Un Rockuerdo Para Juan Torradefló

Esta serie de artículos está dedicada a músicos de rock nacional que ya no están entre nosotros. En esta oportunidad nos referiremos a Juan Torradefló, vocalista y guitarrista de Delirium Tremens. El artículo está compuesto de una biografía y una parte fundamental: gente del ambiente del rock cercana a Juan que contribuyeron especialmente para este artículo respondiendo seis preguntas y aportando datos biográficos. Para el Rockuerdo de Juan, contamos con el aporte de Carlos Martínez (bajista en Ciclo Lunar, Delirium Tremens y La RockA), Darío Valle Risoto (amigo y compañero de trabajo de Juan, muy cercano a la banda, que lleva adelante el blog Los Muertevideanos), Varo Coll (baterista de Ácido), Daniel Renna (periodista) y Leonardo Rodríguez (baterista de Moby Dick, Chopper, Southern Cross, Radical y Cuchilla Grande). Casualmente, Daniel tenía un artículo escrito sobre Delirium Tremens para un boxset que aún no se publicó, y que nos cedió en su totalidad. Un completísimo trabajo de un excelente periodista y persona, que también cedió fotos, el diseño del logo de la banda que él mismo realizó, y el afiche que acompaña a esta nota. Sin el aporte de todos los que colaboraron de forma desinteresada y comprometida, este artículo hubiera resultado inmerecidamente pobre para abarcar la figura de Juan Torradefló. A todos ellos, infinitas gracias.


Sólo Rock entrevistó a Delirium Tremens en el año 1990, rescatando de primera mano las impresiones de los integrantes del grupo. Este reportaje y poca cosa más se encuentra en las redes. Mágicamente, las fotos que personalmente tomé para la entrevista que les realizamos en el sótano de La Tramoya son de las poquísimas que hay, y las he visto reproducidas en muchos sitios, lo cual me alegra particularmente. Tuvimos la oportunidad de verlos en vivo varias veces por aquellos años, y la huella que dejó en la mayoría de la gente que pudo estar presente, fue que se trataba de una banda impresionante. Por la música y cómo la hacían sonar en conjunto, pero con el agregado superlativo que significaba Juan al frente de aquella pared sonora.

Juan Torradefló nació en Montevideo el 20 de junio de 1959. Conocerlo personalmente era toda una experiencia en sí misma. Su presencia se imponía desde el primer minuto y a poco de transcurrida cualquier charla, quedaba muy claro y evidente que su personalidad era particular y fuerte. Su aspecto físico grueso, cubierto de cuero negro de pies a cabeza, con larga cabellera y una voz potente, eran inevitablemente las primeras impresiones. Tras éstas venían sus fuertes convicciones y su claridad para expresarse, muchas veces de una forma que no ofendía.

Nos cuenta Daniel Renna que era “un personaje único. Gordo, barbudo y siempre detrás de horribles lentes. Juan vivía en el Borro, uno de los barrios más difíciles de Montevideo. Podía beber cantidades enormes de alcohol -de cualquier tipo- fumaba puros y era un aficionado confeso a la memorabilia nazi”.

“Juan era un personaje altamente contradictorio. Su discurso pseudo-nazi contrastaba con su odio a la dictadura militar y al orden establecido. Su manifiesto ideológico y su imagen impactante quedaban neutralizados en las distancias cortas, donde era un tipo educado y agradable. Supuestamente realizaba rituales satánicos, fabricaba explosivos, tomaba fotos de sus orgías sexuales y escondía armas de gran calibre dentro de sus altavoces de tocadiscos. En un accidente de motocicleta casi mortal con Carlos Martínez, destruyó su Fender Telecaster. Era el único headbanger de Montevideo que se atrevía a tocar con una guitarra tan poco metálica como una Telecaster, pero nadie se atrevía a decirle nada”.

