Luz Roja es una histórica banda de nuestro rock que inicia su actividad en 1981 y que ha venido tocando casi ininterrumpidamente a lo largo del tiempo. Por sus filas han pasado varios vocalistas e instrumentistas, que la han enriquecido y que han ayudado a mostrar un mismo perfil de banda que se mantiene a lo largo de su historia. Actualmente se encuentran en una nueva etapa en formato trío contando con Ariel “Quieto” Gerona en la batería (miembro fundador), Jorge Camero en la guitarra (quien ya había estado antes en la banda) y Santiago Casaretto en el bajo. Pero casualmente al momento de este reportaje, están en el proceso de incorporar una segunda guitarra, que estará a manos de Enrique “Garza” Sosa, justamente quien fuera bajista de Luz Roja desde su fundación y por mucho tiempo. Una gran charla que mantuvimos con los cuatro integrantes y que reproducimos a continuación.
SR: Luz Roja es la banda activa más longeva del rock nacional.
Jorge: La verdad que eso no lo tenía.
Quieto: Sí, desde el año ’81.
SR: ¿Y por qué siguen rocanroleando?
Santiago: Hay cosas que son más fuertes que uno y están en la naturaleza, así como hay gente mayor corriendo y haciendo deporte. Creo que, con respecto al tema de los que hicimos música, hay muchísima gente de nuestra generación tocando, de los que sobrevivimos todavía, porque muchos dejaron el instrumento colgado.
Jorge: Yo considero que debo ser uno de los pocos robots humanos que existen, porque nací con una guitarra pegada en el estómago y no me la puedo sacar.
SR: Vos venís de más atrás, todavía.
Jorge: Sí, yo vengo de bastante más atrás, desde que tenía 18 años.
Quieto: ¿Por qué seguimos? Porque a mí es lo que más me encanta; me encanta el rock and roll y entiendo como Richard Richards, que el escenario es el mejor lugar del mundo. O sea, me gusta el rock and roll y me gusta tocar. No puedo parar. Mientras pueda, le vamos a seguir dando. Y con estos muchachos que son increíbles.
Santiago: Me parece que a todos los músicos nos pasa, que no concebimos ver nuestra casa sin un instrumento. En mi casa y en la de mis amigos hay instrumentos y suena la música, se toca música.
Garza: Es una necesidad seguir tocando. Es como respirar. Lo único que busco a esta altura del partido es, aparte seguir tocando, pasarla bien y estar con amigos. Para lo que no estoy es para escalar otra vez la montaña. Prefiero bajar cinco escalones y estar tocando en una actividad que sea saludable. Antes, personalmente, tenía toda una euforia de tocar allá arriba. Por suerte en algunos momentos lo logré. Pero ahora, la verdad, no me importa.
Jorge: Yo sigo pensando que voy a encontrar a Risitos de Oro junto con el cofre al final del arco iris, porque me pone feliz pensarlo.
Santiago: Tengo como contacto y conocidos a algunos futbolistas que han estado en la selección, que han jugado en Europa y tienen 60, 65, 70 años y siguen jugando. ¿Y por qué? Porque sí, y juegan parados. La diferencia entre el deporte y la música es que en la música, tengas la edad que tengas, podés seguir siendo competitivo. La necesidad de hacer lo que te gusta no se da sólo en la música.
Garza: Apoyando lo que dice Jorge, es que también tenemos como un niño adentro. Te subiste al escenario, te colgaste la guitarra y tenés esa fibra encendida. No es casualidad que este hemos sentados acá en la sala de ensayo.

SR: Teniendo en cuenta todas las versiones de la banda que han pasado a través de las décadas, ¿cuál es la diferencia entre Luz Roja en sus inicios y esta versión actual?
Quieto: Somos iguales.
Jorge: El Quieto es igual.
Garza: A pesar de no haber estado tocando en Luz Roja por unos años, yo siempre me sentí parte de la banda.
Jorge: Yo estuve en Luz Roja en una etapa en la que me hubiera gustado participar más, pero éramos muchos. Entonces yo me sentí achicado un poquito. No quería pasarme de la raya y poner más de lo que me correspondía porque no sabía qué era lo que me correspondía. Aparte, tenía otras ideas en la cabeza, otras formas de música que venían cultivándose dentro de mí. El progresivo siempre fue lo que me gustó, culpa de Meridiano Juvenil. Deep Purple, Uriah Heep, Black Sabbath, todos esos grupos eran la cuna, fue de dónde yo chupé todo lo que hago. Siempre lo fui metiendo en toda la música que fui haciendo. Y con ellos (Luz Roja) siempre estuvo el contacto y la amistad. Entonces, la música de ellos era música mía, y la música mía era música de ellos, también.
