Emanuel Piotto: Muchas Propuestas, Muchos Conceptos, Mucho Rock

Emanuel Piotto es un claro exponente del rock nacional en manos de gente joven. Un artista con mucho para dar que se diversifica en distintos proyectos de bandas, además de ser luthier. En todas sus manifestaciones musicales, el rock dice presente de diferentes formas, pero siempre depurando lo esencial de esta corriente. También es muy interesante tener en cuenta la convocatoria que está teniendo él y los integrantes de esta nueva movida rockera, donde el público joven aporta aire fresco a todo el panorama. Sus conceptos sobre la cultura y los mensajes que brinda con sus letras en su música, quedan desgranados en esta profunda charla que mantuvimos a lo largo de una hora.


SR: Tenés un montón de vertientes. ¿En cuántos proyectos estás?

Emanuel: Mis proyectos solistas son Piotto Folk Experiment, Piotto Blues y cuando me presento yo solo. También estoy tocando el teclado con mi amiga Flor en Flor Sakeo, y también toco el teclado, la armónica y percusión en Hablan Por La Espalda. Es una banda que me gusta mucho, que cuando descubrí que en Uruguay también se hacía el rock que a mí me gustaba, que era el rock sicodélico, el rock progresivo, el blues rock, el hard rock, cosas pesadas, fermentales, conecté con ellos. Los encontré buscando en internet mientras estaba escuchando Psiglo y Días De Blues. Me encontré con un vacío que se produjo en la época de la dictadura, y cuando se vuelve al rock, como que es otra la moda y se vuelve a tocar otra música. Cuando se vuelve a la democracia empieza todo lo que es el post punk y eso. Pero yo había conectado mucho con todo lo que era el movimiento hippie, todo lo que era el rock and roll, el blues rock, el rock progresivo, el rock psicodélico, o el proto heavy metal. Me gustaban mucho las bandas argentinas, también, por ejemplo, los primeros dos discos de Pescado Rabioso o los primeros materiales de Pappo’s Blues. De ahí pasaba a ver qué pasaba en Uruguay y aparecieron estas bandas como Hablan Por La Espalda recién en los 2000 y pico. Oro también es otra banda de blues pesado; Santa Cruz fue otra banda que me gustó mucho. Eso me influyó mucho porque vi que esto se podía hacer acá. Ahora pasaron todos estos años y entrar a Hablan Por La Espalda para mí fue algo muy importante. Después también estoy tocando en Trovador Eléctrico, que este año cumplimos 10 años, donde somos un power trío con el que hacemos un blues rock hardcore, bien rápido, fuerte y polenta. Ahí está Gastón Zacheo en la batería y Pablo Silva en el bajo. Fue la banda que hicimos hace 10 años y que tratamos de conservarla. Ahora estamos por reeditar un álbum que sacamos el año pasado con Trovador Eléctrico y lo vamos a editar en casete. Los otros discos en que estamos trabajando son de un proyecto acústico que tengo que se llama Piotto Folk Experiment, en el que estamos con Iván Krisman en el bandoneón y en cigar box. Es un músico con trayectoria que estuvo en la primera época de La Teja Pride, tiene un proyecto con Walo que se llama Oriundo, y está tocando en Eté & Los Problems, entre otras cosas. Y está Agustín Rezk en el banjo, que también toca la guitarra y canta en Golem, toca la batería y canta en Motorhome, y también es parte de mi banda Piotto Blues. El disco en el que estamos trabajando con ellos es como una especie de blues, blue grass, pero también es folclórico porque hacemos “Gallo rojo, gallo negro”, por ejemplo, que es un tema que popularizaron Los Olimareños pero que en realidad es de Chicho Sánchez Ferlosio, que es un español. También hacemos “Vela ciao”, que es una canción popular italiana. Estamos buscando algún otro material autóctono, criollo, digamos, para trabajar.

SR: Dentro de esta vorágine musical, ¿quién es Emanuel Piotto?