Por su parte, Carlos describe el entorno que rodeaba a Juan en su hogar: “estuve presente en varios festejos de su cumpleaños. Yo solía ir bastante por su casa en Barrio Borro. Su mamá me tenía muy en consideración y era común invitarme a estas reuniones. No eran multitudinarias precisamente; una porque la zona no era muy segura y por más que los heavys van de chicos malos, entrar en el Borro hacía que el orificio del ano se les contrajera. Por otro lado, la madre de Juan no era precisamente Miss Simpatía. Todo esto llevaba a que los cumpleaños de Juan se redujeran a un petit comité”. Carlos también agrega: “hacía música desde muy temprana edad, pero en su entorno”. “Era un tipo con mucho conocimiento musical, se le daba muy fácil tocar guitarra, y muy avezado en cuanto a canciones y grupos. Tenía muchos temas de jazz rock en sus dedos, los cuales chapurreábamos en los ensayos de Delirium, que eran eternos, a lo mejor de diez horas, y algún tema de éstos se dejaba caer como música de fondo mientras charlábamos”.

Darío aporta desde su conocimiento personal de Juan y de Delirium Tremens: “Trabajamos juntos en Barreiro desde 1982 a 1994, en que yo me fui. Continuamos el vínculo hasta que por el ’97 rompimos la amistad porque me ofendí mucho, ya que estaba saliendo de una hepatitis y Juan me visita y estaba empecinado en que tomara whisky. Pero dado que era alcohólico, no lo culpo”. “Un verdadero rockero el tipo”.

Juan es destacado como un músico que iba más allá del heavy, aunque esa fuera su pasión. Poseía conocimientos que le permitían expresarse en otros estilos y que seguramente cultivaron su personalidad y su condición de guitarrista. Pero sobre el escenario se trataba de heavy metal, siendo incondicional al extremo de lo que cuenta Daniel: “A principios de 1988, Juan estaba tocando en Argot, realmente descontento con el estilo de música de la banda: “Fui despedido de otra banda por ser demasiado rock and roll”, decía Juan”. “Había tocado en una pequeña banda de heavy metal que nunca llegó a tocar en vivo, Elite Rock. Incluso toqué jazz rock durante algún tiempo”. Carlos aporta lo suyo: “Estuvimos por ser compañeros en una banda llamada Argot, donde Juan tocaba guitarra”. “Fue la primera vez que me crucé con Juan. No llegamos a tocar juntos, hubo movidas, pero no llegué a ensayar con ellos”. Darío comenta “Antes de Delirium Tremens y de su proyecto Lufwaffe, entró como primer guitarrista de la banda Argot y con ellos grabó un demo de dos temas”.

Cedido por D. Renna

Las vueltas de la vida y del rock le tenían reservada una linda sorpresa, que era la conformación de Delirium Tremens, la banda de su vida, donde podría dar rienda suelta a todo su rock and roll, con compañeros de lujo. Daniel es muy específico al enmarcar a la banda en el panorama local: “A pesar de que nunca fueron tan profesionales y reconocidos como Alvacast, tan creativos como Cross, ni tan populares como Chopper, Delirium Tremens probablemente encarnan la vida, el espíritu, la carrera y las tribulaciones de decenas de bandas de heavy metal en Uruguay y Sudamérica”. “Eran una banda condenadamente buena, tenían grandes canciones, y contaban con todo un auténtico personaje irrepetible en el cantante y guitarrista Juan Torradefló”.

El propio Juan lo contó con sus palabras: “Un día, cuando estaba saliendo de mi trabajo, un tipo me estaba esperando; Ronald Bustos. Lo conocía de hacía muchos años, y me dice que Río se habían separado, y que él tocaba con su baterista “Tucho” Bonelli, también un amigo mío de hacía muchos años”. “Me dijeron, “queremos hacer algo realmente pesado” y les contesté, “tengo un tipo que toca muy bien la guitarra, Marcelo Vispo”. “La semana siguiente estábamos ensayando”.

