Ni tan nacional ni tan uruguayo. La palabra rock nace como una definición bastante poco concreta, y rápidamente desarrolla su condición de global. A pesar de que durante décadas se lo vio como una colonización cultural, supo superar esa etiqueta e imponerse, seguramente de la mano de la amplitud de su propuesta. Porque, ¿quién se anima con una definición de rock?

Manipulador y manipulado, ambos personajes son execrables. El primero es un estratega maquiavélico y el segundo, un imbécil de considerables proporciones. Un error muy común consiste en pensar que los separa una distancia oceánica. Todo lo contrario, conforman una hermosa relación simbiótica, sin uno no existe el otro, la retroalimentación positiva en su máxima expresión.

El último fin de semana de noviembre de 1986 me encontró en la parada de Luis A. de Herrera y Av. Rivera, esperando el 183, con parte de la pesada del BBC LAYVA: «El Flaco» Ángel, «El Indio», «El Sapo», «El Cucho» y » El Maqui», en la puerta de la Rural del Prado me esperaba Pablo «El New Wave».

El día en que se presentaron los Rolling Stones en el Estadio Centenario, una conductora de Canal 10 entrevistó al compositor de NTVG. En una de sus preguntas, la periodista se congratulaba por la existencia de «vasos comunicantes entre el rock y los eventos deportivos que se llevan a cabo en grandes escenarios… «.

Por más que sea una banda de Rock ‘n’ Roll, AC/DC siempre se ha manejado como una empresa que dentro del rubro musical debe mantener su idiosincrasia, su funcionalidad y cumplir con el objetivo de su público cautivo, en cuanto a colmar las expectativas que tenemos. Ante esta situación, y como tantas cosas en la vida, este emprendimiento debe necesariamente tener alguien que lo comande. No por esto, quien ejecute esta tarea será un elemento imprescindible dentro de la organización, lo que significa como contracara, que quien no esté al frente, haga que su actividad pierda importancia.

Existe algo peor que tener una historia de mierda atravesada en la garganta, y es no tener a quién contársela (debería ser considerada como la afasia más cruel). En los últimos meses, varios hechos se transformaron en señales que, burlándose de mi escepticismo, me hicieron descubrir dos escenarios todavía más dolorosos: que la única persona en el mundo a la cual necesitas contar tu historia A) no le interese escucharla o B) un linfoma se haya encargado de distanciarla aún más.