Garza: Hay cosas que no están en ningún libro de historia del rock y que fueron impresionantes, como cuando hicimos aquello en Shangrilá.
Quieto: Jorge y su banda alquilaban una bañadera y se iban con la gente y llevaban todos los equipos. Ellos con Pelo y nosotros con Luz Roja. Y había una cierta competencia (risas). Jorge iba con unas botas tremendas, y arrancaban con “Confusión”.
Garza: Yo la primera vez que vi a Jorge tocar con Pelo, estaba Tony Aversa cantando, Carlitos el batero y Pablo en el bajo. Yo me creía que nosotros éramos como el nivel máximo, pero fuimos a tocar en el Poveda y te juro que estaba sonando algo que yo pensé que era un disco de Deep Purple o algo así, a ese nivel. Y cuando entro, veo que era Jorge con la banda sonando.
Jorge: Nunca consideré que lo mío era lo mejor. Consideré que tenía la importancia que yo me doy entre la gente caminando y nada más. De repente tenía más, pero yo nunca se la di. Y eso también me llevó a no pelearme con Carbone como debería haberme peleado.
Garza: El sonido era impresionante.
SR: En tu caso, Santiago, sos el más nuevo pero tampoco sos tan nuevo.
Santiago: Sí, sí, años de antigüedad, abonan mi calidad (risas). Yo estoy con ellos desde el 2016. Hubo un parate, pero como decía Pablo (Pitetta), que ya lamentablemente no forma parte de la banda actualmente, nosotros nunca paramos, nunca nos fuimos. Es una cosa que siempre estuvo latente. Yo creo que el eje de todo es el Quieto. Y cuando me dijeron: «Vamos, ¿vos te prendés?”, ¿cómo voy a decir que no? Me pasaron la música y saqué como 10 temas creo que en una semana. Me entusiasmé como un chico, como dice el Garza, eso de niño que te viene, que te empuja y te da para adelante, y si te equivocas, no importa. Desde ese día hasta ahora no hemos parado. Creo que evolucionamos en un montón de cosas, porque también fue amoldarnos a otro formato, a otras cosas. Encontramos la vuelta y acá estamos y acá seguiremos, si sale todo bien.
SR: Y ahí tenemos al histórico Quieto, el motor de la banda a lo largo de estos 45 años.
Quieto: Lo hago porque me encanta, como ya lo dije antes. O sea, para mí es fundamental. Mientras se pueda, hay que seguir.
SR: Y siempre con Luz Roja.
Quieto: Y sí, a no ser que me llaman de AC/DC (risas).
Jorge: Quieto es una cosa bárbara, te deja con una energía tremenda. Antes de empezar la entrevista estábamos conversando de que los ensayos nuestros son muy intensos, metemos mucha cabeza, nos preocupamos de que las cosas salgan bien. Luego de un rato largo, nos tomamos un descanso de unos 10 minutos, que es lo que dura un pucho, y Quieto sigue tocando solo, como si recién se hubiera sentado en la batería. Los vecinos felices.
SR: Quieto, ¿por qué esta “tozudez” con Luz Roja?, porque pasaron tiempos difíciles. Mucho cambio de formación, un montón de historias largas, pero vos seguiste ahí al firme.
Quieto: Porque tengo la camiseta puesta. Me encanta y le tengo fe. Es la banda mía de toda la vida, y estoy seguro que algún día, si logramos grabar en un disco la energía que tenemos en vivo, va a ser un discazo.
Jorge: ¿Cómo no? Lo vamos a producir nosotros.
Garza: Yo al Quieto lo considero como un baterista histórico. A veces en épocas jodidas, yo le decía: «¿Qué estás haciendo ahí?». Le preguntaba varias veces. Y él, pese a toda la adversidad posible que había, el tipo estaba ahí, seguía y no tranzaba con otra cosa que no fuera con su Luz Roja.

SR: ¿Qué trae de nuevo o de viejo Luz Roja en 2026?
