Enrique Sosa: Jugando en Todas las Canchas

Más conocido como el Garza, este bajista histórico de nuestro rock ha sabido pasar y dejar su sello en dos bandas muy importantes del panorama local, como lo fueron y lo son Luz Roja y Níquel. Estas dos bandas, su carrera y su actual momento con Automática fueron parte de la entrevista que transcribimos a continuación. Otras historias, momentos vividos y experiencias compartidas quedaron fuera del registro, en una extensa charla entre amigos, como pasa habitualmente con el Garza.


SR: ¿Empezaste tocando el bajo?

Enrique: Yo empecé tocando batería cuando tenía más o menos 15 años. Después a los 18 apareció el Quieto (Ariel Gerona) y me desplazó del lugar (risas). Rápidamente tenía que tocar algo para no quedar perdido en la nada, así que agarré el bajo. Me gustaba y me gusta mucho la figura de McCartney. Mi primer bajo fue uno formato violín, como el de McCartney.

SR: Tu primera banda fue Luz Roja.

Enrique: Sí. Antes de Luz Roja era toda una cuestión amateur. Y Luz Roja empezó siendo amateur, también, hasta que después fue tomando color y pudimos grabar un disco. Fuimos de la generación de principios de los ’80, donde tuvimos un desafío bastante grande porque veníamos del declive del canto popular y nosotros estábamos como la primera generación del rock que salía. Mis vivencias es que era todo muy improvisado, agarrado de los pelos, pero se hacían cosas interesantes y la gente concurría con muchas interrogantes de ver qué era eso del rock que estaba saliendo en ese momento.

SR: Estamos hablando de antes de Los Estómagos.

Enrique: Poquito antes. Luz Roja fue la primera banda que tocó en un escenario con un staff de grupos de canto popular. Tocamos después de Washington Carrasco y Cristina Fernández en un recital de la UJC que se hizo en el Velódromo, que estaba lleno. Nos pusimos a todo el mundo en el bolsillo, estuvo genial. Eso no está en ningún libro de rock uruguayo, pero bueno… vos lo vas a poner ahora (risas). Después se dieron varios eventos y cosas importantes. Con la formación de Jean Paul Ibargoyen, César (Martínez), el Quieto y yo, hay una foto interesante que estamos en el callejón de la Universidad, y en el público está la gente de ADN, de Zero, todos de aquella camada de los ’80. El sonidista no tenía ni la más puta idea, porque pensaba que iba a ser como una especie de murga, y había puesto seis micrófonos adelante. De todas maneras creo que dejó su enseñanza, y algunas pocas bandas de aquella camada, como Níquel, Los Traidores, Buitres (que antes eran Los Estómagos) fueron los que quedaron porque hicieron las cosas mejor, porque pudieron trabajar en forma más profesional. Los demás nos quedamos por el camino, y la culpa la tuvimos los músicos.

SR: Lo que pasó es que era todo terriblemente amateur.

Enrique: Totalmente. Cuando nosotros quisimos hacer las cosas un poco mejor, hasta contratamos un Scania para salir tocando por Montevideo. Hicimos cosas locas que hay gente que todavía se acuerda. A veces me frustro un poco al leer la historia del rock y ver que Luz Roja no es tomado en cuenta. Sólo a veces es mencionado entre varios grupos, en una bolsa sin importancia. Y desde nuestro punto de vista aportamos nuestra cuota. Pero también digo que no estamos porque fue culpa nuestra.

SR: Uds. además sonaban de puta madre.

Enrique: Eso dicen (risas). Personalmente siempre estuve en las bandas donde me sentía cómodo y donde creía que la cosa sonaba. En Luz Roja había momentos en que pasaba eso… había otros momentos en que era un caos. Pero cuando se alineaban los planetas, pintaba la magia esa y no había con qué darle. Eso te llenaba de satisfacción y te hacía durar un tiempo más peleando con la banda.

SR: Tenían mucho rock and roll, desde las peleas hasta la música.

Enrique: Mucho hard rock.

SR: ¿Cómo definirías a Luz Roja?

Enrique: …Una banda incomprendida, por un lado. Yo creo que tuvimos oportunidades importantes que nos supimos aprovechar. Nosotros éramos músicos, no sabíamos mucha cosa de la industria, de cómo moverse; hicimos lo que pudimos. Estuvo el gordo Varo en un momento dando una mano, después Picerno se arrimó en su momento, pero no supimos darnos cuenta de eso.

