Ernesto Sclavo: Mucho Más Que Rock

Ernesto Sclavo es una figura relevante de nuestro medio local. Polifacético y altamente instruido e informado sobre rock y todo lo que puede haber influido en él a lo largo de su historia. Siempre sus decires son elocuentes e interesantes, y este rockportaje tiene esos aportes superlativos. Es una zambullida en un océano de conocimiento para la cual utilizamos como trampolín a su último proyecto, El Factor S – Música sin Fronteras. Abrimos las puertas a una nota más que nutrida. Pasen.


SR: ¿Cómo surge la idea de El Factor S?

Ernesto: Trabajo como periodista desde 1991, comencé en la sección de Cultura del diario “La República” como colaborador, luego como enviado especial a coberturas en Buenos Aires. Mi rango iba desde la música clásica al blues, el jazz fusión y el rock. Comencé a trabajar con otros medios como el diario El Observador y luego a realizar colaboraciones para revistas como Pelo, Metal, Generación X y corresponsalías para revistas como Madhouse.
Luego en 1993 comencé a hacer una columna semanal en Meridiano Juvenil, el programa del gran José “Deqo” Nuñez, uno de los conductores radiales y referentes más importantes de todos los tiempos en nuestro país. Allí estuve 4 años, aprendí con él todos los rudimentos y formas de comunicación radial.
Siguieron una variada serie de experiencias en otras revistas y medios de Argentina, Brasil, EEUU y España como Epopeya, Meteoro.com (la primer web de un DJ de MTV, Ruth Infarinato), Todo el Jazz, Music Expert, Rock Austral, luego y brevemente en Kerrang y Heavy Rock de España. En el 2002 emigré a España y allí soy colaborador de Réquiem de Argentina y comienzo a colaborar con TNT Radiorock de Valencia, una de las primeras radios web de España. Allí libreto programas especiales, comentarios de discos, columnas.
También trabajaba en mi profesión como diseñador gráfico e ilustrador (tapas de discos) y en mil cosas más. Menos de Flanders y el Sr. Burns, hice todos los oficios de Los Simpsons: mozo de restaurante, operador de limpieza de turbinas en una central eléctrica, barman en hoteles, reparaba PCs de segunda mano, operador de logística en el depósito de una central de tiendas. Me compré mi primer PC nuevo a los 4 años de vivir allí. No soy un niño de mamá que se disfrazó de rockero o metalero: pagué todos mis estudios trabajando desde los 19 años.
En 2010, estando en España, empiezo a colaborar con la revista web 45RPM por gentileza del colega Guillermo Baltar (diario El Día), alguien que yo leía en mi adolescencia en la prensa uruguaya junto a Elbio Rodríguez Barilari (El País).
A mi regreso al Uruguay en 2015, hago una columna en La Maldición de los Benditos (Lucía Conforte) y éstas eran cada vez más extensas… Lucía me alienta a que haga un programa propio, mas yo notaba que para hacer la idea que tenía en la cabeza tenía que tener un medio logísticamente más apropiado o, “hacerlo por mí mismo” a todo: desde la idea y concepto a desarrollar a la grabación, mezcla, edición, etc.
La línea de investigación periodística siempre me agradó mucho. Leer a periodistas como Carlos Montero Gauguine y Marcelo Jelen me llevaron a ello. Jelen me alentó a investigar el mito de que Phil Lynnot (Thin Lizzy) era uruguayo. Muchos fax y cartas: en los iniciales 90’s no había ni teléfonos celulares en Uruguay. Estuve años con ese tema y lo publiqué en la revista Epopeya, de Argentina. Ello me permitió llegar a la Roisin Dubh Foundation y a Philomena Lynnot, madre de Phil.
Esa inquietud remanente, me llevó en 2016 a estudiar la Licenciatura de Historia (UDELAR) y a especializarme en Historia del Arte. Un trabajo audiovisual sobre “La muerte en 1810-1840” para una materia de facultad (hago el 3er año de la Licenciatura de Historia en la UDELAR) me llevó al asesoramiento de Gabriel F. Ordeix sobre software de sonido: Adobe Audition, Cubase, Audacity… “Con esto grabás, movés la música y la voz grabada como ladrillitos… con esto podrías hacer un programa de radio, grabarlo y subirlo a YouTube o Ivoox”… Por mi trabajo, utilizo mucho Linux y Audacity, proviene de ese sector de la informática.
En esos días le comento la idea a Fernando Lemos Oxley (7 peces producciones) y me insiste en la idea… “Radio de la vieja escuela, que pase de todos los estilos, información, más dinámica permanente…”.
En casualidades, en esos días la gente de 45 RPM se transforma en radio… “Me gustaría me presentaras alguna idea o propuesta”, me dice Jorge Bonelli, director de la novel radio.
Viviendo tantos años en España, para mí es normal escuchar radio web ya que el sistema de transmisión SDS y RDS lo captás en el celular y hasta en la radio digital de un auto. Y allí viajando a trabajar, sea por auto, ómnibus o tren, escuchas bastante radio. Un trabajo gráfico en canje a una tienda de informática me acercó a comprar unos auriculares decentes y un micrófono barato.

SR: ¿Por qué el nombre del programa? ¿Cómo llegás a concretar el proyecto?

