Jorge Nasser: Cuando El Rock Llama

Entrevistar a Jorge Nasser estaba en nuestros planes desde hacía un tiempo. Un artista con mucho para decir dada su extensa trayectoria y los vericuetos de su arte. Rockero por definición propia y con la historia de la banda de su vida, Níquel, este rockportaje se desarrolló por variados temas, todos relacionados a la música como es nuestra costumbre, aportando distintas luces con los conceptos vertidos por Jorge. Los invitamos a recorrerlo y a disfrutarlo.


SR: ¿Cómo estás vivenciando el regreso de Níquel?

Jorge: Con una gran alegría. Las vueltas de la vida son increíbles. Es verdaderamente una vuelta de la vida esto que estoy viviendo, no me lo imaginaba y no lo planeé. Es una novedad y cosa bastante motivadora, viviendo esta experiencia siendo conciente que es interesante para mí…

SR: Níquel había cerrado una etapa. ¿Qué dispara el regreso, qué lo motiva?

Jorge: Primero me gustaría comentar porqué se cerró esa etapa. Estábamos muy desgastados, muy erosionados por los 15 años de actividad sin parar, y todo lo que nos pasó fue muy intenso. Había un poco de cansancio y nos parecía buena idea parar mientras tuviéramos todavía vínculos y que podíamos hacer otras cosas. Pero tuvimos el poco tino de no avisarle a los fans. Lo decidimos y no le dijimos nada a nadie, y eso siempre me pesó un poco; nunca pensé que después la vida me iba a dar la oportunidad de volver y decir cosas como éstas, que siento mucho no haberme dado cuenta lo importante que era Níquel para los demás… Creo que fuimos un poco egoístas en ese sentido. Y ahora volvimos de la misma forma, también. Así como no avisamos que nos íbamos, tampoco anunciamos mucho nuestro regreso, simplemente volvimos a tocar.

SR: Capaz que el hecho de no haber cerrado oficialmente te permite también abrir extra oficialmente.

Jorge: “El que se va sin que lo echen, vuelve sin que lo llamen” (risas). Ese slogan aplica perfectamente a esta situación…

SR: ¿Qué elementos se conjugaron para este regreso?

Jorge: Es difícil hablar de los elementos. Supongo que las canciones y las ganas de juntarnos para tocar es lo único que podría mencionarse. Siempre hubo gente que nos preguntaba cuándo íbamos a volver o qué bueno que estaría que volviéramos, y yo nunca le había prestado atención. En un momento yo hice una producción (de un disco de Automática), o sea que grabé rock de vuelta, y la verdad es que me sentí cómodo haciendo el trabajo de producir rock después de mucho tiempo. Supongo que en esa vuelta debo haber comentado con alguien algo como “no está tan mal el rock”, porque yo estaba medio quemado con el rock. Por esos días hubo un ofrecimiento para un regreso en Montevideo Rock, y ahí fue la primera vez que hice una ronda de llamar a los muchachos a ver quién estaba para arrancar y vi que había quórum. Quedó en eso, aunque después no llegó a buen puerto la negociación. Tiempo después decidimos juntarnos a ver si estábamos afín. En 2019 los invité para que tocaran un par de temas en mi show del Movie para ver cómo venía la mano, y anduvo bárbaro. Después hicimos un show pequeño en Magnolio a fin de año, y la gente respondió. Ahí ya empezaron a aparecer fechas y no lo pensamos más. Después vino la pandemia, pero por suerte pudimos hacer el Auditorio igual.

SR: Y estuvieron en los Graffiti, también.

Jorge: Claro. Empezamos a tener actividad como banda, y la verdad es que me entusiasmé. Por otro lado, hice mi disco solista, Llegar Armar Tocar, donde aparecieron sonoridades de rock. Vi que había una atracción otra vez a investigar con la música con distorsión, que siempre fue un tema que me interesó mucho, trabajar sobre la textura de la guitarra eléctrica distorsionada. También llegó el momento en que en la onda folclore no podía hacer más que eso que hice. Estaba satisfecho con mi etapa solista, no me quedó nada por probar ni nada por experimentar como artista. Iba a perder un poco la parte laboral, pero después surgió todo esto y quedé sin trabajar de nada.

SR: Mencionaste recién que estabas quemado con el rock. ¿Por qué razón?

