¡Muy buenos días a todos! Hoy les voy a hablar de una de las bandas menos difundidas del rock uruguayo de la post dictadura en el país: ADN. Juan Berhau, Carlos Rafols y Martiniano Olivera fundaron este grupo, que tuvo una suerte dispar con respecto a otros conjuntos de la época. Fueron de los pocos que tomaron una actitud y una acción política puntual, incorporando esto tanto en el sonido, como en su actitud.

Bueno, supuestamente este artículo iba a salir antes del show. Luego «pensé» y todos van a comentar que hablo así porque son amigos… Preferí esperar hasta que encontré las palabras justas y además profundizando más en el tema de lo que representan que lo que fue el show. En la tinta de mi amigo Ernesto Sclavo y a quien pedí autorización, es que ahí va lo prometido y más:

El azar quiso que aquella tarde previa al fin de semana largo de Carnaval terminara atendiendo, en el primer piso de Impasa, a Mario Benedetti. Por ese entonces, me desempeñaba como fisioterapeuta de policlínica, pero ese día, debido a la falta de pacientes en la misma, la supervisora del servicio me asignó el tratamiento fisioterápico de Mario, a quien le estaban por dar el alta. Es en esa habitación que conozco a Ariel Silva, su fiel y eficiente secretario. Justamente, es por intermedio de Ariel que, años después, me hago cargo de la rehabilitación de Guillermo Chifflet, quien estaba limitado en sus movimientos. La debilidad muscular, consecuencia de una prótesis de cadera, su avanzada edad y sus 1,95 de altura, lo tenían aislado en un apartamento, lejos de su activa vida social.

Siempre hemos escuchado que “el blues y el rock deben de evolucionar”; ¿no es así? Hay quien busca un horizonte artístico nuevo, y hay también quien quiere que una manifestación de arte se preserve en el tiempo tan fiel a su original como sea posible. No cabe duda de que ambas actitudes y formas de crear o perpetuar diferentes estilos, son absolutamente válidas y respetables. Ninguno tiene más razón que el otro, ni vuela demasiado el primero, ni es un anticuado el segundo.

Original es la palabra que mejor define a Opa. No se trata de jazz, ni de candombe, ni de rock, es todo ello amalgamado de una manera sinérgica y armoniosa. La fusión de arreglos de jazz, de sintetizadores que dejan espacio para la respuesta de los tamboriles típicos del candombe, hacen de Opa algo diferente a todo lo hecho hasta ese momento.

Hoy, contando con vuestra paciencia, vuelvo a mezclarlo todo otra vez. En un artículo de hace no mucho tiempo, intentábamos la casi imposible tarea de obtener una mínima aproximación a lo que sería la cuota de mercado del rock nacional entre los consumidores de música en Uruguay. Decíamos que no teníamos elementos de juicio para hacer un cálculo con el rigor profesional debido, pero que muchos de nosotros creíamos (y temíamos) que seguramente sería un número de un solo dígito.

En esta oportunidad comenzaré a hablar de la cultura o sub cultura gótica. Como de costumbre, será un recorrido histórico para que los que no conocen, puedan entender el resto de las entregas de este tema. También saben que pueden enviarme correo electrónico para aportar sus opiniones. En esta oportunidad busqué colaboradores los cuales aportan información y vivencias. De esta manera entonces los invito al recorrido gótico de X AHÍ. Colaboradores en esta oportunidad: Conde Draciel Morningtar y Maria Youri Núñez.

Cualquier forma de totalitarismo (rojo o negro), lleva en su germen un terror pánico a la libertad. Ejemplos lamentablemente sobran en la historia humana y sea bajo el signo que sea, la libertad es la primera victima de regimenes de este tipo. Esta es la historia de una guerra que duró unos 12 años, entre los Punks y el Estado «Democrático» de la Alemania del Este.