The Vultures: Antes De Los Estómagos

Antes de la existencia de Los Estómagos, banda ícono del rock uruguayo post dictadura, hubo antecedentes musicales para algunos de sus integrantes. Gustavo Parodi en guitarra y el Hueso Fabián Hernández en teclados (guitarra y bajo de Los Estómagos posteriormente) estuvieron juntos haciendo música bajo el nombre de The Vultures. Inicialmente acompañados por Esteban Lafargue en batería y Pablo Peluffo en bajo, comenzarían a escribir el despegue del rock nacional con la actuación de The Vultures en el Concurso de Conjuntos de Música Pop, conocido también como Pop Concert, realizado en el Teatro Millington Drake del Instituto Cultural Anglo Uruguayo circa setiembre de 1981.

Después de este toque, Pablo abandonaría la banda, siendo sustituido por Clayton Markle, y finalmente, con la partida de este último, Hernández pasaría al bajo, antes de que Lafargue también abandonara la nave. El dúo ParodiHernández continuaría sus aventuras y poco después darían nacimiento a Los Estómagos. Ese toque en el Anglo afirmaría al dúo en su búsqueda para poder conformar una banda para hacer su música. Es en ese mismo toque que se les presenta Gonzalo López, el Gonchi, futuro representante de Los Estómagos, lo cual representaba un gran paso para lo que sería la banda y cómo se desenvolverían.

Luego la historia continuó de diversas formas para los otros tres integrantes de The Vultures: Lafargue siguió tocando música más afín a sus gustos y lo hace actualmente con El Asilo De La Bestia, Pablo Peluffo abandonó definitivamente la música para dar paso a sus estudios, y Markle, como era un estudiante de intercambio que venía de Estados Unidos, volvió a su país. De todo esto, han pasado 45 años, y quiso la vida y un casual encuentro entre Lafargue y Markle que los cinco integrantes de The Vultures se volvieran a encontrar y a juntar a principios de mayo de 2026.

En la reunión, más allá de los recuerdos que surgieron, es de destacar que tres de ellos –Parodi, el Hueso y el Cabeza- están en plena actividad musical con sus bandas: Buitres y Los Chanchos Salvajes, El Niño Descalzo y El Asilo De La Bestia, respectivamente. No fueron sólo remembranzas de tiempos pasados, era el recuerdo de unos inicios que han tenido una continuidad hasta la actualidad. Para Markle era un encuentro especial en sus habituales regresos a Uruguay, país que le brinda emociones que no encuentra en su Norteamérica natal, mientras que Peluffo siguió en contacto especialmente con Parodi, de quien es amigo hasta la actualidad.

La historia de The Vultures tiene otros ribetes y daría para profundizar en ella, pero no es el cometido de este artículo. Aquí lo que podrán leer es un reportaje súper especial y exclusivo con los cinco músicos que integraron la banda en algún momento. Recordemos nuevamente que esta experiencia de The Vultures y los elementos que la rodearon, fue la preparación para la formación de Los Estómagos, y por ende, el despegue del rock nacional de los ’80. Ni más ni menos.

SR: ¿Por qué juntarse a hacer rock hace 45 años atrás?

Calyton: Porque me invitaron (risas).

Pablo: Fue una cuestión de diversión de la época. Al Gordo le gustaba la música y a nosotros un conjunto nos parecía algo fantástico. No teníamos mucha idea de lo que significaba pero pensamos que era algo divertido, medio novedoso. No sé si pensábamos que íbamos a ligar en pila por tener un conjunto (risas).

Fabián: Sí, fue eso.

Parodi: Es un poco el espíritu de porqué uno hace una banda, pero fueron una cantidad de factores.

Fabián: Es algo que nos resultaba atractivo, motivador, conseguir mujeres y estar en un escenario. A mí me pasó que cuando tenía 5 años, vi una banda de cerca y quedé como loco, y después siempre quise subirme a un escenario a tocar. Se dio que Gustavo fue el alma del cuadro. Pablo, que era compañero de clase mío en el Liceo Brause en Pando, me presenta a Gustavo…

Gustavo: En la piscinita del liceo.