Jorge: Da mucho trabajo el rock, tener una banda da mucho trabajo, y nosotros en los ’90 tuvimos como el peso ése de que muchos nos decían que éramos “la banda número 1”; se habían agarrado la costumbre de presentarnos como “la banda número 1 del rock nacional”, y la verdad que era un peso extra que teníamos. Por otro lado, el rock es muy intenso, y muchas veces no era tan intenso en aquellas épocas en la parte económica. No estábamos en eso por la plata, pero era muy intenso y nosotros éramos muy drogones. Es una combinación que tarde o temprano termina pasándole factura a la banda y a la salud. A la larga fue bueno, porque creo que estamos vivos gracias a que se cortó todo, y también el consumo. Yo estaba quemado de esa parte. Y además está el costado donde los egos de los artistas en general, la competencia; es jodido, pero en el rock en particular, es más, todavía. Yo estaba medio cansado de todo eso.

SR: Al principio Níquel estaba bastante más lejos del movimiento de rock de lo que terminó estando últimamente. ¿Se fueron acercando, de alguna manera?

Jorge: Sí. Lo que pasa es que éramos otra cosa, representábamos a otro rock. No era el rock de Carbone, a pesar de que Carbone nos sacó discos. No era ese rock anclado en The Clash o en The Cure; era un rock que tenía más raíz rioplatense de los ’70 y en el rock y blues-rock americano de Stevie Ray Vaughan o Los Lobos. La sonoridad era completamente distinta, cantábamos a tres voces y los otros grupos no tenían coro, prácticamente. También nos vestíamos con ropa más setentera, y los otros grupos tenían la moda más de negro, más británica, más dark. Era dark versus algo más californiano, más luminoso, que no se conocía mucho.

SR: La propuesta era distinta pero el sonido también, sonaban mejor que otras bandas de los ’80.

Jorge: Distinta sí, yo no sé si mejor… no sé. Nosotros nos preocupábamos mucho por sonar bien, nos preocupábamos extremadamente hasta el final. Creo que eso también es parte de ese cansancio que nos llevó en 2001 a parar. Habíamos hecho un gran esfuerzo por sonar impresionante y tener un gran profesionalismo, pero a la vez teníamos una vida reloca. Había una pugna entre esas dos cosas que es muy embromada de llevar.

SR: ¿Hay diferencias entre aquél Níquel y éste Níquel?

Jorge: Sí, sí. Éste es un Níquel “más recreativo”, más juguetón, más sustentado por la historia, las canciones y la obra y la vigencia que mantuvo, también. 19 años después volvimos a tocar y la verdad que fue normal, no fue un ejercicio de nostalgia, las canciones tenían una vigencia llamativa. Eso ya te da otro punto de partida; nada que ver. Hubo un descanso muy grande que hace que todo esto sea como mucho más llevadero. Y lo otro que lo hace más llevadero es el ambiente; lo que nos rodea es completamente diferente: ya hay cosas que no hay que explicar, la gente conoció un montón de cosas que de repente nosotros manejábamos, como un montón de data que poníamos en los discos, o usar percusión, congas. Había gente que decía que eso no era rockero, porque no se conocía mucho la música del oeste americano, de California y de Los Ángeles. Y también toda la infraestructura técnica que trajeron las bandas de la era Pilsen Rock. Ahí como que hubo un crecimiento muy grande de la industria. Ahora está todo disponible y me parece que todo es mucho más fácil y lo llevamos casi como un juego.

SR: ¿Qué lugar ocupa Níquel hoy en tu vida?

Jorge: Depende del día (risas). Yo le quiero dar un lugar muy importante, pero igual nunca va a tener el lugar que tenía antes, porque antes yo vivía sólo para eso y ahora tengo tres hijos, cuando antes tenía uno solo, Francisco, que era chico. Tengo una visión de la vida que hace que me interesen otras cosas, y me reparto un poco. Esto es una de las razones por la que no me voy a presentar mucho o nada como solista, porque tengo otras cosas y quiero darle toda la atención a Níquel. En este momento Níquel se lleva toda mi atención y mi capacidad para componer. Estoy muy copado con el rock en general, no sólo con Níquel sino también escuchando mucho.

SR: ¿Níquel es Jorge Nasser?

