Durante un año, la muestra fotográfica de Los Estómagos llevada a cabo por Marcel Loustau, rindió un merecido homenaje a la banda. Con lo que nos cuesta hacer reconocimientos a los uruguayos y sobre todo a quienes aún están entre nosotros, esta muestra sirvió en muchos sentidos, pero fundamentalmente para poner las cosas en su sitio. Porque más allá de los gustos personales, la importancia de Los Estómagos en la música rock de los ’80, es innegable.

Hoy en Redes Comunicantes empezamos un espacio diferente. Un espacio dedicado a comentar libros de rock. Creo que todo buen escucha o cultor del rock merece estar bien informado. Una canción, un disco, la obra de un artista o una banda, tiene un contexto y habitualmente una buena historia detrás, que nos permite dimensionar en su justa medida el valor de este trabajo. En estos momentos hay una gran diversidad de libros dedicados a la música rock que son excelentes y aportan un montón de información que acompaña y enriquece la comprensión y el disfrute de casi todo lo que uno elige escuchar. Muchos de estos libros son además una mirada social o histórica sobre un tiempo y un lugar.

Es que créanme que Alan Sutton y Las Criaturitas de la Ansiedad son un cachetazo en la cara de frescura, picardía y concepto. Escucharlos se transforma también en un baño de realidad disfrazado de ironías que de una forma lúdica van entrando en tu subconsciente. Su música y el notable carisma que lo envuelve no son los únicos puntos altos de este gran compositor. También, en estas eras digitales, saber comunicar es una virtud y en eso Alan Sutton también se destaca. La forma en la que explica sus orígenes, la sutil manera en la que comparte cómo fueron creados sus discos, completan todo ese bagaje que trae consigo.

A partir del «hype» que ha traído la mini serie «Pistol» realizada por Disney… (sí, Disney, baluarte de la familia y los buenos valores, contando una historia sobre el punk) hoy quería contar sobre una historia que apenas es un detalle en esa serie e involucra a quien (seguro sin saberlo) fue el disparador de toda esta historia.

En la tierra natal de Gandhi se cocina hace tiempo un coctel muy peligroso. Sus ingredientes: Música Pop, Bollywood, Integrismo Hindú, Xenofobia y Violencia. En YouTube a veces, durante sus espacios publicitarios, aparecen cantantes hindúes o canciones hindúes que nos pueden parecer simpáticas y exóticas por nuestro desconocimiento del idioma y las costumbres. Pero bajo ese manto pop hay algo más oscuro. He aquí su historia.

Hace unos días salí del cine después de ver al Dr. Strange en su última película y, sin lugar a dudas, uno de los personajes más relevantes y del que no pude despegarme fue su música: épica, mágica, divertida, llena de guiños y mucho rock. Sabía que eso podía suceder, porque el compositor de la banda sonora era Danny Elfman, toda una garantía. Y un personaje en sí mismo, digno de pasar por el espacio de Redes Comunicantes.

Sobrevivir a 40 días de un criminal lockdown británico, en la más absoluta soledad, sería imposible sin música. Quizás, podría empezar por los ojos más lindos que haya conocido, recibiendo, de mis manos, ese disco de Dylan o por las noches de lluvia enlutando un Soho desierto. Son las cosas más simples las únicas capaces de salvar una vida. Esas que nos pertenecen a todos. Sólo hace falta observar con detenimiento, sin prisa. La parafernalia estorba, sobre todo cuando los recuerdos se transforman en tu prisión.