Del Formato Físico Al Digital. (Mi Experiencia)

¿Será inexorable la muerte del formato físico?

Desde muy pequeño sentí pasión por la música, pero recién en la adolescencia, entré a una disquería con el propósito de comprar mi primer disco.

Aquel era un universo tan utópico como fantástico para mí, allí vi por primera vez los rostros de los artistas que amaba y hasta entonces, sólo escuchaba por la radio.

La experiencia era alucinante, no me perdía ningún detalle de los artistas, títulos, carátulas y contenidos que podía ver y palpar.

Horas de búsqueda para seleccionar el disco correcto; no podía fallar porque los vinilos importados eran muy costosos y sólo tenía dinero para elegir uno, la decisión tenía que ser perfecta.

De allí directo a mi casa para escucharlo una y otra vez hasta memorizarlo.

Un vinilo es considerado por un coleccionista como una joya invaluable, como una pequeña obra de arte.

Así fue transcurriendo el tiempo, mi pequeña colección crecía lentamente, cada vinilo nuevo sustituía al anterior que suplicaba por descanso.

Disfrutaba mucho de todo esto, pero tenía hambre de música y una paciencia increíble, esperaba horas para escuchar en la radio algo que no podía comprar.

Es entonces el tiempo de la cinta magnética, el cassette.

El cassette comienza a invadir el mercado. En mi caso particular me gustó la idea de grabar de la radio a manera de complementar lo que no tenía en vinilo, aunque reconozco que las ediciones originales en cinta nunca me gustaron.

Tanto los vinilos como las cintas, sufren de desgaste por el uso y pierden fidelidad.

Después de acumular cientos de cassettes y vinilos, la tecnología me sorprende con el compact disc.

Más pequeño, con mayor capacidad de almacenamiento y más portable, invade rápidamente el mercado posicionándose como la mejor opción, pero la vorágine tecnológica de estos tiempos acota su vida.

La explosión de internet catapulta las descargas a través del intercambio de archivos, imponen el formato mp3 y estallan las reproducciones desde YouTube.

Los dispositivos de almacenamiento como los discos duros son cada vez de mayor capacidad, y los pequeños y portables como los pen drives, nos resuelven el problema para utilizarlos en el auto o en equipos con conexión usb, además de darnos la posibilidad de seleccionar la música que queremos escuchar.

Y por fin llegamos al presente, aparecen las aplicaciones multiplataforma para reproducir música vía streaming.

Rápidamente tiende a desaparecer el formato físico y las descargas disminuyen notoriamente.

Para los jóvenes los procesos de cambio son normales, pero para las generaciones anteriores, comprar algo y no tener nada tangible resulta extraño.

Plataformas como Spotify, a cambio de una cuota mensual pequeña, nos ofrece toda la música que alguna vez pudimos soñar.

Internet mediante, nos asegura variedad, portabilidad, buen sonido e inalterable con el pasaje del tiempo y a un bajo costo.

Desde el querido disco de vinilo, hasta la reproducción de música vía streaming, todos han tenido que acomodarse a los cambios.

El negocio discográfico, los músicos y también el público.

Parece que los tiempos para esparcimiento son diferentes. Antes tenías una hora para sentarte a escuchar un disco, de principio a fin, y por consiguiente enamorarte de él, leer las letras y saber interpretar lo que el músico nos quería decir.

Hoy estamos lejos de esas experiencias, no veo a un joven hacerlo. La vida acelerada que llevamos nos induce a escuchar salteado, 30, 40 segundos y pasar a otro tema con cierto apuro, es la era del “zapping”. Eso también hace rever la forma de componer de los músicos y la forma de comercializar el material discográfico, seguramente todo un cambio que ya se viene implementando.

Quisiera escribir un párrafo aparte acerca de la supervivencia del vinilo a pesar del avance de sus competidores.

Para quienes tuvimos la suerte de hacerlo, resulta un ritual placentero, el cuidado y mantenimiento de los vinilos, tocadiscos y componentes.

Regalarte un tiempo para disfrutarlo de una forma diferente, relajada y reflexiva, apreciar su fidelidad incomparable y el plus del arte de sus portadas, resultan un remedio insuperable para contra restar una larga jornada laboral o disminuir el stress.

No está claro porqué el avance tecnológico aún no lo devoró.

Su vuelta es, ¿vintage revalorizado?, ¿moda?, ¿tendencia?, o ¿es un intento de pocos?

Lo cierto es que el vinilo aún sobrevive, ¡¡que sea por mucho tiempo más!!

Winston Estévez