En la oportunidad de hoy deseamos contarles que se ha conformado un ocasional cuarteto integrado por nuestro querido anfitrión, Corey Taylor, a quien se le han sumado Lizzy Hale, Scott Ian y Dave Lombardo. Rápidamente nos damos cuenta que algo bueno debe salir de este mix de músicos, porque combinar el hard rock de Halestorm, con el metal de Slipknot y Stone Sour, más el heavy de Anthrax y el thrash de Slayer, no será algo sino explosivo lo mínimo que logremos obtener.

Punk rock proveniente de Colombia, traído directamente por la banda LAPM. Velocidad y rock directo son su carta de presentación a través de Laberinto, su nuevo disco. Compruébenlo.

Detrás de un gran disco, hay una gran historia, ¡y nosotros te la contamos sin filtros!

Contestatario, desafiante, incendiario, polémico y definitivamente un mojón de la historia del rock. Con Rust Never Sleeps (1979) el canadiense Neil Young llegó al Olimpo artístico consagrándose como autor inmortal. Es que el impacto del cantante, guitarrista y experimentador se venía sintiendo fuerte desde mediados de los ’60 y a través de los ’70, pasando por momentos indelebles con bandas como Buffalo Springfield, los Crosby, Stills y Nash o su fructífera  etapa solista. After the Gold Rush (1970), Harvest (1971) o Tonight’s the Night (1975) lo pueden comprobar.

El de Osvaldo Fattoruso fue el último rockportaje que realizáramos para el ciclo de nuestra revista en formato under impreso. Por su posición y características, Osvaldo no era representante del rock uruguayo concebido éste en el más estricto margen del concepto, pero sus credenciales como integrante de Los Shakers en la década del ’60 fueron motivo suficiente para darnos el gusto de entrevistarlo. A continuación leerán una breve recorrida de su carrera y su opinión sobre el rock uruguayo en general y el actual de ese momento, en setiembre de 1990.

El sorteo para elegir los servicios de salud donde realizar el Internado de la Licenciatura en Fisioterapia me permitió elegir en primer lugar. Ya lo tenía decidido hacía tiempo, por una cuestión de cercanía, así que cuando el bolillero me nombró, grité: «Instituto Nacional de Oncología», causando risas en el resto de mi generación de estudios. Nadie quería ir ahí, de hecho fui el único fisioterapeuta en marcar tarjeta en dicho centro, lo cual tenía sus ventajas.