SR: Los guitarristas de Luz Roja fueron cambiando bastante con los años. ¿Eso los fortaleció como grupo o fue un punto débil de la banda?

Enrique: Fue un condimento importante, porque aprendimos a tocar con varios músicos con diferentes características.

SR: Y la esencia se mantenía.

Enrique: Sí, porque la base siempre fue la misma: Ariel en batería y yo en el bajo. Luz Roja tenía una base muy potente, y las guitarras se subían encima y tenían un colchón bárbaro para hacer lo que querían. Yo creo que los mejores guitarristas que tuvo Luz Roja fue la dupla de los Pitetta o Alejandro Pinnejas, según mi parecer, porque me gustan las guitarras tipo Jimmy Page. Tocó Carlitos Quintana, el Perro de Ácido, el Funfu, un montón de gente. Pero con los Pitetta metíamos miedo… afuera y adentro del escenario (risas).

SR: Cerrando tu etapa en Luz Roja, pasás a Níquel. Ahí hay una gran diferencia de funcionamiento.

Enrique: Era como jugar en el Tanque Sisley y pasar a jugar en Peñarol. Yo me había ido de Luz Roja y estaba trabajando en X FM como programador musical. Había estado en carnaval, estaba dando clases de bajo y después pasé al Teatro El Galpón y musicalizaba algunas obras de teatro. Un día en la radio me llama Jorge (Nasser) y me dijo de ir a tomar algo a El Lobizón. Jorge daba vueltas y vueltas y en un momento me dice: “Tenemos una gira con Pappo, que se llama Blues al Sur. Dentro de una semana tenemos un show en el Centro del Espectáculo de Punta del Este, en Zorba y en La Factoría. Quiero saber si vos podés tocar”. La mandíbula me pegó en la mesa (risas). Le dije que sí, porque me tenía fe porque toda mi vida toqué temas de Pappo. Pensé que me tenía que sacar ocho o diez temas, pero cuando nos íbamos en un taxi a la casa de Jorge, me comenta que el Pato (Dana) se fue. Me dice: ¿Querés ser el bajista de la banda?”. Y le dije “sí”; no podía decirle que no, menos acá que las oportunidades se te dan una vez. Cuando llegamos, entra a la casa y me da trece discos y me dice: “Tomá, hacé lo que puedas, tocamos en una semana”. Esa semana estuve absolutamente colapsado sacando temas, hasta que se armó un repertorio y salimos. A la semana conocí a Pappo. Yo lo había visto con Riff en el Palacio Peñarol. Tocar con el tipo fue alucinante. En los trayectos en los ómnibus me sentaba al lado y lo atomizaba con preguntas. Él me dijo. “Vos sos un bajista muy speed”. Cuando estaba tocando con él, el tipo te miraba y ya entendías todo, si era para bien o si era para mal (risas). Fue una experiencia brutal.

SR: Y después seguiste con Níquel.

Enrique: Tenía que tocar “Candombe de la Aduana” con 20.000 tipos ahí, y no era fácil. Y al poquito tiempo tocamos como teloneros de Maná en el Estadio con toda la gente cantando “Palabras para Julia” al palo, y yo que no podía caminar por la energía que te venía, cuando antes hacía dos años estaba tocando en el Templo del Gato. Por eso a Jorge yo le agradezco muchísimo.

SR: Él te permitió crecer en un momento muy bueno de Níquel.

Enrique: En realidad no era el momento mejor, fueron los últimos cuatro años de Níquel, pero venía rodando, ni qué hablar. Recorrí todo el interior con una estructura de banda profesional. Cuando eso terminó, fue muy difícil volver al ruedo porque estaba en el techo alto, más de eso no había. Ahí tuve un período de tiempo en que no hice nada.

SR: ¿Qué tal era trabajar con Jorge?

Enrique: Me tuve que exigir al máximo de lo que podía dar. Pablo Faragó tocando la guitarra, que es un maestro, Jorge componiendo y cantando, y con Gonzalo Farrugia en la batería, tipos que venían tocando a un nivel altísimo y yo tenía que ir a la par. Costó, porque he visto a Jorge sacar la amarilla y la roja. Fue un trabajo con mucha exigencia; tuve que empezar a cantar, tuve que suplantar al Pato Dana, que era un tipo que cantaba, tocaba, tenía una línea melódica espectacular y tenía carisma, no era suplantar a cualquiera.

