Para hacer un buen rock and roll no son necesarias grandilocuencias. A veces alcanza con reducir a la mínima expresión a los componentes que conforman la música, si el material que se obtiene finalmente es bueno. Pero eso no es suficiente, claro, las letras son una parte muy importante del todo. Y además, el conjunto tiene que funcionar efectivamente. Bueno, eso es lo que logra 1987K con una guitarra (Pablo Rodríguez), un bajo (Jano Burgueño) y un tambor y un ton de pie (Hugo Gutiérrez). Mucho para decir con gran contundencia… al igual que en esta entrevista.
SR: 1987K. Agregaron la K, ahora.
Hugo: Cuando se subió el disco a Spotify había otras bandas que se llamaban 1987, entonces le pusimos la K como signo contracultural.
SR: Está en rojo esa K.
Hugo: Hace relación a otra cosa. Hace referencia, entre otras cosas, al logo de LSDVK. Somos el lado B de LSDVK.
SR: ¿Por qué 1987? Porque es un año concreto.
Pablo: Cuando nos juntamos con Hugo en 2020 estaba prohibido juntarse y no le dimos pelota sin ponernos de acuerdo de antemano, porque los dos pensamos lo mismo. Dijimos: “Estaría bueno juntarse en este momento en que no se puede tocar y no se puede hacer nada. Vamos a hacer unas canciones como homenajeando al año más importante, para nosotros, del rock nacional.
Hugo: Por otro lado, hay un tema ahí que está comprobado que se da, que es el año donde se editaron más discos de rock uruguayo. Esto está certificado. Aparte hay otra cosa, que en enero del ’87 con Pablo en Cuchilla Alta hacía un año que habíamos visto a unos metros a Los Estómagos en el Club de Pesca. Y justamente, en enero del ’87 este formato con una lata de galletitas sueltas y un balde negro…
Pablo: La primera batería de Hugo (risas).
Hugo: Y eso no ha cambiado mucho (risas).
SR: Pero suena mejor.
Hugo: Es como volver a las raíces. Y bueno, eso se da también en el verano del ’87.
SR: O sea que tuvieron que pasar unos cuantos años para que se pudieran enganchar con esa historia.
Hugo: Hubo otras cosas en el medio.
Pablo: Yo había arrancado con Libertad Condicional, donde Hugo aportaba las letras.
Hugo: Y antes, la Zona Muerta.
Pablo: Yo en el ’91 tuve que decidir entre trabajar, estudiar o jugar al fútbol, y dejé el rock. Libertad Condicional se disolvió pero surgió La Sangre, que mantuvo viva la llama e hizo muchas más cosas. Y en 2017 Hugo y Andrés me invitaron a juntarnos para tocar un rato y ahí me agarró de nuevo esto.

SR: Con 1987K uds. evocan, obviamente, esa época del rock nacional y las letras no han perdido para nada la vigencia. Y uds. retoman ese hilo como si nada hubiese pasado.
Pablo: Es que así. De una forma u otra, pero seguimos igual.
SR: ¿Por qué seguimos igual?
Pablo: Por los políticos y porque la gente les cree. Para mí no hay otra. Mientras la gente siga creyendo en los políticos, estamos en el horno.
Hugo: Ese fenómeno se da y es motivo de análisis en muchas partes del mundo, en España, Inglaterra, Argentina. Al final los punks tenían razón, ¿no? Si vas a los textos de las canciones de bandas emblemáticas de ese género en distintas partes del mundo, tienen una vigencia absoluta; parece que hubiesen sido escritas ayer canciones que tienen más de 40 años. Y acá la generación Graffiti es parte de eso. Lamentablemente hoy en día el rock va por otro carril. Por eso la propuesta nuestra rompe un poco los ojos, llama la atención no sólo la parte estética sino el contenido de las letras.
SR: También hay un rescate musical de esa época.
Pablo: Nosotros apostamos a que el sentimiento que lleva enrabado la parte musical fortalece mucho más las letras. Podés poner una letra de éstas en un rock and roll cualquiera y va, pero si te metés en los sonidos y cómo está hecha la canción, tiene otro sentir. Capaz que no es para todo el mundo, pero no más con los que se den cuenta de lo que va la propuesta, nos sirve, así sean tres.
SR: ¿Y cómo está siendo recepcionada por el público la propuesta de 1987K?