Fabián: Gustavo tenía algún antecedente de juntarse con gente para tocar. Era el que movía la pelota y el que un poco nos orientaba a todos los demás en ese sentido. En el caso de Esteban ya también tenía su trayectoria, además de tener algún año más y una fuerte vocación. Pero Gustavo era como el alma del cuadro y el que nos orientó.

Gustavo:  Creo que este tipo de cosas nunca las logra una persona sola, sino un conjunto de personas. Creo que todos tenemos la misma importancia. Las bandas son bandas porque son un grupo de personas. De repente, la razón por la cual Pablo me presenta al Hueso era porque yo estaba buscando gente con la cual pudiera tocar, hacer cosas. Lo mismo tenías que sentir vos, Hueso. Ahora, la razón por la cual yo tocaba y hacía cosas era porque el Cabeza un día va a mi casa y me dice: «Vos tenés que tocar». Hay personas que empujan a los demás a hacer cosas, y si no fuera por él, capaz que yo seguía tocando sentado en la cama. Eso aprendí ahora, a decirle a los gurises que salgan del cuarto. Les digo: «Júntense con gente y vayan a tocar». El Cabeza iba a mi casa, se sentaba con la lata y el platillo y tocábamos.

Esteban: Eso fue con Los Leapers (NR: Los Leapers fue la banda anterior a The Vultures, conformada por Parodi, Lafargue, Sergio Gandini y Andrés Chiesa). ¿Qué año era?

Gustavo: Allá por el ’78.

Pablo: En esa época, tener una banda era lo máximo.

Gustavo: Era tremendo.

Pablo: Pensabas que ibas a ser un Rolling Stone o un Kiss.

Gustavo: Y a las chicas les gustaban las guitarras, las canciones y la gente que cantaba y tocaba.

Calyton: A mí me encantaba ser parte de un conjunto, crear algo juntos. Era eso que me llamaba la atención. Salir de estar practicando en el dormitorio. Yo tocaba algo con mis amigos, pero no tenía a nadie que me guiara, que fue lo que hizo Gustavo.

Gustavo: Está bueno cuando uno toca su respectivo instrumento en su casa. La primera vez que te juntás con gente y durante 40 segundos se toca algo que está bueno, eso no te lo paga nadie. Es la sensación de decir “formo parte de algo, esto está funcionando”.

Clayton: Eso es en gran parte por lo que siempre me ha gustado esto. Mi padre tocaba varias cosas y cantaba en el auto. De jóvenes cantábamos todos y me encantó siempre.

Gustavo: Y tuviste que llegar a Pando para ponerte a tocar (risas).

Clayton: Con mis amigos queríamos tocar todos, pero no teníamos a nadie que realmente pudiera tocar. Entonces acá estaba Gustavo, que podía tocar y me enseñó.

Pablo: Pasa que nosotros estábamos en una época en que vivíamos sin preocupaciones. Íbamos al liceo y a divertirnos, lo único que pensábamos era en el fin de semana, salir, ir al baile, pasar bien. Era la única preocupación nuestra. Cuando el Gordo dijo la idea de armar un conjunto, nos pareció lo mejor del mundo. Ya nos sentimos que íbamos a ser unas estrellas.

Gustavo: Es que eso es el gran secreto de cuando alguien arma algo: nosotros tenemos que ser los mejores del mundo, somos los mejores del mundo, porque es la verdad. Es lo que a vos te pasa por la cabeza.

Pablo: Nos parecía que se iba a hacer realidad ese sueño y nos metimos en eso.

Gustavo: Hay que creerse las cosas. Es importante.

SR: Eso como motivación inicial está bueno, fue un motor importante. Ahora, una vez que tienen los primeros toques se habrán dado cuenta que tampoco era tan fácil. Entonces quizás la motivación ya cambia, ¿no?

Pablo: Yo toqué una sola vez en público que fue en el Anglo. Después de ese primer momento, lo que pasó fue todo mejor, porque creo que nunca hubo esa cabeza de que iba a ser más difícil, al contrario, la cabeza era que cada vez estaba más bueno. De habernos imaginado en aquel momento de ir a tocar, empezar a ir a ensayar y el Gordo a hacer las canciones, luego íbamos a lo de Fabián en Empalme Olmos los sábados de tarde y también era flor de diversión. Iban todos los amigos, hacíamos ruido, nos vestíamos medio estrafalarios para la época; nos sentíamos semidioses. Y después, llegar a un escenario como nos pasó, fue lo máximo en ese momento. Estar con otras bandas y nosotros ahí arriba, y la gente nos aplaudía. Nunca pensamos que iba a ser más difícil, al contrario. Cada paso estaba mejor que el anterior.

