Retroportaje: La Celda

Retroportaje es la serie de artículos que se focaliza en entrevistas actuales a bandas disueltas que marcaron un mojón en nuestro rock. La idea es reunir a algunos integrantes de esas bandas y mirar hacia el pasado, pero también con una visión de presente y futuro. Para esta oportunidad reporteamos a La Celda, representada por Daniel Mendoza (radicado en Las Canarias, España) y Mario Santamarta.

La Celda fue una banda originaria de Empalme Olmos, luego con base en Pando, que estuvo activa entre 1988 y 1996. Integrada fundamentalmente por Daniel Mendoza, Mario Santamarta y Ricardo Illa (el Cali), grabaron dos cassettes, Sin Disfraz en 1994 y Frutos Amargos en 1995. También participaron en dos compilados, Pando – Cuna del Rock en 1994, con los temas “Viaje sin lógica” y “El trencito del oeste”, y Extrañas Visiones en 1996, disco homenaje a Los Estómagos, con el tema “Seguridad”. Recientemente, Catalina Records edita en formato cd su disco Frutos Amargos.


SR: Vamos a recorrer la historia de la banda.

Mario: La Celda comienza en la ciudad de Empalme Olmos en 1988. La formación era Daniel, Ricardo “Mosca” Rodríguez y yo. En aquel momento yo vociferaba algunas letras, y Daniel también, y así tocamos varias veces en vivo. Después la banda trasladó sus ensayos a Pando cuando el Mosca dejó… que no se animaba a decir que iba a dejar la banda (risas); yo en aquella época tenía fama de ser medio loco. Nos trasladamos al garaje de la casa de Daniel, y ahí empezó la historia musical de La Celda.

SR: Una banda de garaje, entonces.

Mario: Literalmente.

Daniel: Como para todos, los comienzos eran duros. Teníamos que llevarnos nuestras cosas desde nuestras casas en Pando hasta la casa de Ricardo. A veces había que llevar todo, altavoces, guitarra, partes de batería, bajo… ocupábamos cinco asientos del ómnibus, cuando no teníamos que llevarlo en bicicleta.

Mario: Hemos ido con bajo y guitarra en bicicleta los 8 kilómetros de ida y de vuelta.

SR: Eso es amor a la música.

Mario: Eso es inconciencia (risas).

Daniel: Yo era vendedor, y me habían dado una moto y justo era el día del ensayo. Paso a buscar a Mario y me dice: “Qué bueno, tenés moto. ¿Cuánto hace que sabés andar en moto?”. Y yo le digo: “20 minutos” (risas). Y tiramos así, sin problema.

Mario: Luego La Celda comenzó a tocar y llegamos a hacerlo en Into Extasis, donde fue Graffiti en su época, y empezamos a hacernos conocer en Montevideo. Después se nos une Jorge Ramos en la voz, cuando ya teníamos pronto prácticamente todo el set en vivo. Yo canto muy mal, en realidad. Mi canto está prohibido por la Convención de Ginebra (risas) y estábamos buscando un cantante. Lo conocíamos desde hacía años, el cantante de Los Invasores, que apareció en una época muy interesante de La Celda, porque La Celda pensaba versionarse a sí misma haciendo acústicos y otras versiones, y Ramos cayó en el medio de toda esa locura. Al final decidimos centrarnos en una, porque sino no iba a agarrar nunca. Después seguimos con él unos años y grabamos el primer cassette con él en la voz. Ese primer cassette se llamó sin disfraz y fue editado por el amigo Ángel Atienza por Perro Andaluz, que hasta el día de hoy nos está apoyando en lo que hacemos. Luego, por diferentes motivos que no vienen al caso, Ramos se alejó de la banda una semana antes de que entráramos a grabar el segundo disco. El disco se grabó igual… ¡a huevo!

Daniel: En ese proceso, después de que se fue Ricardo Rodríguez, estuvo Darío Natale, que hace poco que nos dejó. Y después entró el Cali, que era el otro “invasor”, digamos, y ahí fue una parte firme de la banda. Cuando grabamos el Sin Disfraz, que lo hicimos con Walter Linas, fue una experiencia increíble, era el primer contacto con un estudio en serio. Con todo el proceso correspondiente, eso nos llevó a grabar el segundo disco. Respecto a lo que comenta Mario, de que una semana antes de grabar el disco Jorge deja la banda, recuerdo que estábamos en un ensayo Cali, Mario y yo, sentados mirándonos sin decirnos nada, preguntándonos “¿qué hacemos?”. Al final, luego de un tiempo dándole caña, logramos sacar el disco adelante.