Emanuel: Me lo pregunto todos los días, la verdad (risas). Lo que amo y es también mi trabajo, es la lutería. Me encanta construir guitarras. Ahora estoy haciendo una guitarra clásica de siete cuerdas y estoy terminando un guitarrón, que es un instrumento que usa en la milonga y en el tango. También estoy dando clases de lutería, tutorías, cursos. Tuve un alumno que terminó un curso de calibración y ajustado de su instrumento. Ahora tengo un amigo que está construyendo dos guitarras eléctricas y lo estoy guiando en el proceso. Es un oficio que amo. Yo me identifico como un luthier, pero también creo que es parte de ser músico. Lo separo porque como que la música me llevó para ahí, para la lutería, y la lutería me lleva también para la música. Pero hay cosas diferentes, en realidad, porque como músico soy un artista y como luthier soy un artesano, un técnico. Técnico Lutier es como mi título de la escuela Figari, por ejemplo. Tengo muchos planes de vida con la lutería. Emanuel Piotto sin Piotto lutería, como que no está. Soy un tipo simple. Nací y me crié en la Teja, en el Cerro, y tengo muchos amigos de ahí en el skate. Viví muchos años en Paso Molino y ahora estoy viviendo en Prado Norte desde hace varios años. Soy fanático de las motos, de las café racers.

SR: ¿Qué te cautivó de la música retro que escuchaste y que te lleva a hacer lo que estás haciendo ahora?

Emanuel: Esta música me empezó a gustar apenas la descubrí. Capaz que ni siquiera estaba llegando a los 18 años cuando escuchaba “Shine on you crazy diamond” de Pink Floyd, y me fascinaba que no empezaran a cantar hasta el minuto cinco. Eso me encantaba. Pero la verdad es que no sabría decirte qué es lo que me llevó hasta ahí. El otro día te contaba que la guitarra fue algo que me influyó mucho. Cuando empecé a tomar clases de guitarra, el profesor me mostró cosas como “Milonga de pelo largo” de Dino, un clásico, pero no fue algo que me impactó porque la imagen de Dino tampoco se conoce, no se vendió la imagen de Dino. La música sí me gustó mucho, el Mi y el Do que tenía ese tema. Después me mostró unas canciones de Guns N’ Roses, como “Don’t cry”, y me mostró una foto de ellos y me impactó cómo eran, me marcó mucho. Esto fue a mis 14 años cuando aprendí a tocar guitarra, pero mucho antes aprendí a tocar órgano, cuando tenía 7 años. Mi padre estudió órgano y guitarra y con mi tía también tuvieron como una formación, aunque no se dedicaron y lo abandonaron cuando criaron a sus familias. Pero la guitarra y el órgano estuvieron siempre en casa, por más que estuvieran guardados. Me acuerdo que un día mi padre sacó el órgano y lo tocó. Después de eso me mandaron a una clase de tan pesado que fui. Se ve que fue algo que me impactó mucho. Después, a los 8, 9 años es la edad en que uno se dedica a jugar al fútbol, al deporte, a la escuela, a entretenerse, y me encuentro con lo que es el basquetbol, que es algo que me gustó mucho y le dediqué muchos años. También aparece el cyber café, donde iba a jugar con mis amigos, y me encuentro con un juego que me gustaba, Twisted Metal, y que la música que tenía me choca, me hace sentir cosas, me emociona. Yo miraba los créditos sólo para escuchar la música y me doy cuenta de que necesitaba conseguirla y tenerla. Eran los Rolling Stones con “Paint it black”; dije “¿esto qué significa?”. Nunca los había visto, no sabía cómo eran. A través del Ares la consigo y empiezo a escucharla antes de ir a los partidos de básquetbol, porque me motivaba para ir a jugar. Era sacrificado porque había que madrugar; eran formativas pero eran competitivas. En Uruguay a todo lo que hacemos le entregamos el corazón, y a la música también. El año pasado estuve en Torino, Italia, y estuve con Diego, que era integrante de Avitación 101. Me comentaba que allá tienen todo para hacer la música que quieran, pero lo que falta es que la gente se lo tome como prioridad. Para nosotros, ése es el corazón, es como la garra charrúa. Acá la gente por más que no se dedique al fútbol, al básquetbol o a la música, es lo más importante. No va a faltar un toque. Capaz que hasta terminan echándolo del laburo, pero el ensayo es sagrado, igual que el toque. Eso me parece muy importante y muy característico de nuestra manera de hacer música.