SR: ¿Cómo fueron esos inicios?

Enrique: El primer show fue en Artigas, y cuando estábamos llegando en el ómnibus, había un comité de recepción: las calles llenas de gente, el ómnibus pasando por el medio y la gente gritando. Yo no entendía nada. Fuimos al hotel, y luego Picerno nos avisa que había terminado el grupo telonero y arrancamos para ahí. Cuando tocamos, te juro que era como Los Beatles; Níquel en el interior era una onda, en Montevideo era otra. Vi cosas con las que puedo pasar la noche contándotelas. Recorrimos todo el país, toqué con gente de renombre, agarré una cancha y un training de efectividad como músico que me hizo crecer un montón. Jorge me ayudó montones para eso.

SR: ¿Se te permitía aportar ideas?

Enrique: Sí, pero tenían que ser muy buenas para que te las tomaran en cuenta.

SR: ¿Podemos decir que Níquel es Nasser?

Enrique: Sí. Yo te diría que Níquel en la parte creativa y de composición, es Jorge. En la producción estaba Pablo, así como en arreglos, edición y mezcla. Ahí yo una cosa aporté, puesto que llevé a la banda unas máquinas que tenía de un estudio que tenía antes. Era una banda que cuidaba la estética y la producción musical a un nivel que acá no se conocía.

SR: Ya de entrada Níquel había sido así, a fines de los ’80.

Enrique: ¡El sinfónico, por ejemplo! Eso explotó todo. Yo entré en un momento en que estaba medio complicado el asunto, porque la ida del Pato había dejado un hueco y había ciertas grietas que se estaban subsanando, y a su vez tenía que cumplir. O sea, era un laburo: si vos en un laburo no laburás, te echan. Y el premio era la gozadera que te daba eso. En los últimos shows de Níquel con Pichu en la batería, llegamos a un nivel en que era una aplanadora. Aprendí que no es simplemente enchufar y tocar la parte: ¡el sonido! El sonido del bajo y la guitarra tienen que ser determinados, qué pedal y cómo; todo algo cuidado. También la pilcha que tenías que ponerte era cuidada. Ahí Jorge me dio tremenda mano con el bajo, el equipo y las pilchas. Me dijo “tomá, hacé todo y lo vamos descontando”.

SR: Apostó a vos.

Enrique: Se la jugó. Tuve un sponsor (risas). Después la banda se disuelve y Jorge comenzó su carrera con el tono de folclore-pop. Nunca nos separamos, de alguna manera colaboraba con él, le hacía la página web o me llamaba para algunos toques en que le faltaba el bajista. Del 2002 al 2010 picoteaba con él alguna cosa y no estaba haciendo nada más aparte de dar clases de bajo y sobrevivir en la vida. Estuve en algún grupo de covers para romper las bolas por ahí. Hasta que un buen día me llamó Federico Sanguinetti para una banda llamada Tensión, con Mancuso en la voz y Leo en batería, para la que precisaban un bajista. Los temas estaban muy buenos, y me encontré con un cantante del carajo. Grabamos un video y salió un EP, pero por diferentes motivos la banda se disuelve. Días después, Mancuso me llama y me dice que tiene unas ideas y que le gustaría que yo fuera parte. Me gustaron esas ideas. Contactamos a los hermanos Lacava, que hoy están con Tabaré. Como estaban los temas, empezamos a ensayar, los grabamos y obviamente fue el primer disco de Automática. Salió nominado a los premios Graffiti sin que nos conociera nadie, y eso fue un empujón bastante grande. A mí siempre me gustó hacer cosas fuera de lo común a nivel estético, y acá es medio complicado que la gente lo entienda. Que lo que es la dinámica de la música con el show sea un todo, es fundamental. No podés ir a tocar con el bucito Burma de cuando vas a laburar. Tenés que estar presentado acorde para llenar las expectativas de la gente que pagó para verte, no sólo musicalmente sino escénicamente. Con eso arrancamos, e hicimos un show que fue el punto de partida, que fue en el Planetario, y se llenó con gente que no nos conocía. Y de ahí empezamos a hacer historia. Después apostamos a más calidad, y el segundo disco lo hicimos con la producción de Jorge en el mejor estudio, masterizado en Chile, con un master para cd y otro para streaming. Creemos que fue el mejor trabajo de Automática hasta el momento. La cosa rueda, pero con mucha lentitud, porque el mercado en muy lento; se tiene que morir Fulanito para que el que está atrás, agarre. La ley de difusión me parece excelente y fue un logro brutal, pero en las radios pasan siempre la misma música. Les pido por favor a los medios que recurran a todo el under y el no under. Creo que hay que meterle una adenda a la ley de difusión que obligue al medio a la búsqueda o recepción de materiales nuevos para pasar. Hoy en día es mucho más fácil para los medios acceder a la música. Cuando yo arranco con la música estaban los discos de vinilo. El disco de Luz Roja fue el primer cd que se editó acá, y eso es histórico. Lo grabamos en IFU, que fue un desastre, porque lo grabamos en el correr de un año en las horas que sobraban, con una producción de sonido que resultó imposible.

