“Tengo los zapatos rotos de tanto caminar, que rebajen el boleto para poder estudiar” sonaba de fondo cuando Marchese, desde el piso, se aferró a uno de los estribos logrando que el granadero, junto a su sable, cayera sobre la nariz aguileña de “Iron Maiden”, provocando una catarata de sangre que salpicó a una veintena de manifestantes. De esta manera, los tres huevos de Marchese le habían salvado el pellejo a la rubia de 5to Humanístico que tanto le gustaba.
Corazones Rojos
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