Jorge: De viejo, la fuerza, las ganas. De nuevo, la Constitución. Ahora se maneja con Constitución. Es democrático. Yo soy más democrático, que nunca lo fui, siempre fui verticalista. Eso también te hace una cultura de trabajo y ensayo. Pero yo sé, a esta altura, cuál es mi parte, qué es lo que yo puedo poner o dar y qué es lo que tengo; qué quedó, qué fue lo importante y sigue siendo lo importante. Eso es lo que estoy volcando ahora acá. Al Quieto y a Santiago les costó al principio integrarse con eso que yo escupo, porque parezco un dragón que escupe fuego. Entonces, o eludís el fuego o te tostás. Si te tostás, vamos a cuajar. Eso les costó un poco a ellos hasta que vieron por dónde venía yo, que no quería romper nada de lo que ellos traían, sino que lo que quería era colorear, lo quería rostizar un poquito más.
Quieto: Ya le agarramos la onda. Al principio, nos recostó a nosotros dos pasar de tener a los dos Pitetta, dos violas al mango, venir y tocar con una sola viola. Fue todo un reacomodo. Y ahora van a haber dos violas nuevamente. Al principio discutíamos, de repente, porque Jorge me decía: «No, pero esto así». Pavadas, ¿no? Yo ya me di cuenta de que cuando él plantea alguna cosa y yo pienso diferente, sé que en dos o tres vueltas vamos a coincidir. Yo me amoldo a él o él se amolda a mí. Lo mismo con Santiago, porque ya agarramos la onda.
Jorge: Ahora lo sabemos, porque al principio nos costó porque no encontramos la forma de mezclar. A medida que empezábamos a tocar un tema haciendo la versión de uno y después tocando la versión del otro, encontramos la del medio. Ahora la encontramos más fácil porque sabemos reconocerla.
Santiago: Nos amoldamos bien. Por supuesto que dio trabajo, porque era así, nosotros veníamos con una cabeza y es como siempre si se sustituye un músico. La incorporación de Jorge a nosotros nos cambió la cabeza totalmente. Obviamente, tuvimos que tratar de entendernos musicalmente porque es el tema, y las discusiones son divertidas porque a veces están buenas y se sacan cosas productivas. Llegamos a los acuerdos y probamos lo que está saliendo. Tenemos la suerte de que acá en el estudio de Jorge a veces grabamos lo que estamos trabajando, y ahí tomamos la dimensión de lo que hicimos cuando escuchamos en limpio lo que es el fruto del trabajo. La verdad es que no hemos perdido la línea. Nos motiva mucho, nos exigimos mucho.
SR: ¿Y vos cómo quedás parado musicalmente entre ellos dos?
Santiago: Yo toco el bajo, no hay que ser músico (risas).
Jorge: Esa es una de las cosas por las que trajimos al Garza de vuelta, por las dudas de que rompa mucho los huevos, le pasamos el bajo y a Santiago lo hacemos barrer (risas).
Santiago: Yo soy la pelota entre las dos canchas. Hay una mezcla ahí que me parece que capaz que es lo que funciona. Jorge es más intelectual en lo musical y Quieto es 100% visceral. Todo lo que le sale de acá dentro, todo lo que tiene, es de música. Quieto tiene una cosa muy buena, y es que él es un hit caminando. Tiene esa magia que cuando trae una canción ya quedás moviendo la patita. Eso no te lo enseñan, lo traés. Y Quieto eso lo tiene y no lo perdió nunca. Además de que es una bomba de energía. Creo que la razón de que esto exista, es por Quieto.
SR: Garza: ¿vos cómo te ves inserto en esta máquina ahora?
Garza: Y yo qué sé. Recién llego.
Jorge: Recién ahora va a escuchar.

SR: ¿Y ustedes qué esperan de él, entonces?
Jorge: Él va a saber lo que tiene que dar, no lo esperamos nosotros.
Garza: Voy a tocar la viola, que es otra historia. Vamos a ver cómo nos llevamos entre todos. Jorge para mí fue medio un ídolo en aquel entonces. Nos vamos a divertir, eso primero que nada. Yo voy a tratar de aportar en base un poco a la experiencia que tengo. Hace tiempo que vengo tocando en distintas bandas, y todo lo que he recabado por ahí lo voy a traer para acá. Voy a dar mis opiniones de lo que creo que puede ser acertado o no. Últimamente he tocado al lado de otras bandas, veo lo que hacen, veo a la gente, veo a la banda y veo las reacciones cuáles son. Yo sé que ya hay cosas que no funcionan más. El rock tiene momentos de baja, momentos de alta, momentos de baja. Estamos en un momento bastante jodido, pero tampoco hay que bajar los brazos por eso; no te vas a poner a tocar cualquier cosa. Las cosas son muy distintas a como cuando nosotros empezamos. La gente que hoy tiene 20 años son personas muy distintas a nosotros a esa edad y a cómo nosotros veíamos las cosas.
