Recuerdo un ajetreado viernes de diciembre de 1989, en la mañana había salvado, en el tercer intento, el examen de Matemáticas de sexto año de Bachillerato del IAVA y por la noche tocaba La Tabaré Riverock Banda en La Tramoya, pequeño pub regentado por gente del teatro. Todo pintaba para una gran jornada. Era la época del Rocanrol del Arrabal que, desde el miércoles anterior, reposaba en las bateas de las disquerías capitalinas. Me había enterado de dicho show sorpresa gracias a la agenda de espectáculos del diario La Hora (órgano de prensa del PCU) que el padre de Andrés religiosamente compraba.
Mal Uso Del Tiempo Libre
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