El Peyote Asesino en Sala del Museo

20 de setiembre de 2018. El Peyote vuelve a presentarse en Montevideo, en esta oportunidad junto a Arquero como telonero.

Siempre es difícil la tarea de abrir un espectáculo para una banda más grande. Generalmente no resulta 100% bien. Los fanáticos se vuelven irascibles e irrespetuosos y siempre terminan haciéndole saber al telonero que están esperando a que se vayan. En esta ocasión no fue diferente, a pesar del pedido inicial de Fernando Santullo para que los trataran bien. Si bien el público acompañó los primeros 20 minutos de Arquero, en los 10 finales se comenzaron a escuchar alaridos clamando por El Peyote. Lamentable. Sólo se detuvieron cuando Juan Campodónico se subió al escenario para acompañarlos en el último tema.

La actuación de Arquero estuvo bien, por los caminos habituales del hip hop. Uno, dos y tres vocalistas para mandar abundantes letras sobre las clásicas bases grabadas. Sobre la mitad de la actuación, hubo un pico alto donde el público acompañó con fervor. Luego, lo dicho sobre el clamor “peyotil” hasta la salida de Campodónico. Arquero no estuvo mal, sobre todo porque no es fácil hacerlo frente a un local lleno esperando el plato fuerte. Seguramente en otro ámbito hubieran rendido más.

Poco más allá de las 22 horas, aparece El Peyote, con la contundencia que lo caracteriza desde el comienzo. ¿Qué puedo decir? Im-pre-sio-nan-te, como siempre. Y con esto debería alcanzar para cerrar el párrafo y el comentario. Pero no, me daré el gusto de entrar en detalles.

La posibilidad de estar a escasos metros del escenario permite apreciar lo demoledor de la propuesta de El Peyote. No importa si los temas son de los que están al mango o son de los más tranquilos, siempre es una entrega contundente, aplastante, extremadamente precisa y por consiguiente, altamente disfrutable. Siete músicos en escena que saben perfectamente lo que hacen y cuándo deben hacerlo. Con una propuesta profesional pero no por eso exenta de una potencia y una garra admirables. Todo condimentado con ese ida y vuelta que tienen con su gente, que canta, baila, hace pogo y vive cada uno de los temas como si fuera la última vez que los fueran a escuchar.

De cierta manera, a pesar de sus frecuentes regresos desde hace unos años, el tiempo que transcurre entre un show y otro, y el hecho de que no estén funcionando como lo hacen habitualmente las bandas, siempre deja esa sensación que cada concierto puede ser el último por un largo tiempo, o definitivamente. Ya nos tocó pasar un largo rato con El Peyote disuelto, por lo que cada actuación se vive intensamente. Es que no hay otra forma de hacerlo, es así.

Si bien la consigna del espectáculo era festejar los 20 años de la edición de su segundo trabajo discográfico, “Terraja”, no faltaron temas del primer disco, además de los temas nuevos: “Bailando samba” y “Lo que querés” (si no recuerdo mal el nombre). Un show en un buen local, con escenario y luces acordes, y con un sonido que El Peyote supo explotar, en los dos sentidos de la palabra, al máximo. Un trabajo admirable de las tres guitarras, el bajo siempre presente generando esa profundidad increíble, la batería haciendo que lo difícil parezca fácil, estallando más que sonando, los teclados acompañando en la medida justa, y la voz… con una entrega física espectacular acompañada de una puesta en escena impresionante, complementada con la participación de Carlos Casacuberta también en voz solista, además de los coros. Una actuación que encendió la mecha que el público había guardado desde la última actuación en La Trastienda, como ellos y la banda esperaban, en ese pacto y comunión que los une.

Por ahora, su público quedó satisfecho, plenos del sonido hip hop-rock-punk-hard-rap de una de las mejores bandas del medio. Pero siempre se esperará un nuevo regreso, para cantar (gritar) los temas y transpirar la locura que provoca el hecho de saber que “El Peyote Asesino está acá”.

Ariel Scarpa