Hoy escribiré sobre pedir disculpas; disculpas artísticas (que son las que de verdad importan). Puede que contractual o mercantilmente no haya que pedirlas. Pero artísticamente no caben dudas de que sí. Un ejecutivo de la música te dirá que no se les debe nada, que se les ha pagado por su trabajo y el contrato se ha cumplido en toda su extensión. Esto habrá sido así en muchos casos, seguramente. No hay porqué dudarlo. Pero artísticamente no va así la cosa.

Recibo un mensaje de guasap que me dice «muy buena la nota», y ahí comenzamos con Mundy Epifanio un dialogo sobre el recuerdo de aquel show en Montevideo, y me pareció fundamental entrevistarlo para que contara un poco también su historia y sobre todo, cómo fueron esos comienzos de Riff. Muchas veces los músicos no sólo necesitan un manager para que les agende toques, o les consiga groupies, o droga o la pendejada que se les pueda ocurrir. Muchas veces ese manager se convierte en parte fundamental de una banda. De sus movimientos, de su accionar, de su visión de futuro. Es como una pieza de un artista integrado por muchos cerebros que empiezan a modelar una cosa, un producto, una propuesta. ¿Viste cuando dicen «el quinto beatle»…? Bueno, tal vez algo de eso. Ese otro. Que no es lo mismo que cuando están sólo por dinero.

¿Qué pasó con la industria musical a finales de los ’70s que involucra a estas tres cosas? En primer lugar, la cultura rock había creado artistas de peso, con influencia en la ideología de quienes lo escuchaban. Es decir que teníamos músicos y grupos que además veían aumentado su poder de negociación ante la industria, y llevaban tiempo obligando a ésta a mejorar sus condiciones económicas en sus acuerdos con ellos. Los músicos comenzaban a costarle más caros a la industria.

Hay discusiones en rock que son tan viejas como “Rock around the clock” (o como “Rocket 88”, para quienes piensan que el rock and roll comenzó allí). Por ejemplo: ¿es mejor escribir los solos de guitarra y tocarlos siempre igual o es obligatorio improvisar? Vaya discusión más inútil, ¿no?

El concepto de Banda “One-hit Wonder” en Uruguay, se puede aplicar perfectamente al grupo 9-28, son un claro ejemplo. A mediados de los ’80 su tema “Ciudad dormida” sonaba en todas las radios, desde El Dorado, pasando por Radio Independencia, hasta FM Del Molino de Pando. No había programa de rock en donde no sonara su pegadizo estribillo. Lo curioso era que no tenían disco editado, ni siquiera integraban una ensalada de la época, cosa que lo hacía más meritorio. Para aquellos que tuvimos la fortuna de verlos en vivo, además de su sólida base, que compartían con los punks LSD, se destacaba su frontman, Marcel Nuñez, poseedor de un gran registro vocal y una enorme presencia escénica. Después de varias décadas e intentos fallidos, dimos con su paradero y gentilmente accedió a ser entrevistado.

Quienes peinamos canas ya, hemos conocido hace más de 40 años (tengo 55) una industria musical muy diferente a la actual (la 2.0). La razón por la cual esta última acaba naciendo no es exclusivamente tecnológica (que es la explicación oficial que se nos ha dado), sino que es también económica: la cadena de valor de la industria musical 1.0 estaba irreparablemente rota hacía bastante tiempo.

Pocas personas conocen la conexión California- Pando que se dio a fines de los años ’70. Clayton Merkle fue uno de los responsables de cambiar el transcurso del rock uruguayo para siempre. Dicho adolescente californiano había llegado a Pando, en 1979, en el marco del programa de intercambio estudiantil “Youth for understanding”. En la ciudad industrial se había hecho amigo de un púber Gustavo Parodi, quien vivía a 15 metros de la Comisaría local. “Nos contaba cómo vivían los jóvenes en USA, cómo se divertían y nos parecía que hablaba de otro planeta, porque realmente estábamos atrasados, crecimos en dictadura en el Liceo Brause absolutamente bajo control”, recuerda Parodi.

Hola a todos: Después de tanto tiempo, y a punto ya de cumplir los 55 años, retomo un contacto más directo a través de esta oportunidad que Sólo Rock me da.
Con vuestra paciencia mediante, he bautizado esta columna con el nombre de NOTAS LIBRES, por diversos motivos; los cuales intentaré resumir.
Intentaremos mirar al rock y al blues desde una perspectiva algo diferente. Que esta visión no se ciña estrictamente a lo musical, sino que también sume otras cosas, como por ejemplo, contextulaizar un artista o disco con el momento que le tocó vivir; social y económicamente.