Gustavo: También era un poco el sueño del pibe, de algo que en ese mundo en el que vivíamos, ser adolescente y tener un grupo de rock, era algo que no podía ser.

Pablo: Era plena dictadura.

Gustavo: No podía existir tener un grupo de rock, estaba mal. Creo que cuando se enteraron nuestros viejos habrán dicho: «Bueno, es una jodita del momento, ya se les va a pasar”. Pero hay que ver que cuando vos sentís la pasión por algo y te gusta, es lo más grande que te puede pasar. Agarrarte un fin de semana o lo que sea, y juntarte con tus amigos a tocar música o lo que fuera, porque era hacer ruido…

Pablo: Y que todavía nos trajeran pasteles…

Gustavo: Venía la vieja del Hueso con la bandeja con Vascolet, bizcochos y pasteles. Incluso hay grabaciones donde estábamos tocando una canción y de repente dejamos de tocar y se escucha: “Llegó la comida”, porque llegaba la vieja del Hueso con la bandeja. Creo que las cosas se hacen entre muchos, es fundamental. Todo el mundo aporta cosas, y siempre hay alguien que es el que mueve primero el engranaje y engancha al otro, al otro y al otro. Entonces, cuando todo está funcionando, es cuando las cosas se ponen buenas. Si hay dos personas que a mí me empujaron a hacer música fueron el Cabeza y mi primo Eduardo, que era el que me mostraba los discos de rock y me decía que me tenía que comprar una guitarra eléctrica. Son las personas que te daban la manija y te decían: «Largate”. Eso es lo que después uno trataba de hacer. A uno le había funcionado y ese empujón le gustaba mucho, entonces yo quería empujar a los demás para que les causara el mismo efecto.

Pablo: En su momento teníamos mucha adrenalina.

Gustavo: Sí, claro que sí.

SR: ¿Y qué creían o qué visualizaban que podría llegar a pasar en ese momento con la banda?

Fabián: Lo que esperábamos era que la banda tuviera éxito. De alguna manera, era medio inexplicable, porque la infraestructura no existía, no teníamos equipos, los instrumentos eran una porquería, no había movida de rock en ese momento. Pero nosotros siempre teníamos en la mira que nos fuera bien. Y en todos los intentos previos que hicimos pusimos todas las ganas, pusimos todo lo que teníamos, lo mejor de nosotros y después seguimos.

Gustavo: Hasta que empezamos a hacer canciones y en determinado momento descubrimos por la tele de que había estudios de grabación. Porque nosotros tampoco sabíamos cómo funcionaba todo hasta que un día en una publicidad de los programas de música de Carbone, aparece un estudio de grabación, que era IFU. Me acuerdo que nos juntamos y les digo: «Hay un estudio así y asá, donde se graba”. Al día siguiente fui a averiguar y pregunté cuánto salían las horas y cuántas necesitábamos para grabar tres canciones. «Tres o cuatro horas está bien», me dicen. Ensayamos las tres canciones y nos fuimos a grabar. Fue muy poco tiempo. Grabamos todos por línea. Me acuerdo que estábamos tocando las canciones y los tipos se miraban. Estaba el Flaco Iglesias, que era el que grababa, y creo que estaba Pippo Spera, y se miraban como diciendo, ¿qué están haciendo estos tipos? Y nosotros estábamos re felices.

Pablo: Lo que pasa es que las canciones eran muy disruptivas. Me acuerdo que cuando tocamos en el Anglo, luego nos hicieron una entrevista y dijimos que tocábamos música punk. Como que no sabían mucho. Y después de tocar venía un presentador y hacía pasar a uno, y todo dijimos que fuera Gustavo, que era el que conocía.

Gustavo: A Pablo lo empujamos.