Delirium Tremens como nombre de grupo tuvo su origen más atrás en el tiempo, siendo la banda en la que tocaba “Tucho”. En palabras de Daniel: “Delirium Tremens Band fue fundada por el baterista Ricardo Daniel “Tucho” Bonelli Figueredo a mediados de los 70’s”. “En la década de los 80’s, la banda cambió su nombre por Río”. “Yo estaba en Río, y debido a los problemas con el bajista, la banda se separó”, recordaba “Tucho”. “En ese momento Juan estaba con Argot”.

Delirium Tremens original – Cedida por D. Renna

“Para la nueva banda, “Tucho” tenía una propuesta”, nos cuenta Daniel: “Traté de traer el nombre de Delirium Tremens porque lo había usado en los años 70’s para otra banda. Es un nombre fuerte para una banda de rock and roll”, comentaba “Tucho”..

El debut de Delirium Tremens se da en el festival del Parque Rock-Do, que se realizó los días 14 y 15 de mayo de 1988. Una nutrida concurrencia para presenciar un desfile de bandas mayormente emergentes, contrastando con la reciente edición de Montevideo Rock II, donde la mayor parte de las bandas eran conocidas y fueron complementadas por destacados exponentes argentinos. El día 15, Delirium Tremens fue la tercera banda en tocar, precedidos por Alto Voltaje y Clandestino, y seguidos de Fermela y, curiosamente, Argot.

Posteriormente a su debut, había llegado la hora de registrar alguno de sus temas. Es así que “en octubre de ese año, Delirium Tremens decide grabar su primer y único demo de dos canciones: “Traidor” e “Hijo De Los Ángeles””, nos cuenta Daniel. También agrega: “”Hijo De Los Ángeles” es uno de los manifiestos definitivos de Juan”. “El mensaje de Juan era directo: “Y si te preguntan porqué eres tan duro / Mostrales tu puño y entenderán / Y si te preguntan porqué eres tan duro / Rompeles el culo y entenderán””.

Al respecto, Darío también agrega: “De Delirium Tremens yo era como un integrante que no tocaba, porque permanentemente Juan me pedía sobretodo consejos técnicos. El pedal Heavy Metal que después me vendió, lo compró porque se lo aconsejé dado el sonido que buscaba. Antes tenía un Fuzz que era horrible; después lo cambió por un Turbo Overdrive. Grabaron su único demo en La Batuta porque me preguntó cuál era la mejor sala, y le dije que si quería sonar a Black Sabbath, no había otra”. “Vi a Delirium Tremens dos o tres veces. El loco se calentaba porque si yo no tenía plata para la entrada no iba, y él me decía que entraba con ellos, pero no era mi manera”.

Una nueva vuelta de tuerca más, ajustaría a la banda a su mejor expresión con el ingreso de Carlos Martínez. En palabras de Daniel: “A mediados de 1989, Ronald Bustos no estaba de acuerdo con el sonido y las letras, por lo que la banda decide cambiar de bajista. Con la llegada de Carlos Martínez, todas las piezas finalmente encajan. Carlos Daniel Martínez Moure en ese momento tocaba en Ciclo Lunar junto a Alfredo Casaravilla, guitarrista original de Chopper”.

Cedidos por D. Renna

Aproximadamente un año después, Marcelo Vispo deja la banda, aunque esta salida no parece afectar mayormente la propuesta, ya que siguen activos como trío hasta 1993, donde “problemas de salud, falta de dinero y oportunidades, hicieron que Delirium Tremens se separara”, relata Daniel.

Finalmente y como última contribución de Juan, colabora en el proceso de selección del álbum recopilatorio “Metal Uruguayo Revisitado Vol.1”. Dice Daniel: “Por primera vez, la canción “Traidor” fue publicada oficialmente, convirtiéndose en el tema insignia de ese trabajo”.

El 2 de febrero de 1998 Juan Torradefló fallece víctima de cáncer intestinal tras una larga lucha con la enfermedad. Más allá de que su vida se vio cortada tempranamente, el legado de Delirium Tremens fue muy importante y sus repercusiones han llegado hasta nuestros días.