Mario: Tanto Sin Disfraz como Frutos Amargos fueron grabados por Ricardo Illa, el Cali.

SR: También grabaron en el compilado Pando Cuna del Rock.

Mario: Eso se grabó después de Sin Disfraz, por el ’94. Grabamos “Viaje sin lógica” y “El trencito del oeste”, una canción que después Piero nos copió (risas), eso lo decíamos en vivo. Ese cassette quedó como la marca a fuego de que Pando es la cuna del rock. En realidad no es tan así, pero es un slogan que quedó y se usa actualmente.

SR: ¿Cómo era el rock en Pando cuando surge La Celda?

Daniel: La culpa de todo esto, que siempre lo diré, la tiene Gustavo Parodi; el maldito culpable, el bastardo que hay que asesinar (risas). Porque todos los que teníamos “olor” a Estómagos, nos colgábamos la guitarra y decíamos “joder, esto se puede hacer tan fácil… y qué bueno que está”. Y fue así como se empezó. Me voy a atrever a decir que en aquel entonces fuimos bastante pioneros, junto con Harry e Intifada, en el sentido de que no habían tantas bandas como después sí surgieron. Fue como que dimos el puntapié inicial con esas bandas. Ibas caminando por las calles de Pando y era difícil que en un garaje no estuviera un grupo sonando. Por eso me parece que Pando adquirió esa relevancia a nivel cultural.

Mario: Es que en Pando, todo comenzó con Los Estómagos. Había música desde más atrás, en la década del ’70, pero la dictadura había hecho un corte bastante radical que no nos permitía tener acceso a la información anterior. Para nosotros, todo comenzó con Gustavo Parodi, como dice Daniel. En Pando, luego de que hubo ese boom de bandas, había por lo menos 20 bandas. Para la población que hay en Pando, es un disparate. En cuanto a población, Pando es un barrio de Montevideo, ¿y en qué barrio de Montevideo conseguís 20 bandas? Increíblemente, al día de hoy, aún hay por lo menos 15 bandas activas. No hay dónde tocar, no lo había antes, pero las bandas se las ingenian para hacerse su lugar. Recuerdo cuando fuimos con Daniel a la presentación de Los Estómagos en el Centro de Protección de Choferes, en su debut, y decíamos: “Mirá, se puede hacer la música que nosotros estábamos pensado que queremos hacer, y ellos ya la están haciendo”. El contacto con Los Estómagos fue el aval para animarnos a hacer cosas; eso fue un cambio de cabeza bastante interesante.

SR: ¿Hay una influencia de las bandas de Pando en el rock nacional?

Mario: Durazno, Tacuarembó y Paysandú tienen muchísimas bandas; el interior se mueve muchísimo.

SR: ¿Pero podríamos hablar de un sonido de Pando que influencia?

Mario: Podríamos hablar de un sonido de Pando, sí.

Daniel: Hace años que no tengo el contacto diario con Pando, pero creo que en aquel entonces pasaba algo curioso, lo que te comentaba que escuchabas bandas ensayando en garajes, pero no era una banda de reggae, o de heavy, o poppy, era todo más o menos enmarcado dentro del mismo sonido; todos queríamos decir lo mismo, y quizás eso fue lo que tiñó a la música uruguaya con colores de Pando. Qué poeta que estoy (risas).

SR; ¿Qué sostuvo a la banda todo el tiempo que estuvieron activos?

Daniel: Los huevos que teníamos, porque contá que no había internet, que para que te difundieran un tema en la radio tenías que ir 20 días antes…

Mario: Había que ir a la radio 50 veces.

Daniel: Y te estoy hablando de cinco radios, no como ahora. Era muy difícil.

SR: ¿Qué era lo más difícil en esa época para una banda en Pando?

Mario: Que nos conozcan. Logramos tener un público bastante fiel en Pando, que nos seguía inclusive a los toques en Montevideo. Creo que eso llamó la atención a mucha gente, que no éramos una banda que tocara para cinco o quince, éramos una banda que movíamos un grupo de gente que nos acompañaba. Es lo mismo ahora, armás una banda y la preocupación es que te conozcan. Capaz que ahora hay más herramientas, y hay que remarla como uno puede.

SR: Están todas las ventajas de la tecnología, pero ahora hay tantas bandas que es difícil darse a conocer a pesar de las herramientas que existen.

Mario: Claro, es tan fácil todo que también pierde cierto valor. Es muy fácil descargarse un disco, dejarlo en el celular y ni siquiera escucharlo en unos parlantes que reproduzcan lo que el músico grabó. Simplemente escuchás un mp3 y como que no le das valor porque no lo pagaste, no lo abriste: el detalle de abrir el disco por primera vez está bueno, tiene como una esencia.