Jorge: Sí, creo que sí. Un poco sí. Es la banda para tocar rock que se reúne entorno a Jorge Nasser. Níquel tiene dos fundadores: el otro era Pablo Faragó. Nosotros hicimos una aparición que muy poca gente registró en 2011, que se llamó “Níquel Te Muestra”, porque se cumplían 20 años de “Candombe de la Aduana” y pintó hacer una muestra retrospectiva, y ahí nos juntamos todos. Pero bueno, sí, es mi idea, la banda fue idea mía y he ido reclutando gente a lo largo de los años. No significa eso que no haya una química de banda. Níquel es Níquel por las canciones y también por la gente. Pero hacerme como el que estoy en un costado, sería ridículo. Yo supongo que Níquel es así como cantidad de bandas que orbitan alrededor del compositor y frontman. Nada más que eso.

SR: ¿Te parece que Níquel tiene un espacio como asegurado en el rock nacional o que tienen que salir a reconquistar algo?

Jorge: Depende a quién le preguntes, ¿no? Si le preguntás al público, que es de verdad el único que tiene la respuesta, creo que ya la dio, o la está dando y la va a dar en el correr de este tiempo próximo. La contestación que más me importa es ésa. El lugar que pueda tener en la actualidad en el sentido de importancia o de no importancia, la verdad que a mí no me quita el sueño. Somos una banda de gente veterana que toca rock. Creo que la forma que tenemos de tocar rock la gente veterana tiene algo inigualable, así como la de los tipos jóvenes. Es la música de nuestra época, que surgió cuando nosotros éramos pibes. Ahora sos pibe y la música de esta época es el trap. O sea que cuando alguien quiere tocar rock ahora y es joven, sabe que tiene atrás a tipos como nosotros, por ejemplo, que estamos tocando y que le hablamos a esa generación, también, además de dialogar con nuestro público actual, con el que era nuestro público de antes, para decirles “hey, loco, estamos vivos, ¿vos también?” “Sí”. “Buenísimo, vení a vernos, no te quedes apoltronado en un sillón”. El veterano de antes, de la época en que yo era joven, no tenía ninguna onda, era una pálida. Ni siquiera tenía una música que lo distinguiera, porque decir que a los veteranos de antes les gustaba el tango, es mentira. No les gustaba el tango ni ninguna música, un poco el folclore, ponele. Pero no eran hinchas de ninguna música. En cambio, los veteranos hinchas del rock, son re hinchas. Seguís escuchando a Cream, a Jimi Hendrix, y cada vez son más grandes porque su legado es maravilloso. Creo que también la banda cumple esa función de ser un catalizador de esas energías, de decir “voy a ir a un concierto”. Una de las cosas que más me seduce de la vuelta de Níquel es traccionar a toda esa gente, de decirles “vengan que los esperamos con la música que uds. ya saben”.

SR: Si tuvieras que presentarle la banda a un extraterrestre y tuvieras que elegir un tema de Níquel, ¿cuál le mostrarías?

Jorge: “Gusano loco”.

SR: ¿“Nancy & Sid” no?

Jorge: Sí, también. Mientras estaba pensando en la respuesta se me cruzó por la mente, también. “Nancy & Sid” es una canción muy emblemática, pero me parece que “Gusano loco” tiene más rasgos propios de la banda. Creo que a “Nancy & Sid” se le nota bastante la influencia que tiene de Lennon, se le nota de dónde deriva. En cambio “Gusano loco”, si bien obviamente deriva de cosas, en el momento en que fue concebido, en el año ’89, fue realmente algo como muy distintivo. De hecho, hasta el día de hoy, abrimos el concierto con “Gusano loco”. Tiene una cosa muy particular, el ritmo sincopado, no sé…

SR: Fue como subir un escalón para la banda, ¿no? Tomando en cuenta lo que habían hecho en el disco anterior, fue como un plus.

Jorge: Si, sí. Fue cuando todo cobró sentido. Nosotros habíamos quedado tipo rascándonos la barbilla, preguntándonos si estaba bien lo que estábamos haciendo; no habíamos quedado muy conformes con el primer álbum, y el rumbo que tenía la banda era errático. Estábamos muy preocupados con que el proyecto no era lo que nosotros estábamos buscando. Yo no quedé conforme, parecía que algo estaba mal, y si me preguntabas qué, no sabía. Pero bueno, aparecieron esas canciones, las composiciones “Gusano loco”, “Hay una falla en tu mente”, “¿Por qué no puedo amarte?”, y ahí todo cobró sentido, vimos que teníamos una propuesta de la que nos podíamos sentir orgullosos y salir a mostrarla.