 

CONOCIENDO A JUAN

Darío: Cuando entré con 19 años en 1982 en los talleres gráficos Barreiro, el ya estaba trabajando allí. Poco a poco nos fuimos haciendo amigos hasta que comencé a ir a la casa en Capurro donde ensayaba con su banda de jazz rock Indra, la que nunca fui a ver en vivo porque tocaban poco; era la dictadura. Después llevé a mi primo Sergio, también hoy fallecido. Juan lo quería un montón, como a mí. En Capurro tocaban temas de The Beatles, Rolling Stones y de Riff, algunos los escuché por primera vez tocados por ellos, con Juan, su compañera Beatriz y un flaco que tocaba el bajo.

Carlos: Con Juan nos habíamos cruzado en un proyecto de banda llamado Argot, donde fui convocado como bajista pero nunca llegue ni a ensayar, porque el proyecto cayó de forma prematura antes de mi entrada. Un par de años después lo vi en Parque Rock-Dó, en lo que fue la primera actuación en vivo de Delirium Tremens. No hablamos pero sabíamos quienes éramos. Poco tiempo después me convocan para encargarme del bajo de Delirium, y al presentarme en la sala de ensayo fue mi primer intercambio de palabras con él.

Varo: Un día caigo por un barrio que con la gente de la banda frecuentábamos mucho porque teníamos unas novias. Zona Gral. Flores y Garibaldi, digamos. Y ahí lo veo y pensé… “a la mierda”. Un loco con unos pelos largos bien tipo revista Pelo… todo de negro. Y bueno, nos pusimos a charlar de una, como si nos conociéramos de siempre, y una masa… Yo me cagaba de la risa de sus historias.

Daniel: Lo conocí en persona a través de Carlos Martínez, que había entrado como bajista de Delirium Tremens, y a quien yo conocía desde la infancia. No recuerdo si antes de eso lo habíamos entrevistado para Sin Tregua (el primer fanzine de metal que hubo en Uruguay). Recuerdo haberles hecho las luces a Delirium Tremens a principios del ’89 en Shangrilá. En todo caso, hablamos de finales de los 80’s, principios de los 90’s. Recuerdo que fui a un ensayo de Delirium Tremens en una sala cerca del aeropuerto, y puedo decir que allí fue el encuentro más cercano y definitivo. Me hicieron sentir como uno más desde el principio, especialmente Juan. Muy cálido. Coincidimos en muchísimos shows, y más adelante, nos veíamos con cierta frecuencia ya que él trabajaba en Barreiro, y nosotros teníamos la oficina muy cerca.

Leonardo: A Juan lo conocí en mi casa. Yo tocaba en Chopper y esa noche compartíamos escenario con Delirium Tremens en el teatro La Candela. Un amigo mío y vecino trabajaba con él y Juan lo arrimaba de pasada en la moto hasta su casa cuando salían de trabajar. Mi amigo le dijo que vivía al lado de mi casa, y como esa noche tocaríamos juntos, le propuso pasar a saludarme.

Cedida por D. Renna

 

JUAN COMO PERSONA

Daniel: En la distancia corta, y si le caías bien, era un tipo muy afable y muy divertido. Su presencia física imponía: gordo, barbudo, no olía muy bien, y cuando iba en uniforme metálico, nadie llevaba más cuero y tachas que él. Nadie se metía con él. Un tipo de opiniones radicales. Odiaba al punk, al thrash, a cualquier cosa que no estuviese en la ortodoxia metálica. Sin embargo, era un tipo que escuchaba mucho jazz y música clásica. Hay muchas leyendas urbanas acerca de su ideología política, algunas son ciertas, y otras no. No era un tipo de izquierda, como la mayoría de los músicos de rock y metal de la época. Siempre explicaba a la audiencia el concepto de “Luftwaffe” como hecho histórico y pedía no ser llamados fascistas. Tocaban mucho para el Frente Amplio. Era la época del Voto Verde y todo eso.
Por otro lado, era un gran provocador, con todo lo nazi y lo satánico. El tipo leía mucha historia y sabía dónde meter el dedo en la llaga. ¿Cuánto había de pose y de real? Diría que 50-50. Diría que era un ácrata, un libertario conservador. Odiaba todo lo establecido, el gobierno, los militares, la iglesia. Vivía en el Barrio Borro, en los 80’s. Tenía armas de fuego. Destilaba su propio alcohol. Hacía rituales satánicos, sesiones de espiritismo y orgías, con menores y mujeres casadas. Viendo una foto suya, es un misterio saber cómo lo lograba. Por otro lado, era un tipo cabal, amigo de sus amigos, y a veces entrañable. Un gran personaje.