Ernesto: Armo un demo avanzado y me faltaba el nombre… una visita a la ferretería del barrio me brinda la idea… Una vecina de la zona, doña Clara, fue a pedirle “un cosito para que el water del baño no me gotee”… El dueño del establecimiento, veterano de mil instancias, le dice: “señora: dígale a su hijo que venga y le explico. Ud. necesita todo el aparato de dentro de la cisterna, debe estar estropeado ya”. A la doña la sonrisa se le pintó de oreja a oreja. “¡Gracias m’hijo! Usted no sé qué tiene, el factor ESE de saber algo sin que yo se lo explique”. Me fui con los tacos fisher y tornillos de mi búsqueda y me vino a la cabeza: “El factor ese, dijo la señora. El Factor S, es flor de nombre”. Llegué a mi casa y una hoja de papel y un lápiz me llevaron a la disposición de las letras y la cabeza del lobo del Steppenwolf de Herman Hesse, la Akela de El libro de las tierras vírgenes, de Rudyard Kipling.
Alex Garibotto (del programa Latinbangers), me ofrece su voz para hacer cortinas del programa.
Así nació esta idea que luego Fernando Lemos Oxley (7 peces) y Jorge Bonelli (45RPM Radio) apoyaron incondicionalmente.

SR: ¿Cuál es el concepto base atrás de la idea?

Ernesto: El objetivo fue siempre que tiene que ser algo que no posea fronteras, que tenga música de todos los estilos y generaciones, literatura, cine, historia. Lo que hoy no encontrás en la radio tradicional salvo muy escasas y honrosísimas excepciones. El oyente, sea joven o maduro, se merece respeto. Le estas pidiendo una hora de su tiempo, no podés pedirle un cheque en blanco de apoyo incondicional. Crear contenidos, narraciones, brindar informaciones, anécdotas.

SR: ¿Cuál es la mayor fortaleza de la propuesta de El Factor S?

Ernesto: Dinámica, pluralidad de estilos, de generaciones, de propuestas. Es una hora de información, anécdotas, del rock al blues, del jazz fusión al metal en todas sus variantes, del flamenco a la música barroca, de la ópera rock a los discos conceptuales, del arte a la historia, de la filosofía a la literatura. Mutar en forma cíclica, cambiar. Hemos hecho programas especiales sobre clásicos del cine o de la literatura, hemos abordado temáticas filosóficas, espirituales, religiosas: algunos fueron sugeridos por oyentes hace ya tiempo. Más los desarrollamos con rigor académico y maduramos con seriedad, con estudio histórico, con enfoques sociológicos, antropológicos: no vendemos humo ni piedras de papel pintado.

SR: Rápidamente lográs expandirlo al exterior. ¿Cómo se da esto?

Ernesto: Dicho con todo respeto: hoy en Uruguay no se escucha la radio de la gran calidad que se hacía hace décadas y que nos puso en un altísimo nivel de respeto, apreciación y referencia que tuvimos internacionalmente. Lo que se escucha son formatos que son vetustos en Europa hace 10-15 años y que siguen los planteamientos de “cheap entertainment” de productoras como Endemol que hacen programas de chisme/morbo o del tipo Gran Hermano, donde la cultura, la información, el trabajo de campo del periodista, están totalmente fuera del interés del mass media general. Sólo interesa la pauta del rating de la forma que sea y con el costo económico más bajo posible.
Desgraciadamente, desde de los iniciales años 2000, en nuestro país no hay una radio rock o dedicada a la gente joven. Esa ausencia hace que las nuevas generaciones no posean las herramientas culturales que nosotros sí tuvimos para escuchar radio vinculada al rock. Buscan en el inmenso mar de Spotify o YouTube (financiados por los grandes de la industria discográfica), y no tuvieron a los referenciales periodistas y comunicadores de radio que tuvo nuestra generación, que nos brindó el recorrido, la referencia y las huellas de la historia de la música contracultural que es el rock.
Fuera del Uruguay, para este tipo de propuestas radiales de contenido cultural y multigeneracional, el medio natural es la radio web. La mayoría de las radios privadas y estatales de Europa y EEUU hace una década que salen por web. En Uruguay con respecto a esa realidad en el mundo, estamos unos cuantos pasos atrás aún.
Yo pensaba trabajar este programa seis meses y luego intentar lanzarlo fuera del  país… pero el  destino me llevó a TNT Radiorock, una de las radios web pioneras en España, a Metal Argentum Radio, una de las pioneras del tema en Argentina y a ISKC Group Radio en EEUU, donde somos el único programa sudamericano y en lengua castellana de dicha emisora.
Esto nos obligó a adaptar el programa a otras realidades, ya que en España y Argentina salimos los lunes en horario central (21 horas), en EEUU salimos al final de la jornada y somos la síntesis de la radio y del channel, que estamos junto a otros 4 programas de diferentes lugares de Europa y EEUU.
En menos de 2 meses, El Factor S salía en Uruguay, EEUU, Argentina y España, brindándonos así una audiencia multigeneracional e intercontinental donde la única lengua común es la buena música y la cultura: hay muchísimos latinos bilingües en EEUU. Y hay que tener en cuenta que en Europa, en la mayoría de los países, el segundo idioma aprendido luego del nativo es el castellano.

SR ¿Cómo describirías la estructura que le das a los programas que transmitís?

Ernesto: Es una hora donde el motor tiene que ser la pluralidad de propuestas musicales e información de las mismas. No es un programa hablado, los aportes de palabra son cortos en tiempo y buscando la originalidad de algo diferente para tener personalidad propia y siempre utilizar la dinámica del lenguaje de la radio web que se utiliza en otros lugares del mundo.
Lo dividimos en bloques con secciones para cada estilo luego de la apertura. Y llevamos en todos los géneros artistas jóvenes, actuales o de varias generaciones atrás. Aportarle el conocer las raíces de los distintos estilos. Por el programa han pasado guitarristas de rock & blues de Hungría, bandas progresivas de Azerbaiyán, jazz fusión de Ucrania (Rusia), soul y rhythm & blues de New York, EEUU, que te envían material desde diferentes lugares del mundo. Bandas noveles de Argentina, Brasil, clásicas de Chile, Venezuela o España. Tenemos oyentes que nos siguen desde España, EEUU, Canadá, Noruega, Italia, Hungría, Francia, Rusia.
Sin olvidarnos del lugar que emitimos, hay una sección de música nacional y alternativamente en el mes tenemos dos mini-entrevistas a artistas uruguayos de todos los estilos, tiempos y generaciones. Le brindamos, igual que a cada entrega semanal, un afiche personalizado y la difusión en las 4 radios que difunden el programa y en las redes sociales.