Pablo: Vos no te animaste, estabas medio tímido, y me dijeron: «Andá vos, Pablo», y me empujaron (risas). Yo quedé arriba del escenario con un presentador y con gente que aplaudía. No entendía nada, y me acuerdo que el loco lo primero que me dice es: «Che, qué buena música este estilo punk. Contame un poco qué es. No lo conozco”. Y yo le digo: «Yo tampoco lo conozco» (risas). Yo sabía hacer lo que me decía el Gordo. Era una música que tampoco se conocía mucho ni se entendía. Acuérdense que lo que más había eran esos conjuntos que hacían covers, música bailable.

Fabián: Yo no me acuerdo de lo que dijiste, pero me acuerdo de la actitud tuya. Estuvo buena.

Gustavo: Era como un comediante sin querer.

Fabián: Encaraste muy en serio y un poco sobrando. Tuviste una actitud punk, espontánea.

Pablo: Pero no sabíamos lo que era ser punk tampoco.

SR: ¿Qué importancia creen que tuvo The Vultures en lo que se desarrollaría después como rock nacional?

Gustavo: Fue importantísimo. Todo eso fue semilla de lo que después fueron Los Estómagos, sin duda alguna. Lo que pasó es que nosotros teníamos una especie de percepción de que eso que nosotros grabamos -que se repartió por todo el pueblo; nuestros amigos y primos tenían esa grabación- y nos dábamos cuenta de que a todo el mundo le gustaba. A los tipos de nuestra edad y para abajo, les llamaba la atención, les gustaba, lo escuchaban y se lo pasaban. Entonces decíamos que definitivamente había un campo de gente a la que le gustaba. Por supuesto que si lo ibas a llevar una radio, te lo iban a tirar por la cabeza. Pero cuando vos se lo mostrabas a tus amigos, les gustaba. Entonces fue como “qué bueno, esto está bárbaro”. Pero no pasaba nada porque nadie te iba a contratar ni nada por el estilo. Era una cosa de boca en boca.

Calyton: Yo después no me enteré nada de lo que pasó porque me fui en enero de 1982. Me fui y no supe nada más porque perdí contacto. Pero viendo lo que están diciendo ahora sobre lo que pasó, sin esto, Gustavo no seguiría. Tuvieron éxito y eso habilitó el próximo paso.

Gustavo: Me acuerdo que ese verano del ’82 en Costa Azul, todo el mundo tenía esa canción que salió de la cinta que grabamos en IFU. La grabación fue hecha cuando Pablo se había ido de la banda y tocaba Clayton en su lugar. A todo el mundo le gustaba, entonces pensábamos que tan mal no estaba.

Pablo: Eran canciones muy locas para esa época. Llamaba la atención que nos hubiéramos animado a tocar haciendo eso. Lo de Los Vultures fue muy corto, realmente. Pero como yo después con el tiempo me di cuenta y lo interpreto, también era un momento del país muy importante, porque Uruguay estaba saliendo de la dictadura. Entonces, este tipo de libres expresiones donde subieran jóvenes a un escenario vestido con pantalones rotos…

Gustavo: Faltaban cuatro años para que se fuera la dictadura.

Pablo: Los conjuntos que hacían canciones tenían que mandar las letras para que las revisaran antes de tocarlas. Que viniera un conjunto que hacía ruido, que no seguía los patrones de la época, a todo el mundo le llamaba la atención. Creo que esa combinación de la música y del momento, y en particular para los integrantes que siguieron con el conjunto, ese pasaje de la idea inicial de “vamos a hacer algo para divertirnos”, al ver que funcionó, se dieron cuenta que había que seguir, hacer un esfuerzo para que se fuera para arriba. Creo que eso es lo que se ata después con el resto de los conjuntos, sobre todo con Los Estómagos, que fue el conjunto que creció, que tenía popularidad y se consolida. Ese salto inicial fueron Los Vultures. Por su lado, el Gordo tenía algo natural con la música y hubiera terminado tocando, de cualquier manera.

Gustavo: Siempre depende de encontrarse con la gente indicada.

Pablo: Se juntó con Fabián, con el Cabeza, y después siguió. Si no hubieran estado Los Vultures, capaz que Fabián y el Gordo no hubieran tocado más juntos.

