Jack Doorman: Innovación Permanente.

A finales de la década del ’80 el rock uruguayo contaba con una camada importante de bandas que marcaban el pulso de lo que estaba pasando con esa cultura. Unos de los sonidos divergentes de los imperantes en el momento, provenían de Zona Prohibida, una banda con una carga de teclados y con una propuesta que los hacían diferentes, donde también la estética jugaba un papel importante. A la cabeza de esta banda estaba Jack Doorman. El tiempo pasó, Jack fue y vino, y la música también. Hoy lo encuentra aún tratando de innovar y mostrar cosas diferentes… nuevamente. Charlar con Jack, es llenarse de música, de aventuras y de vida.

SR: Repasemos tu extensa carrera.

Jack: Musicalmente, empiezo de chico con clases de guitarra cuando tenía 8 años. Me re embolaba, me gustaba ir al club o cualquier cosa menos la música que me enseñaban. Pero mal que bien, me aprendí los acordes. Ahí medio como que dejé. Después, ya viajando, lo empecé a retomar a los 14 – 15 años. Incluso antes de viajar, a eso de los 12 años, me empecé a interesar más por cosas como Pink Floyd, Queen, AC/DC. Antes me gustaban cosas que en los ’80 me dejaron de gustar, como la música disco y obviamente Beatles y Rolling Stones. Pero por el ’76-’77 como que me puse más alternativo, aunque todavía no tenía idea del movimiento punk y new wave. Con 15 años me fui a vivir solo afuera del país en un kibbutz en Israel en el medio del campo, y se ponía divertido tocar en fogones con amigos o conquistar alguna chica. Mucha de la gente eran mochileros que viajaban por el mundo. Me encantaba tocar y soñaba con hacer un grupo. Luego me fui a Egipto y después para Turquía, pero ya en camino para Alemania rumbo a Dinamarca. Ahí mi familia quiso que siguiera estudiando y me hicieron ir con unos tíos en Estados Unidos. Luego los convencí de volverme para Europa y empecé a tocar con unos amigos más grandes que yo, que estaban tocando en el metro de París, pasando el gorro. Al principio tocaba los temas que mejor sabía, como “Stairway to heaven”, pero enganché enseguida con todo el movimiento new wave y punk, y me enamoré de The Cure, Sisters of Mercy, Joy Division, Siouxsie and The Banshees. Me aprendí en guitarra acústica muchos de los temas viejos de The Cure, y los tocaba en el metro y ganaba buena guita; en cuatro o cinco horas me hacía unos 100 dólares. Luego vuelvo a Estados Unidos para terminar el bachillerato, y después regreso a Europa y ahí ya me quedé muchos años, tocando guitarra, que pasó a ser la forma con la que me mantenía. Mi familia se agarraba la cabeza. En todos esos años tocando en el metro quedé mucho más ágil con la guitarra, y agarré un estilito con los temas de The Cure, y ya estaba haciendo una banda en París. Cuando vuelvo a Uruguay, caigo de casualidad cuando había terminado la dictadura y estaba el boom de todas esas bandas. Zona Prohibida ya existía, pero desde hacía muy poco, nunca habían tocado en vivo. Terminé como cantante y guitarrista de Zona Prohibida, y firmamos un contrato de disco junto a bandas como Traidores, Estómagos, Los Tontos, Zero, Neoh 23. Séptimo Velo, Cuarteto de Nos y algunas otras bandas para la ensalada Rock Uruguayo vol. 2. Me emocioné con el contrato de disco, mal que bien estábamos en ese séquito de bandas. Después, ya no paré nunca. Acá en el ’87 se sentía que se empezaba a desinflar algo, y me fui para Los Ángeles a principios del ’88 e hice un grupo que se llamaba Deep Six. De ahí en más, seguí siempre con la música.

SR: ¿Cuándo volvés a Uruguay?

