El Rock Como Herramienta de Cambio

Quienes ya hemos pasado unos cuantos años escuchando rock, hemos tenido la oportunidad de presenciar distintos momentos históricos-sociales donde la música –el rock en este caso– como manifestación artística, ha sabido acompañar algunos movimientos culturales y sociales. A veces ha sido el iniciador o el motor de los mismos, pero en la actualidad, ¿tendrá oportunidad de volver a ser protagonista de algún cambio?

El rock como tal nace en la década del ’50 del siglo pasado, revolucionando la escena musical del momento con una propuesta irreverente, con insinuaciones de contenido sexual y con ánimo de divertimento, en un mundo que emergía de los horrores de la guerra. En esta instancia seguramente surge como consecuencia de los cambios sociales que se estaban operando. A lo largo de los siguientes 40 años, siempre tuvo empujes que lo destacaron como la música con propuestas provocadoras o vanguardistas por excelencia.

Pero el mundo sigue adelante, evoluciona, y cambia. Es muy obvio que las cosas no son como hace pocos años atrás, y el rock no escapa de esa realidad. Los últimos años de la década del ’90 parecen ser los postreros del reinado rockero. Más allá de “lo que el mercado mande” y teniendo en cuenta que el rock verdadero nunca reclamó grandes escenarios (aunque tampoco los rechazó), la pérdida de protagonismo como disparador de cambios es innegable.

Si bien puede ponerse en duda que la música cambie fundamentalmente algo de este mundo nuestro, sí puede generar inquietudes a nivel individual, donde verdaderamente se puede producir un cambio profundo. Quizás la inocencia de varias generaciones ante esta realidad nos permitió soñar con un mundo mejor, y la música fue motor de esta ilusión, a veces sin pretender serlo y otras tantas con serias intenciones de provocarlo. La sola iniciativa de intentar abrir mentes resulta muy destacable en este mezquino siglo XXI, y creo que el rock sigue cumpliendo esa función. Entonces, ¿qué pasa?

Mucha de la gente va perdiendo cada vez más la sintonía de buscar los puntos en común que nos unen, dejando de lado la ilusión ésa de que el rock puede provocar, despertar, mover, instigar a un cambio que día a día se hace más necesario. Por un lado, el mundo se polariza; por el otro, vamos quedando los viejos rockeros, los que nos importa esta música y que creemos en ella, juntándonos para mantener viva la llama, esa llama del rock y la esperanza de que esta música de nuestra vida siga siendo para nosotros eso, la música de nuestra vida, la música que importa. Más allá de gustos, de estilos y propuestas, el rock se ha vestido muchas veces como elemento de cambio. Mientras siga ocurriendo esto último con los que quedamos embanderados con eso, seguirá valiendo la pena.

Ariel Scarpa