Gustavo: ¿Cuánta gente habría que capaz que tenía las mismas inquietudes que nosotros y que nos perdimos porque simplemente no se daba? Siempre pienso eso. Nosotros pensamos que éramos los únicos, pero ¿cuánta gente debe haber andado por ahí en ese momento que capaz que tenía las mismas inquietudes y no encontraba con quién o no se animaba? La prueba está que cuando salen Los Estómagos, no pasaron más que seis o siete meses que empezaron a aparecer bandas. Había gente, sin duda alguna, que tenía en la cabeza la idea de hacer cosas. Yo creo que a nosotros nos tiró para adelante el hecho de saber que había una cantidad de gente que le gustaba eso. No era que todo el mundo dijera “eso es una porquería”, sino que les llamó la atención. Yo me acuerdo de mi tío Richard en Costa Azul poniendo el casetero con la canción y diciéndonos que teníamos que llevárselo a la radio.

Clayton: Eso mismo, no era sólo a la juventud que le gustaba.

Pablo: En esa época mis viejos se habían ido de viaje un par de meses a Europa, entonces nos habíamos quedado en mi casa con mi abuela y mis bisabuelos, don Gabino y doña Elvira. En ese momento nosotros llegamos a ensayar alguna vez en el garaje de casa. Un ruido era eso… terrible. Y me acuerdo siempre de mi bisabuelo apareciendo con un andador que tenía, y le decía a mi abuela: “Che, qué lindo que suenan los muchachos» (risas). Y era un ruido ahí adentro que ni nosotros lo soportábamos.

Gustavo: Uno se tiene que sentir muy afortunado cuando consigue las otras piezas de la banda.

Fabián: Yo siempre fui partidario de hacer cosas solo.

Gustavo: Yo creo que el hecho de compartir las cosas, definitivamente tiene su qué ver.

Fabián: En cuanto a tu pregunta, después que subís al escenario, comprobás ciertas cosas. El escenario tiene una exigencia máxima. Ahí es la hora de la verdad, cuando vos estás frente al público en el escenario es cuando verdaderamente se demuestra si estás capacitado para hacerlo, si podés superar el momento. Siempre en la primera subida a un escenario, más allá de que nos podía salvar un poco la inconsciencia y las ganas por la edad, te enfrentás a un desafío. No más cómo te responde el cuerpo y tocar el instrumento con la gente ahí.

Gustavo: Y lo mismo sigue pasando hasta ahora.

Fabián: Yo el otro día debuté con esta banda nueva y fue otra vez lo mismo.

Gustavo: Creo que ese es el encanto, también.

Fabián: Claro, es un desafío siempre. Con Los Vultures creo que no anduve mal en el teclado. Tocaba mucho en esa época en mi casa, no era complicado. Pero por ejemplo, en el primer toque de Estómagos en el centro de Protección de Choferes en el ’83, toqué una canción y los dedos ya no me respondían. No sabía qué iba a hacer en la segunda canción (risas). Después fui aflojando y pude tocar las demás. El escenario siempre es un desafío y es la hora de la verdad.

Gustavo: Todo el tiempo y toda la vida, me parece.

Pablo: Pero ahora no para vos.

Gustavo: No, no tiene nada que ver. Es algo que tiene como cierta responsabilidad..

Pablo: Sin duda, pero ahora vos sos un artista que está consolidado, conocés las cosas, ya sabés lo que puede pasar.

Gustavo: Puede ser, ponele que con los Buitres, pero con Los Chanchos, no. Ahí tengo que salir a darme contra la pared todo el tiempo. Entonces, me sigue dando la misma sensación que me daba al principio. Por eso está bueno; por eso capaz que uno necesita todo ese tipo de cosas, todo el tiempo ese pincho, ese miedo.

Fabián: Es una adrenalina.

Gustavo: Yo creo que sí. Y después de que pasa, te sentís maravillosamente bien. Es muy importante. Pero para mí las piezas del engranaje son muy importantes. Es tan importante el Cabeza que me empujó a tocar, como Pablo que me presentó al Hueso. Y después apareció Clayton y por suerte terminamos grabando algo, y él quedó en la prehistoria de todo esto.

Clayton: Sin saber lo que iba a pasar. Para mí fue un regalo, porque ese día era mi cumpleaños. Nunca tuve otra experiencia así.

