere de los fundadores de la banda o de alguno de los integrantes hacia el batero. O sea, hay tensiones en la banda… las hay. Y es probable que con el nivel de tensión que tenemos entre nosotros, muchas bandas no puedan convivir. Pero nosotros estamos acostumbrados porque somos de la época dura (risas). Con todos los bateros hemos pasado momentos de gran felicidad, de poder compartir y emocionarnos todos juntos, y momentos de deterioro de la relación. Nosotros también pasamos por eso, pero no nos separamos. Entre las personas adultas no hay que dar muchas vueltas. Las cosas no son tan graves, son discusiones comunes y corrientes.

Gustavo: Hay casos que ni siquiera son discusiones, que la persona decide salirse. Nosotros nunca vamos a decir porqué se va un batero o no.

Gabriel: Nosotros discutimos pero volvemos, porque es la dinámica que tenemos, fundada en un tipo de relación que corresponde a nuestra generación y a nuestra edad.

Gustavo: “Kako” Bianco es el batero en este momento, y la verdad es que es un tipo muy para arriba, que en un momento nos dijo “estoy orgulloso de tocar en el ANTEL Arena con uds.”. Es un tipo que le gusta mucho lo que hace y sabe que su rol es ser el batero de una banda y aportar lo que sabe para esa banda.

Gabriel: Es una nueva relación, y si hay una cuestión técnica que no te gusta hay que ir y decirlo. A mí me parece que en eso se construyen las relaciones humanas, en el momento de poder decir las cosas y que no sea dramático, no transformar un arreglo de batería en una cuestión que se tenga que poner mal.

Gustavo: No hay que sentirse ofendido porque te dicen algo.

Pepe: Es gente que se mete en una relación que no es sólo musical. Es muy difícil para la gente meterse en algo que está demasiado raramente tejido.

Gabriel: Los que traemos la música, los temas de la banda, los que nos desnudamos y nos jugamos, por una cuestión dictatorial, somos nosotros tres, que somos los que nos exponemos. Por eso esa relación entre nosotros es un poco así.

SR: ¿Hay un legado de Los Buitres al rock nacional?

Gustavo: Yo creo que sí. Hay muy buenas canciones, que sin duda a la gente le gusta. Yo creo que también hicimos formar bandas, eso es una de las cosas más importantes. Y te sentís muy reconfortado cuando vienen y te lo dicen. Porque cuando nosotros empezamos a tocar no había bandas de rock, y uno lo que más quería era que hubiera muchas bandas.

SR: Es que están plantando semillas, de alguna manera.

Gustavo: Sin duda alguna.

Pepe: Algo que va a quedar ahora con las imágenes y toda la tecnología es el registro de cómo la gente se emociona y se conecta con nosotros. Eso es una experiencia única difícil de transmitir. Yo creo que si vamos a dejar algo atrás en ese sentido de legado, son muchas canciones como buen ejemplo de composición, no grandioso, pero un buen ejemplo. Es todo un grupo de canciones que tiene, más que un peso compositivo, un peso de constancia y de mucha emotividad. La parte compositiva es un motivo de orgullo.

Gabriel: En realidad no inventamos nada nuevo, estamos recreando, capaz que pasa desapercibido en el aporte que puede haber a la cultura. Esa es una visión que también se tiene por parte de muchos intérpretes y directores de música erudita con respecto, por ejemplo, a Los Beatles. No quiero caer en esa visión catastrófica. Capaz que uno no aporta nada, pero capaz aporta ese momento histórico que estaba pasando y cuáles eran los elementos históricos a los que recurríamos. Quiero referirme también a los textos, donde uno recoge cosas de acá; hay una representación de la cultura de Uruguay, del Río de la Plata, que está asentada en determinada mirada, no solamente de lo que se escucha como música, de la cual son ellos el motor, sino de lo que se lee, que somos todos el motor. No sólo leemos o escuchamos determinadas cosas, sino que tenemos un background bastante respetable, y eso se ve plasmado en cosas en que la gente se engancha. Yo creo que es interesante, es una lucecita que está ahí, que va a quedar, y a la cual va a poder venir gente a ver. Creo que la cultura es inabarcable. Romper el hielo con la obra es tener la voluntad y la inquietud de hacerlo, no es solamente pasarle tus ojos o ponerle el oído un rato, tenés que tener algo, y para tener algo, te tiene que interesar un poco la anécdota contextual, a qué se refiere, cómo se usan las palabras.

SR: Y también mantener viva la llama del rock.

Gabriel: Lo que pasa es que… acá está Gustavo. El rock acá en Uruguay, si no fuera por él, no sé qué hubiera pasado. Hubiera habido rock igual, pero…

Gustavo: Capaz que si hubiéramos terminado a los diez años, influenciábamos igual.

Gabriel: Sí.

Gustavo: Hasta esos diez años hay una cantidad de canciones clásicas que, te gusten o no, ya están marcadas. ¿Cuántas canciones clásicas van a quedar de esos diez años?

SR: Además hoy por hoy no está siendo muy fácil hacer rock.

Gustavo: Es muy difícil. Para una banda nueva, de tipos de 20 ó 25 años, es muy complicado salir a tocar rock hoy por hoy.

Gabriel: Sí, es complicado.

