Hoy en Redes Comunicantes empezamos un espacio diferente. Un espacio dedicado a comentar libros de rock. Creo que todo buen escucha o cultor del rock merece estar bien informado. Una canción, un disco, la obra de un artista o una banda, tiene un contexto y habitualmente una buena historia detrás, que nos permite dimensionar en su justa medida el valor de este trabajo. En estos momentos hay una gran diversidad de libros dedicados a la música rock que son excelentes y aportan un montón de información que acompaña y enriquece la comprensión y el disfrute de casi todo lo que uno elige escuchar. Muchos de estos libros son además una mirada social o histórica sobre un tiempo y un lugar.

A partir del «hype» que ha traído la mini serie «Pistol» realizada por Disney… (sí, Disney, baluarte de la familia y los buenos valores, contando una historia sobre el punk) hoy quería contar sobre una historia que apenas es un detalle en esa serie e involucra a quien (seguro sin saberlo) fue el disparador de toda esta historia.

En la tierra natal de Gandhi se cocina hace tiempo un coctel muy peligroso. Sus ingredientes: Música Pop, Bollywood, Integrismo Hindú, Xenofobia y Violencia. En YouTube a veces, durante sus espacios publicitarios, aparecen cantantes hindúes o canciones hindúes que nos pueden parecer simpáticas y exóticas por nuestro desconocimiento del idioma y las costumbres. Pero bajo ese manto pop hay algo más oscuro. He aquí su historia.

Hace unos días salí del cine después de ver al Dr. Strange en su última película y, sin lugar a dudas, uno de los personajes más relevantes y del que no pude despegarme fue su música: épica, mágica, divertida, llena de guiños y mucho rock. Sabía que eso podía suceder, porque el compositor de la banda sonora era Danny Elfman, toda una garantía. Y un personaje en sí mismo, digno de pasar por el espacio de Redes Comunicantes.

Sobrevivir a 40 días de un criminal lockdown británico, en la más absoluta soledad, sería imposible sin música. Quizás, podría empezar por los ojos más lindos que haya conocido, recibiendo, de mis manos, ese disco de Dylan o por las noches de lluvia enlutando un Soho desierto. Son las cosas más simples las únicas capaces de salvar una vida. Esas que nos pertenecen a todos. Sólo hace falta observar con detenimiento, sin prisa. La parafernalia estorba, sobre todo cuando los recuerdos se transforman en tu prisión.

Volvemos con Redes Comunicantes y las listas. La década de los ’80 explora caminos experimentales diferentes a los generados la década anterior y los discos conceptuales, salvo honrosas excepciones que abarcan desde Bruce Springteen a Marillion, dejan de estar presentes. La década del noventa regresará con nuevos bríos a ese formato de obra conceptual desde diferentes lugares. Entramos en la segunda parte de la lista de mis discos conceptuales favoritos (por orden cronológico).