Darío: Juan Torradefló era todo un personaje, había que conocerlo a fondo para saber cómo era realmente, porque por fuera era huraño, medio nazi, pero también fue un tipo solidario que me dio un lugar adonde ir cuando murió mi padre. Lo pasamos muy mal económicamente en casa con mi madre; yo ganaba una miseria en Barreiro y el tipo me dijo que fuera a comer a su casa y le dejara de comer a mi madre. No era perfecto, tenía sus defectos como todos, pero pasamos los mejores momentos de nuestras vidas con mi primo allá en Capurro, y luego de que se separó fuimos casi sus únicos amigos hasta que formó Delirium Tremens.

Leonardo: Con Juan hablé personalmente cinco o seis veces, dos de las cuales fueron cuando compartimos toques y alguna charla que nos cruzamos en algún recital. Después de mucho tiempo recibí una llamada suya que me sorprendió, y era porque se quería contactar con mi amigo para agradecerle la preocupación cuando estuvo internado. Creo que llegué a conocerlo más en base a relatos de personas que trabajaban o tocaban con él. Fue una persona fuera de lo común sin lugar a dudas, no era alguien que le preocupara mucho caer bien, en todo caso lo contrario. Para Juan ser rockero era serlo con actitud de transgresión y provocación, él mismo se definía como satanista. Por los relatos que pude escuchar de gente que lo conoció bien, tenía varias armas en la casa donde ensayaban. Las ventanas tenían que estar cerradas para que no entrara la luz. Antes de cada ensayo se vestía como para tocar ante 5.000 personas y había que tomar alcohol rectificado con pomelo que él santiguaba, diciendo palabras en latín mirando un crucifijo invertido. Cuando entró al hospital del Casmu para operarse, lo hizo con un brazalete en el brazo con una esvástica. En su casa tenía un cartel que decía Escuela de Rock; las clases eran más bien de actitud de rockero: ensayaban poses delante de un espejo, enseñaba qué discos escuchar y cómo vestirse. El Peruano, bajista de Chopper, por esa época, andaba en una moto antigua enorme, de esas que por el ruido del motor ya sabías que venía a cinco cuadras, y siempre contaba lo que le dijo Juan cuando lo vió con esa moto: “Esa moto no es para vos, ¿vos vas a salir a robar bancos y violar mujeres?”. Hay muchos relatos de estos que describen un poco su personalidad.

Carlos: Juan era una persona sobre todo fiel a sus convicciones. No era precisamente fácil de tratar, (tampoco lo era yo) pero nos respetábamos mucho. El respeto era mutuo y llegamos a mantener una amistad que pese a unos cuantos desacuerdos llegó hasta el final de su vida. Un tipo raro, en cierta medida conservador, pero al mismo tiempo a contrapelo con todo lo establecido. Si no llegaste a conocerlo, muy difícil de entender. Padre de Janis, muy entregado a su compromiso de progenitor. Los fines de semana vivía con su madre, muy respetuoso de las normas de la casa, horarios y tareas. Buen vecino. Cada vez que lo visitaba en el complejo habitacional donde vivía, comprobaba la cordialidad que se respiraba con la gente que nos cruzábamos. Juan era muy cívico a pesar de su rudo comportamiento y trato con la gente. Era muy peculiar, el yin y el yang en el mismo momento.

Varo: Hasta donde yo lo conocí, como persona diría que un gran tipo, era un tipico… gordo bueno. Aunque había comentarios que los músicos les rajaban de los ensayos porque antes invocaba al demonio y no sé cuánto desastre hacía, jajajajajajaaa. Pero era un buen tipo, nunca lo vi joder a nadie. Seguía y hacía lo que le gustaba, más allá de su trabajo formal.