Foto: Mateo Inzaurralde

SR: La pasión, de alguna manera.

Emanuel: Sí, la pasión. Te quería comentar de estas canciones que descubrí y escuchaba antes jugar al basquetbol y era algo que yo no sabía ni siquiera cómo eran estas personas. A través de los Rolling Stones, conocí a Los Beatles y la canción “Help”, que me encantó. Luego llegué a Led Zeppelin y los empecé a escuchar un montón. Yo me imaginaba unas personas como rudas, en moto, y cuando los veo me encuentro con que son completamente genuinos y originales. Era imposible imaginárselos así. Y bueno, en el básquetbol, en el ambiente que yo me movía en el liceo también, era la única persona que escuchaba esta música. De la clase, en primero, segundo y tercero, yo era el único que tocaba la guitarra. Igual a lo largo del tiempo me pasó que me encontraba con esa minoría cada tanto. En el básquetbol me encuentro con un muchacho, Fernando Uteda, el Cabeza, que me dice que toca la guitarra y yo no le creía, porque era la primera persona que conocía que tocaba la guitarra. Estaba aprendiendo a tocar la guitarra y el padre siempre había tocado en bandas. Empecé a ir a la casa cuando yo estaba en el momento punk de mi vida, porque eso de que soy el único que toca la guitarra y el único que escucha rock, me hizo sentir rebelde y conecté más con esa música, con Green Day por sobre todo. El otro día te comentaba que la primera vez que conocí a Green Day fue cuando la madre de un amigo había fallecido. Ella era profesora y en el velorio fueron alumnos a despedirse, y uno de ellos tenía la remera negra con el American Idiot, que es ese brazo blanco con la granada que es un corazón. Eso me quedó por siempre. Muchos años después busqué a Green Day y ahí me hice fanático de esa música. A través de eso conocí todo lo anterior, como Sex Pistols. Fui para atrás y terminé conectando con el blues, y estudiando música con este amigo mío que estaba aprendiendo también, y que el padre tenía una biblioteca llena de DVDs. Nos mostraba cosas de ahí, como Jethro Tull o G3. Igual mis gustos siempre se definieron por sí solos, porque soy difícil de influenciar. Él ponía eso y para mí era un montón de data que hoy agradezco, pero no es una referencia. Entonces armo mi primera banda con el Cabeza, que tenía un amigo que estaba aprendiendo a tocar el bajo. Ese es el Pelu, quien está tocando hoy en Trovador Eléctrico. La banda que armamos se llamaba Vacante. Como yo siempre fui un poco compositor, ahí ya estaba componiendo. Cuando estaba saliendo de la escuela aparecen los primeros celulares, tipo el C115 o el Nokia 1100, que tenían una herramienta que se llamaba Composición que era para hacer los ringtones. Eso me interesaba pila y me ponía a jugar y hacía cosas. Al aprender a tocar la guitarra ya hice mis primeras canciones, y ahora con esta banda estaba presentando canciones pero como incompletas. Luego buscamos un baterista con un lugar para ensayar y apareció el Fede Cirielli. Armamos la banda y sonaba hard rock, blues, que era lo que a mí me estaba gustando y era lo que todos más o menos teníamos en común. Faltaba un cantante y el baterista, que era más grande que nosotros, consiguió los toques y el cantante. Pone un anuncio buscando un cantante de power metal, aunque nosotros hacíamos hard rock y blues. Aparece el Pacman, Sebastián, y nos pusimos un poco hostiles, por lo que le hicimos cantar “Stairway to heaven”. No sólo que la cantó sino que la tocó en la guitarra. No podíamos dejarlo afuera. Él empezó a escribir las letras y las melodías, le aportó un montón a la banda. Fue una muy buena época en la que duramos como tres años. El Pelo y yo nos fuimos de la banda al mismo tiempo porque ya nos habíamos aburrido, como que teníamos una necesidad diferente. Yo estaba tratando de terminar el liceo, no me estaba yendo bien, y estaba conociendo otros músicos en el liceo que venían de la murga, del candombe, de la bossa nova, del jazz, todo junto. Tenía un compañero que tenía una banda de black metal, algo que ni conocía. A través de él conocí un montón, ya que había como un auge en el metal. Mi amiga Florencia, por ejemplo, tenía una banda de punk rock, Hijas Del Rigor, e íbamos a verla. También conocí la cultura de artistas callejeros. No me fue bien en el liceo, así que lo abandoné al igual que a la banda y me puse a tocar canciones uruguayas en los bondis; algo de Eduardo Mateo, Días De Blues, Psiglo. Iba con un compañero, Fede Montilla, que fue el que me enseñó a cantar. Yo tocaba la guitarra y cantaba y él era el cantante principal. Hoy sigue cantando en los ómnibus y es profe de música. Estuve tres años cantando ahí y me formé diferente. El último año empecé con la lutería, que fue algo que siempre quise hacer pero nunca me animé porque no me consideraba como una persona que pudiera hacer una guitarra. Una vez que entrás, ves que es algo que hacemos las personas: hacemos guitarras. Y a su vez me vino la necesidad de otra vez hacer una banda de rock, porque volvía al enojo de nuevo y quería tocar rock pesado. Formamos Trovador Eléctrico, con Pelu que había sido bajista de Vacante y agité a Gastón Zacheo, que es el hermano de Florencia, y con el cual íbamos a las salas de ensayo a jamear junto a Florencia y un montón de compañeros del liceo. De a poco la lutería laboralmente fue desplazando lo de músico callejero. Me empecé a sentir más cómodo con eso y hoy es lo que soy: tengo una banda y toco con varias bandas. Lo hago porque amo hacerlo, y por supuesto que no descarto las oportunidades laborales que aparecen. Soy Lutier también y lo hago porque lo amo, pero no descarto tampoco ninguna oportunidad laboral para hacerlo.