Pablo: A mí me pasa que no espero mucho. Creo que hay gente que está en otra o no le interesa. Hay gente que sí sabe de qué va y más o menos le puede llegar. El mundo cambió. De 2020 para acá, estamos en otra situación. Está la gente que está dentro de la matrix y los que estamos fuera. Entonces es muy difícil que a la gente que está dentro de la matrix le puedas llegar con una propuesta que le haga abrir la cabeza, porque muchos no quieren o se dan cuenta y no lo aceptan. Es un tema medio complicado. A veces es como pegarle una piña a una ola: la ola va a seguir.
SR: ¿Pastilla roja o pastilla azul?
Pablo: Exactamente (se ríe). En el penúltimo toque en el Clash fuimos respetados, porque la gente nos ve y piensa que estamos haciendo algo en lo que confiamos o creemos; además es ordenado, no es una locura y deciden prestarnos atención. A mí me pareció eso teniendo a la gente al lado.
Hugo: Aparte el hecho de ver sólo un tambor y un ton de pie, al principio genera un poco de risa.
Pablo: Son tres situaciones: risa, asombro, respeto.
Hugo: Justamente eso viene de Bobby Gillespie de The Jesus and Mary Chain, de la época de Psychocandy, que también tocaba de pie con lo mismo, sin platos. Tampoco lo inventó él, tomó como referencia a Maureen Tucker, que era la batera de Velvet Underground. Ella también tocaba de pie y utilizaba lo mismo, a veces con un bombo dado vuelta. Ella misma decía que no quería platos porque consideraba que la batería estaba para marcar el tiempo y no necesitaba un plato para eso. Es más, el plato lo que hacía era opacar a los demás instrumentos.
Pablo: Yo me di cuenta de eso tocando en bolichitos chicos, sótanos. Vos te preocupás por tener un buen sonido y sobre todo que se entienda lo que decís, y de repente… ¡pssshhh!, toda la canción se fue al carajo (risas).
Hugo: Más en la propuesta nuestra con los climas que crean la guitarra y el bajo.
Pablo: Incluso hay canciones en las que Hugo dice: “Yo en esta parte no toco”. Por ejemplo, “Renacer” en vivo la tocamos sólo con el bajo. “Yo entro después”, dice Hugo.
Hugo: Claro, para reafirmar lo que dice, crear otro clima y disfrutar del bajo, que es un lindo fraseo y disfrutar de la guitarra.
SR: ¿Igual a veces se te va la mano como si tuvieras un plato?
Hugo: No, por lo general marco todas las corcheas en el ton de pie, que es lo que me ayuda para mantener el tiempo. Un actor fundamental que no nombramos para lograr este sonido, fue el Hueso. Además de participar con los arreglos de piano y con coros, fue el productor. Fue el filtro, pasó todo por él.
Pablo: El punto final de las canciones lo dio él.
SR: El bajo es la columna vertebral de la banda, ¿no?
Pablo: Sí, claro, el bajo es todo. Al pobre Jano lo tenemos bajo tormento (risas).
Hugo: Las canciones como que nacen desde el bajo, son compuestas a partir del bajo.
SR: A pesar de la ausencia de cuerpos de la bata o de lo limpio que suenan tanto la guitarra como el bajo, la propuesta suena muy contundente. ¿Por qué les parece que es así?
Pablo: Por lo que expresamos en las letras y que la canción trata de reforzar esas letras. Desde un punto de vista no agresivo pero sí serio y fuerte. Potencia no perdemos nunca, ya sea que estemos tocando una canción suave o de amor o lo que sea, pero eso no se pierde. La propuesta básica es ésa, que sea limpio, que se entienda pero que vayamos todos para ese lado.
Hugo: Ahí otro que se lleva las palmas es Gustavo Ruvertoni, que fue el que nos grabó. Esa nitidez que vos decís, se debe mucho, también, al tipo que te está grabando. Hay que destacarlo al loco porque se puso la camiseta, y si bien al principio fue medio escéptico cuando vio sólo un tambor y un ton, cuando vio la propuesta, laburó mucho para sacar ese sonido metiendo muchas horas. Y creo que se nota. Yo aconsejo escucharlo en Spotify con unos buenos auriculares.

SR: Esa prolijidad en el sonido también los deja un poco más expuestos, porque cuando hay un quilombo de sonido vas tapando un montón de cosas.
Pablo: Acá no se tapa nada. Me pasó en el toque del Parque de los Fogones que, afinando la guitarra, la tercera me quedó mal, y cuando fui al primer solo de guitarra dije: “¿Qué pasó acá?” (risas). Tiene ese tipo de cosas, sí, pero bienvenido sea. Nunca me había pasado pero acá sí me pasa, que estamos tan concentrados los tres en la canción, que ni nos miramos.
