Max Capote: En Sus Dos Facetas

Max Capote estaba en nuestra lista de rockportajes a concretar desde hacía un tiempo. Su doble rol de famoso artista y productor, era una invitación tentadora. El reciente lanzamiento de su versión de “Infinita de verano” terminó indicando que éste era el momento correcto para realizar la entrevista. Los invitamos a sumergirse un poco en su mundo y su visión desde los escenarios y desde su estudio.


SR: ¿Quién es Max Capote?

Max: Max Capote es un pibe de 13-14 años que vio la película La Bamba, sobre Ritchie Valens, y tiró colores y quiso ser músico. Le pidió a sus padres que le compraran una guitarra eléctrica y ahí empezó. Mi primera guitarra eléctrica fue muy curioso cómo la conseguí: fui a un ensayo de los Bis Bis y había una guitarra con cuerpo de Telecaster y el brazo de una Giannini Super Sonic. Estaba sin cuerdas y llena de polvo. Me dicen “llevátela y después arreglamos”. Esa guitarra, cuando cumplí 14, mis viejos la pagaron y me la regalaron. Estaba buenísima la guitarra. Hoy la estoy buscando; entro a Mercado Libre muy seguido a buscarla. De más grande la transé y hoy la extraño y la quiero, porque valoro que tenía un sonido increíble del que me re acuerdo. Si alguien lee acá y la conoce, que me llame.

SR: ¿Cómo definirías tu sonido?

Max: Mi sonido es fruto de lo que yo escuché siempre, de lo que escucho. Los que escuchan podrán apreciar que es muy vintage. Pero no es un vintage tan buscado, en realidad, sino que es lo que más fácil me sale, porque es lo que yo escuché siempre. Me crié escuchando Los Beatles, Beach Boys, música vieja. En realidad me cuesta más producir cosas que suenen más contemporáneas. Por ejemplo, el disco Chicle, que fue por el que me nominaron al Grammy, está mezclado como cuando empezaron a mezclar música estéreo, tipo la batería y el bajo de un lado y las voces y los instrumentos solistas del otro, ponele. Ese sonido me encanta, piro con eso. Para hoy es muy raro porque uno mezcla todo al medio y paneadas las cosas que están dobladas. Yo disfruto esa mezcla vintage porque genera mucho aire, podés escuchar cada instrumento de forma perfecta porque tenés todo bien separado. De ahí viene mi sonido. Cuando uno está produciéndose solo, querés seguir tus gustos pero caés en inseguridades: “¿estará bien lo que estoy haciendo?”. Mi primer disco, Grandes Éxitos, dentro de la prensa había causado una cosa muy buena, y no quería tirar todo a la mierda. Estaba luchando contra ser fiel a lo que me gusta a mí. Hice un par de mezclas del disco a mi manera, como después quedó, y se la di a un par de referentes de acá de la producción y el sonido. Me decían que estaba loco, que era una mierda (risas). El disco salió como a mí me gusta y tan mal no me fue, llegó a los Grammy.

SR: ¿Qué significan para vos los premios a los que estuviste nominados y ganaste, más allá de ser un reconocimiento?

Max: Sinceramente, no entiendo cómo fui nominado a los Grammy. No es que dude de mi arte, pero yo soy un artista con cero lobby. Mi nominación al Grammy demuestra que no hay nada arreglado, cualquier cristiano del planeta le puede tocar si hace las cosas de una forma que cautiva a cierto jurado. Mi nominación se la debo a Mint Parker, la cantante de Vendetta. Le estaba produciendo el disco Badaboom!, que fue con el que gané el Graffiti a mejor productor, y me dijo que había averiguado algo de los Grammy, que había que anotarse. Yo había sacado Chicle y ella me dio manija para que me anotara. Es más, ella me pagó la membresía. Lamentablemente ella no quedó y yo sí. Y después, ¿viste la cadena mágica de favores que existe? Ese “favor” que me hizo Mint Parker lo devolví cuando le dije a una amiga que tenía que anotarse. Le rompí tanto las bolas que esa mujer se anotó y fue a los Grammy porque quedó nominada. Estoy hablando de Mónica Navarro.

SR: Habías dicho que no creías en el éxito.

