Todos dicen haber asistido al show de Mano Negra, el 27 de junio de 1992, en la Estación Central de AFE (gira en la que también visitaron Venezuela, Colombia, República Dominicana, Brasil y Argentina). Yo no. Esa gélida noche de sábado estuve presente en un galpón de la Rural del Prado, disfrutando de un demencial y accidentado toque de Los Chicos Eléctricos. La pachanga nunca fue de mi agrado. Mientras en la Estación de AFE, el cantante francés Manu Chao, de torso desnudo, golpeaba el micrófono sobre su pecho emulando un bombo, en la Rural, Andy Adler le mostraba su región anatómica donde el sol no brilla, al sonidista.

El grupo francés Mano Negra llegó a Uruguay en Le Melquiades (Cargo 92), un enorme barco carguero, armado para la ocasión, en el que también viajaban las compañías teatrales Philippe Decouflé, Philippe Genty y Royal de Luxe. Se trató de una iniciativa de La Ciudad de Nantes, los Ministerios de Cultura y Relaciones Exteriores de Francia, que pretendieron, a través del trabajo de estos artistas, celebrar en cada destino “el gran desfile de la verdadera historia de Francia”. Además, efectivamente fue parte de la conmemoración del quinto centenario del descubrimiento de América.
1992 fue el año en donde MTV adoptó al grunge, hijo no reconocido del punk. A nivel local, Control Remoto (programa musical conducido por Carbone) era referencia por la pantalla de Canal 10. Buitres (después de la una) y Níquel eran las bandas más convocantes, a la vez que una decena de bandas reventaban los dos boliches del under capitalino.

Justamente, Alfonso Carbone fue el responsable de organizar el recital de la Estación de AFE, junto con la Embajada de Francia en Uruguay. Buitres (después de la una) y Kongo Bongo fueron las bandas soporte. Si bien Manu Chao declaró, en aquel entonces, que no había nada que festejar, dado que para muchos pueblos el encuentro entre Europa y América Latina fue terrible, lo cierto es, que al igual que en 1492 con la introducción de la guitarra española, esta vez una batidora de ritmos destrozó la identidad de la rica cultura rioplatense. Sin Mano Negra no hubiera existido La Vela Puerca, La Abuela Coca o No Te Va Gustar. Tampoco Los Fabulosos Cadillacs o Todos tus Muertos, hubieran perdido su original y característico sonido. Un sabio amigo una vez me dijo: “desconfía de aquel que descubrió los Clash después de los 30 años”. Pese a criticar la europeización de Buenos Aires y Montevídeo, ninguno de los integrantes de Mano Negra se quedó a vivir en el medio del Amazonas. Aun así, la interacción entre Uruguay y la troupe francesa propició otras iniciativas creativas menos conocidas pero más interesantes, como la de Moxelis, un grupo teatral montevideano que fundó, a meses de llegar en el Cargo 92, el francés Pascal Wyrobnyk (del cual Renzo Teflón era ferviente admirador).

Mientras el bajista de Mano Negra, Jo Daban, se descompensaba en el escenario de la Estación Central y terminaba en el block quirúrgico del Hospital Británico, en la Rural (apagón mediante), Gabriel Barbieri revoleaba su Vargas nacional sobre las cabezas del descontrolado público de la primera fila. Toda una metáfora…

Aquella “cruda y salada” noche invernal, Andy no le mostró el culo al encargado de sonido de la IMM, se lo mostró al futuro que había desembarcado en el Puerto de Montevideo, amenazando con sepultar su afilada guitarra con la cual, desde la época de Sección Mecanizada hasta sus últimos días, supo destapar las cloacas de la anquilosada escena vernácula, sin la necesidad de un carguero francés.
Lic. Hugo Gutiérrez