SR: ¿Qué trae de nuevo Níquel ahora?

Jorge: Más allá de lo que te comenté del impacto “sociológico” que tiene de unir generaciones, creo que es una pregunta para hacerla después de que escuches material nuevo de Níquel, cuando el material nuevo se conozca. Entonces ahí podemos ver si Níquel trae más de lo mismo, que sería totalmente válido porque lo que traemos nosotros es rock clásico. Yo aspiro a que tenga algo nuevo. Níquel siempre fue un grupo que, de un disco al otro, cambió bastante, te diría demasiado, incluso. Si es fiel a la tradición de Níquel, debería ser algo diferente. Pero eso lo va a decir un poco el tiempo y yo no lo podría contestar ahora. Yo creo que alguna novedad va a traer…

SR: Tienen actividades programadas. Lo primero es el streaming.

Jorge: Sí, que ahora es presencial, también. Va a haber un cupo limitado, y estaremos el sábado 24 de julio en el Teatro Politeama en el marco de los 100 años del Teatro. Irá por streaming y con un aforo del 30% en el Teatro. Luego se retoman los proyectos que quedaron en stand by cuando se suspendieron las actividades, que es una gira nacional por teatros que comienza ahora, y una presentación en Montevideo antes de fin de año. Será una presentación grande, digamos. La vez que tocamos, entre los dos días, fueron mil y pico de personas, entonces trataríamos de buscar un lugar que albergue más o menos esa capacidad de gente.

SR: ¿Ahí ya estarían presentando nuevo material de Níquel?

Jorge: No sé. Como nosotros ahora no estamos en esa ruedita de tener que hacer tal cosa, estamos muy liberados en ese sentido. Creo que todavía estamos cayendo en la cuenta de que estamos tocando, no tenemos que apresurarnos. Supongo que antes de fin de año va a haber una canción nueva, ponele. Con eso ya estaría, porque sino es como lo de antes. Ya nos pasó. Cuando hicimos el disco Pueblo Chico Infierno Grande en el ’96, llegó un momento en que perdimos contacto con nuestro propio público, y no podés tropezar dos veces con la misma piedra. Hay que esperar a que decante y ver si hay realmente interés, que pase la novelería. Y después ver tranquilos; tranquilos, que no nos apura nadie.

SR: De tus palabras se desprende que esta etapa está siendo un disfrute.

Jorge: Claro. No es una bandera. Níquel llevaba a cuestas, por ejemplo, eso de convertir al rock en algo masivo, que era una de las cosas que nos interesaba. Por eso fuimos a la televisión, y “transamos” para que el rock fuera una manifestación de arte aceptada por la cultura, incluso por la cultura de izquierda, que en aquella época lo veía con mucho recelo. Hoy por hoy, la cultura de izquierda y la del rock están maridadas. La gente progresista no se acuerda que en un momento andaban cada uno por lados separados, y hasta fueron enemigos. Nosotros teníamos la consigna de juntar cosas. También de mostrar el rock montevideano y hacerlo nacional, verdaderamente uruguayo y no sólo montevideano. Eso nos llevó a ir por todo el país, al principio aceptando contratos ridículos desde el punto de vista económico, pero con una repercusión impensada. En Durazno, por ejemplo, fueron miles de personas a vernos. Estábamos llenando una necesidad, y todo eso es un peso. Ahora en todo caso lo llevan otras bandas, que tienen ese peso de lo masivo y por ahí ser portavoces de algo. Nosotros somos una banda de gente grande que lo hace por disfrutar. Pero es en serio, no es una broma, y pretendemos que se nos mida con la misma vara que a cualquiera, pero no tenemos aquellas presiones. Entonces, vamos fenómeno.

SR: ¿La milonga se emparenta con el rock? ¿En qué aspecto?