SR: ¿En tus composiciones buscás transmitir algún mensaje, alguna energía?

Emanuel: Sí, la verdad es que trato de transmitir. Por ejemplo, tengo una canción que se llama “No te mates nunca”. Dice: “Por favor, no te mates nunca. Si hay dolor, morir no es la cura. La vida y el amor no tienen culpa y sentir dolor a veces nos ayuda”. Yo creo que lo que quiero transmitir es eso, que todos sentimos dolor, todos tenemos heridas o estamos dañados, pero estamos acá para crecer con ello, para sanarnos a nosotros mismos. Mis mensajes son anti suicidios, por ejemplo, promueven la sinceridad de uno mismo, también. Por ejemplo, “Blues de Leo”, dice: “Soledad no es verdad que canto solo en la oscuridad. Mi compañía y bienestar es conocerme. Sé que la realidad es la vida una unidad y un doble filo sería dudar quién soy en realidad. Tal vez tú no digas lo mismo, tal vez tú te odies a ti mismo y no soportes la pregunta del final, al final quién eres tú en realidad”. Creo que son esos los mensajes. Tengo muchas etapas, igual, tengo mucho material. Con Trovador Eléctrico tenemos dos discos, con Piotto Blues tenemos un álbum y un EP. Y como solista yo tengo capaz que 10 álbumes que andan en lo que es ser un cantautor montevideano influenciado por toda esa etapa de ser un músico callejero, influenciado por Fernando Cabrera y Eduardo Mateo. Tengo toda una etapa como blue grass country influenciado por músicos como Led Zeppelin o Jack White. Y tengo muchas más cosas también que a veces hago para divertirme y que están en Spotify. Hay un proyecto que tengo que surgió de un grupo de WhatsApp. Yo molestaba a los compañeros con una aplicación que tenía en el celular y que es para grabar música urbana: low fi, hip hop, boom bap, reggaeton. Empecé a grabar cosas ahí y las mandaba y se reían, pero les gustaba. En un momento me agarraron y me dijeron: “Mirá que eso que estás haciendo está bueno”. Entonces lo junté y lo mandé a Spotify. Es como algo diferente que no tiene nada que ver con todo lo otro que te dije.