Jack: Vuelvo como para quedarme en el año ’96. Puse un estudio de grabación que se llamaba La Cárcel. Después viajé muchas veces, pero desde ahí que me estoy quedando acá. En el estudio pasaban muchos grupos, y en ese momento había como que un boom del hip hop, y había otras cosas, como Elefante. Yo seguía haciendo música, pero estaba más metido en lo que era la música industrial, que acá no se le daba mucha bola.

SR: ¿Cómo era sonar como una banda de rock en los ’80 en Uruguay?

Jack: Había un lado que era súper emocionante. Estábamos súper disfrutando lo que estábamos haciendo, pero con un Montevideo donde las olas venían todas en contra.

Nadie de los que lo estábamos haciendo música con esa cosa tan dura, con Los Estómagos a la cabeza, Los Traidores y Los Tontos en su momento, ni nos importaba, nos daba más fuerza porque no teníamos miedo a hacerlo. A veces estabas por la calle, vestido medio de loquillo, y pasaba una barra de locos más conservadores e igual te querían cagar a piñas. Era difícil, pero creo que era mucho más lo que lo disfrutábamos que lo que lo sufríamos. Si bien había como una cierta queja, después también estaba todo el tema del canto popular, que no les caíamos nada simpáticos. Hubo como una reapertura para muchas cosas, con mucha gente contenta, y con nosotros contentos por la nuestra. Ahora, a nivel aceptación, era complicado, pero se empezó a mover muy rápido desde que empezó a gustar. Se ve que Uruguay tenía algo en las venas de ganas de consumir ese tipo de cosas, pero mucha marea en contra, eso seguro. Yo no puedo decir que no lo pasé bien, y creo que todos lo estábamos pasando bien.

SR: Zona Prohibida trajo otro sonido, era distinto. ¿Te parece que podían marcar una tendencia diferente?

Jack: En ese momento, eran los tiempos del cassette, todavía, y llegaban algunos discos. Se ve que acá, quizás por un tema de idioma, empezó a llegar el punk español. Con el tiempo me fui dando cuenta que mucha gente estaba influenciada por eso. Yo tenía otra influencia más de la zona norte de Europa porque vivía allá. Había grupos de acá que les gustaba eso, pero sus cosas de cabecera eran otras. Eso a mí me abrió una oportunidad, como que llegué y enseguida resulté un cacho original para lo que había acá. Eso se tradujo en que en el próximo disco que se iba a grabar acá después de que llegué, ya estábamos nosotros.

SR: Tampoco había conciencia en los músicos de la huella que estaban dejando para el futuro.

Jack: Ni la más pálida idea de que estábamos dejando nada. Y me parece que a quien le preguntes, incluso los más famosos, ni siquiera se lo imaginaban. Sabíamos que estábamos haciendo algo, pero no que iba a quedar como referente para otros grupos. Yo tiendo a pensar más que, por un lado, no nos imaginábamos que eso iba a terminar como una corriente que iba a dejar una huella tan fuerte. Lo que sí hicimos, que hasta me parece más importante que la propia música, fue ayudar a abrir cabezas. Que al haber terminado la dictadura hubiera personajes como los que estábamos en la vuelta, como Bourdillón, que íbamos maquillados, con labios pintados de negro y una facha muy loca para el Uruguay de ese entonces. Estábamos decorando, enloqueciendo la ciudad, dando vuelta la cabeza de mucha gente. Lo que sí se hizo fue pavimentar todo para libertades que hoy en día las damos y las dan por sentadas. Yo soñaba siempre con el Uruguay más libre en todo lo que es artístico, vivir y dejar vivir. Que la gente se vista de manera más loca y que pueda hacer lo que quiera, sin que nadie te moleste. En eso sí era muy conciente de que por lo menos quería que pase. Siempre deseaba que hubiera un cambio radical, porque realmente era triste Montevideo.