Jorge: Sí, claro. Eso lo demostró Dino cuando lo empezó a cultivar. Fue un visionario. Hizo “Milonga de pelo largo”, que es fundacional de la milonga rock. Dino la tocó por rock, y Alfredo Zitarrosa la tocó por milonga. Yo tuve la oportunidad de tocarla de las dos maneras, y creo que maridan muy bien. Creo que el folclore y el rock se llevan muy bien.

SR: ¿Mejor que el tango y el rock?

Jorge: Sí, sí. No conozco ninguna fusión exitosa de tango y rock; sí de electrónica y tango, esa es muy buena. Bajofondo Tango Club es una exquisitez, pero es electrónica, por más que toquen músicos de rock. Santaolalla es sinónimo de rock argentino, en muchos aspectos, sin embargo ese proyecto no es de rock, es de tango y electrónica. Para mí, eso es un hallazgo alucinante, pero tango-rock no conozco ninguno, en general fracasaron todos.

SR: ¿Podemos decir entonces que Zitarrosa tenía más rock que Gardel?

Jorge: Pará, mirá que sin Gardel, Zitarrosa no hubiera existido. Gardel hizo industria llevando al disco a los guitarristas acompañando a un cantante. Fue lo que hizo Zitarrosa unos cuantos años después. Lo que pasa es que Alfredo es como el Piazzolla de la milonga. La agarró de una forma y le dio ese toque de gloria que le faltaba, de arte mayor, que tiene un campo absolutamente inexplorado, todavía, donde se llega a tocar con el flamenco. Para mí, folclore y rock se llevan fenómeno y se gustan. Antecedentes clarísimos son León Gieco y Dino, son como medio fundadores. Mi pasaje de rockero tocando folclore fue una continuación de eso, y una exploración de Alfredo en el sentido arreglístico de todos los espacios que la milonga puede obtener como arte mayor, de vincularse con otras músicas y de toquecitos que uno le fue poniendo como para sumarle a la cosa.

SR: Mencionaste tu pasaje de rockero tocando folclore. ¿En definitiva la esencia de tu música es el rock?

Jorge: Fue lo que me dijeron, me lo hizo saber todo el mundo (risas). Es como la pregunta que me hiciste de si Níquel era Nasser. Me daba una rabia bárbara cuando Francisco era chico e iba a la escuela, le decían “ahí va el hijo de Níquel”. Porque para mí era el hijo de Jorge Nasser, no de Níquel. Y en esto es igual, tenés que aceptar un poco que en realidad la gente, de la forma en que yo viví el rock y cómo la gente vio eso, cuando volvieron a irme a ver, sabían que yo era rockero y estaba haciendo algo adentro del folclore. Yo no era un gaucho. Para mí, folclorista es el Sabalero. En su caso era al revés, era un folclorista pero que tenía mucho rock and roll; yo era un rockero que tenía mucho folclore, en todo caso. Yo me sentía y me siento muy a gusto en los festivales del ambiente, e hice un disco con A Puro Viento, que incluso ganó el Graffiti como mejor disco de folclore en 2011. Pero es así, no hay que buscarle mucho más. Capaz que dentro mío es mucho más complejo, pero ¿a quién le importa? A mí, nada más (risas).

SR: Para vos Níquel es muy importante; ¿más que Níquel es oro?

Jorge: (Risas). Yo qué sé… oro no es. Pero es la oportunidad de manifestarme, es el espacio donde he expuesto mis canciones. Yo soy básicamente un compositor de canciones que las interpreta y que también sale a defenderlas con su canto y su guitarra. Y la música eléctrica es por lo que me di a conocer. Yo creo que Níquel es eso, es un espacio. Porque yo tenía esa chance, en el momento en que tenía ganas de volver a tocar rock, podría haber sacado un disco como Jorge Nasser y dejar aquello de Níquel en un estante. Pero no era lo que sentía. Cuando yo toco rock, me llamo Níquel. 15 años muuy importantes de mi vida entre el ’86 y el 2001, los viví con la “camiseta” de Níquel. Me parece que le va a pasar a cualquiera que está mucho tiempo en una banda y es líder, siempre lo van a identificar con eso. Es medio tonto resistirse, sería como un poco pedante de mi parte no aceptar de que Níquel es mi espacio natural.

SR: ¿Alguna cosa para agregar?

Jorge: Un saludo a la gente amiga. Que se apronten, que vamos a andar tocando por todos lados donde nos dejen.

Ariel Scarpa

 

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