Sentado frente a mi laptop, mientras escribo y trabajo en diferentes proyectos, estoy escuchando el último disco de Godspeed You! Black Emperor: G d’s Pee At States End! Editado el 30 de marzo de 2021 (si gustan, los invito a escucharlo mientras leen la nota, es bastante complementario). Cuatro temas, dos de ellos rondando los siete minutos y los otros dos rondando los veintiún minutos. Sonido instrumental potente, experimental, arriesgado, con dosis de hermosas melodías y con muy buen gusto.

Metallica, para celebrar en este 2021 el trigésimo aniversario de su Black Album, decidió lanzar una reedición remasterizada de ese emblemático disco y otra placa repleta de versiones de la totalidad de las 12 canciones que posee el disco original, con la participación de más de medio centenar de artistas. Ambas ediciones saldrán a la luz el próximo día 10 de setiembre bajo el sello propio de la banda, Blackened Recordings.

El mundo de las discográficas ha sido desde siempre un mundo complejo. Desde sellos pequeños llevados adelante por entusiastas de la música, a grandes corporaciones que monopolizan el mercado a través de variadas maneras. Es un universo amplio, diverso; una industria cultural imprescindible y, a la vez, un lugar de claroscuros, con proyectos y personas valiosas, y donde conviven también seres oscuros, interesados sólo en ganar más y más dinero, usando y abusando de los artistas y de su talento hasta límites realmente increíbles.

Para quienes estamos muy vinculados a la música, así como para quienes están vinculados a las artes, estamos en una suerte de cárcel de espacio tiempo. ¿Acaso seremos los dioses Ogdru Jahad para algunos? (Te invito a ver la primera película de Hellboy para enterarte de quiénes eran los Ogdru Jahad). Tiempos donde no hay restricciones para comprar. Se puede entrar a los shoppings y las actividades comerciales que son el faro que marca la navegación de los capitanes temporales de nuestro barco.

Era invierno de 1989 y Gerardo Michelín, en el informativo de Canal 4, anunciaba la separación de Los Estómagos. Ese mismo día había comprado los pasajes para ir a Buenos Aires a ver, por primera vez, a Todos Tus Muertos. Vaya manera de amargar un viaje. Esta vez, mis compañeros de ruta eran Fernando y George de la banda punk Libertad Condicional. Para mí significaba regresar, dos años después, “al barrio posta” (como lo había definido un improvisado y calvo guía turístico), dado que el show sería en San Telmo. Justamente, el local del Parakultural había sido el centro de atención en aquella recorrida, por esa pequeña zona de la capital bonaerense, que disfrutamos gracias a la generosidad de Luca Prodan.