“Sos el único que los puede manejar”

En mi primer artículo arrancaba con mis primeras vivencias con Riff y con Pappo, pero antes, en una especie de prólogo, comentaba que no sabía si esta columna sería solo dedicada a Norberto Napolitano o vagaría por anécdotas varias.

Debido a que dicho artículo fue levantado por otro medio y a su vez llegó a una de las personas que mencionaba en mi primera entrega, decidí seguir con ésta. Esa persona en particular, recordando aquellos tiempos, la destaqué porque me habían quedado grabados las circunstancias que en algún momento pudimos compartir. No es músico, es la persona que está atrás de la banda pero en infinitos aspectos. Esos tipos que meten mano a la cosa. Que van experimentando sobre la marcha pero siempre mejorando y generando cosas, poniéndose la camiseta de la banda y no sólo mirar ese proyecto como un producto más.

Sin duda en la historia argentina se lo recuerda y recordará como un gran manager y productor que dejó su huella. No sólo en Riff. Tiene un extenso y muy digno curriculum. Por llamarlo de alguna manera, hace como 20 años, cuando estaba él manejando Ataque 77, lanzan un disco, y cada tema tiene la presentación de un comunicador de diferentes países. Fue “Radio Insomnio” y me tocó “Caballito de hierro”. Fue un honor ser un grano de arena en un trabajo de esta persona.

Recibo un mensaje de guasap que me dice “muy buena la nota”, y ahí comenzamos con Mundy Epifanio un dialogo sobre el recuerdo de aquel show en Montevideo, y me pareció fundamental entrevistarlo para que contara un poco también su historia y sobre todo, cómo fueron esos comienzos de Riff. Muchas veces los músicos no sólo necesitan un manager para que les agende toques, o les consiga groupies, o droga o la pendejada que se les pueda ocurrir. Muchas veces ese manager se convierte en parte fundamental de una banda. De sus movimientos, de su accionar, de su visión de futuro. Es como una pieza de un artista integrado por muchos cerebros que empiezan a modelar una cosa, un producto, una propuesta. ¿Viste cuando dicen “el quinto beatle”…? Bueno, tal vez algo de eso. Ese otro. Que no es lo mismo que cuando están sólo por dinero.


Varo: Mundy, comencemos desde cero con tus comienzos y como llegás a Riff.

Mundy: Cuando me presentaron a Riff, yo tenía 24 años, y cuando salió el primer disco que lo publicamos con Tonodisc, yo ya tenía 25, allá en 1981; ese año salió Ruedas de Metal y Macadam. Yo arranqué trabajando con artistas populares del momento, que eran supertops, y hacíamos 12 ó 15 shows por fin de semana, shows de 20 minutos que los repartíamos entre jueves, viernes, sábado y domingo. Era asistente de escenarios, era plomo, ahora se llaman stage, y armábamos todo para cada show de los que te comentaba, era un trabajo impresionante. Éramos 4 ó 5 personas que hacíamos todo. En aquel momento yo trabajaba para Pomada (conocida banda de la época) que era un grupo superexitoso. Después a los 3, 4 meses me contrató Quique Villanueva (un artista de mucho éxito en ese momento) donde ahí ya hacía sonido, y después pasé como tour manager donde estuve unos meses, y luego me fui a trabajar con un empresario que se llamaba Arnaldo Cancelo como su segundo -ahí tenía 22- y fue donde conocí un montón de artistas, lugares, cómo funcionaba el negocio, etc. Era una agencia importante que trabajaba incluso con artistas internacionales; ahí estuve un año y poco y conocí mucho más de todo este mercado. En un momento apareció Carlos Geniso, alias “pirimpimpím”, hoy uno de los promotores más importantes de Latinoamérica que hace Rolling Stones, Metallica y muchos más, y él se quería ir a vivir a Estados Unidos, y me dijo: “Tengo un grupo para que vos trabajes porque sos la única persona que los puede controlar, o manejar o desarrollar. Está Pappo, un personaje muy heavy, muy complicado, pero vos tenés todas las condiciones para hacerlos crecer”. Él en ese momento había comprado cuatro shows de The Tramps, una banda que había tocado en “Fiebre del sábado por la noche”, y me dice que sólo tenía vendido uno, y yo en 2 ó 3 días logré ubicarle el resto de esos shows, por lo cual quedó encantado conmigo y me paso la posta de Riff. Me invitó a verlos a un concierto en un teatro de capital federal que se llamaba “Adiós Pappos Blues – Bienvenido Riff”; vi la reacción del público, y le dije: “Okey, me meto”. Luego me presentó a Pappo, Vitico y Michel en un bar… creo que se llamaba “La Academia”, de esos que están abiertos las 24 horas. Charlamos horas y yo vi en Vitico y Michel una postura o actitud o mirada muy distinta a la de Pappo en otros aspectos, cosas que le sumaban además a Pappo y que de alguna manera lo iban a enriquecer a él de muchas maneras diferentes: estilo de vida, imagen… y bueno, no me equivoqué. Le invocaron a Pappo un nivel social que no tenía, y artístico, y a nivel de imagen, cosas muy nuevas. Pappo siempre tuvo esa “mala fama” y de esta manera se podría decir que se educó un poco por otro lado.