Max: Vengo de un mundo menos mainstream, vengo del Cerrito, tocábamos en el living, y de repente el destino nos hace salir al mundo, esto de ir a Las Vegas por los Grammy, ir a tocar a Estados Unidos, a México, y ahí te das de frente contra la industria. Acá en Uruguay capaz que te sentís especial porque somos pocos y cada artista que más o menos sobresale un poquito, es como algo especial. Pero vas para México y te das cuenta que sos una hormiguita. Nos fue bárbaro, porque presentamos el disco, y en el último show había pila de gente que cantaba las canciones. Habíamos ido en 2013, y después fuimos en 2015. Para esa segunda vez, ya era una locura. Por ejemplo, todos los festivales que el manager nos llamó para tocar, dijimos que sí. Fue una energía muy intensa, en la cual yo tuve unos ataques de pánico, una crisis de ansiedad que duró toda la gira. Cuando empecé en esto, no estaba atrás de una zanahoria, estaba atrás de la música; pero llega un momento que ves toda esa movida y te va tan bien que es como la zanahoria y el burro. Es una vorágine, y después te das cuenta que hay gente al lado tuyo que pensás que ya está, que ya llegó, pero el tipo sigue nervioso y preocupado por llegar a algún lado. Y me dije: “entonces no hay ningún lado”. No es para ahí la dirección, entonces. Cuando llego a Uruguay y vuelvo a tocar, porque me pica el bicho como en los viejos tiempos, me doy cuenta que el éxito no estaba en ir a buscar cierto color. Antes no le avisaba a nadie de mis amigos o mi familia que iba a tocar, porque consideraba que el show fue exitoso si nadie conocido me iba a ver, si iba público de verdad. Si iban los amigos, te estaban haciendo el aguante y era como una burbuja. Pero si medís para el otro lado, que es el posta en el que creo hoy, el éxito es estar en un escenario y cantar para todos tus seres queridos. Ahí está la verdadera movida.

SR: De alguna manera, aquella experiencia te trajo más a la realidad uruguaya.

Max: Me trajo a la realidad humana, me parece, más de carne y hueso y no tan de plástico. Nunca soy más feliz que en un asado con la familia y los amigos. Me he subido a escenarios grosos a cantar, como en el Grand Rex de París, y yo decía “¿qué estoy haciendo acá?”. Está de más, todo bien, pero creo que me da mucha más euforia, placer y felicidad estar con mis amigos y mi familia.

SR: ¿No repetirías la experiencia?

Max: Sí, pero desde otro lugar. Cuando estuve en Las Vegas estábamos tan concentrados en hacer notas que no tuve ni un momento para poder disfrutar estar en Las Vegas, de salir a caminar. Estábamos para laburar.

SR: ¿Te interesa más disfrutar de lo que hacés que lo material?

Max: Sí. Igual considero que soy un obrero de la música, y como tal, quiero que mi trabajo sea remunerado; eso dignifica una profesión. Considero malo enceguecerse solamente por el negocio, ser un mercenario y prostituir tu arte. Pero otra forma de prostitución es hacer todo gratuito, ensayar con todo e ir a un boliche y no ver un peso porque se ama el arte. Me parece que eso es escupir el arte. Tiene que ser digno. Por suerte hay muchos bolicheros músicos acá en Uruguay, que están de los dos lados y entienden cómo es.

SR: ¿Fue la gira lo que te sacó las ganas de tocar y que te llevó a dedicarte más a la producción?

Max: En realidad, hace 20 años que estoy produciendo y nunca dejé de hacerlo. Son cosas que pueden coexistir perfectamente. Donde choca tener un proyecto musical y ser productor, es porque yo debo ser uno de los productores musicales que más trabaja en Uruguay. Laburo de lunes a viernes de 10 de la mañana a 7 de la tarde, grabando. Entonces, ¿cómo hago yo para, después de las 7 de la tarde, ponerme a producir cosas mías? Eso es lo que ha hecho que mi carrera discográfica haya sido tan lenta, sacando discos cada tanto tiempo. Es como que a un cartero lo hagan salir a caminar un día feriado. Eso me ha jugado en contra. La pandemia y eso me ha bajado un cacho el laburo, y se han juntado varias cosas que me han llevado a comenzar a producir cosas mías de vuelta. Por ejemplo, cuando Nasser me invita en 2019 a hacer esa canción que interpretamos juntos, eso me motiva hasta querer tocar en vivo. En diciembre de 2019 es que armo la banda de vuelta para tocar en vivo. Hicimos un par de shows y a los dos meses viene la pandemia y se fue todo al carajo. Con lo de Nasser yo vuelvo a querer hacer algo y recién ahora, hace un par de meses, saqué una canción que en realidad es un cover de El Gavilán, que es el guitarrista de la banda. Es una canción de hace 10 años, que la hice y la grabé. Ahora acabo de terminar otra canción y tengo que terminar dos canciones nuevas, algo muy raro en mí, que estoy comenzando a producir de vuelta: desde 2014 que no sacaba nada. Estoy copado otra vez, y con cinco años más de experiencia sonora, estética y todo. Es un material súper honesto, es sin especular si va a gustar o no; me chupa un huevo. El mejor negocio es irte para la tumba feliz y contento.