SR: ¿Qué rescatan como lo más importante de aquella época en que La Celda estuvo activa?

Daniel: Que éramos capaces de sacar algo adelante, algo que era nuestro totalmente. Que éramos capaces de decir que no a las cosas que no nos gustaban y teníamos los huevos de sacarlo adelante, sea socialmente o políticamente. Creo que eso nos ayudó mucho. De hecho, cuando tocamos con los vascos, fue por eso, por los huevos que tenía la banda. Son cosas de las que me siento orgulloso. Hoy por hoy, es de lo que más me vanaglorio de La Celda, además de la música, por supuesto.

Mario: Ahora que nombraste el toque de los vascos, La Celda en octubre del ’94, tocó con Todos Tus Muertos la primera vez que vino a Uruguay y Negu Gorriak, que estaba haciendo una gira por Latinoamérica. Ellos se enteran de todos los desmanes que hubo en la manifestación del Hospital Filtro, y dicen que vienen a tocar a Uruguay por los costos de producción. Ellos no cobraban nada, y Montevideo les cerró las puertas: desde la Intendencia a los boliches, todo dijo que no. Nosotros estábamos en contacto, sobre todo Daniel, con la gente de la revista Juventud Perdida, de Buenos Aires, y ellos estaban en la organización, y nos preguntan si en Pando había posibilidad de hacerlo, y dijimos que sí. Hablamos con la gente de El Garage, que fue donde se hizo el toque, y dijeron que sí, y se hizo. Ése sí que fue un recital a huevo, porque se hizo contra todos los pronósticos, las censuras, las amenazas de represión, que sufrimos bastante. Cuando sacamos el comunicado de que íbamos a tocar con una banda vasca en reivindicación de toda esa gente que fue a manifestar de forma humanitaria, nos estuvieron investigando y cuidando a ver si éramos terroristas o no. Después se dieron cuenta que simplemente íbamos del trabajo a la casa o al ensayo; no hacíamos nada. Éramos tipos totalmente simples y comunes. El toque se hizo una noche muy muy lluviosa. Empezó a llover cuando estábamos haciendo la prueba de sonido. Se vino un diluvio impresionante y estaba lleno de gente afuera. La gente no aguantó más, hace avalancha y abren las puertas de El Garage. Pretenden tapiar la zona del toque en una especie de hall con una tabla gigante. La tabla se cayó y ahí estábamos nosotros. La Celda estaba en la prueba de sonido, y ya que estábamos arriba del escenario, seguimos.

Daniel: Te acordás que me dio por hacer el riff de Nirvana de “Smells like teen spirit”, y fue con lo que la gente se enloqueció. Nos miramos con Mario y con el Cali y dijimos “pa’ delante, ya está”. Fue apasionante, muy divertido.

SR: ¿Qué destacarían como lo más importante de la banda?

Mario: La unión que teníamos, la amistad que aún tenemos. Antes que nada decidimos preservar eso. Y bueno, la música que hacíamos. Hasta el día de hoy me encantan las canciones.

Daniel: Como te decía, lo que nos sacó adelante fue la unión del grupo, el querer decir algo, el querer posicionarnos con algo, decir que no a algunas cosas, decir que sí a otras. Dentro de un ámbito artístico y cultural, me parece imprescindible hoy por hoy. Con propiedad puedo decir, porque he estado en muchos sitios, que no en todas partes del mundo se vive y se respira eso, ese calor humano que genera ir a ensayar y que da igual si sonás por una radio spica. Es el hecho de ir. En otras partes del mundo, si no tenés tu Marshall, no es así. Ese sentimiento es lo que me parece que rescato, admiro y valoro de lo que era La Celda.

SR: ¿Cuál es la canción que más les gusta del repertorio de La Celda?

Mario: A mí todas las que compuse yo (risas).

Daniel: Yo tengo preferidas por disco. De Sin Disfraz nos gusta mucho “Explotadores”.

Mario: “Dime niña”.

Daniel: Sí, también.

Mario: “Candy”.

Daniel: De Frutos Amargos, “Seguridad”, “Frutos amargos”. Esos finales que canta el Cali, me encanta como lo canta.

SR: ¿Por qué se disuelve La Celda?

Daniel: Hubo muchos factores: cansancio, estábamos en un vacío creativo, social y económico. Fue más o menos cuando empecé a plantearme el hecho de irme del país. Después de La Celda estuve en otros grupos, pero fue por tocar, digamos.