Varo: ¿Conocías alguno de ellos de ellos en particular, cómo fueron los primeros encuentros?

Mundy: Yo por supuesto conocía a Pappo de nombre, y lo conocí en el ’78 en un show que también tocaba Polifemo y fui a cuidar estrictamente la batería de un amigo de una banda 1112, y ahí en el stage me quedé esperando la camioneta para irnos. Justo entró el Carpo, que lo conocía poco porque yo era futbolista hasta ese entonces, jugaba en Argentinos Juniors y había dejado hacía un año más o menos, y también entra Nitro Mestre, que le dijo: “Hola Carpo…” no se qué, y aquél le contesta: “No me beses que no soy puto”. Claro, en aquella época no era de andar entre los hombres dándose besos y le encajo un sopapo que la cabeza le quedó dando vueltas… como al exorcista.

Luego de unas reuniones que tuve con los tres, a los demás no los conocía ni sabía como habían llegado a la banda. Boff Serafine-Pelusa-Siempre Joven, llega a la banda a través directamente de Pappo. Él lo va a buscar (incluso en esos momentos estaba enyesado por un gran accidente automovilístico) y a Juan García Haynes, primer vocalista y que volvería más de 30 años después a la banda como corista, llegó por Vitico. Juan era un jugador de rugby, tenía un acento de voz que luego no fue el esperado por la banda, amén de que seguían pidiendo a Pappo al frente, digamos aunque fuese una nueva propuesta. En esos momentos sólo estuvo activo a lo sumo 3 ó 4 shows. Con respecto a Juan no lo conocía porque él estuvo hasta esos shows a fines de los ’80, y yo como te comentaba arranqué con Riff en el ’81; y con respecto al Pelusa (Boff) cuando llegué yo a la banda él ya estaba.

Yo me volví a juntar con ellos 3 ó 4 veces más (Pappo-Michel-Vitico), me trataron muy bien. Al parecer estaban también un poco impresionados por lo que les había contado de mí Carlos Gerniso, de que yo podía hacer mucho por ellos, que los iba ayudar, que los iba a ser grandes, que los iba a meter en el mercado, y luego de recorrer todas las discografícas más grandes del país, ninguna quería saber nada por la fama de Pappo. Finalmente Tonodisc, que ya me conocían de otros trabajos y sabían cómo era yo trabajando, y a pesar de la mala fama de Pappo, de muchos kilombos, de peleas, de líos, de haber estado en cana en Villa Gesell por drogas, etc, aceptan y firmamos. Yo me puse a trabajar a full para la banda y finalmente poder hacerlo entonces con Tonodisc. Con directivos como “El Curro” Giménez, Pancho Vidal y Julio García se pudo llevar adelante. Ellos me dieron publicidad en ATC, pero poco para poner en producción para el disco, y por eso Ruedas de Metal se hizo en un estudito muy berreta, muy chico, con muchas carencias técnicas, con muchas cosas en contra que no suenan muy bien, pero el disco está lleno de hits.