SR: El lunes 13 de abril hiciste un especial sobre Jesús. Me encantó el concepto Highway to Heaven, mezclando los dos nombres y conceptos de los clásicos “Highway to Hell” y “Stairway to Heaven”. Contame algunos detalles de esta idea.

Ernesto: La decisión de ese programa fue la consecuencia de bucear y buscar, tratar de ir a los orígenes del género lo máximo posible. Nos antecedimos con “Highway to heaven” por una razón sencilla: la gente no sabe que el lugar común, tanto de británicos como de norteamericanos, tiene un epicentro comunal tanto para músicos blancos como negros: aprenden música, canto y arreglos de voces en la Iglesia, fundamentalmente evangélicas, metodistas, lease, protestantes. ¿Que hubiera pasado si Jerry Lee Lewis no se hubiera formado viendo rythm & blues en clubes de negros en forma clandestina? ¿Y qué hubiera sido de Little Richard (el primer artista negro en tener músicos blancos en su banda) si no hubiera ido a los cabarets a ver músicos de jazz? ¿O Scotty Moore (el guitarrista de Elvis Presley) si no hubiera tocado la guitarra en el coro pentecostal de su localidad? Hay un nexo que los vincula: la “blue note”, el tritono… que había sido prohibido por la Iglesia Católica del Vaticano en la inquisición del medioevo mediante los decretos “Diabolus Musicae artem” en Europa y “Nova Artem paganus” en el virreinato de México. Hay una publicación académica del MIT de EEUU hecha por Bob Ezrin (productor de Alice Cooper, Deep Purple, Pink Floyd, entre otros). La Banda Oriental fue el primer lugar donde se abolió la inquisición con “Las instrucciones del año XIII” de José A. Artigas. En la música católica de Antonio Vivaldi, el tritono estaba prohibido. En la música protestante de Johann Sebastian Bach, no.
La conformación social de EEUU, de los inmigrantes que lleva el Mayflower desde Inglaterra, sumado a los nativos indígenas que sobreviven al exterminio en las reservaciones indias, la emigración mexicana en el siglo XX, los descendientes de los negros esclavos que eran explotados en la grandes plantaciones de algodón del sur de EEUU, fueron los ingredientes más importantes de este caldo de cultivo.
La gran depresión económica de 1929, lleva a las grandes ciudades a la gran población rural inmigrante europea que huye de la l Guerra Mundial y a la población afroamericana. Sin ellos, todo el fenómeno del blues y el jazz en Chicago y New York hubiera sido imposible.
Ello permitió un desarrollo armónico diferente en el sur de EEUU. Así se desarrolló el gospel, el negro spirituals, el ragtime, el dixieland, el foxtrot. Allí están las raíces más lejanas del rock, en el final de la década del ’30 del siglo XX. Allí convivían los músicos blancos y negros, por arriba de las leyes raciales. Junto a los intelectuales, los que inspirarían a la generación beatnik de Kerouac, Ginsberg, etc.
Más todo ello se mezcló con lo que llevó de bagaje Jimi Hendrix a Londres y gracias a la aceptación de su música por parte de los músicos británicos de bandas como Cream, The Beatles o Rolling Stones, que lo respaldaron maravillados con su capacidad musical. Mientras en EEUU se desarrolla el rock sicodélico, los británicos van tras su bagaje cultural y así nace el rock progresivo, literatura mediante. Así empieza a aparecer JR Tolkien, Charles Dickens, Alex Houxley, Baudelaire, en bandas como Uriah Heep, Led Zeppelin, The Who, The Doors. Es una característica propia del anglófono: mezclar su cultura con la del lugar propio o de otro lugar del mundo. Es una consecuencia cultural del método de colonización del Imperio Británico en el siglo XIX. Es una de las razones por las cuales el rock se universaliza en todo el mundo y adquiere matices propios según el lugar donde se interprete. Así tenés a un Carlos Santana, Steppenwolf en Los Angeles como a Psiglo y Totem en Uruguay.

SR: El Factor S acaba de cumplir un año. ¿Qué sentís en este momento?

Ernesto: Hemos llevado adelante una serie de procesos que nos permitían generar un perfil propio, personal y diferente al actual medio uruguayo. Y con universalidad que nos proyectara al exterior del país. Mas en etapas: en cada una de éstas, planteamos una variante, complementaria y alternativa a la vez. Con ello, demostrar una visión y personalidad propia brindándole al oyente una serie de planteamientos: la entrevista, la presentación de trabajos de artistas nacionales y extranjeros, programas especiales sobre grupos y solistas históricos, otros sobre cine y literatura, desde autores de culto a clásicos.
Ha sido muchísimo trabajo pues yo produzco el material periodístico, lo edito, grabo y mezclo. Ojalá le podamos aportar algo a la gente, otra campana, otro punto de vista, elementos para el análisis: la cultura es lo que realmente nos importa.

SR: ¿Hay más crecimientos pensados para El Factor S?

Ernesto: Cada propuesta, programa, ciclo, ha sido planificado. A último momento siempre dejo tiempo a la improvisación pues aporta frescura. Pero atrás de un ciclo de pioneros del blues y el jazz o la propuesta del concepto de “la mini entrevista”, hay una idea a desarrollar y un objetivo a cumplir. Lo mismo para un ciclo de programas especiales que hemos hecho ya, y ahora vamos hacia un segundo ciclo sobre cine y literatura. Llamar la atención con contenidos, buscando enganchar y fidelizar al oyente, algo que le brinde un interés y generar un compromiso con quien nos escucha de que le vamos a dar un producto honesto y tangible.

