Otra de las facetas de Redes Comunicantes es buscar o investigar sonoridades nuevas, o mixturas interesantes, y en muchos casos, poco conocidas. En ese proceso de investigación me encontré con una tapa de un disco muy llamativa. En la misma un rostro que flota en el cielo nocturno se deshace en un grito y de él se puede ver salir una especie de ser lovecraftiano que a su vez, escupe cuerpos de seres humanos que caen dentro de un barco antiguo, de velas, que la está pasando mal en un mar embravecido. Todo dominado por tonos de verdes y azules iluminados por lo que parece ser una luna amarillenta.

Sentado frente a mi laptop, mientras escribo y trabajo en diferentes proyectos, estoy escuchando el último disco de Godspeed You! Black Emperor: G d’s Pee At States End! Editado el 30 de marzo de 2021 (si gustan, los invito a escucharlo mientras leen la nota, es bastante complementario). Cuatro temas, dos de ellos rondando los siete minutos y los otros dos rondando los veintiún minutos. Sonido instrumental potente, experimental, arriesgado, con dosis de hermosas melodías y con muy buen gusto.

El mundo de las discográficas ha sido desde siempre un mundo complejo. Desde sellos pequeños llevados adelante por entusiastas de la música, a grandes corporaciones que monopolizan el mercado a través de variadas maneras. Es un universo amplio, diverso; una industria cultural imprescindible y, a la vez, un lugar de claroscuros, con proyectos y personas valiosas, y donde conviven también seres oscuros, interesados sólo en ganar más y más dinero, usando y abusando de los artistas y de su talento hasta límites realmente increíbles.

Para quienes estamos muy vinculados a la música, así como para quienes están vinculados a las artes, estamos en una suerte de cárcel de espacio tiempo. ¿Acaso seremos los dioses Ogdru Jahad para algunos? (Te invito a ver la primera película de Hellboy para enterarte de quiénes eran los Ogdru Jahad). Tiempos donde no hay restricciones para comprar. Se puede entrar a los shoppings y las actividades comerciales que son el faro que marca la navegación de los capitanes temporales de nuestro barco.

Era invierno de 1989 y Gerardo Michelín, en el informativo de Canal 4, anunciaba la separación de Los Estómagos. Ese mismo día había comprado los pasajes para ir a Buenos Aires a ver, por primera vez, a Todos Tus Muertos. Vaya manera de amargar un viaje. Esta vez, mis compañeros de ruta eran Fernando y George de la banda punk Libertad Condicional. Para mí significaba regresar, dos años después, “al barrio posta” (como lo había definido un improvisado y calvo guía turístico), dado que el show sería en San Telmo. Justamente, el local del Parakultural había sido el centro de atención en aquella recorrida, por esa pequeña zona de la capital bonaerense, que disfrutamos gracias a la generosidad de Luca Prodan.

Una de las grandes aventuras que viví con mi gran amigo Pablito “El New Wave” (Q.E.P.D.), se dio el fin de semana del 4 y 5 de julio de 1987 en Buenos Aires. Ese año, gracias a mi vecino del edificio Julio César y al permiso del menor, Cacciola mediante, disfruté varios shows del otro lado del charco. Había inaugurado el “método”, en febrero, con la primera visita de Ramones a Obras (único recital, en suelo argento, con Dee-Dee en el bajo).

Hoy en Redes Comunicantes cambiamos el estilo y el enfoque. Dejamos el vínculo con el cómic, nos venimos para nuestros pagos y nos acercamos a una banda uruguaya en formato entrevista. Se llaman Ontario, se formaron en 2012 y editaron dos álbumes entre 2013 y 2016. En ese período la banda tuvo variaciones en su formación. Pasaron de cuarteto a trío con la ausencia de uno de sus integrantes. Luego de estos trabajos la formación vuelve a cambiar, dos integrantes permanecen y se suman a ellos dos nuevos y en 2018 aparece su primer trabajo directamente vinculado a la música instrumental y el post rock: Típico, es el nombre del disco.