SR: A pesar de que la música que hacés es “vieja”, de alguna manera, con tu mensaje estás llegando a la gente de tu generación y a gente más joven también. ¿Cómo se logra eso?

Emanuel: No sé, la verdad que es increíble. Tengo la teoría de que no importa en qué momento vos nazcas, hay cosas con las que conectás en determinada edad, y la juventud conecta con todo eso que te decía hoy de la rebeldía, la desconformidad, los sentimientos negativos como el odio, que son caras de la misma moneda y que puede ser la moneda del amor, de la conformidad y de la de la paz. Porque si la guerra es para la paz, si no hay paz tampoco hay guerra; sin la desconformidad las cosas no cambian y no aparece la conformidad. Yo creo que el género rock tiene todo eso, es para alguien que está desconforme, que quiere protestar y no importa el tiempo en el que vos nazcas. Los jóvenes de los ’70 conectaron con Jimi Hendrix y yo siendo un joven del 2010, conecté también con Jimi Hendrix. Yo creo que va a haber jóvenes en el 2050 que también van a conectar con él, con Woodstock y todo eso. Después hay otras cosas que te llegan con otro tipo de madurez que tienen que ver con tu cultura y tu sentimiento como ser humano sociocultural, y ahí podés conectar en otras cosas como las que tienen que ver con el tango, por ejemplo, con la milonga, con las canciones de protesta, con cosas que tienen que ver con política. Pero yo creo que los jóvenes conectan con el rock. Más allá de que esté lejos de estar de moda o que simplemente haya cada vez menos grupos, siempre va a haber jóvenes que van a conectar con eso por ese lado contestatario. Yo te decía el otro día que al toque vienen muchachos y muchachas que tienen 15 y hasta 20 años, y que son 10 años más chicos que yo. Yo los veo ahí y están sudados, algunos están sin remeras, otras están vestidas de una manera completamente atípica, súper original, combinando cosas que es imposibles combinarlas, pero las combinaron. No las van a dejar entrar un baile convencional o a escuchar reggaeton, y probablemente en su clase, en su liceo se burlan de ellas también, les hacen bullying. “¿Cómo te vas a poner eso?», o «¿cómo vas a ser así?», o «¿por qué sos tan raro?”. Y eso hace que no quieran ser parte de eso, y que cuando escuchan reggaeton o el género que está de moda ahora, el trap o lo que sea, les genere rechazo. Ellos son únicos en su grupo, son una minoría, y va a haber momentos en los que esa minoría va a crecer y va a tener más control sobre los movimientos culturales. Puede que hoy esté sucediendo eso y por eso haya tanta movida de rock, tanta movida alternativa, underground, hardcore, tanta movida de esta música. Quizás esa minoría creció y está tomando el control de los centros culturales y cosas de las que nadie estaba tomando el control. Porque en un centro cultural no hay negocio. En un centro cultural hay cultura, y en la cultura no hay negocio. Hoy se demostró con estas personas que empezaron siendo jóvenes de 20 años tocando y que hoy tienen 80, como los Rolling Stones, que es un estilo de vida, una forma de cultura, una forma de hacer las cosas, algo saludable, porque los ves y están bien los tipos. Hay casos, por supuesto, de suicidios en que murieron jóvenes, casos de sobredosis. Contra esas cosas también hay que luchar. Yo, por ejemplo, hace un año que me uní a un movimiento que se llama Straight Edge, que es un movimiento contracultural dentro del hardcore. Surgió en los años ’80 y lo contestatario del movimiento es que son personas que van a los toques hardcore, que hacen pogo, que se revientan, que agitan todo, pero que no toman una gota de alcohol, que no fuman un cigarrillo, que no consumen marihuana ni ningún otro tipo de droga. Yo las consumí y fueron parte de mi formación de personalidad. Hubo cosas que aprendí con ellas, pero hoy opté por este estilo de vida de Straight Edge, y es algo que también me encuentro en la misión de mostrarle a estas personas y a estos jóvenes, que no tienen porqué tomar alcohol si no quieren. Yo estoy arriba al escenario y no tomo alcohol. No tienen porqué fumar cigarrillos para ser cool, para ser geniales.