 

JUAN COMO MÚSICO

Carlos: Un músico increíble, expresaba con el instrumento exactamente lo que quería decir. Era capaz de volcar en una melodía lo escrito en texto. Se tomaba muy en serio los ensayos y todo el proceso de creación de las canciones. Una máquina de elaborar ideas, un tipo muy creativo, sin lugar a dudas.

Leonardo: Como músico me parecía bueno, tanto como guitarrista o cantante. Compuso temas inolvidables como “Hijo de los ángeles” y “Hombre de hierro”. Poseía una voz muy potente y particular, con un timbre casi operístico, quizás. Es inevitable pensar en él si no es con su Fender Telecaster. Poseía un aura oscura como pocos; desconozco la temática del black metal, pentagramas, cruces invertidas, etc., y si bien sus letras tampoco son un discurso sobre eso, asocio a Delirium Tremens con un primitivo rock satánico.

Daniel: Todos en Delirium Tremens eran muy buenos músicos, mucho mejores que sus contemporáneos. “Tucho” había tocado jazz y blues, Carlos Martínez tenía una gran formación clásica y tocaba lo que fuera. Marcelo Vispo era muy buen guitarrista y compositor, y Juan tocaba jazz. Definía al heavy metal como el equivalente contemporáneo de la música clásica, aquello de “Breakthoven” de Barón Rojo, grupo del que todos eran grandes fans, y de quienes aprendieron a hacer canciones memorables. Yo los escuché tocar jazz en los ensayos y eran increíbles. Tipos formados. La voz de Juan, vocalista a su pesar, era perfecta. Su dicción, su fraseo. Se le entendía perfectamente lo que quería decir. Juan siempre estaba en el tono.

Darío: Era un guitarrista excepcional y también cantaba muy bien. Imitaba perfectamente a Mick Jagger. Cierta vez estaba frustrado porque un pibe de otra banda con dieciséis años se tocaba todo, y entonces le pasé algo de Yngwie Malmsteen y a los pocos días sacaba cosas así clásicas con la guitarra, pero siempre se tiraba a menos. Me dio algunas clases de guitarra, pero era muy severo y cada vez que pifiaba me pegaba en una pierna con el puño cerrado.

Varo: Y… si casi 40 años después de su (como todos) olvidado paso por la música se le está recordando, es porque algo tuvo que haber hecho bien. Sólo una vez los vi en vivo y me gustó.

Cedida por D. Renna

 

SU APORTE AL ROCK

Leonardo: El aporte más importante fue el musical, su banda y sus canciones se siguen recordando hasta hoy. Se podrá compartir o no su filosofía o visión de la vida, pero fue coherente con lo que pensaba.

Darío: En una época donde no había casi bandas de hard rock o heavy metal, Delirium Tremens aportó todo lo clásico al mejor estilo de Black Sabbath, Dio y Motörhead, sus bandas preferidas, aunque conoció muchas gracias a mí. Según sus palabras, él me había hecho rockero y yo a su vez lo había hecho metalero, porque le pasaba montones de bandas que desconocía. Por ejemplo, le presté un cassette con Ride The Lightning de Metallica y quedó asombrado por, según él, escuchar algo más pesado que Sabbath. Tenía una Fender Telecaster color verde que había comprado con grandes sacrificios, y realmente la gastaba. Ya mamado, terminaba tocando temas de Zitarrosa, allá en Capurro.