SR: Pablo, vos abandonaste por temas de estudio, ¿no?

Pablo: Sí, por temas de estudio, pero también porque me di cuenta que la música no era lo mío. Arrancamos como una diversión, pero yo no tenía una pasión por la música. Tanto el Gordo como el Cabeza y el Hueso son apasionados. Yo era el único que estaba haciendo ruido ahí. Lo mejor que le pasó el conjunto fue que lo abandoné (risas).

Gustavo: No nos quiso arruinar la carrera (risas). Pero tanto Pablo como Clayton fueron parte para que eso rodara. A lo que voy, es muy importante que alguien se anime a hacer las cosas.

Calyton: Muchas veces vas experimentando las cosas a ver qué funciona y qué no. A veces la vida te lo decide.

SR: Clayton, vos ya estabas nominado a entrar a The Vultures por el sólo hecho de tener un bajo y saber tocarlo.

Clayton: Siempre me encantó el bajo. Mi padre y mis hermanos tocan varios instrumentos de folclore americano, por lo que me crié con la música y cantando, con ese sentido de crear algo juntos. Para mí lo máximo que podía esperar era subir a un escenario. Cuando me fui del país vendí el bajo y luego compré otro y seguí estudiando y tocando en la universidad con unos compañeros que me ayudaron a aprender un poco más. Pero después la vida me llevó por delante y no volví a estudiar música.

Gustavo: Clayton vuelve a Estados Unidos cuando se le termina la beca. Cuando nosotros vimos que podíamos hacer cosas, nos dimos cuenta de que esto iba en serio. Y como Clayton se había ido y luego se fue el Cabeza, pasamos casi un año buscando nuevos compinches. Era muy difícil.

Fabián: El año ’82 fue todo de búsqueda. Como no conseguimos bajista, me puse yo a tocar el bajo porque era más importante que el teclado.

Gustavo: Hubo un momento en que ensayábamos en el Club Solís y el Gonchi venía los sábados de tarde desde Montevideo y nos daba indicaciones, consejos y demás. Ahí fue cuando nosotros estábamos con toda esa historia de buscar gente. Me acuerdo que el Gonchi dijo: «Las bandas punk de verdad son un cantante, un guitarrista, un bajista y una batería.

SR: Esteban, vos abandonás la banda porque buscabas tocar otro estilo, ¿no?

Esteban: Me había empezado a gustar un poco más el metal más melódico.

SR: Al ser el único que también siguió tocando después de abandonar The Vultures, ¿cómo te impactó ver que luego la banda se iba a transformar en Los Estómagos?

Esteban: Y… ¿para qué habré dejado? (risas). Hasta el día de hoy todo el mundo me dice: “¡Qué cagada que te mandaste!, ¿cómo dejaste Los Vultures?”.

Gustavo: Lo que pasa es que a vos no te entusiasmaba mucho lo que hacíamos porque era muy raro. A vos te gustaba meter palos y nosotros no te dejábamos hacer cosas. Lo frenábamos mucho porque era de meter muchos rulos. Le mostrábamos música y decía: «No, eso no me gusta».

Fabián: Esteban como músico era bastante superior a todos nosotros.

Gustavo: Claro que sí.

Esteban: Ay, no.

Fabián: ¡Cómo no! Vamos a decirlo claramente.

Gustavo: Nosotros éramos unos principiantes.

Esteban: Al principio me encantaba lo que hacíamos, pero después como que no, me tiraba más el heavy metal o el metal más tranquilo.

SR: Y obviamente, para los que siguieron valió la pena.

Gustavo: Ni hablar. Es nuestra vida haber tocado música. Más allá de todo lo demás que uno tenga alrededor, el hecho de tirarse al agua, arrancar y hacer cosas, creo que es lo más lindo que nos puede pasar. Y siempre muy agradeciendo con la gente que te toca, te empuja y te ayuda a que pasen las cosas.

Fabián: Sí, totalmente.

Gustavo: “Qué bárbaro ese loco”, me pueden decir, pero ese loco es bárbaro porque pasaron una cantidad de cosas atrás y una cantidad de encuentros que hicieron que las cosas pasaran. Los amigos, por ejemplo. La barra de amigos de Pando, los amigos de Empalme del Hueso. O sea, todos empujaron e hicieron parte de un trabajo muy particular para que todo se llevara adelante.

