Lo Que el Viento Nunca se Llevó

Los sábados de 1987, temprano en la tarde, me recuerdo bajando por la calle Paullier hasta la casa pegada al Platense Patín Club, el ensayo de Libertad Condicional era el destino.

Una guitarra usada de Doremi enchufada a un viejo radiograbador, un bajo nacional de la década del ‘60 en un pequeño equipo de guitarra, también comprado de segunda mano, la batería consistía en una pandereta casera atada al respaldo de una silla emulando un charleston, un ton negro con el parche demasiado gastado (tapado por una remera) sobre otra silla, oficiando de tambor y completando el set, una tapa de cacerola de la vieja del Gallego; en la voz, Jorge (sus gritos compensaban la falta de micrófono) pisando mis letras escritas en servilletas de bar, adornando los acordes de Fernando. Hacer cosas con pocos recursos de eso se trataba, fieles a los cánones del punk.

Así transcurría el ensayo, entre tema y tema, algún comentario sobre la pérdida del examen de Matemáticas, recordando el corte del segundo estribillo mientras vichábamos el último número de Sólo Rock.

Hasta que un día ese fuerte viento sopló y se llevó todo… la pandereta casera, la tapa de la cacerola, los pedazos del equipo de Doremi, el bajo de la década del ‘60 con Jorge incluido, pero mis servilletas, curiosamente, todavía se conservan.

Hugo Gutiérrez