SR: ¿Cuál dirían que vendría a ser la propuesta hoy por hoy de Luz Roja?
Santiago: La energía musical.
Jorge: Para mí es ganar cabezas. O sea, no cerrar el espectro de lo que estamos haciendo. En vez de irnos para el medio y que nos quedemos sólo en una cosa, abrir un poquito el abanico para que haya gente más joven que se acerque a esto, también. Obviamente, lo que van a recibir va a ser energía, alegría en lo posible.
Santiago: Con la propuesta musical buscamos dentro de lo que nosotros sentimos lo que a nosotros nos pasa, y pudimos evolucionar determinadas cosas sin perder la estética musical. Esa energía, esa impronta, eso visceral que transmite Quieto, ese rock no lo perdimos sino que lo actualizamos.
Jorge: Claro, rock va a ser siempre. Así hagamos temas como “La bamba”, va a sonar a rock, porque es el contenido de lo que tenemos.
Garza: Sobre el tema de la existencia de Luz Roja, hay que darle una gran partida a los Pitetta.
Quieto: Sin duda, obvio.
Garza: Sin el Quieto y sin los Pitetta, Luz Roja creo que no hubiera existido.
Santiago: En mucho de lo que pasa acá, Pablo y Rafa siguen estando. Eso va a quedar siempre en la vuelta, esa energía, esas guitarras endemoniadas, esa cosa loca de la música. Se extrañan un montonazo.
Quieto: Totalmente de acuerdo con eso. Hubo otros guitarristas también, estuvo el Funfu, Jorge, antes. También Carlitos Quintana, Alejandro Pinnejas, el Dany, Jean Paul, Emilio Rubio, Paolo.
Jorge: Luz Roja era un poco eso. “¿Sos rockero? Bienvenido”. Después era “quedate si querés”, “andate” o “vemos”. Era un poco también el caos que había en Luz Roja.
Garza: Hubo un momento en que era incontrolable.
Santiago: Es una cuestión de etapas y, como dijo Jorge, ese remolino va sacando y agregando gente. Lamentablemente hoy los Pitetta no están físicamente en la banda, pero son parte, siguen siendo parte.
SR: ¿Cuáles son los próximos pasos, los planes de futuro?
Jorge: Confinar el sonido a los integrantes para tener el producto terminado, grabar y salir a tocar.
Garza: Hay una cuestión de cambio de cabeza y de estructura, porque antes cuando salías a tocar era: «Bueno, está, salimos». Grabar era poco probable; grababas un demito y te ibas a Meridiano Juvenil con el casete o con lo que sea. Hoy tenés que montar una estructura de redes y de cosas para que la cosa funcione. Sino, estás liquidado.
Jorge: Sí, pero de todas maneras puede haber una forma. Yo lo digo por la experiencia de Patricio Rey y Los Redonditos, que nunca transaron con nada de eso y sin embargo los tipos llegaron más allá. Lo digo separando la historia musical, el lugar, separando todo eso. Sumo, por ejemplo, también era un desastre porque no les gustaba nada de todo lo comercial, pero también siempre tenían adónde ir. Tenían el contacto, el conocimiento y el hecho de tocar en vivo.
Santiago: Hay un contexto también.
Garza: Ahí entras en un tema donde estás hablando de todas bandas argentinas. Allá se pueden hacer un montón de cosas.
Jorge: Estoy hablando del fenómeno, nada más. Allá se pueden hacer un montón de cosas, pero la diferencia es que hay una clase roquera.
Garza: Sí, claro, ahí va.
Jorge: Acá no la hay. Acá hay una clase metalera, eso sí. Entonces, explotar, meter un poquito más de lo nuevo dentro de lo que es el rock clásico, amplía el espectro para ver si agarrás cabecitas nuevas.
Santiago: Y empezar a existir también en otro contexto. Primero tenemos que terminar el producto, después de terminarlo…
Jorge: … hasta estéticamente…
Santiago: … empezar a existir.
Ariel Scarpa