Varo: El “Curro” Giménez fue un tipo con el cual me lo crucé en más de una oportunidad. Un par de veces cuando fui por el sello Tonodisc precisamente, y siempre me daba discos para un programa de radio que yo tenía en CX 42 – Cofre Rock – y luego cuando Riff vino por segunda vez al Uruguay y tocó en el histórico Teatro Stella Di Italia, precisamente fui a la tarde a la prueba de sonido, porque ya nos conocíamos, y en un momento veo que la puerta hacia el ingreso al público se empieza a entreabrir, y yo voy al pedido de Mundy de que no entrara nadie y le digo al pibe que pretendía meterse un “no podés entrar”, y la puerta en la propia face. Con los años me enteraría que ese pibe sería uno de mis mejores amigos hasta el día de hoy y con el cual compartimos el mismo sueño que es Ácido. Ese tipo era el Perro, y Riff nos unía en parte. Ese día conseguí invitaciones para mis amigos de Siddhartha y fuimos unos cuantos. Yo en una parte del show bajo al camerino y la verdad quedé a mitad de la escalera. Pappo le quería sacar la remera que tenía el “Gimenez” simplemente porque quería salir a tocar con ésa. El gordo se puso la de Pappo que le llegaba de top; había cierto descontrol, locura y despelote. Vitico se había prendido a una botella de whisky Ancap que alguien le había regalado. Me quedé poco ya que el ambiente no era el mejor. 

Y todo eso de la imagen… porque Riff, más allá de la música, propuso una imagen y creo que fue muy inteligentemente estudiada…

Mundy: Michel es el responsable de todo. Él fue el que más vivió en Europa y estaba muy al tanto de la movida. Sin duda Michel es el responsable de toda la estética, él buscaba una imagen distinta a todo lo que era el rock en la Argentina en ese momento, más allá de su aporte como músico y compositor. Con él salimos a trillar y conseguimos por primera vez una marca en aquella época muy conocida, “Litlle Stone” o como también “Tarvenity”, quienes además de ropa de calle, fueron los que diseñaron la ropa de la banda, nos dieron una gran ayuda sin duda por ese lado, y económicamente.

Varo: Después de idas y venidas, ¿hay un break en un registro histórico como lo es el disco en vivo con el ingreso de Danny Peyronel en Riff? Muchos lo vimos como una renovación y apuntando más a otros mercados, pero tampoco convencía; los rifferos lo rechazaron.

Mundy: Eso justamente apuntaba hacia lo comercial, hacia lo artístico y el crecimiento de la banda a otro nivel. Danny fue muy importante ya que él era muy conocido dentro del mundo anglosajón y la idea era producir el cuarto disco de estudio de Riff en Ibiza, managereado por el Mariscal Romero con el batero de Judas Priest, que era el dueño del estudio además, Dave Holland. Danny le metió mucho glamour a la banda y una voz para cantar en inglés excelente. El ingreso a la banda estaba orientado para los mercados en inglés y Pappo para el mercado latino, pero Pappo una vez más tiró todo por la borda… Riff era a la par de Saxon o Iron Maiden a nivel internacional… mundial. Por eso Michel lo llamó a Danny también, un tipo muy profesional y sin duda apuntaba otros lados. Danny no se sumó en Riff para la Argentina sino para el mundo, pero bueno…

Varo: ¿No le molestó a Pappo ver un poco en ese momento que Riff era como que quedaba en manos de los hermanos Peyronel…?

Mundy: Pappo más allá de ser un gran guitarrista y un gran artista, siempre tuvo una falencia… llamémosle empresarial, para darse cuenta que había fórmulas o formas para que él, como guitarrista, fuera más grande en el mundo dentro del blues, del heavy metal y del rock de lo que fue, pasar a otro nivel. Y todo eso causó que no entendiera muy bien hacia dónde apuntaba la inclusión de Danny, y ahí se cortó la relación entre Pappo y Danny. Te repito, la inclusión de Danny era para que Riff entrara sin lugar a dudas a un nivel internacional, mundial, y para la parte Latina, Pappo. Danny además era muy respetado, muy conocido y el acceso aún podía haber sido más fácil.