SR: ¿Tenés otros proyectos paralelos presentes o a futuro?

Ernesto: Los hay, mas los construimos sobre cimientos firmes. Hoy estamos acostumbrados a lo vacuo de las propuestas, que son pasatistas, vacías, y sus fuegos artificiales que esconden la falta de contenidos y del trabajo creativo que deberían tener. Se ve al oyente como un consumidor y que genere solamente ganancias económicas. La dictadura de la pauta publicitaria: no importa la calidad sino que venda algo que parezca bueno, bonito y sobretodo sea barato. A partir de fines de mayo, estamos realizando dos programas semanales en video de 15-30 minutos en RockTV.uy emitido en Facebook, donde realizamos entrevistas a artistas de Uruguay, Argentina y otros lugares del mundo. Además de programas especiales dedicados a diferentes temáticas que ya estamos planificando y llevando a cabo. Esta propuesta ya nos había llegado hace meses, pero queríamos presentarla con contenidos y propuestas concretas. RockTV.uy llega a todo el mercado hispanoparlante de Latinoamérica y Europa. Somos el primer programa de esta nueva expansión de esta entidad que tiene en Facebook más de 10.000 seguidores en Uruguay y 1.800.000 en el mundo.

SR: ¿Puede decirse que el heavy metal ha sido tu columna vertebral musical?