Pablo: Motivar, también.

Gustavo: Exactamente.

Clayton: Pablo y yo entramos a un grupo con gente que eran apasionados, muy sabios, muy músicos, todo eso. En vez de ponerse como superiores diciendo que no podíamos tocar… porque yo siempre esperaba algo de rechazo (risas), pero me recibieron bien de bien. Esto me ha pasado varias veces en Uruguay, no sólo con ellos. Me recibieron, me aceptaron, supongo que igual con Pablo. Formamos parte de la familia, fuimos aceptados así nomás.

Pablo: Jamás dijeron: «Ustedes son unos perros», al contrario, siempre apoyando a cómo podíamos mejorar.

Clayton: Ellos tres, Gustavo, Fabián y Esteban, son esos que te apoyan.

Gustavo. Creo que es importantísimo darse para adelante, manejarse, empujarse. Creo que ese tipo de cosas es muy importante. Por eso es muy importante para mí que el Cabeza me haya empujado, porque si no yo no tenía quién me pinchara. Todo lo que tenía alrededor era gente que me daba para abajo.

SR: Esta reunión que están teniendo uds. cinco en este reencuentro con Clayton se da después de 45 años. ¿Qué significado tiene para uds?

Gustavo: Está buenísimo. Yo lo había visto a Clayton hace tres años, y está bárbaro todo esto. Cuando vos llegaste recién empezábamos a hablar un poco y a ubicarnos en el tiempo otra vez para ver en qué estaba cada uno.

Clayton: No estábamos hablando de música, estábamos hablando de nosotros, como gente de la vida y de qué ha pasado en estos 45 años.

Pablo: No quiero que suene mal, pero no es una reunión de amigos porque pasaron 45 años. Tenemos un pasado en común en un momento muy intenso. Después la mayoría seguimos la vida por nuestros caminos, no nos cruzamos. Clayton se fue y lo volvemos a ver después de 45 años.

Gustavo: Es una puesta a punto.

Clayton: Podemos ser amigos o podemos no serlo, pero compartimos un momento importante en la vida.

Pablo: Se trata de una reunión para recordar esos momentos.

Clayton: Para mí es descubrir qué ha pasado con toda esta gente.

Pablo: Es una reunión de descubrimiento. Con el Gordo tengo una amistad más cercana, pero al Cabeza hacía dos años que no lo veía. A Fabián lo vi hace poco, pero hacía como cuatro años que no lo veía. Por una cosa u otra, todos nos vamos separando, siguiendo nuestros caminos, pero tenemos aquello en común. Cuando el Gordo me dijo lo de la reunión de hoy, le dije que ni lo dudaba, porque me encantaba verlos a todos. Tengo muy lindos recuerdos de todo eso.

Fabián: Además, indiscutiblemente, ya se dijo: esa experiencia fue el inicio para lo que vino a pasar después, que tanto para Gustavo, para mí y para Esteban por su lado, fue el inicio de algo fundamental en mi vida, que fue todo lo que se dio después. Creo que era lo que buscábamos en ese momento, sin imaginar después cómo nos iba a ir. Y es maravilloso ahora estar con ellos que participaron del germen de algo.

Gustavo: Claro, porque hay una historia y una prehistoria.

Pablo: Si sería un momento loco que hasta pensamos que podíamos fabricar guitarras eléctricas. Llegamos a hacer dos guitarras.

Gustavo: Unas porquerías (risas).

 

Con la partida de Pablo Peluffo, Clayton Markle y Esteban Lafargue, The Vultures entra en ese período de búsqueda de compañeros de banda que se mencionó en el reportaje y que se extendería por todo el año 1982. Parodi y Hernández no cejarían en sus esfuerzos hasta que finalmente dan con un baterista, Gustavo Mariott, y un vocalista, Gabriel Peluffo, completando esa formación en febrero de 1983. En este proceso de búsqueda, The Vultures se transforman en Los Estómagos, que surgen oficialmente con ese nombre el día que deciden grabar un demo en la radio de Pando, el 1° de mayo de 1983. El resto, es parte de la historia fundamental del rock uruguayo.

Ariel Scarpa