Varo: Yo lo vería como que fue un tipo que en su momento armó una banda con su propuesta, tuvo adeptos y, como te decía antes, aún los tiene. Aún se habla de su banda, aún se habla de él. Los que lo respetamos lo recordamos…

Daniel: En el gran esquema del rock y el metal de Uruguay, Delirium Tremens son un grupo marginal, de culto para unos pocos. Con interesantes conexiones en los 70’s, 80’s y 90’s, cosa que no muchos pueden decir. Lamentablemente, sólo hay una canción suya publicada oficialmente (“Traidor”) e incluso eso está descatalogado. Sólo grabaron un demo de estudio, con dos canciones brutales. Incluso con las deficiencias técnicas de entonces, el tono de guitarra que obtuvieron es tremendamente maligno. La voz de Juan era casi black metal conceptualmente, pero mucho más tradicional que Mercyful Fate. Luego tenían una decena de canciones igual de buenas. En un mundo ideal, debería publicarse todo eso. Me recuerda al caso de Pentagram en Estados Unidos. Los tipos estaban haciendo algo diferente a lo que hacía todo el mundo en la primera mitad de los 70’s y no pasaron de grabar maquetas entonces. Ojalá hubiese una compañía como Relapse y se pudiese valorar el legado de Delirium Tremens en su conjunto.

Carlos: Creo que dejó una huella en el rock uruguayo, impregnó de su personalidad el ámbito del rock duro en un momento en que todavía no era tan común ver delante de ti una personalidad tan arrolladora. En el escenario era una aplanadora que se te venía arriba sin que pudieras evitarlo. Consiguió, sin buscarlo, ser un referente para muchos, sin imitar, sin ser una copia de nadie, con un sonido propio, un estilo de vivir y una manera de ver la vida reflejada en sus canciones. Puede que aquel momento me tomara muy por sorpresa conocer un tipo tan peculiar, yo tenía 17 años y los Delirium venían de vuelta en la vida. Pero influenció muy y mucho mi vida profesional y personal pasar aquellos años junto a Juan y “Tucho”. Después de tantos años y experiencias, muchas de ellas muy gratificantes, siempre mi gran orgullo es haber sido el bajista de Delirum Tremens, haber conocido y compartido tiempo de calidad tanto con Juan como con “Tucho”. Fue una master clase, hasta el día de hoy los recuerdo con admiración.

 

LAS ANÉCDOTAS

Carlos: Anécdotas muchas, de las que se pueden contar públicamente… ya de esas son menos… Uno de los pasatiempos de Juan eran la armas de gran calibre. Recuerdo ir a una casa a medio hacer que había en su zona, un lugar abandonado donde alguien al parecer había querido levantar unas paredes, construir una casita o algo así. Íbamos con su Magnum 44 y tirábamos abajo paredes enteras de bloques a tiros… pasatiempo de la época. Una vez estábamos con la música a mil en su casa (y alguna cosa más), un desmadre, y nos llegó que vendría la policía. Juan me pidió ayuda para esconder, en huecos que tenía en la pared, armas y otros menesteres. Cuando golpeó el patrullero, Juan y yo jugábamos a la conga por porotos en la mesa de su living (ni Juan ni yo sabíamos jugar al las cartas).

Varo: Esta es suave porque sé heavys… Un día se iban a sacar una foto él con una gente conocida. No sé si iban armar una banda o qué carajo. Que es justamente una foto que anda por ahí que no tiene nada que ver, esa banda nunca existió, existe la foto. Y viene y me pide la campera de cuero a ver si se la prestaba, ya que era la única que le quedaba bien… Me causó mucha gracia y además pensé “pah, si al gordo Juan le queda bien mi campera, yo soy otro desastre jajajajajaa”. Pero justamente en esa foto que no ES, está con esa campera.

Darío: Tengo miles, de las que se pueden o no contar. Antes de Delirium Tremens estuvo ensayando con unos pibes y la banda se iba a llamar Luftwaffe, pero no funcionó. Escribimos el tema del mismo nombre juntos, que luego pasó a ser parte del repertorio de Delirium Tremens, pero nunca me reconoció la co-autoría, aunque el coro tipo Maiden y parte de la letra eran míos. Mas tampoco me molestó mucho eso. Cuando se tuvo que mudar al Borro porque su padre vendió el apartamento, le costó adaptarse, pero luego estaba contento porque decía que había de todo: trolos, putas y drogas.