SR: Toda tu experiencia se está viendo reflejada ahora, ¿no?

Max: Creo que toda persona que esté haciendo arte hoy, música, aparte de experiencias normales adquiridas de marzo de 2020 para atrás, creo que las experiencias de marzo para adelante, esto de estar encerrado y que se nos muera gente alrededor sin poder verla, creo que tiene una cosa ahí. Hasta tengo una canción que sutilmente habla un poco de eso, también. No me gusta hablar de los temas del momento, me gusta ser atemporal, pero falleció mi abuela y tengo amigos cercanos que estuvieron muy mal, y a modo de catarsis me salió una cosa ahí que es hasta media morbosa, capaz. Yo tengo eso de que a veces me salen cosas medio morbosas. Al mismo tiempo es medio tierno; ya lo escucharán.

SR: Te gusta agarrar bandas nuevas para producir, ¿verdad?

Max: Sí, sí. Me gusta producir el primer disco de una banda, porque ahí no hay una identidad discográfica en la banda en ese momento, entonces yo formo parte de la cosmogonía, del origen de ese sonido. Por lo general, las bandas a las que le hago el primer disco, ese sonido que agarran, es como que lo conservan después con sus variantes y sus desarrollos a lo largo de sus historias. Es raro que una banda dé un vuelco tan fuerte, ni siquiera cambiando de productor después. Muchas veces lo que hacen los productores cuando agarran una banda que ya tiene discos, es escuchar el material antiguo y ya se contaminan de eso y siguen por ese camino. Pasa mucho eso. También le produje como tres discos a Diego Pérez, y a Casafúa le produje dos, que con el segundo fue que gané otro Graffiti de productor.

SR: ¿Podemos hablar de un sello Max Capote?

Max: Yo creo que sí. Porque la gente me dice “eso está re capotero”. Tengo muchos recursos de los ’60, de Motown, Beatles. Hay bandas de género con las que es más difícil eso. Todas las bandas de metal van a tener los recursos más o menos parecidos, porque son de género. Una banda de tango va a tener los recursos del tango. Como yo no soy de género, soy más de estilo. Te agarro una bossa nova y la hago a mi manera. Yo no inventé nada, son mis influencias, las bandas que escuché, mi bagaje musical que pasa a través mío y se transforma en eso nuevo. No estoy inventando un sonido de nada, todo lo contrario.

SR: Y al revés también, ¿no? Todas las bandas que producís te influencian en tu sonido.

Max: Sí, claro. Yo aprendo mucho de cada banda, porque ellas tienen sus músicos con su bagaje, sus recursos, sus arreglitos, y en este tiempo he aprendido eso. A mí me gusta toda la música. Mucho tiempo laburé hasta con música tropical, plena, cumbia, estando más que nada de técnico trabajando con productores muy experimentados de esos géneros, que eso también enseña mucho. Pude mamar formas, arreglos y el secreto de cómo es que lo hacen. Igual creo que hay algo nato en cada persona que desarrolla un género. Cada uno tiene su sonido de donde viene, es una cosa que se respira en el ambiente. Va más allá, vos hacés un rock and roll y te suena uruguayo. Es la forma de mezclar, de interpretar algo que vino de otro lado. Igual, nada es de ningún lado.

SR: ¿Tenés distintos tipos de producción para distintos artistas?