SR: Cuando volvés en el ’96 te encontrás con un panorama bastante distinto al que había cuando te fuiste.

Jack; Sí, sí, totalmente. Era mucho más abierto. Era divertido porque me venía con un estudio de grabación; tenía que buscar un socio para tener las instalaciones, pero la parte de equipación la traía yo. En esos tiempos en que aún no había computadoras ni discos duros, ni tarjetas de sonido, ni parlantes autoamplificables y necesitabas por lo menos una consola de entre 24 y 32 canales, traer un estudio traer una montaña de cosas. Por ese lado estaba super motivado. A nivel musical, era tambien el boom de la música electrónica que se emparentaba en cosas con la música industrial aunque esta ultima era  mucho más pesada. Estaba en la vuelta Gustavo Catena, que era un amigo muy talentoso que hacía camperas de cuero, y hacía unos desfiles alucinantes que terminaban con tremendas fiestas. Prácticamente en todos los desfiles que había, yo tocaba en vivo, antes de que empezara el desfile, durante,  o después, y la música industrial aparte de que a él le gustaba, le daba un toque original a las fiestas. Para mí estaba muy bueno, si bien no eran conciertos de rock de pogo tenía mucho peso en el escenario y era algo muy nuevo acá… y si escuchás Zona Prohibida, tiene mucha electrónica en realidad ya que tocábamos con tres teclados, guitarra, bajo y voz, que en definitiva era un new wave sinth pop. Lo más parecido que podía haber, podía ser Zero sobre todo por la influencia de Eduardo Gómez, que para mí era el uno y el corazón de Zero. Más allá de que todos son buenos, es muy difícil recuperar el alma de Zero si no encontrás a alguien como Eduardo, que de hecho es muy difícil incluso hoy en día. Ese tipo estaba muy despegado.

SR: Hablando de tu música, desde Zona Prohibida hasta lo que estás haciendo ahora, ¿cómo la definirías?, ¿como de avanzada?

Jack: De avanzada, no se si me gustaría usar ese término, me muero (risas). Cada disco es diferente. A veces me dicen “estás unos pasos adelante”. Yo no me doy cuenta, no lo siento así. Porque, por ejemplo, en este último disco, junto a Miguel Campal con quien co producimos los temas desde los últimos 5 discos, nos sentamos a hacerlo y me vino la locura de llenarlo de slides. Miguel incluso me preguntaba, no será demasiado? Y yo le decia, noooo, esto la rompe!! Y a su vez, yo tengo un estilo de cantar particular, busco que la música tenga un lado pegadizo sin caer en lo súper comercial, entonces se arma un entrevero creo interesante. Cuando veo que está muy cuadradito, muy comercial, en general dejamos esos temas afuera, porque no encuentro esa magia que busco. Acá me contuve bastante de meter voces más roboticas, a veces de entrevistas efecteadas onda micrófono de aeropuerto , y todas esas locuras. Lo que realmente me gusta en la música, es generar una especie de sicodelia bizarra con ritmos pegadizos. Mi manera de hacer las voces es que al principio canto algo que no tiene letra, como un idioma inexistente que a mi me suena bien. Después quedo esclavo de esa melodía y forma de cantar y después me concentro en hacer la letra, porque tengo que seguir esa melodía que para mi quedó copada. El tema es despues caer bien parado con las letras, y por suerte me parece que logro aunque me lleva horas y a veces días.

SR: ¿Tenés un área experimental, entonces?

Jack: Sí, eso seguro. No soy de decir “voy a entreverar murga o candombe con otras cosas”. Hay gente que lo hace y lo hace bien, y tampoco es que descarte un día hacerlo. Pasa que no es el tipo de música con el que me crié, me pasa lo mismo con el rock argentino, si bien hay cosas que me pueden gustar, nunca lo curtí, seguramente por tantos años que viví en el norte o porque en mi familia tampoco se escuchaba.

SR: De alguna manera, tu música sigue siendo rock and roll.