Ernesto: El heavy metal ha sido mi lugar de nacimiento hacia el mundo del rock. Ha sido mi tribu urbana en los iniciales años 80’s, mi referencia universal y vehículo para ver y entender el presente de la historia del rock a la cual ingreso como cualquier otro testigo en mi adolescencia. Desde un concepto comercial, la industria discográfica no tenía interés en la música pesada a finales de los años setenta. Les era más barato producir a los Sex Pistols que a Yes o Led Zeppelin (cuyas propuestas ya mostraban signos de agotamiento y reiteración, es justo decirlo). Tiempos de una Inglaterra en recesión, gran desempleo y en la cual para un adolescente las posibilidades de vida eran escasas: un eterno desempleado subsidiado por el UB40 del gobierno, o ser ídolo de fútbol o héroe del rock.
Mas los heavys fueron más inteligentes que el resto de las tribus urbanas, por eso se internacionalizaron. ¿Los medios no me brindan atención? Hicieron fanzines y alquilaron espacios nocturnos en las radios para difundirse. Así fue igual con los DJ en EEUU en los finales 50’s. Alan Freed, que acuña el término “rock & roll”, transmitía desde camionetas con equipos de radioaficionados conectados a baterías de camiones. Lo hacían los DJ ingleses promocionando a los grupos mods en barcos a 100 millas marinas de Inglaterra para escapar del control del estado británico. Esto también ocurrió a mediados de los 70’s en España de la mano de Mariscal Romero (director de Heavy Rock y Kerrang). ¡El “hazlo por tí mismo del punk” ya había sido hecho 15 años antes en la autogestión de las bandas inglesas en la previa a la generación mod! Hace años tuve la oportunidad de charlar un buen rato sobre música y culturas indígenas con Chuck Billy (cantante de Testament, perteneciente a la tribu Pomo de los indígenas Sioux en el sur de California) y me dió una brillante definición de lo que es el heavy metal: “somos una tribu global, un sentimiento universal”.
Los heavys crean su propio espacio de difusión y edición, son una contracultura dentro de la contracultura que es el rock. Con rasgos antropológicos casi rituales y costumbres universales casi tribales, por así decirlo. Por eso sobreviven siempre: “Cuando las modas y los experimentos de la industria se agotan, la música vuelve al rock pesado. Allí están los más fieles y verdaderos amantes del rock” (Ronnie James Dio).
Estas vivencias me llevaron a un viaje, solitario, sin medios para encontrar todo ello: no había internet, bibliotecas, enciclopedias. Había referencias visuales y estéticas como Videoclips y Alternativa, los programas que dirigía Alfonso Carbone, el director artístico del sello Orfeo de Palacio de la Música, que era la empresa que editaba la mayoría del material internacional, pues concentraba la representación de las multinacionales del disco en aquellos años post dictadura de nuestro país.
Sólo radios como El Dorado FM 100.3 y comunicadores como Enrique Pereyra (Rock hasta el mediodía) y José “Deqo” Nuñez (Meridiano Juvenil) en CX 26 Sodre, eran nuestras guías más directas a lo que había ocurrido durante la dictadura (1973-1985) y lo que había habido antes como Psiglo, Días de Blues, Totem, entre otros.
Llegaban con mucho atraso, revistas como Hit Parader, Kerrang, Pelo y Metal. Grabábamos cientos de cassettes en los cuales pirateábamos los vinilos brasileños o norteamericanos que se podían conseguir. Había escasas disquerías, donde destacaba El Cid y Crossroads (Néstor Imbriani).
En lo personal, tenía por el trabajo de mi padre en CX-8 Radio Sarandí el acceso a la discoteca de la radio, donde Jorge Cazet era nuestro maestro de audiciones, por así decirlo. Fue un largo camino desde The Number of The Beast (Iron Maiden) a conocer a In The Court of The Crimson King (King Crimson) o Ideación (Psiglo) o Descarga (Totem). Encontrar las piezas, las huellas de la ruta. Así empecé a ir hacia atrás en décadas, a buscar las piedras fundacionales.
El rock es un género multirracial, es la primer manifestación contracultural en EEUU que pasa por arriba del racismo (directo y velado) a finales de la década de los 50’s. Es una contracultura con ribetes políticos, no partidarios, pero si generacionales y multiraciales tanto en Inglaterra como en EEUU, con motivos-consecuencias diferentes pero no tanto, iguales pero no tanto. Hoy se idealiza el “mayo francés de 1968” y casi se lo mimetiza con la heroicidad de una lucha obrera, y en realidad era un movimiento de jóvenes provenientes de clases medias que asistían a las universidades europeas.
Los músicos blancos y los negros se estaban ya mezclando en estudios de grabación en los finales 30’s en torno al ragtime, el dixieland y el swing en el jazz. En los cabarets ya se mezclaba a Josephine Baker o Billie Holliday (aunque entraran y salieran por la puerta de personal de servicio). Kerouac así lo dice al definir al Harlem de 1923 como “la mayor calle de negros americanos del mundo”. A la salida de las fábricas, que estrenaban la línea de producción de autos en serie creada por Henry Ford, los bares y cabarets eran música, tertulia.
El centro social del sur es la iglesia metodista, bautista, protestante. El traje y el vestido los uniformiza, sí, pero esconde la miseria del sur de EEUU. Allí escuchan música sacra, el himnario, el gospel, el negro spiritual, las armonías vocales e instrumentales que no escucharían en una iglesia católica: la nota blue, el tritono, tan sensual como madre y varonil como padre del blues de los hijos de los negros esclavos, semilla seminal para el rock & roll.
Este mismo fenómeno lo vivirán los rockeros ingleses, embelesados por el blues negro que los llevará a comprar discos de Muddy Waters, Howlin Wolf y Willie Dixon a los marineros en los puertos y lo revisitarán a su manera, incluyendo toda su herencia de armonías de la música sacra, judía, árabe, barroca y medieval. Hay un nexo, alguien que pone el mágico ingrediente entre ambas vertientes y las dos patas anglófonas en ambos continentes y así nace de la admiración de Beatles y Stones, el fenómeno avant-gard de Jimi Hendrix. La búsqueda sonora de Jimi en Inglaterra generará en gente como Stuart Epps, Alan Parsons, Eddie Kramer, a la generación de ingenieros de sonido del rock progresivo que llegaría en breve con Pink Floyd y Emerson, Lake & Palmer. Estos fenómenos de traslación e intercambio cultural ocurrirán muchas veces más. Volverá a pasar en los 90’s con el metal mezclándose con el rock sinfónico, que llevará a la creación del metal progresivo. Siempre habrá un lleva y trae. Así fue que el rock de finales de los 60’s parió la sicodelia en EEUU y el hard rock (del cual derivará el heavy metal) junto al rock progresivo en Inglaterra. Hoy es común ver músicos de raza negra en el rock y en el metal. Ya no es un tabú. Simil las mujeres y luego de décadas de lucha de parte de éstas. La balanza se equilibra y todos son protagonistas: con su lenguaje y bagaje cultural propio.
Freddie King en el blues y Gerry Mullingan en el jazz se adelantaron a lo multirracial. Un blanco, Louis Bellson, baterista de la orquesta de Count Basie, formaba parte del staff de músicos de sesión del sello Sun Records de Sam Phillips y por allí pasó Elvis Presley. Y ya en 1946 estaba tocando con doble bombo. Johnny Meeks, guitarrista de Gene Vincent, estaba usando guitarras de triple mastil con 6, 8 y 12 cuerdas. Jimi Hendrix usaba guitarras Fender modificadas por él de 7-8 cuerdas antes que Uli Jon Roth (Scorpions) en 1967 en estudio y bajos de 6 cuerdas. En el rock y la música popular, ya está todo hecho, sólo se agregarán las músicas autóctonas de cada lugar del mundo. Por ello el metal es globalización: crearon una estética propia, sin aditivos, que puede retrotraer música medieval como country & western, jazz y barroco centroeuropeo. Y todavía queda lo que vendrá de Europa Central y Asia, el otrora mundo de la cortina de hierro del comunismo y el mundo oriental.
El rock es político, nace a las sombras de la generación norteamericana derrotada en la guerra de Corea en 1954, mas no es partidario. Tuvo una postura muy crítica y movilizadora en torno a la Guerra de Vietnam y “La crisis de octubre” de los misiles nucleares entre EEUU y la URSS en 1962. Mas el género no es ideología: es libertario, es quien se opone a la guerra (la cuarta en menos de un siglo) en EEUU y a la ola conservadora europea en el “Mayo Francés” de 1968 y al totalitarismo comunista en la primavera de las flores de Praga en el bloque soviético en aquellos finales años 60’s del siglo pasado.

SR: ¿Cómo ves la música rock en general en el panorama nacional?

Ernesto: Hoy el mundo tiene lenguajes de universalidad que son propios de la globalización que vivimos. En Europa y Asia les fascina la música tribal, de raíces afrodescendientes. En los 90’s todos aplaudían a Titãs y a Sepultura por sus trabajos que iban hacia ese lado y llegaron así a la World music. ¿Por qué no agregar esos elementos? Tenemos el tango, el folklore, el candombe, la literatura tan rica que nos caracterizó en el mundo como “país culto y la Suiza de América”. Ya lo hizo Los Estómagos con Idea Vilariño, Traidores con Jorge Luis Borges, el trabajo de Requiem Aeternam con Eduardo Larbanois, de Herrumbre con Numa Moraes… Algún día veremos a una banda con una cuerda de tambores o un bandoneón: ¡hay que buscarlo! ¡Se puede! Tenemos los elementos a mano, nada debemos esperar sino de nosotros mismos. Se nace con talento, sí, pero si no lo trabajás, lo cultivás, lo abonás como una plantita, lo madurás, no sirve de nada por más medios técnicos o tecnológicos que haya. Todas las grandes bandas arriesgaron, desde las ganancias de su primer disco a las joyas de la abuela para financiar una gira. Así lo hicieron los Rolling Stones, Led Zeppelin, Guns N’ Roses, Doro Pesch, Tarzen, Barón Rojo, Quiet Riot, Rata Blanca, etc.
Jordi Sierra i Fabra dijo: “El arte se mide por lo que sientes al hacerlo, no por lo que ganas (en dinero) al hacerlo”. Jordi Sierra i Fabra es uno de los mejores periodistas de rock en habla castellana que leí en mi vida. Hizo La Historia del Rock en 3 volúmenes (hasta los mediados 80’s), me lo compró mi padre y aún los tengo. Historiador del arte, disléxico, tartamudo. El tipo más meticuloso para escribir sobre rock que leí en mi vida junto con Clive Davis (Kerrang, Hit Parader), me comía sus notas de novato. A Clive lo conocí en un festival Murcia Rock a mediados de los años 2000. Un viejito sencillísimo, adorable. También escribía en la revista española Popular 1.