Mario: Yo creo que sí estábamos en un vacío creativo y tocábamos mucho, de jueves en adelante tocábamos todos los días. A veces repetíamos boliches el mismo día.

Daniel: Hubo un par de meses que de jueves a domingo no parábamos.

Mario: El cansancio que eso genera, la no retribución económica genera un desgaste muy grande. Ensayar lo mismo que íbamos a tocar en los toques generó algunas diferencias, y preferimos mantener el grupo humano. Si en ese momento decidíamos mantener la banda, hoy ni nos hablábamos. El grupo humano es más importante, siempre. En el 2017 hicimos la reunión de La Celda. En Sala Zitarrosa fue el primer toque, y en el Centro Cultural de Pando fue el segundo, y fue mágico, porque después de 25 años de no ensayar, nos juntamos Daniel, el Cali y yo, y tocamos “Caín y Abel” como si la hubiésemos ensayado la semana pasada. Eso fue tremendo, estar tocando con estos dos y estar tocando una canción como si la hubiésemos ensayado siempre, fue impresionante.

SR: Se mantenía el espíritu.

Mario: Sí, sí. Es que de hecho siempre dijimos que La Celda nunca se disolvió, se tomó un tiempo. Ha habido noticias de La Celda todo este tiempo, impulsadas por Daniel. Con la reunión de La Celda se grabó un cortometraje que habla de su venida desde Las Canarias hasta acá, y ha rodado por el mundo entero; llegamos a estar en Corea: me encantaría escuchar a La Celda en coreano (risas). La música de La Celda ha sonado en todos esos lugares. Se puede decir que es una banda en stand by pero que genera cosas todavía.

Daniel: Yo aquí trabajo de audio visual y tuve la posibilidad de documentar todo lo que fue la reunión del grupo para tocar en 2017. Realicé un cortometraje que dura más o menos media hora que muestra todo el proceso hasta el momento en que va a tocar el grupo. El corto metraje se llama “20 años sí es mucho”. Cuenta la historia de cómo se hizo, cómo llegamos, todo eso de Cali, de Mario y yo. Hemos tenido la suerte de que hemos ganado un par de premios buenos en festivales. Se ha proyectado en toda España, México, Corea, República Checa, Austria, Alemania…

Mario: República Dominicana, Cuba.

Daniel: Estados Unidos… El festival de Corea era uno especializado en música e imagen, y ahí tuvimos una buena selección. Es un festival de prestigio y la verdad es que quedé muy contento. Y todavía van a salir cositas por ahí, porque hay un proyecto de un largo con toda esa historia, que enfoca más bien lo que es toda la movida de Pando.

SR: Mario, actualmente estás con tu proyecto de Los Músicos Invisibles, con un disco nuevito.

Mario: Sí, Los Músicos Invisibles acaban de sacar Retazos de Mar y Viento, que es un disco muy diferente al disco anterior. Lo interesante de Los Músicos Invisibles es que no existe como banda; nunca nadie ensayó con el formato de Los Músicos Invisibles excepto para el 2017 que fue la presentación en vivo. Las grabaciones del disco se hacen directamente en el estudio. Nos pasamos las pistas y vamos directo a grabar. Soy yo que compongo las bases y algunos lineamientos de las canciones, y después son un montón de invitados. La tapa del disco es un cuadro que pintó mi hijo, Ezequiel. Cuando vi el cuadro dije “esa es la tapa”, porque Retazos de Mar y Viento es eso tal cual. Para este disco cuento con 21 invitados, entre los cuales hay gente con muchísima trayectoria, gente con algo de trayectoria, gente que apenas conocí y gente que nunca había grabado en un estudio, que son los lineamientos que más o menos yo pongo en los discos. Me gusta tener un poquito de cada uno y me gusta ser la persona –en parte es ego, también– que le da la posibilidad a un músico que sea su primera vez grabando. Eso trae un detalle muy interesante a favor: nosotros estamos muy metidos dentro de lo que es el proceso de grabación y a veces usamos paradigmas de que “esto se hace así”, y viene alguien de afuera y te dice “no, capaz que se puede hacer así”, y en realidad se le ocurren ideas maravillosas a veces. De eso también se aprende.

SR: La propuesta es bastante original, por lo menos para el medio.

Mario: Creo que sí. Ahora se está usando mucho eso, porque en estas épocas de pandemia ha habido muchas colaboraciones entre artistas. Eso está muy bueno. Cuando Los Músicos Invisibles hicieron eso hace 14 años por primera vez, fue muy novedoso.

SR: Daniel, ¿vos tenés algún proyecto ahora por ahí?