Jack: Sí, sí. Es un rock and roll, creo, más alternativo con influencias de los ’60s, ’70s, ’80s. Hoy en día abro la cancha a tener armónica, saxos etc., que antes no lo había hecho. Hay grupos sicodélicos, tipo 13th Floor Elevators, que son de los años ’60, parecido al sonido de los Shakers con esas guitarras que suenan a viejas, que me gustan mucho y quizás en otros álbumes trate de ponerlo más, todavía.

SR: ¿Hay una búsqueda de los sonidos o te van surgiendo?

Jack: Como te dije, vengo trabajando en los últimos discos con Miguel Campal, que es un amigo, y que todo lo hacemos muy conectados en cuanto a lo musical. Si bien el proyecto es mío porque doy los lineamientos, es la persona que encontré que más me entendió, aparte de que el loco es un capo musicalmente, a mi gusto. Lo primero que hacemos cuando empezamos a hacer una música, es tomar referencias de algo que nos gusta. Podemos decir “vamos a arrancar con una bata así”, y después terminamos llevándolo por donde queremos. Por ejemplo, agarramos una influencia de la batería y del BPM (beats per minute) del tema “Walk like an Egipcian” de The Bangles, donde se me ocurren mil cosas para cantar porque es totalmente pegadizo. Pero enseguida lo llevamos para otro lado, que si no te digo, no sabés que estuve un poco influenciado por eso o por otros temas. A veces me pongo a investigar. Cuando algo me gusta, lo aparto y lo dejo ahí para escuchar algunas veces. Todavía estoy con ganas de hacer un disco que sea todo con un BPM mucho más lento y más “hippiolo sicodélico sesentoso” a nivel sonido. Me gusta mucho Lou Reed y Dylan.

SR: Si tuvieras que contarle a alguien que no te escuchó nunca de qué viene tu disco, ¿qué le dirías?

Jack: Que tiene algo de rock alternativo, que tiene algo de electrónica. El canto no sé cómo describirlo, porque me sale cantar así, me es cómodo hacerlo así. Y soy un histérico con eso, porque si no me gusta como queda la voz, no lo saco. Me cuesta mucho cuando me dan una letra y la tengo que cantar, y no es por mala onda o egoísta, es porque creo las voces de otra manera y sería una forma de arrancar que no me quedaría cómoda. En mi música me parece que el canto la define, la deja bajo un cierto manto. Vos podés agarrar esta música, ponés otro cantante, y va a ir por otro lado completamente diferente. Me parece que lo que termina uniendo todo eso que hago, es la voz, la manera de cantar. También me re preocupo por todos los detalles musicales para que tengan locura, y que sea pegadiza.

SR: Es un trabajo muy profesional y dedicado.

Jack: Siempre busqué eso. Por un lado, no estar dos años con un tema, que es parte de lo que tenemos con Miguel. A veces nos damos cuenta dejando participar de cosas a otra gente, que somos como rápidos en el sentido de que suene bien y pronto, quizás ambos ansiosos. En uno o dos días nos damos cuenta si el tema tiene algo en lo musical. Busco resultados bastante rápidos. Igual admiro a una persona que se pasa meses o años laburando en una canción, pero no es nuestro caso. El disco anterior, Wet, con el que ganamos el premio Graffiti, lo creamos y terminamos en un mes y medio. Por otro lado, con Miguel llegamos a una pre mezcla y masterización donde ves que el tema queda sonando como queremos y llegamos a la textura que queremos. En este caso de ahí se lo pasamos a Patrick Petruchelli, un amigo muy capo con el que venimos haciendo música desde hace décadas, y él graba baterías muy copadas, si amerita, bajos, y hace la mezcla final y la masterización. Lo hacemos a distancia ya que él vive en Ibiza desde hace años, y las tomas de los videos en los que participa, como en “Tan lento” me las manda de allá y lo filma su pareja, Ximena Topolansky (sobrina de Lucía y Pepe) que es una capa haciendo videos. En algunos casos, los bajos los graba Fede Delfino, que vive en Los Angeles, con quien tocamos juntos por años; tremendo bajista, músico y hermano de la vida. En “Tan lento” él se filma a sí mismo y tambien nos manda las imágenes, y a Daniel Escanellas en armónica, saxo etc… otro animal tocando; lo filmo yo, así como a mí mismo, y ahí edito el video. En “Tan lento” las imágenes de New York están a cargo de Michael Abt, que es el director de la mayoría de mis videos. También en otros temas participa Leo Baroncini (ex baterista de Estómagos y Tontos). Leo un capo. Tanto a él como a Calvin Rodriguez (ex guitarra de Los Tontos) les mando los temas sin terminar y me re dan para adelante. En muchos casos terminamos en horas de charlas por teléfono, ya que ambos tampoco viven en Uruguay.