Max: Sí. Lo que varía, más que nada, son los mecanismos. Me ha tocado producir gente que viene solo el tipo o la tipa con la guitarra –soy muy productor de mujeres– y yo desarrollo todos los instrumentos. Eso es un tipo de producción que hago. Me gusta mucho hacer eso porque tengo mucho control de lo que pasa. Y es distinto si viene una banda, porque ahí la movida es laburar con la banda entera, haciendo tomas y editándolas, siempre tratando de estar en las tomas para hacer indicaciones, porque a veces el músico está haciendo algo de una forma que no es la más conveniente o la que rinde más para un arreglo, y entonces trato un poco de guiar como productor y darle las intenciones del todo. Siempre sugiriendo. He desarrollado mi capacidad de convencer a la gente bastante en estos años, sin imponerme.

SR: ¿Intervenís en las producciones tocando instrumentos con las bandas?

Max: Sí. También me pasa mucho que me invitan a cantar algún tema del disco. Me ha pasado con varios, cosa que me encanta. Lo que pasa es que a lo largo de la producción de un disco, que lleva mucho tiempo, esfuerzo y alegrías porque encontrás un sonido, vas generando un vínculo afectivo con las personas con las que trabajás. He hecho muchísima gente amiga produciendo bandas. Eso está buenísimo.

SR: De los dos tipos de producciones que mencionaste, ¿cuál de las dos te gusta más hacer?

Max: Es como una cosa medio ambigua, porque la producción de un artista que viene sin banda, lo disfruto pila. Es más tedioso porque recae en mí la instrumentación de todo, pero al mismo tiempo disfruto mucho de grabar cada instrumento y buscar el sonido. Y con una banda, como ya están los arreglos y todo hecho, simplemente puedo modificar cosas, marcar cómo interpretarlas y después acomodar todo para que sea lo más perfecto posible, para que suene. Eso es un laburo que como que fluye más rápido. Pero disfruto de las dos formas, los dos tipos de laburo están de más. Lo que más me cuesta y disfruto menos, es producirme a mí mismo. Y si trato de que venga alguien a ayudarme, termino no haciendo nada. No confío en nadie cuando me estoy produciendo, ni en mí mismo.

SR: Eso te frena un poco la creación, ¿no?

Max: Salado. Ahora como estoy en un destranque, quiero hacer un disco. Uno de los temas que tengo, que tiene un sonido no tan parecido a lo que quiero que sea el disco, capaz que queda afuera pero sale como un simple. También estoy en una época instrumental, no me gusta un disco de 10 canciones todas cantadas; capaz que meter 5 y 5, o algo así. Creo que soy muy experimental y encuentro cosas lindas haciendo temas instrumentales. Sé que no son comerciales, pero me gustaría igual desarrollarme en eso, hacer un disco bastante instrumental.

SR: Sería como una innovación, no hay mucho de eso en el rock nacional.

Max: Mi primer disco, Grandes Éxitos, tiene como tres o cuatro temas instrumentales, que eran divinos y que fueron usados como cortinas musicales de programas. Igual ese disco tiene una cosa más modernosa, pero siempre como retro. A lo que apuntaría más ahora, que es lo que me está tocando, es a cosas más lounge del tipo bossa nova bolerística, tex-mex, ese sonido.

SR: Una vez terminado el disco, ¿lo presentarás en vivo? Porque con tu último disco no pudiste hacerlo.

Max: Mi último disco lo presenté en vivo en México, en el último show que hice. Eso fue en marzo, y yo tenía fecha en julio para presentarlo en el lugar donde he presentado todos mis discos, que es la Sala Zitarrosa. Hasta habíamos sido apoyados por el FONAM. Pero fue cuando llego a Uruguay y decido desarmar la banda. Ese disco nunca se presentó ni se le hizo campaña de prensa. Si sacara otro disco creo que lo presentaría en vivo para disfrutarlo con los amigos. Por tradición, me gustaría presentarlo en la Zitarrosa. Pensar cómo las perspectivas y los horizontes van cambiando a medida que vas haciendo cosas, ¿no? Cuando tocaba en Pachamama, les decía a los guachos: “el día que lleguemos a la Zitarrosa, me retiro, ya está”. Era EL escenario. Y después terminé cantando en el Solís, en el Grand Rex de París, en festivales de México. Pero fue tal la emoción de presentar el disco en la Zitarrosa, que le tengo cierto cariño a esa sala.

SR: ¿Querés agregar algo?

Max: Aprovechar a invitar a la gente a que escuche el nuevo lanzamiento, que es “Infinita de verano” en Spotify y YouTube.

Winston Estévez y Ariel Scarpa

 

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