Varo: ¿Cómo son tus épocas entonces dentro de la banda y de qué manera vas cambiando o mutando tu lugar dentro de Riff? Manager, productor, sello discográfico, redes…

Mundy: Yo estuve desde enero del ’80 hasta la primera separación en marzo del ’84, y me fui para España con Michel 6 meses y se armó Banzai, y más que nada trabajando en el proyecto como amigo, estaba tipo ad honorem; eran mis primeros pasos y me servía. Fijate que estaba Danny Peyronel, un tipo que estuvo en UFO, con Michel Schenker y otros tantos, era un tipo muy grosso en Europa. Cuando se vuelven a juntar con Riff VII no me gustaba mucho la integración, visto desde el punto de vista de la primera formación. Luego un día Pappo me agarra y me dice: “Bo, pelotudo, ¿con quién vas a trabajar, con nosotros o Los Violadores?”. Yo en realidad ya mucho con Riff no quería trabajar, se había contaminado todo un poco, había gente alrededor que, todo bien, pero yo no quería, y con Los Violadores, la primera banda punkie del país, se estaba ya haciendo un laburo muy grosso y muy interesante desde el ’82 hasta el ’88.

Luego en julio del ’89 o principios del ’90, ya armo la discoteca Halley y un día cae Pappo y me dice: “Loco, tenés que volver, esto es un quilombo y estamos grabando un disco en lo de Álvaro; llevamos cinco meses para la tapa del disco, vivimos discutiendo entre nosotros y el que puede arreglar y controlar esto sos sólo vos”. Así que me metí y ahí volví, pero como sello discográfico, e hice toda la carrera independiente desde precisamente Zona de Nadie… Después vino Que sea Rock, que yo los ayudé con eso también. Luego publiqué en VHS primero y luego en dos DVDs “Riff La Historia 25 años de Rock”, que es algo con siete horas de música e imágenes que es inigualable hasta ahora a nivel de producción en Argentina en un artista independiente. Y de esa manera seguimos trabajando con Riff, a nivel discográfico, no managment, porque luego estuvo otra gente, hasta que bueno… falleció Pappo. Una semana antes había estado con él y me había comentado que tenía unas cintas beta con imágenes inéditas, lo que fue luego la reedición en DVD de los 25 años, y el que me avisó fue precisamente el hoy fallecido también y último manager de Riff, Julio Cernuda. Un amigo del barrio de Pappo fue el que justamente me avisó que Pappo se nos estaba yendo, lo cual fue muy duro para mí, éramos bastante amigos, bastante colegas, más allá de que teníamos a veces algún lío… Nos llevábamos bien. Todo lo que yo sigo trabajando es en la parte discográfica, ediciones, redes…

(Álvaro es Álvaro Villagra, el Dr. Perillas, amigo de Pappo y dueño de Monsterland, quien ha grabado a la mayoría de los artistas nacionales y a muchísimos internacionales, y quién alguna vez confesó que Riff era más grande que The Beatles).

Varo: ¿Qué opinás del regreso este último de Riff?

Mundy: Vi un show de la vuelta de Riff VII en Vorterix a fines del 2018 y realmente estuvo de putamadre, lamento que no se hubiese subido al barco Michel, les fue muy bien, reventaron un montón de shows. Se sumó el hijo de Oscar Moro y espero que algún día se sume Michel, para los 40 años de la edición de Ruedas de Metal y Macadam que sacamos en el año ’81.

Varo: Y con respecto a Luciano, ¿cómo ves lo que está haciendo…?

Mundy: A Luciano lo veo bien; es el hijo de Pappo, por lo cual no creo que pueda generar el arte y la música que generó su padre, pero está muy bien, intentando dentro de lo que generó su padre. Pero está bueno seguir su legado, pero lo veo bien, espero que siga bien y le deseo una carrera importante, porque es el hijo de Pappo, entonces tiene sus genes de Napolitano, es descendiente de italianos, y todos los descendientes de italianos siempre salimos adelante, somos muy cabezas duras y vamos por todas, ja.

Varo: Pappo siempre se distinguió “un poco más” que los demás por ser Pappo, ¿cómo era dentro de Riff?