Gustavo: Mundialmente, incluso. Vayas donde vayas, el público de rock es de 30 ó 35 años para arriba. Los adolescentes no están ahí, ni les interesa el rock and roll. Yo creo que el rock siempre viene acompañado de algún momento de crisis. Estamos pasando por un momento a nivel mundial que la juventud está en otro lado; para mí la verdad es que está desenfocada. Nosotros en los ’80s teníamos que estar enfocados. Para el rock no es un momento fácil. Para un tipo de 18 años que se compra una guitarra eléctrica, más allá de que tenga todas las marcas y los equipos, salir a tocar, enfrentarte, es difícil. Tiene que tener mucho amor por lo que está haciendo, mucha constancia. Y en este momento hay otras cosas que te atraen. Pero tenés que seguir haciéndolo porque es lo que a vos te gusta hacer.

Pepe: No es una reivindicación por el resto, es lo que a nosotros nos gusta. Tenemos cosas que son muy delicadas, y otras que cuando suena eso… es un placer. Cuando está sonando todo potente, decís “qué bueno que está esto”. Y eso es rock. Y vos ves que eso está desapareciendo bastante de la faz de la Tierra.

Gabriel: También hay una cuestión generacional. Si uno se pone a ver lo que es el mainstream cultural que te ponen con las series, por ejemplo, donde están los protagonistas en el primer mundo occidental, la referencia son las bandas pesadas de la década del ’80 y del ’90: Metallica, AC/DC, Motörhead. Están en el mainstream ahora, estamos recién llegando a eso. Entonces los pibes ven y dicen “este viejo que está en la serie, que es super exitoso, escucha Metallica, yo no puedo escuchar Metallica ni a palos”. La cultura se ha vuelto muy homogénea y eso asusta un poco. A mí no me preocupa que no haya rock por un tiempo, porque los fenómenos van por abajo, lo subterráneo reaparece, se sigue escuchando. Pero lamentablemente ahora sí nos tienen agarrados a todos y nos tienen a todos bailando.

Gustavo: Hablando de la serie Peaky Blinders, que te dicen que es una serie violenta, pero qué violenta es la música. Cada escena violenta le encajan rock and roll. Y vos decís “qué buena que está la banda”. Pero la ve un tipo de 20 años y dice “qué violenta”. Y vos decís “algo se perdió en algún momento”. Pero bueno, nosotros la pudimos disfrutar y la vamos a seguir disfrutando. Hay una pequeña cantidad de gente que va a seguir haciendo cosas por el rock y sumándose. No es que se termina, en algún momento va  a volver, algo va a pasar. No sé cuál va a ser la próxima gran revolución; no tiene porqué ser del rock, puede ser otra cosa. Lo que sí es que todo lo que se escucha ahora, supuestamente es la gran revolución… yo qué sé.

Gabriel: La otra vez veía una película que tiene ya varios años, donde en una versión internacional de una película de la India, mostraban un poco lo que era su cultura popular. Yo veía riqueza y melodía, y pensé que ojalá que estos tipos mantengan esa música popular que tiene mucho de baile, y que no se reduzca a que todos bailemos lo mismo. Es la única lástima que me da. Después, uno tiene que dejar que las cosas rueden. Yo no sé si bajo la sombra del rock, pero en determinado momento alguien va a agarrar un hacha y va a romper los vidrios, porque llega un momento en que es insoportable (risas). Lo homogéneo es insoportable.

SR: ¿Qué sigue a corto y a largo plazo luego del ANTEL Arena?

Gustavo: Disco. Ya arrancamos a grabar una canción. Fuimos al Abasto, donde se grabó “Canciones de una Noche de Verano”. Tenemos un tema que está al salir, que lo vamos a tocar ahí. Ya tenemos marcados ensayos del ANTEL Arena en adelante para concretar y armar un disco, porque lo necesitamos. Esa libertad que nosotros tenemos de elegir cuándo queremos y cuándo no,  determina que ahora sí tenemos ganas de grabar un disco.

SR: El disco para antes de fin de año, ¿no?.

Gustavo: Sí.

SR: ¿Y para el año que viene hay planes?

Gabriel: Tenemos el ANTEL Arena, meternos a terminar el disco y probablemente grabar, y la gira de los 30 años, porque ya podemos decir que está programada para agosto una gira por España que se está por concretar. La idea es tener mucha actividad. Tenemos un plan de cruzar a Buenos Aires, quizás no sólo ahí sino capaz a Argentina, e ir por lo menos tres veces en el año.

SR: ¿Cuántos años más quedan de Buitres?

Gabriel: Y por lo menos los próximos tres años va a estar entretenido.

Gustavo: Yo creo que no está bueno hacer planes para adelante, las cosas hay que hacerlas. Hacerlas rápido, no pensar mucho, y eso es lo que nos lleva a seguir.

Gabriel: Eso de quedarse y planificar y de postergar, son unas de las alarmas que interpretamos internamente como que se nos está yendo la cosa. Por eso planificamos un poco pero concretamos. Esto del ANTEL Arena va a ser algo muy importante, y por la experiencia y por la dimensión que está tomando, son dos años para adelante en los cuales la banda va a estar en actividad seguro.

Ariel Scarpa