Foto: A Través Del Espejo

Foto: Basura Mágica

SR: El otro día también hablábamos de Neamwave, Obelisco, Flor Sakeo, de vos. ¿Es un nuevo movimiento rockero?

Emanuel: Sí, totalmente. Neamwave son unos muchachos que los conozco a todos. Incluso te diría que le arreglé la guitarra y el bajo a todos (risas). Los conozco de ahí y también de los toques donde hicimos cosas juntos. También tocan en Motorhome, tocan en otras bandas, y es impresionante la música que hacen. A mí me impactó mucho, porque con Trovador Eléctrico llevamos tocando 10 años, y de repente nos hemos encontrado con muchas bandas en el camino de muchachos de 20 años que tocan así también. Además de que tocan bien, tienen una puesta en escena que hace tiempo, en aquellos años, nos daba vergüenza hacer. Eran pocas las bandas que se tiraban al piso cuando tocaban. Ellos lo hacen sin miedo a nada. Y encima y lo más importante para mí, el grupo humano que son. Son súper respetuosos y tocan con todo el mundo. Y a su vez ver al público de ellos, donde también todos son muy jóvenes que van, ven, agitan, se gozan, se aprenden las canciones, es una renovación total de público. Hay más gente joven haciéndolo, lo que pasa es que creo que ellos son los más visualizados. Como contemporáneos estuvo también Flugma, que fue una banda también de Juanpa de Neamwave, de un metal alternativo. También Voltaine o Blisters o Yakisoda. Aparecen muchas bandas que son, en parte, el público que va a verlos, y las bandas haciendo más bandas con otras bandas. En Obelisco están el Goma, Cami y Fede. Él hace 20 años que está en el under y ha tenido otras bandas muy importantes, por ejemplo Rotten State que fue una banda de thrash metal crossover con la que ganaron un Metal Battle y fueron a tocar a Alemania en un festival. Y entre Neamwave y Obelisco también está Flor, que estuvo tocando desde muy temprana edad en el movimiento punk rock. Hoy ella opta por su carrera solista y por un género mucho más alternativo que el punk rock, con influencias de stoner rock, stoner metal, blues, dirty rock, música vintage. A su vez está orientado hacia la canción, todo lo compone desde la canción, entonces vos podés identificarte con ella tanto como con Rosana Taddey, quizás. También es una mujer en el mando de una música súper pesada, algo poco común en el mundo, en realidad. Están las Runaways, por ejemplo, que son muy energéticas, pero no es como Led Zeppelin o Black Sabbath. Hay un lugar que es para ella que está clarísimo en la escena alternativa nueva que se formó en el underground. También hay punk y metal, porque a nosotros no nos importa la música que tocás, nos importa que quieras hacer algo bueno, que quieras hacer un buen toque, un buen show, un buen sonido, que quieras sumar. Que no sea sólo hacer un toque, sino que también quieras hacer una puesta en escena, como lo hizo Catatumbo que se disfrazaban, como lo hace, por ejemplo, Fonoamor, que está en la escena pero que se mueve en otro género que es como hip hop. O Traumadol, también, que es tecno pop pero viene del hardcore y del punk. Ella hace canciones de La Polla Records versión tecno pop, y se disfraza y es gracioso y divertido. Entonces lo importante no es el género, y creo que eso es lo que nos hace también estar dentro de lo underground, de lo alternativo. Lo importante es que quieras hacer algo que sume, que nos integre a todos, que quieras tener también un espacio sano, que quieras cuidar a las personas que te rodean, que no sea “soy el más roquero y los cago a piñazos a todos”. Que no sea “soy el que toca más fuerte”, o “soy el que lleva más gente”, sino que lo hacemos entre todos. Y ahí pasa que, de repente, justo la lupa se pone más en unos que en otros. Pero eso no significa ni que sean mejores ni que estén destinados a algo grande. Simplemente la lupa se puso ahí porque fue lo que vio el que tenía la lupa. Neamwave representa un montón de jóvenes que están tocando hoy. Flor Sakeo representa un montón de gente que ya viene tocando también hoy. Y Obelisco representa un montón de movidas más allá de la música, que tienen que ver con la moda y con el skate, y que están tocando hoy.