SR: ¿Cuál te parece que es el futuro de la música rock en el panorama mundial?

Ernesto: El rock es cíclico, como contracultura y como expresión musical y contestataria. Tiene muchas ramas, es una falacia decir que el rock es norteamericano o inglés, lo mismo decir que es un género de gente blanca o de raza negra. Afirmar eso es de una ignorancia suprema. La música, la cultura, los fenómenos contraculturales no empiezan el día que nacimos ni en nuestra generación. Son la consecuencia de muchas cosas que tienen elementos sociológicos, antropológicos, económicos, culturales, políticos.
Luego del desastre de la música disco, en 1979 nadie pensaba que volviera a haber rock en las radios. Y en 1980 en Europa nace la New Wave of British Heavy Metal y bandas como Iron Maiden, Judas Priest, dan vuelta el tablero. Y en EEUU aparece un guitar hero que revitaliza la carrera de Ozzy Osbourne: las mágicas 6 cuerdas de Randy Rhoads. Dos años después Quiet Riot con Metal Health desplaza a Michael Jackson y su Thriller de los charts. Seis meses después, Def Leppard le envía al tercer lugar de ventas. Una vez más, el pop era derrotado por el rock con su mejor arma: canciones, letras con las cuales los chicos se identificaran. El rock de estadios se transforma en rock de festivales: nace el Monsters of Rock en Castle Donington en Inglaterra y el California Jam vuelve a realizarse en EEUU.
Luego del punk, todo el mundo pensaba que el rock estaba muerto. Y el rock siguió viviendo. Luego de la new wave, todo el mundo pensaba que el rock estaba muerto. Y el rock siguió viviendo. Luego del grunge (con todo el apoyo de la industria discográfica y la MTV), todo el mundo pensaba que el rock estaba muerto. Y murió MTV junto con el grunge. Y el rock sigue viviendo.
La globalización ha permitido que el rock sea una contracultura que circunda el planeta: hay bandas de todos los estilos en todos los continentes del mundo. En los 90’s las bandas norteamericanas e inglesas al venir a buscar nuevos mercados en Latinoamérica y otros lugares del planeta dejaron una semilla que está germinando: pronto se verá el fenómeno de antropofagia cultural que se ve en The Hu (Mongolia) aportando instrumentos medievales y hunnu (canto gutural mogol de 3.000 años de antigüedad), los instrumentos de final del imperio romano junto a los eléctricos en bandas de Bulgaria, Letonia y Eslovaquia, la increíble búsqueda de mezclar lenguaje originario, ritmos, instrumentos, estética y lenguaje de los indígenas mayas en bandas como Cemikan (el rock tapatío es todo un fenómeno contracultural en México). Lo que está pasando en Perú, Colombia y México es el antecedente de los próximos grandes cambios en nuestro continente.
He tenido la suerte de conocer, entrevistar y charlar con muchos músicos de diferentes estilos. Desde referentes de la fusión musical brasileña de Egberto Gismonti al magister de la guitarra clásica Abel Carlevaro. Desde músicos de blues y jazz como Joe Pass, Dave Specter a Alberto Zamarbide (V8, Logos, Primal), Chuck Billy (Testament), Neil Carter (Gary Moore, UFO), Darren Wharton (Thin Lizzy, Dio), Gary Shea (Alcatrazz), Rudy Sarzo (Quiet Riot, Ozzy Osbourne, Whitesnake), Hermes Calabria (Barón Rojo), Ruben Melogno (Psiglo), Jorge “Flaco” Barral (Días de Blues, Raza, La Banda), Salvador Domínguez (Miguel Ríos, Banzai, Tarzen). Rudy me decía sobre el éxito: “No hay un A-B-C ni una fórmula exacta. Sino sería muy fácil tener éxito y grandes ventas. Mirar a otros y ver sus formas de trabajo: así hice en mi tiempo en la banda de Ozzy Osbourne. Mas tienes que creer en lo que haces, aportar tu personalidad, llegar a la gente con tus riffs, tus letras, lo que está dentro de ti. Arriesgar el todo por el todo. En Quiet Riot no teníamos dinero, cargábamos todo en la camioneta del padre de Frankie (Banali). Mi madre y la novia de Robert (mi hermano) nos hacían la ropa… Grabábamos de madrugada en el estudio porque era más barato… Pedimos un préstamo bancario para pagarnos parte de la gira de Metal Health.
Esos procesos son solitarios, sin la ayuda del estado del país que viven; esto les pasa a todos: son universales para cualquier banda novel, sea en Europa, EEUU, Asia o en Latinoamérica.

SR: ¿Y cuál es el futuro de la industria musical?