Hugo: Para salir a hacer esta seguidilla de toques que tuvimos, tenemos que estar bien ensayados. Eso está bueno porque a veces no contás con los recursos técnicos apropiados pero igual la piloteás. Es una banda para ver en vivo.
Pablo: También pasa que con La Sangre, el trío musical está acostumbrado. La cosa arrancó en medio de los ensayos de La Sangre. Hugo dijo: “¿Por qué no tocamos “Calma”?”. Le pasamos las notas a Jano y arrancó toda la historia.
SR: Es como una escisión de La Sangre.
Pablo: Exacto.
Hugo: Incluso lo utilizamos en los intervalos: en vez de irnos todos, se iba Andrés para descansar y bueno, quedábamos nosotros. Metimos “Calma” y luego el tanguito, la versión de “Yira, yira”. Después se sumó “Soldado de la histeria” y “Algo anda mal”. Y dijimos: “Vamos a salir a mostrarlo”. Aparte por respeto al Hueso, que también le puso mucho. Se venía con su auto desde Empalme Olmos después de laburar todo el día.
Pablo: Me pasaba a buscar y nos íbamos hasta el Paso Molino, donde estábamos grabando. Estábamos horas. Volvíamos a la 1 ó 2 de la mañana y el Hueso se iba hasta Empalme Olmos.
Hugo: Otra cosa importante es que cuando todo esto empieza en el 2020 en plena pandemia, ahí fue cuando nosotros salimos con esto. Volví a sentir una sensación que hacía muchos años que no sentía: la sensación de peligro que tiene que ser inherente al rock. Me remontó a fines de los ’80 y principios de los ’90, cuando ibas a tocar y no sabías si volvías a tu casa porque podías terminar en un calabozo. Acá pasó lo mismo.
Pablo: Tocamos dos veces cuando estaba prohibido, sin protocolo y sin tapabocas, sin sentarse. Y ninguno se murió. Pero nosotros mirábamos con Hugo para la puerta a ver si venía la policía (risas). También me acuerdo clarito que había unos rockeros -que se dicen rockeros- que entraron de tapabocas, y cuando vino la movida, se fueron.
Hugo: El rock en ese momento se perdió la oportunidad de acercar nuevas generaciones, a los jóvenes. Lo dijo Fito Páez en el ANTEL Arena una de las veces que vino: “¿Esto qué es? Yo ya viví una dictadura. ¿Qué pasa, no se pueden parar para bailar?”.
SR: ¿”Algo anda mal” es la mejor carta de presentación de la banda?
Hugo: No.
Pablo: No. Es como un grito de guerra, nada más.
SR: ¿Cuál es, entonces?
Pablo: Hay canciones que nos identifican mucho más, como “Respira conmigo”, “Renacer”, “Soldado de la histeria”, son canciones más de 1987.
SR: ¿Son de la primera tanda?
Pablo: “Respira conmigo” y “Renacer” son de la segunda tanda. En la primera fue “Algo anda mal”, “Calma”. Esas canciones son negacionistas y contestatarias, no lo vamos a discutir, pero el sonido y adonde queremos llegar realmente está en la segunda parte y en la tercera, que estamos haciendo ahora.
Hugo: El disco fue editado por Sondor y grabado en dos etapas. Al principio se estaba buscando el sonido. Teníamos algo claro pero había que grabar esas canciones. Para la segunda etapa ya teníamos más claro por dónde queríamos ir, como que habíamos encontrado la propuesta integral. Y es lo que seguimos manejando ahora.
SR: ¿Hay un cambio sonoro ahí?
Pablo: En algunas cosas sí, pero me parece que la base se mantiene en cuanto al bajo fuerte, contundente, que marca la canción y unas guitarras que van acompañando la letra, las melodías, dando climas, y la batería que da el poder.
Hugo: Los ritmos de batería están un poco más trabajados. En los primeros temas fue más minimalista, más primitivo porque creo que ameritaba eso. Y ahora, si bien es lo mismo, está con algunos otros patrones de ritmo. Por ahí puede haber un cambio pero en la misma línea.
Pablo: Por ejemplo, en el último ensayo que llevamos una canción que ya tenía toda la estructura, Hugo escuchó la base y puso un ritmo de batería donde la canción creció exponencialmente un montón y fue para un lado que yo no lo imaginaba pero está buenísimo.
SR: ¿Quién compone la música?
Pablo: Yo llevo una idea original pero la componemos entre todos. Incluso en esta última canción de la que estoy hablando, metimos todos.