SR: ¿Esta nueva escena under busca diferenciarse del otro under, por decirlo de alguna manera, o tienen puntos de contacto?

Emanuel: Tienen puntos de contacto. Creo que mi generación es parte de esos puntos de contacto. Porque a mí me interesa tocar con bandas nuevas, me encanta, y también me interesa tocar con bandas que ya llevan tiempo tocando. Recién tocamos con Fede Graña, que viene tocando hace mucho tiempo. El año pasado y ojalá que este año también se repita, quiero volver a tocar con Juanmitz, que es de los Desmantelers, que también tocó con Motosierra. Quiero volver a tocar con Oriundo, donde están Iván y Walo. Quiero tocar con Guachass, que es una banda que también lleva mucho tiempo y que ahora está volviendo. Quizás en algún momento algún medio lo haya vendido como el nuevo under, y está bien porque es verdad, hay personas que son completamente nuevas. Los Walrus son parte también de esa movida, como Neamwave. Samuel Acosta también es parte de esa movida, que es un músico solista que es de Venezuela y la banda es toda uruguaya, y es muy bueno lo que hace. Yo me considero una persona que trata de tejer redes y unir, y he unido generaciones. A mí me interesa conectar, creo que a todos.

SR: Es parte del crecimiento de todas las bandas, ¿no?

Emanuel: Tal cual. Un ciclo que hicimos el año pasado junto con mi amigo Agus Resk fue Riders del Fuzz. A nosotros nos gusta mucho la música stoner, y es algo muy poco popular en el mundo, porque no hay una banda mainstream de stoner. Lo más parecido puede ser Queen Of The Stone Age, pero ellos tienen su estilo propio. Quisimos hacer esa movida con música pesada y traer bandas de Argentina, que ahí sí hay una movida establecida, y que suenen acá, como Ambassador, Moodoom, Yo Mañana, que son como blues rock, como stoner. En ese ciclo, en lo que encontré placer, fue mostrarle a estas bandas que ya llevan más de 20 años y que vienen también de la bajada de la cresta que vimos las bandas que llevamos 10 años, mostrarles esta subida de la cresta y cómo vas a tocar y van a ir gurises de 20 años a verte y no vas a poder creer que van a agitar todos los temas y van a hacer pogo. Entonces me parece súper importante conectar, eso que me preguntabas de conectar lo viejo con lo nuevo. Lo que sí, es que hay valores fundamentales que tienen que ver con el respeto, con la solidaridad, que hay que cuidar y que son elementales, sin importar el género de música que hagas, ni qué tan bueno o famoso seas. Lo importante es lograr una escena sincera, humanamente sana, que nos aporte a todos pero a nivel personal, en realidad.

SR: ¿Te parece que hay un rock nacional?

