Hoy en día, a nadie sorprende que en un festejo de carácter político u oficial se contrate a una banda de rock, considerando ese género musical como parte sustancial de la cultura. Tampoco llamaría la atención que el Estado, desde su Ministerio de Educación y Cultura, organizara o difundiera festivales con grupos de rock en sus grillas, auspiciados por empresas multinacionales con sus respectivos logos tras un escenario montado en un espacio público.

El domingo 15 de diciembre de 1985 (10 días antes de la presentación del compilado Graffiti en el Teatro de Verano) el Departamento de Cultura de la Intendencia Municipal de Montevideo organizó un festival gratuito en el Parque de Villa Biarritz, llamado Comunafiesta, al que concurrieron más de 10.000 personas para ver a El Cuarteto de Nos (que el año anterior había sacado su disco debut a medias con Mandrake Wolf), Zero, Flavia Ripa, Los Estómagos (quienes tenían editado su magistral Tango Que Me Hiciste Mal…) y Fernando Cabrera quien presentó su álbum Autoblues.

“El tiempo es una construcción burguesa, convertir una hora en cincuenta minutos es ser Dadaísta», decía Jean Arp en el Cabaret Voltaire de Zurich en San 1916, mientras el resto de Europa enterraba los cadáveres de la primera guerra mundial.

Existe la costumbre de nombrar un festival y luego repetir la experiencia bajo el mismo nombre, basándose en el éxito de convocatoria inicial (el factor más importante para el organizador) o quizás evocando la mística o apelando a la nostalgia. Pero es imposible la repetición: cada experiencia es única.