Ernesto: La industria musical como la conocimos hace 30 años ya no existe. Su discurso hoy ya es anacrónico con sólo mirar la realidad de hoy. Decir “no a la piratería”, cuando éstos financian la investigación tecnológica (desde el cassette a una grabadora de cds) y forman parte de los trust accionarios de plataformas digitales de supuesta difusión, que en realidad le pagan cifras de varios ceros a la derecha muy debajo de los royalties de derechos de autor al artista: los están robando alevosamente. Hoy el artista vive de girar y el disco se transformó en una herramienta para salir de gira y hacer “la zafra” para vivir todo el año. El DVD en vivo es el testimonio de ese tiempo. La profusión de los grandes festivales en todo el planeta son la consecuencia también de todo esto, no sólo la bajada de costos por la tecnología digital. Esto ocurre para una banda de rock o metal, un cantante de ópera, un músico de jazz y blues. Los sellos discográficos hoy no invierten en la carrera de un artista, son meros distribuidores de diferentes formatos digitales.
Nos quieren hacer creer “la vuelta del vinilo”, pero soy realista: es sólo una moda nostálgica y snobista de la cual se aprovecha e incentiva la industria para sacar un producto que la mayoría de las veces no está tomado de los masters originales que los melómanos de esa cultura del disco idolatran e idealizan con la distancia del tiempo.
La industria invierte en una sola canción, un “hit wonder” que desaparece tan rápido como apareció. Por eso estilos como la basura del reggaeton, un virus-género machista, hedonista, degradante de la mujer y exaltador de los peores vicios y delitos, han sustituido al rock en los premios Grammy y otros eventos. Hoy a un artista premiado obtener un Grammy no le genera lo que era hace 30 años: es sólo una anécdota. Ya no hay un Ahmet Gun (Atlantic Recs) que quiera invertir tres discos en una banda como hiciera con Led Zeppelin. Hoy no hay un productor o manager como Peter Grant o Richard Cole. Se te quiere imponer un discurso que es irreal, es una post-verdad cultural que es absolutamente vacía: es papel pintado de un chroma verde que no tiene nada de contenidos.
La tecnología va más rápido que las leyes, la música te la promocionan como a la hamburguesa rápida cuyo consumo depende si tenés saldo de datos en tu teléfono celular, para conectarte a una plataforma digital.
La verdadera realidad es una cultura musical creada, mantenida, solventada, por el grandísimo esfuerzo, la inversión y autogestión de los músicos. Un cuesta arriba permanente.

SR: ¿Cuál te parece que tendría que ser el aporte futuro de los diferentes componentes de la movida, a saber: músicos, público y medios?