SR: ¿Y las letras?
Pablo: Hugo tiene unos conceptos de letra y siempre le pido su opinión, y muchas cosas me las modifica para mejor, porque si alguien sabe de letras, es Hugo. Él entiende perfecto por dónde va la idea. Lo que pasa es que a veces al cantarla y tocar, es más difícil. Y Jano, con su forma de tocar y sobre todo con la forma de afrontar la canción, sobre todo en vivo, no sabés lo que es. Nunca había visto una cosa igual. El tipo se come el escenario de acuerdo a la canción. Nuestra regla número 1 es no mirarnos, pero yo lo veo de reojo (risas).

SR: Uds. son muy claros en sus letras. ¿Qué esperan de vuelta, si es que esperan algo?
Pablo: Yo te diría que no espero mucho, y tal vez nada. Nosotros sabemos lo que venimos a dar y es lo que queremos hacer. Después quien lo agarre o a quien le interese y pregunte, le contamos de qué va, pero no esperamos nada.
Hugo: En la seguidilla de toques que tuvimos he visto una buena respuesta del público en cuanto a las letras en los comentarios, incluso algún grito de apoyo que por ahí no sé si lo esperaba. Creo que tres años después, la cabeza es otra; la gente está abriendo los ojos, se está dando cuenta de cosas. Como decía Pablo hoy, quizás a la enorme mayoría le cuesta reconocer que fue engañada. Es difícil reconocer que te tomaron el pelo, pero hay muchas cosas que rompen los ojos.
Pablo: En los que nos han visto, yo definiría la palabra “respeto”. Nos ven y nos respetan, dicen: “Pah, pará un cacho”. Y escuchan.
SR: ¿No estaría bueno que hubiera una sensación más palpable de una toma de conciencia por parte de la gente?
Pablo: Está muy difícil eso.
Hugo: Estamos batallando tres tipos con una propuesta minimalista contra una maquinaria infernal. Está complicado. Sería muy ambicioso o muy soberbio por nuestra parte, pero el intento se hace. Estaría bueno, sí, que pasara eso. Pero nos conformamos, por ejemplo, con gente muy joven preguntándonos dónde pueden conseguir material y agradeciéndonos y felicitándonos. Es una constante de todos los shows y eso es reconfortante y gratificante. Pero esto es un circo muy bien armado en donde los medios de comunicación masivos subvencionados mantuvieron un discurso que era a prueba de balas. De hecho, nunca hubo una discusión o un debate, que ni siquiera en dictadura pasó eso. Recuerdo un debate televisado entre el sí y el no.
SR: No hubo lugar para opiniones disidentes.
Hugo: Exacto, y eso fue muy llamativo. Y como decíamos, para una propuesta minimalista de tres tipos tocando en donde se pueda, ya es gratificante que vengan con un comentario positivo o que se escuche un grito a favor de la propuesta. Ya con eso nos alcanza, pero estaría bueno generar una conciencia. Por algo se empieza. Los números en Spotify a la fecha, son muy alentadores para hacer pocas semanas que el material está disponible. Hay una buena cantidad de oyentes mensuales. Quizás eso hubiera sido imposible hace tres años. Ya no somos cuatro loquitos sueltos.
SR: ¿Cuál es el próximo toque?
Pablo: El 4 de noviembre en Tazú en la fiesta de Bajo la Lupa, de Queimada, donde nos juntamos la gente que más o menos pensamos lo mismo.
Hugo: Súper recomendable. Es una fiesta, realmente.

Pablo: Con gente muy calmada, gente grande, donde se junta una energía positiva muy importante y hacia un mismo lado. Hay gente muy importante del rock nacional que va a estar ahí tocando.
Hugo: Va a haber sorpresas.
Pablo: Se está dando esto de que está muy complicada la cosa y la división está hecha y se palpa en todos los ámbitos. Hay una realidad que es que los que estamos con la pastillita fuera de la matrix, no tenemos ningún problema con los otros, al contrario. Queremos tratar de que abran los ojos o de que no nos traten de locos y explicarles cuál es nuestro punto de vista. Y como nos enseñaron de chicos, a escuchar las dos campanas. Del otro lado, es imposible, escuchan sólo una. Lo único que escuché últimamente es que empezaron a hablar de que algo debe haber en las antenas 5G.
SR: “Algo anda mal” (risas).
Pablo: Pero de lo otro no hablan, no se lo permiten hablar entre ellos.
Ariel Scarpa


