Quienes peinamos canas ya, hemos conocido hace más de 40 años (tengo 55) una industria musical muy diferente a la actual (la 2.0). La razón por la cual esta última acaba naciendo no es exclusivamente tecnológica (que es la explicación oficial que se nos ha dado), sino que es también económica: la cadena de valor de la industria musical 1.0 estaba irreparablemente rota hacía bastante tiempo.

Pocas personas conocen la conexión California- Pando que se dio a fines de los años ’70. Clayton Merkle fue uno de los responsables de cambiar el transcurso del rock uruguayo para siempre. Dicho adolescente californiano había llegado a Pando, en 1979, en el marco del programa de intercambio estudiantil “Youth for understanding”. En la ciudad industrial se había hecho amigo de un púber Gustavo Parodi, quien vivía a 15 metros de la Comisaría local. “Nos contaba cómo vivían los jóvenes en USA, cómo se divertían y nos parecía que hablaba de otro planeta, porque realmente estábamos atrasados, crecimos en dictadura en el Liceo Brause absolutamente bajo control”, recuerda Parodi.

Esta serie de artículos está dedicada a músicos de rock nacional que ya no están entre nosotros. En esta oportunidad nos referiremos a Ricardo Bonelli, alias Tucho, baterista y guitarrista en bandas como Delirium Tremens Blues, Río y Delirium Tremens. El artículo está compuesto de una pequeña biografía y una parte fundamental: gente del ambiente del rock cercana a Tucho que contribuyeron especialmente para este artículo respondiendo seis preguntas. Para el Rockuerdo de Tucho, contamos con el aporte de Carlos Martínez (bajista en Ciclo Lunar, Delirium Tremens y La RockA), Gato Eduardo (participación en varias bandas y creador del mítico Templo del Gato), Daniel Renna (periodista), Arturo Meneses (Delirium Tremens Blues, Delirium Tremens Band, banda del Gato Eduardo, Agujero Negro, Quo Vadis, Monalisa, Zafhfaroni), Juan Faccini (Sicosis, TAAF AUM, División Panzer, Hez, Mother Shipton, Dios, Oniros, Super Tribi, Río, Incandescente Blues Band, El Conde de Saint Germain, Todo por el Blues, Faccini Implosion, StaRRats, Expreso blues y Tres Para el Blues) y Ronald Bustos (After Life, Parabelium, Indra, Río, Delirium Tremens, El Conde de Saint Germain, La Chicago Blues Band). Terrible equipo de gente para dar testimonio.

Hola a todos: Después de tanto tiempo, y a punto ya de cumplir los 55 años, retomo un contacto más directo a través de esta oportunidad que Sólo Rock me da.
Con vuestra paciencia mediante, he bautizado esta columna con el nombre de NOTAS LIBRES, por diversos motivos; los cuales intentaré resumir.
Intentaremos mirar al rock y al blues desde una perspectiva algo diferente. Que esta visión no se ciña estrictamente a lo musical, sino que también sume otras cosas, como por ejemplo, contextulaizar un artista o disco con el momento que le tocó vivir; social y económicamente.

Dibujo desde que me conozco. He dibujado en casi todas las superficies posibles, desde papel hasta los muros de mi ciudad, y he intentado transmitir con el dibujo la idea de que otro mundo es posible. Estoy formado en la vieja escuela Dr. Pedro Figari; pasé un tiempo por Bellas Artes, pero me quedé mucho más en el Instituto de Profesores Artigas, tanto que terminé la carrera de docente en Comunicación Visual. Por lo tanto, el Estado me permite trabajar con jóvenes y con una herramienta fundamental: el arte. Si será importante… que me pagan por ello.

El rockportaje al Gato Eduardo lo publicamos en nuestro número 16, con el que cumplíamos un año de estar en la calle. Por suerte no es necesario presentar al Gato, ya que ¿quién no lo conoce? Personaje transversal a toda la movida rock nacional, un creador e intérprete singular, con muchas facetas. Y además, fundador del mítico Templo del Gato, aquel que abrió sus puertas cuando los tiempos aún eran difíciles para hacer toques de rock, y que vio desfilar infinidad de bandas a lo largo de toda su existencia, de las ignotas y de las más famosas. Pero el tiempo no ha pasado para el Gato y su propuesta, ya que el Templo sigue trasladándose de recinto en recinto, tiñendo las noches con poesía y música.

Lo que está sonando en este momento en mi equipo no sólo es el cd de Sarcast, es un muy buen trabajo de recopilación y edición, un registro que estaba faltando en el metal nacional, y por lo tanto también oficia de documento. Una vez más aplica el dicho “más vale tarde que nunca”, sobre todo cuando se escucha y se palpa la calidad del resultado del producto final.