
Han pasado 37 años desde aquella noche y quizás sea el paso del tiempo el que me genere esa duda. Porque… ¿cómo puede haber una última vez de una banda que nunca se fue, que nunca se terminó de ir?
No pretendo descubrir nada que no se haya contado antes. La historia de Los Estómagos ha sido recorrida, investigada y documentada desde todos los ángulos posibles. Hay libros (Gustavo Peveroni, por ejemplo), entrevistas por doquier, artículos, fotografías, grabaciones y hasta historias alrededor de aquellos discos que hoy son verdaderas piezas de colección. Aquí mismo Leo Peirano dio luz sobre la mítica historia del primer simple (Los Seres Vivientes). Tampoco aspiro a una nominación al Pulitzer (je je).
Entonces, ¿por qué este artículo? Porque quería hacerlo… porque me lo debía. Quizás porque hay bandas que uno escucha y bandas que, por alguna razón, quedan asociadas para siempre a tu vida. Y en este último grupo están Los Estómagos.
Los conocí como la mayoría de mi generación, cuando sus canciones comenzaron a circular por ahí (aún recuerdo la primera vez que sonó en la radio “Fuera de Control”). Y tuve, además, la posibilidad de verlos en vivo casi desde el comienzo, y fue un viaje de ida. Por eso estas líneas no pretenden ser una mirada retrospectiva de alguien que descubrió muchos años después una banda importante de la historia del rock uruguayo; no, Los Estómagos fueron contemporáneos a una parte de mi vida. Y aún lo siguen siendo.
La historia había comenzado pocos años antes, en Pando. En un Uruguay que transitaba los últimos años de la dictadura y que poco después comenzaría a recuperar la democracia. Una nueva generación necesitaba también encontrar sus propias canciones, su propia estética y, fundamentalmente, su propia voz. Dentro de aquella generación aparecieron Los Estómagos.
Su historia tal vez fue breve. Apenas unos años y cuatro discos alcanzaron para construir una identidad que todavía hoy resulta inmediatamente reconocible. No tiene demasiado sentido convertir estas líneas en una enumeración de fechas, integrantes, recitales y grabaciones. Reitero, todo eso está documentado y quien quiera profundizar en la historia de la banda tiene muchísimo material para hacerlo. Me interesa bastante más otra pregunta. ¿Qué tenían Los Estómagos?
Tal vez fuera la oscuridad que envolvía muchas de sus canciones. Tal vez la presencia escénica (nunca, nunca te fallaban en vivo). Tal vez la estética influenciada por el punk y el post-punk, pero a la uruguaya. Tal vez fuera el momento. O probablemente fuera la combinación de todas esas cosas. Lo cierto es que consiguieron algo que no se consigue por imposición, ni por cantidad de discos vendidos, ni siquiera por permanencia: construir una identidad. Escuchabas a Los Estómagos y sabías que estabas escuchando a Los Estómagos. Ellos eran tu voz, decían lo que vos sentías y en tu idioma, y acá. Y para una banda, eso es muchísimo.
Y llegó ese anuncio que no querías escuchar y aquel 25 de agosto que no querías que llegara, el del último recital. Después de los vidrios rotos, después que se apagaron los amplificadores y se bajaron del escenario, cada uno de nosotros siguió su camino. En términos estrictamente históricos, ahí terminaron Los Estómagos… pero solamente en términos estrictamente históricos. Porque hay una diferencia enorme entre dejar de existir como banda y desaparecer. Y Los Estómagos nunca desaparecieron. Pasaron los años. Llegaron otras bandas, otras generaciones, otros sonidos. El rock uruguayo siguió escribiendo su historia. Pero aquellas canciones siguieron ahí… ¡¡¡siguen ahí!!!
Buitres incorpora permanentemente canciones de aquella etapa en sus presentaciones. Gustavo Parodi, piedra fundamental de Los Estómagos, también vuelve a ellas con Chanchos Salvajes (¡¡y cómo las disfruto cada vez!!). Marcelo Lasso hace lo propio con Rojo Tres. Y cuando suenan, siguen siendo recibidas como antes… como siempre, incluso por generaciones posteriores a su separación. Quizás ahí esté una parte de la explicación. Los Estómagos como tales dejaron de tocar hace 37 años, pero sus canciones nunca aceptaron aquella despedida. Y generación tras generación fueron encontrando nuevos oídos.