Ernesto: Ninguna banda, pintor u actor, ha sido reconocido como merece en Uruguay. Eso forma parte de la idiosincracia real de este país en el cual, como una vez dijo Leonardo Lamela (Alvacast): “el techo está demasiado cerca del piso”. Nuestros grandes artistas han muerto en miseria y nunca se los recordó con respeto, incluso luego de la muerte. Los catalanes reconocen la importancia de un Rafael Barradas o un Joaquín Torres García in situ y contemporáneamente a éstos: los uruguayos NO. Aquí lo hacemos con ellos ya fallecidos, décadas después.
Las grandes bandas uruguayas nunca llegaron a serlo en el clamor popular por apoyos del Estado. Fueron editadas cuando ya eran una realidad social y cultural en la gente. Así le pasó a Psiglo, Los Shakers, Totem, La Trampa, Los Traidores, Níquel, Los Estómagos, Los Tontos, Jaime Roos, Los Olimareños, Alfredo Zitarrosa: lo fueron por su talento y sus canciones. Mirá sino el fenómeno de Cross: una audiencia multigeneracional que se identificó con ellos y sus canciones. Hacen salas llenas sin sacar discos hace años. Trabajan fuera de los límites de la industria, como hicieron los Redondos o La Renga, en Argentina. Simil ReyToro o el regreso de Chopper y sus nuevos discos. La audiencia la ganaron de a uno a uno de sus oyentes, con canciones y letras que identifican a la gente: trabajo, trabajo, trabajo.
Te pongo un ejemplo que tiene universalidad. Psiglo adaptó de su lectura de Khalil Gibrán parte de su punto de vista político a Ideación. Neil Carter (tecladista de Gary Moore) me decía: “Phil Lynnot era un hombre de color, mas amaba tanto a Irlanda que fue a bucear en su cultura literaria y su acervo celta y lo sintetizó a su manera en “Roisin Dubh: a rock legend”. Darren Wharton (Thin Lizzy, Dio) me decía que “Ronnie Dio era norteamericano, más conocía de la literatura, las costumbres, la esencia de la cultura medieval europea como si fuera la palma de su mano: así lo plasmó en sus discos”. Estos reputadísimos músicos lo hicieron.
Un ejemplo clarísimo y aún vigente es lo que hizo Joe Strummer (The Clash) en “Spanish bombs” (de su LP London Calling): adaptó la literatura española de Federico García Lorca y Miguel Hernández y la mezcló con una denuncia política sobre la Guerra Civil Española.
Aquí en Uruguay tenemos a un José Luis Pérez que es un adalid de la fusión del jazz y el candombe, y no lo vemos ni valoramos como corresponde. Grandes del jazz en el mundo como Elvin Jones, y del rock progresivo como Bill Bruford, Jon Anderson (Yes), sí lo valoran.
En Uruguay, a los políticos de este país, la cultura nunca les importó demasiado si no les beneficiaba en su discurso y rédito de alguna manera. Esa es una de las diferencias con un país desarrollado del mundo: la construcción de una identidad nacional no interesa en Uruguay. A la derecha la cultura le importa muy poquito: cuanto más light sea ésta, mejor. A la izquierda, si no se atiene a su pensamiento influenciado por Antonio Gramsci y sea su adherente cultural y grácil herramienta de difusión, no le apoyará. Hasta antes del voto verde de la campaña pro referendum contra la Ley de impunidad, el rock no le importaba mayormente a la izquierda política.
Así está el país en el cual se da cabida a energúmenos funcionales que hacen su “talk-show” diario riéndose de la desgracia de la gente y son adláteres del gobierno de turno para beneficiarse, o al circo de comentaristas deportivos que tienen faltas básicas de ortografía al hablar. No tenemos un gentleman como Osvaldo Ardiles hablando de deportes ni a una excepcional comunicadora como otrora fuera Cristina Morán haciendo radio en primera línea.
Hoy los grandes profesionales de los 60’s y 70’s como Ruben Castillo, José “Deqo” Nuñez, Enrique Pereyra, Lalo Menafra, Darío Medina, Jean Lousteau, Esteban Leivas, Hamlet Faux, no tendrían lugar en los medios.
Se está manipulando a la gente para que sea cada vez más consumista e ignorante y así manejarla más fácil y barato.
Así ha llegado el degrado, la lumpenización, la tinellización del medio, donde los grandes medios se han beneficiado desde la mitad de los años 90’s de tener un personal funcional pero sin criterio propio ni capacidad de análisis crítico, que ha egresado fundamentalmente de las universidades privadas y trabaja en ciclos de pasantías de forma gratis.
Hace buen tiempo ya que los grandes medios del periodismo internacional no son el cuarto poder, sino un tentáculo más del primer poder y alterna apoyo o crítica según le convenga a sus intereses: son trust empresariales informativos que forman parte del poder en forma directa en el mundo. Esto es capitalismo salvaje y neoliberalismo del más duro y crudo.
Uruguay es una plaza muy pequeña para el interés de las grandes discográficas internacionales en la realidad mundial de hoy. Seamos realistas, somos 3.283.000 habitantes desde 1983. Con una población cada vez más envejecida y una población juvenil que merma pues emigra en cada crisis económica de importancia. Las cifras de ventas son muy pequeñas. A la industria discográfica le cuesta muchísimo un posible desarrollo en nuestro país: la cantidad de consumidores es muy pequeña. Ello retarda el buen desarrollo del medio en todos los sentidos. Desde los medios de difusión por falta de consumidores a las posibilidades de las bandas de tocar la mayor cantidad de veces al año por la escasa cantidad de potenciales oyentes.
Es una lástima, hay excelentes músicos e instrumentistas en las nuevas camadas. Son de alta calidad instrumental: si no, no hubieran llegado a ser más que dignísimos teloneros y tener palabras de respeto y admiración de parte de sus ídolos y referentes propios en los shows de las visitas internacionales, ni tampoco serían sponsors de las marcas internacionales de amplificación e instrumentos como Sonor, Zildjian, Ampeg, Ibánez, Laney y Godín en nuestro país.
También, seamos realistas: en Uruguay hay lobbys de influencia, “clubes de amigos”, de todas las banderas políticas… Siempre los hubo, pero hoy son gente que no sabe ni comprende su rol de comunicación. Hablan de sí mismos todo el tiempo haciendo una autoreferencia permanente, que es de una total falta de respeto al oyente. El comunicador es testigo, no protagonista. El periodista es testigo que registra entre el hecho cultural y el oyente y no la vedette del chisme que es hoy ante el común de la gente. Hablan de difusión, de gestión cultural y son adláteres del gobierno de turno según su conveniencia personal.
La cultura no debe tener banderas políticas de partido, sino de nación y por ello de pluralidad de propuestas. Son los rasgos identitarios que nos construyen como país y que construyen nuestra identidad como nación.
Así la composición de la identidad de nuestra nación se hace precaria, se disuelve, se va perdiendo. “Un país que no construye su identidad nacional esta condenado a desaparecer”, decía Benjamín Nahoum en trabajos académicos de sobre el tema. Es un buen análisis de uno de nuestros más insignes historiadores de Uruguay sobre este asunto tan grave que vivimos hoy. Un fenómeno social y cultural de índole nacional, mundial, global, de los tiempos que vivimos.

Ariel Scarpa

Enlace de El Factor S:

Ficha Técnica:

Periodista de cultura e investigación, prensa escrita, radio y TV cable desde 1991. En Uruguay ha sido colaborador, enviado especial en los diarios “La Hora Popular” (Suplemento “García“), “La República”, “El Observador“, “Semanario Brecha“, Revista “Toda la música“, columnista en el programa “Meridiano Juvenil” (José “Deqo” Nuñez), colaborador del programa “Toda la Música” (TV Canal 5) y codirector de “Musicales ’96” en la RTV (Cadena Máxima Vision).
En Argentina, ha formado parte como colaborador de las revistas “Pelo“, “Metal” y “Generación X“. Además, en revistas “Madhouse” (Frank Blumetti), “Epopeya“, “Music Expert“, “Todo el jazz“, “Mellotrón” (ARPRO), “Rock Austral“, “Requiem” como colaborador y corresponsal en Uruguay.
En España ha sido colaborador y corresponsal de revistas “Kerrang” y “Heavy Rock” y colaborador de “TNT Radiorock” .
En EEUU, formó parte de Meteoro.com (Ruth Infarinato, MTV).
Ha sido referencia y fuente bibliográfica en diversos libros y publicaciones referidas al rock, la música popular y la fusión musical en Uruguay, Argentina, Chile y España.
Diseñador gráfico e ilustrador, Técnico en Infraestructuras, estudiante avanzado de la Licenciatura de Historia (UDELAR) y especialización en Historia del Arte.
Colaborador y presentador honorario del concurso “Metal Battle for Wacken” desde 2013. Desde marzo de 2019, conduce “El Factor S” en Uruguay (45 RPM Radio),  Argentina (Metal Argentum Radio), EEUU (ISKC Group Radio) y España (TNT Radiorock).