Daniel: Estoy ensayando con unos amigos, pero sin muchas pretensiones, más que nada por mantener los dedos calientes. Lo que sí suelo hacer es alguna banda sonora que necesito o cosas así. Musicalmente, poco más, porque en verdad el trabajo me absorbe mucho y no me permite desarrollarme musicalmente como quisiera. He tenido la oportunidad pero no lo he podido hacer. Aparte, estamos como que intentando ver si tenemos una Celda española y una Celda uruguaya, viendo esas posibilidades a ver qué sale.

SR: ¿Cómo es eso de La Celda acá y allá?

Daniel: Que se puedan hacer las mismas canciones, que Mario las pueda hacer allá y yo las pueda hacer acá.

SR: Justamente mi próxima pregunta iba para ahí, si había alguna posibilidad de trabajo en conjunto pero separados.

Mario: En los hechos, sí.

Daniel: Las ganas siempre están. De hecho yo colaboré en los dos discos de Mario, y está buenísimo que pase eso, porque él tiene otra cabeza en ese momento. Está muy bueno, creativamente es súper rico.

Mario: Daniel, tengo un disco para que lo uses como banda sonora (señalando a Retazos de Mar y Viento) (risas). Mirá que como banda sonora rinde un montón.

SR: ¿Hay alguna posibilidad de repetir una experiencia similar a la de 2017?

Mario: Pah… está difícil. La estamos pensando, pero bueno… Llegar al toque con Daniel con La Celda en el 2017 requirió de muchísimos años de intentos fallidos. Capaz que ahora aprendimos a hacerlo, cuál era la vía, cuál era la forma para que Daniel pueda venir. Él fue declarado persona con interés cultural para la Intendencia de Canelones, y gracias a eso se habilitó a conseguir otras cosas. Ya hicimos parte de ese camino; no está descartado ni que Daniel venga ni que nosotros vayamos. Con La Celda nunca sabés con lo que te vas a topar (risas) porque de repente somos tres o somos cinco, o más. Depende de para qué lado se disparan nuestras cabecitas y de que Cali nos acompañe.

SR: ¿Quieren agregar alguna cosa?

Daniel: Yo me quedé a medias cuando Mario hablaba de cuando hicimos “Caín y Abel” en el ensayo. Eso no está en el documental, porque son cosas que queremos que queden entre nosotros, son cosas de Mario, Cali y mías y queremos que se mantengan así. Porque fue como lo dijo él. Después de ese tema, se me reventaron cuerdas, se rompieron cosas, los temas no salían ni de coña, pero cuando me colgué la guitarra, Mario se puso el bajo, y el Cali dio la cuenta, salió ese tema con una fluidez que parecía que lo habíamos ensayado ayer, y hacía por lo menos 22 años que no lo ensayábamos.

Mario: Es verdad.

Daniel: Esa es la magia, la esencia que te deja decir “hostia, coño, hay algo, hubo algo, sigue estando eso”. Esos momentos son mágicos, y no está en el documental, precisamente.

Mario: Esa llamita interna que te queda para siempre. Que hoy la canalizamos por otros caminos. Daniel la canaliza por su profesión, y yo por la música y las bandas. Junto con Alejandro Pacífico estamos armando otro proyecto, que ése sí tiene formato para tocar en vivo. Los Músicos Invisibles es muy difícil tocarlo en vivo, sobre todo este segundo disco. Pero bueno, es esa llamita. Daniel es el hermano musical que me dio la vida, con el que basta con mirarnos y ya sabemos lo que vamos a hacer. Luego de La Celda, en un proyecto que Daniel me viene a buscar para tocar el bajo, en el primer ensayo yo ya sabía qué nota iba a tocar. Él me estaba mostrando la canción y yo me pegué a tocar con él, y tocamos la canción como si la hubiéramos ensayado.

Daniel: De hecho, sacamos un jingle de una radio, Rompan Todo, improvisando en el estudio.

Mario: Sí, improvisamos el jingle del programa de Leo Billar.

Daniel: Estábamos con éste y dijimos “¿qué hacemos?, ¿La? Dale” (risas).

Mario: La única nota que hacés desde el principio.

Daniel: La Celda fue la única banda con la que realmente me divertí sobre los escenarios, porque estuve tocando en otras bandas que tienen mucha fama, por lo menos en Uruguay, y que van de muy vanguardistas, y quiero que sepan que sólo me divertía con esa banda cuando hacía covers de los Ramones. Hablo concretamente de Trotsky Vengarán.

Mario: El bajista nunca nombrado de Trotsky.

Daniel: Pues, queda dicho.

Ariel Scarpa