SR: ¿Y vos como músico cómo estás viviendo este momento?

Enrique: Me he podido dar lujos que cuando yo empecé eran imposibles; tenías que ir a Do Re Mi a comprar un instrumento de pésima calidad. Y se tocaba con los equipos Schaffner. Hoy en día hay de todo, además de un mercado que ya fue abierto por otras bandas. Pero es muy difícil grabar un disco. Hay sellos que te dan recepción porque igual la producción la tiene que pagar la banda. Al que le pueda dar la espalda para grabar un disco, es un logro. Antes estaba la concepción artística de que un álbum era una sumatoria de temas que brindaban algo. Hoy en día lamentablemente eso se perdió. Este es un dilema que se está planteando a la interna de Automática: ¿vamos a gastar otro tanto de guita para hacer otro disco? Las herramientas que se les pueden dar a los músicos que están naciendo son muy diferentes a las de antes.

SR: ¿Qué tipo de banda es Automática dentro del panorama de rock nacional?

Enrique: Jorge decía que él veía a Automática como una banda de art-rock, y uno se quedaba pensando. Él nos quería ver como unos tipos enfocados, vestidos como gente grande, asumiendo nuestra identidad y haciendo cosas que estén buenas: que lo que les pegue en la cara a la gente sea la calidad de lo que estás haciendo. Eso es a lo que apostamos. Y a hacer un rock no tradicional. El primer disco fue muy ’90s, y para el segundo cada uno tenía sus referencias. En lo personal me gusta el rock de los ’70 y la vuelta de ese sonido en los 2000, en bandas como Queens of The Stone Age. Es muy complicado dominar el sonido, es toda una tarea bastante grosa para que suene de tal forma en la canción. Tenemos la ventaja de tener un gran cantante –a mi gusto es de los mejores que hay acá–  tenemos un guitarrista excepcional, que es el Fede (Zavadszky) y después Tato y yo que hacemos lo nuestro. Por suerte tengo un arsenal de cosas que se pueden usar desde el punto de vista artístico.

SR: ¿Qué te permite hacer Automática con esta propuesta?

Enrique: Me da mucha libertad. He perdido la temática (que es una escuela, que la hice muchos años y es recontra válida) de que el tipo que toca el bajo es bajo-cable-equipo, se regula el equipo y ya está. Ahora tengo una pedalera bastante monstruosa donde trato de buscar sonidos específicos para cada parte de la canción. Tengo que tener un nivel de concentración para aplicar los sonidos en determinadas partes, tocarlas bien, cantar bien el tema y que el conjunto esté bueno. Pese a que tratamos de ser un grupo moderno en el sonido, reivindicamos lo nacional de verdad. Lo hicimos ahora con el tema de la pandemia, donde hay tres videos y ahora sale un cuarto, que los grabamos cada uno de su casa, donde hicimos un tema de Tótem, “Heloísa”. Yo a la banda le tengo mucha fe.

SR: ¿Cómo ves esta actualidad de la banda?