¿Volverán Los Estómagos? Durante décadas se ha repetido el deseo de volver a verlos juntos aunque fuera una vez, una reunión. Y con el paso de los años no sé si quiero que ocurra. Hay algo de Los Estómagos que, al menos para mí, pertenece exactamente al lugar en el que quedó. A aquella época, a aquellas canciones, a aquellos escenarios. Es posiblemente la única banda a la que puedo llamar “banda de culto” desde un lugar absolutamente personal. Y quizás parte de ese culto consista precisamente en eso: en no necesitar una reunión para demostrar que todavía existen. Treinta y siete años influenciando para que otras generaciones hayan tomado instrumentos, formado bandas, escrito canciones y subido a escenarios. Por eso quise hacerle una sola pregunta a algunos músicos que estuvieron muy cerca de aquella historia. Una pregunta sencilla:
¿Qué dejaron Los Estómagos en vos como músico?
- Hugo “Llamarada” Díaz (Trotsky Vengarán)
“… A mí la experiencia de ver a Los Estómagos en las primeras épocas en que lo vi, era absolutamente fascinante; era una banda que siempre sonaba sólida… siempre sonaba bien. Eran muy originales. Los tipos que tocaban en Los Estómagos eran fascinantes de ver sobre el escenario: el Hueso, Gabriel, Parodi… cuando vi a Parodi tocando, me di cuenta que yo quería tocar la guitarra en una banda de rock. Y siempre me parecieron una banda tremendamente original y con discos que están. O sea, para mí el tercer disco de Los Estómagos está -no te voy a decir que esté a la misma altura- pero es un disco que escucharlo me genera sensaciones muy similares a cuando escucho el Unknown Pleasures de Joy Division… me parece que es un disco tremendo. Me gustan todos, pero hay una época en que escuchaba muchísimo Los Estómagos, aún antes de conocer a Guillermo. Después tuve la oportunidad de conocerlos a ellos a través de mi amistad con Guillermo. Fui al recital del 25 de agosto en el viejo cine de 18 de Julio y me acuerdo que tenía una sensación mezclada, porque estaba bueno verlos en ese cine en el escenario grande, pero a la vez era como muy triste la idea de que era el último show de Los Estómagos, y los que estábamos ahí ni siquiera alcanzamos a llenar ese cine…”.
- Ismael Vaucher (Los Invasores)
“…Comienzos del ‘83, y un hermano mayor que iba al liceo Brause de Pando se amiga con ciertos personajes (fueron sólo dos en un comienzo, pero bastó para que propagasen lo que se venía y que paulatinamente nos fuéramos sumando varios a esa novedad inquietante y prometedora sin saber qué era, pero había algo que llamaba y la intuición y el instinto no fallarían) que adelantaban una historia muy particular, donde contaban que se había formado una banda con un estilo nuevo y potente, que la corriente venía de Inglaterra, España y otros rincones de esa zonas europeas, llamado punk-rock, siendo jóvenes exiliados por el sistema en su falta de trabajo, posibilidades y hartos de soportar toda la corriente musical del momento, tan exuberante y aburrida como piezas que duraban 15 ó 20 minutos, con punteos de tres secciones, o la música disco con sus brillos, pomposidades y letras tan vacías que alteraba más la situación existencial de gran parte de esa nueva generación de jóvenes. Por abril del ‘83 a mi hermano le dan una copia de esa banda (de Pando, que se hacía llamar Los Estómagos) que habían grabado cuatro temas en la emisora AM de Pando (Continental) en una pequeña consola y con unos pocos micrófonos. El instante en que ponemos ese casete y comienza a sonar fue único, inolvidable. Escuchar esas distorsiones, los bajos, la batería, la voz y lo que decían las letras, fue un detonante que me sacudió el piso. Quedamos como acelerados y nerviosos porque había que ser de esa tribu (la que esperábamos sin saberlo). Sabíamos que el conseguir y enfundar una campera de cuero negro con jeans gastados y botas, era como la armadura espartana, y ahí estábamos, consiguiendo gabardinas de pantasote, negras o marrones (ya que no teníamos dinero para conseguir camperas de cuero), cortándolas y cosiéndolas a mano para que nos quedaran a la cintura y logrando unas muy interesantes pseudo camperas motoqueras, hasta conseguir, en un futuro, las verdaderas. Al tiempito ya estábamos tratando de sacar sus temas en guitarras españolas y, seguido, en viejas guitarras eléctricas prestadas por algunos veteranos de generaciones anteriores. Y luego ya soñando con hacer una banda, no para lograr cierta fama a la uruguaya, sino para acompañar y gritar junto a ellos y a otros que ya venían naciendo, tantas cosas que teníamos para gritar, por el peso de una represión psicológica y física, implícita desde nuestra niñez y adolescencia. Así que, reconocimiento”.
Gonzalo Pedraja

«Fotografía: Rodolfo Fuentes © 2024»