Mundy: De primera y a los pocos shows de nacida la banda, ya la gente lo pedía. Pero Pappo era un tipo autodestructivo. Inestable. Se le ponían cosas de producción como que de repente o no era el momento para hacerlas o directamente no se podían hacer, no sé como llamarlo, y en parte lo seguíamos y casi siempre, como siempre, terminaban mal. Era inestable y siempre lo perjudicó esa parte suya. Se boicoteaba a sí mismo y boicoteaba el proyecto. Obvio que no te hablo de él como músico, yo en eso no me metía. Riff era una banda que estaba muy compenetrada en el proyecto, todos los músicos y secretos por los cuales Riff fue tan exitoso, están ahí, hasta el punto que al principio ellos con pasamontañas salían a pegar sus propios afiches. Todos tiraban para adelante, pero Pappo tenía eso, Pappo deliraba como loco, pero eso era también parte de su forma de ser. El carposaurio era así, formaba parte de su carisma, por eso hacía cosas que otros no hacían y eso le generaba como una autodestrucción de su carrera. Siempre hacía cosas que tiraban para atrás o para abajo su propio éxito. Se boicoteaba.

Varo: Dentro de la discografía de Riff… tenés que tener alguno un poco más preferido que otros, por las razones que sea. 

Mundy: Para mí Riff tiene tres discos que son muy similares entre sí, similares me refiero a hits, que son Contenidos, Zona de Nadie y Que Sea Rock, aunque Macadam también tiene superhits, y si nos referimos a Ruedas de Metal, el primer disco, el tema es que al no estar bien grabado y todo eso… pero bueno, de elegir uno, me quedo con Zona de Nadie.


Me pasó que luego de releer varias veces la nota y recalcarse la inestabilidad de Pappo, recuerdo que una vez un verano en Punta del Este (no recuerdo si Moby Dick o Viejo Jack, únicos boliches rockeros de los ’90), con Pappo charlando en la vereda en una parada del show, me dice “quiero tocar con Pappos Blues en el mismo lugar que toqué con BB King -o con el negro-” (en el cine Plaza). En ese momento le dije “Carpo, estas visitas tuyas en solitario, matan, pero para la gente es lo mismo que toques en el Plaza o en un boliche o en una fiesta, no distinguen la diferencia, y acá se acostumbraron a verte en boliches y fiestas. Deberías parar un poco con eso y luego metemos un Plaza, que muestres lo tuyo” (cosa que reitero, aplaudo a los bolicheros que los trajeron porque muchos tuvimos la oportunidad de verlo más seguido por acá). Pero la historia era armar una banda, gran banda de Pappos Blues, sumando a las Blancablus en coros, más la invitación o de Deacon Jones o de Junior Wells y Botafogo (de quién dijo alguna vez: “Botafogo toca mejor que yo, lo que pasa que yo tengo mejor prensa”), algo como lo que había hecho en el ’93. Pero para llenar el Plaza necesitabas mucha gente y un buen show y un poco de hambre de la gente también. Es más, cuando le comenté de bajar alguno de esos yankees, me contestó “por 1.000 dólares están”.
 
La última vez que estuve involucrado en una movida de esas, medio relámpago digamos, fue en Santa Lucía. Tenía un show marcado clásico, “Toca Pappo”, y lo acompañaban siempre músicos locales, por ejemplo (el año podía ser tipo 2001 ó 2002). Yo lo estaba yendo a buscar con el famoso Topo en su camioneta a Punta del Este desde Montevideo. Teníamos que levantar unas cosas en Viejo Jack Montevideo y seguir. En ese momento llama Pappo y dice: “el show de hoy lo voy a suspender, mirá si me pasa algo en la ruta como a Rodrigo” (se sentía que el Carpo estaba muy bien donde estaba, y ese día se le había cantado un huevo no ir a tocar y pronto).
 
Nada, me quedó ese recuerdo de no poder lograr hacer un gran y digno Pappos Blues en el Cine Plaza, por ejemplo, donde él quería, además. Pero sentí lo mismo, no escuchó.

(Al) Varo Coll

 

 

 

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