Emanuel: Sí, hay un rock nacional. Lo que me parece es que lo establecen los grandes eventos. En su momento lo estableció el Pilsen Rock, por ejemplo. Las bandas que llegaron al Pilsen Rock, son del rock nacional. Hoy me parece que lo más representativo quizás sea el Cosquín Rock o los premios Graffiti. Esas son cosas como del rock nacional. Y la característica principal creo que es simplemente la difusión, en realidad, que te hayan puesto en los Graffiti o en la cartelera del evento. Porque después, con respecto a lo que es el género, son todas las bandas diferentes desde el inicio del rock nacional. El punto en común es que son bandas de rock. Claro, el rock nacional empieza como en los 2000, ¿no?, porque lo de antes era como contracultural. En el momento en el que se hace nacional es cuando se hace parte de la identidad uruguaya, de la nación. Lo que era en los ’70, como Días De Blues, era contracultural. En la dictadura, directamente estaba prohibido, tenían que cantar en otros lugares. Los músicos como Eduardo Mateo y Gustavo Pena que tocaban en la dictadura, no hablaban de contenido político, era algo más como arte por el arte, y tampoco vivían de eso, lamentablemente. Y Gustavo Pena claro que era rockero, y Eduardo Mateo también. En esa época también contemporáneo con la dictadura tenés a Jaime Roos, que se está fijando en la identidad uruguaya. También pasa que ser un artista en el Uruguay no te favorece, obviamente te favorece ser otra cosa, como ser un político o un ganadero. A Fattoruso tampoco lo consideran rock nacional. Por ejemplo, en el Candombe For Export hay un teclado Hammond, que es el de Los Doors y Deep Purple, y es un teclado que se originó para el rock. Opa, Tótem, todas esas cosas que se valoraban pero de una manera muy de nicho, no era algo popular. El rock nacional creo que aparece recién en 2000 con todo lo que es el Pilsen Rock, como evento masivo. Y ahí entran esas bandas como No Te Va Gustar y La Vela Puerca, que son las que responden un poco a la moda, que tenían vientos. Aparecen otras bandas que también las siguen, como los Once Tiros y los Cuatro Pesos, que también tienen vientos. Pero a su vez también siempre hay lugar como para algo diferente, porque en los Pilsen Rock estuvieron, por ejemplo, Silverados, que es una banda 100% como rollinga, de rock and roll killer, algo muy roquero. Aparecen otros músicos como Max Capote, por ejemplo, que es algo como Elvis Presley, pero es uruguayo y llega a los Grammy. Y hoy con Flor Sakeo estamos ahora en el Cosquín, y estamos representando una movida súper alternativa y es súper pesado lo que hacemos. Capaz que se la podría llegar a considerar en un futuro como rock nacional, y está buenísimo que ése sea el cambio, también. Que no nos quedemos con el heavy metal o hard rock de La Trampa, con el punk rock de Trotsky, con el ska de la Vela Puerca o con el reggae de No Te Va Gustar. Que también aparezca algo grunge, algo hard rock, algo stoner metal. Que aparezcan esas cosas me parece muy bueno, también.

Foto: Paul Hernández

Foto: Artefacto Archivo

SR: Para que se conozcan masivamente.

Emanuel: Cuando te llaman para un gran evento lo veo como puestos de laburo. Y ahí es donde nosotros como banda podemos poner a toda la gente que consideramos que merece laburar. Eso me parece bueno, porque te llaman a estos eventos y hay lugar para el que trabaja en el stage, el que enchufa las guitarras y los cables, para el que hace el sonido, las imágenes, las luces. Y después estamos nosotros, los músicos: hay lugar para la banda. Hay lugar también para la persona que diseña el estilismo, que es algo que se está usando ahora mucho en esta nueva escena, porque nos fijamos en la ropa que nos ponemos. Hay personas que trabajan de eso y también es laburo que aporta a todo esto, como la gente que tiene que ver con el maquillaje y esas cosas. Eso es un poco más atípico, pero hemos hecho toques también con maquillaje. El año pasado hicimos uno que se llamaba Hospital Psiquiátrico, con Catatumbo, que la apuesta de ellos de escena es de maquillaje y vestimenta. Y nosotros íbamos con Piotto Blues e iba también la banda Hato Mö, que es una de mis bandas favoritas de la escena. El equipo que teníamos atrás de cada banda era de 12 personas, porque teníamos actores, bailarines, maquilladores, vestuaristas y gente que estaba con la escenografía, porque habíamos armado diferentes stands en el lugar. Las bandas dan lugar a eso.

SR: ¿Qué planes tenés de futuro? Me comentaste lo del casete, lo que estás grabando, lo de los toques, pero ¿para dónde te parece que va tu propuesta en los próximos tiempos?

Emanuel: La verdad que estoy con muchas ganas de grabar la banda que estoy teniendo con Piotto Blues. Estoy con muchas ganas de tocar; me parece como que va a ser un año de tocar. No tengo una expectativa específica. Me parece que se arranca fuerte, porque en lo que va del año no los conté, pero ya debo haber pasado los 10 toques. Tocar todas las semanas, ese es mi plan hasta fin de año. Y a nivel personal, de verdad que quiero estar en el taller, en la mesa de trabajo. Quiero estar construyendo los instrumentos que me gustan. Es eso.

Ariel Scarpa

 

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