Daniel: Una vez hicimos un show Delirium TremensChopper en Kiel. Los equipos eran de Delirium Tremens. Alfredo Casarvilla, el guitarrista original de Chopper, tocaba muy alto, y los equipos empezaron a echar humo. La cosa terminó muy mal, con Juan y Alfredo retándose a duelo al amanecer del día siguiente a orillas del arroyo Miguelete. Alfredo había tocado con Carlos Martínez en Ciclo Lunar, quizás era una que cosa que venía de antes. El tipo que entró en razón al final fue Juan, y finalmente no hubo duelo.
En una época le dio por dar clases de “rock”: cómo había que actuar, cómo había que vestirse, cómo había que hablar, cómo había que tratar a los “blandos”, como le gustaba decir. Rafael Dos Santos, “El Funfu”, fue uno de sus pobres alumnos.
Me acuerdo perfectamente cuando Juan me trajo su demo a la oficina para cuando estaba haciendo “Metal Uruguayo Revisitado”. Charlamos un buen rato. Sólo remastericé “Traidor” (no tenía más presupuesto entonces) y no hice “Hijo de los ángeles”. Gran error.  Quedamos para devolverle el cassette. Creo que fue la última vez que lo vi.

Leonardo: Ese día que lo conocí en mi casa yo me estaba bañando, y mi madre me dice… “te buscan afuera…”. Cuando abro la puerta estaba mi amigo y a su lado estaba Juan mirándome de costado y con ojos inquisidores. Dije hola y él me respondió: “¿Así que vos sos el que dice que nosotros sonamos antiguos?”, el diálogo no pudo empezar más frío. Como salí recién bañado tenía el pelo mojado, me lo agarró lo olió y dijo: “¡Ah pero te lavaste con shampoo!”. También dijo que hacía más de un mes que no se lavaba el pelo, que su remera aún tenía el sudor del último toque de dos meses atrás, y que la semana pasada se fue a tirar un pedo y se había cagado arriba, tenía ese pantalón metido en una bolsa y no lo había lavado todavía. Yo solo había dicho “Hola”. Me hizo entender que no le caía bien. Con el tiempo aprendí que esa era su forma de presentarse. Después de media hora de charlar del toque de esa noche y como para limar asperezas, se despidió con una frase que nunca voy a olvidar, palmeándome el hombro me dijo: “Algún día te voy a invitar a hacer una orgía en una iglesia abandonada, ¡vas a ver que bueno que está!”.

Cedida por D. Renna

 

UN MENSAJE PARA JUAN

Varo: Realmente y de corazón, espero que estés donde vos quieras estar. Un abrazote, grosso querido.

Carlos: En aquella batería de canciones que quedaron a medio hacer, había grandes canciones en potencia que me encantaría darles un final, solamente juntarnos los tres por un día nuevamente en la sala de ensayo y zapar esas diez horas, volver a un día común de los tiempos de Delirium, una tarde más de aquellas en casa de Juan con sus “amigas” del barrio. Fueron buenos tiempos, decía el Sabalero “lindo haberlo vivido”. El tema es que hay mucho que no se puede contar…

Darío: Le diría que lamentablemente nos quedamos sin al menos un disco de Delirium Tremens, y que nunca hubo, y supongo no habrá, una banda como ésa con él en guitarra y voz, Carlitos en el bajo y el enorme “Tucho” Bonelli en batería, que era el dueño del nombre de la banda que había existido antes.

Leonardo: Juan venia de los ’70s, lo conocí a principios de los ’90s y parecía estar peleado con su tiempo, con su lugar; y más allá del tiempo y el lugar, también parecía estar queriendo vivir otra dimensión, la de los artistas malditos conspirando en paraísos oscuros. Se me hace difícil imaginarlo descargando archivos de internet y con barbijo; en todo caso lo imagino como el hacker de una sociedad hipócrita. El mundo de hoy le parecería más una pesadilla post hippie que la inspiración de un escritor de ciencia ficción. Así que le diría… gordo seguí componiendo y quedate donde estés.

Daniel: No contestes a este mensaje, por favor. Si lo haces, me asustarás de verdad.

Ariel Scarpa