Enrique: Lo único que me preocupa de la banda y de todas las bandas que están en la misma situación que nosotros, es que la frustración no te queme y que un día tires la toalla. Yo voy a darle hasta que se pueda, hasta que me entierren o me muera arriba de un escenario. No quiero ser un viejo decrépito y estar dando vergüenza, avísenme antes (risas). Me considero un tipo dichoso de la carrera. Si ponemos en la balanza todo esto que estuvimos hablando, yo muchas veces miro para atrás y veo que me di el lujo en mi primera etapa de estar en una de las mejores bandas de rock en varios kilómetros a la redonda en ese momento. Si fue reconocida o no, es otro tema; pero yo sabía que era así en algunos momentos de la carrera de la banda. Y después llegó, hablando en términos futboleros, el famoso pase ansiado al pibe que jugaba en la reserva y fue a jugar en primera. No le pasa a todo el mundo acá. Tuve esa ventaja que me costó, porque gente de mi generación me dejó de saludar: esa famosa frustración-envidia que había en el medio, que ahora no es tanta. También mucha gente que no me conocía, me conoció. Tuve el gran placer de tocar con gente icónica del Río de la Plata, como con el batero de Psiglo, Pappo, Fabiana Cantilo, y en el Viejo Jack con un montón de gente. La pasé muy bien, me divertí un montón y hubo un tiempo en que viví de la música. Eso es una pequeña gloria. Hay que ser lo suficientemente inteligente como para moverse y seguir una línea de crecimiento. En este momento me siento que no estoy fuera del ring, la sigo peleando y tuve otra oportunidad. Hay que ver, también, lo bien conceptuados que estamos en el exterior. Fuimos a tocar a Chile y te hacen reverencias; ¿cómo puede ser que acá no te den pelota?

SR: Chile tiene un nivel de profesionalidad importante.

Enrique: No sólo de música, también de estructura. Había seminarios de cómo promocionar una banda. Uruguay es muy chico.

SR: De cualquier manera, acá pasan muchas cosas buenas y la gente no sabe o no se conocen.

Enrique: Sí, hay ausencias de valores que tendrían que estar brillando y no lo están.

SR: También hay temas a resolver.

Enrique: Como lo de los derechos de autor; no puede ser que pase lo que está pasando. Antes con los discos por lo menos contabas cuánto te correspondía. Ahora no sabés. Vas a un plataforma de streaming que la escuchan… ¿cuántas veces?, ¿el reporte es verdadero?, ¿cuánto me pagan por esto? Yo no recibí un mango hasta ahora. Como es todo independiente y queda un resto, lo embolsan y lo dividen con las majors, y los artistas independientes quedamos todos en pelotas. Claro, mañana la pegás y te contrata una major. Por eso acá AGADU y SUDEI la están recontra luchando. Tenemos el FONAM, que es un golazo, la ley de difusión. Son un montón de cosas que son muy valederas para la música nuestra. Hoy hay un gran nivel en las bandas, y por eso me parece criminal que habiendo tanto material estén pasando un sector que será un 20% del que hay para difundir.

SR: ¿Qué sigue ahora para vos?

Enrique: Buena pregunta. Seguirla remando.

SR: Pero hay un proyecto nuevo.

Enrique: Yo estoy abocado a Automática. Después, puedo tener proyectos con amigos de hacer cosas que quedaron pendientes para sacarlas a la luz y que sea una anécdota, no va a ser una carrera. Creo que va a ser darnos un gusto, que en breve capaz que algo de eso se va a poder ver. Eso nos da a todos una satisfacción de simplemente juntarnos y vernos y estar de vuelta en un estudio de grabación, grabando. Creo que es más la alegría la que paga todo eso que las monedas. Nos estamos juntando con viejos amigos de la vieja escuela y estamos tratando de hacer algo lo más profesional posible para que sea digno y que suene. No va a haber presentaciones en vivo, simplemente vamos a sacar algo que se va a difundir por las redes. Creo que alguna gente se va a copar, otra capaz que no le da bola, y otra no va a entender nada (risas) porque eso obviamente tiene un valor histórico, más que nada, de cosas inéditas que nunca habían pasado.

SR: ¿Y qué pasa si crece algo de eso?

Enrique: Y ya veremos. Mirá si alguien me toca a la puerta y me dice “acá tenés el cheque” (risas). En realidad es una cuestión de enriquecimiento espiritual, un debe con amigos, sin ningún tipo de expectativas. Si pasa algo, fenómeno, capaz que por ahí algún día tocaremos porque nos da el gusto. Pero a nivel carrera, estamos con Automática a full y tenemos idea de sacar algo nuevo. No creo que sea este año con todo lo que está pasando con lo de la pandemia. Nada va a ser igual a lo que era antes.

SR: ¿Algo más para agregar?

Enrique: Reitero lo que dije antes, que me siento muy dichoso de la carrera. Más allá de los altibajos, ya que en el común denominador de los años, es positivo. Y más cuando estás arriba de los 50 y estás pensando “¿qué fue de mi vida a nivel artístico?”, y tengo saldo positivo.

Ariel Scarpa