SR: ¿Tus letras apuntan a algo? ¿Les das importancia?

Jack: Sí, le re doy importancia. Quedo esclavo de esa cosa que empiezo cantando como un balbuceo sin idioma, donde es obvio que no estoy diciendo nada, sólo pensando en lo musical de la voz y cómo suena con la música. Después me siento de noche, me sirvo un par de tragos, y empiezo a escribir ya grabándome la letra que va a quedar. Eso a veces me lleva días hasta llegar a la voz y letra final.

SR: Primero la melodía y después la letra, entonces.

Jack: Siempre. Sino, escribiría de otra manera. Terminan quedándome cosas abstractas, pero igual tienen un sentido. No estoy queriendo decir nada especial, simplemente que guste y que caiga bien, y sé que termina funcionando en que cada uno quiera interpretar y llevarlo para donde quiere. Por supuesto estoy diciendo algo, pero no soy de mandar mensajes muy directos, aunque a veces parezcan más directos. Hay un tema que se llama “Patricia”, y la realidad es que no existe una Patricia, solo rimaba, y termina siendo una chica rebelde, con mucho ovario. Parte de la letra dice: “A Patricia la educaron pa’ que no sea tonta, Patricia tiene huevos, Patricia tiene onda”. “Patricia pasó el día llorando en su dormitorio, pasa que la putearon por tentarse en un velorio”.

Es una canción que ya tiene años, pero quizás describe un poco mi manera de escribir. No hay Patricia, no viví esa situación, pero te podés identificar con ella. Para mí, es todo un conjunto: es la letra, con la manera de cantarla. Por eso prefiero ir primero por cómo va a ir la melodía y el tono, el raspe de la voz, el cantar con una ondita medio secretiva. Me lleva un rato, pero termino siempre cayendo bien parado, a mi gusto, claro. Y si no caigo bien parado y me gusta, sigo hasta encontrar eso o la dejo de lado.

SR: Tus videos también tienen un cuidado especial, no son hechos a la apurada.

Jack: No, no. En éste último (“Dame cosas”) dirigido por Michael Abt, quizás sí, porque está Eleejah Noah y medio que queríamos que sea sólo ella en el video. Las imágenes se filmaron para otra cosa y no las usaron, se editaron en Nueva York y luego yo las reedité. Pero igual el video tuvo horas y horas.

Lo sacamos ahora porque era del 8M y decidimos sacarlo ese día, ya que Eleejah es una guerrera y así lo transmite en el video, y me pareció divertido u original sacar dos videos en una semana. Pero sí, a los videos le meto un cuidado más alla de que los hago o hacemos de manera salvaje. Mi cuidado es más de post producción o de una planificación diferente, no tanto como es un rodaje convencional. Me filmo yo solo o nos filmamos con Miguel o con algún amigo que encara, como ser Mathias Ameglio, tremendo director de Salado Films, con quien filmamos parte del video “Cerdo”, junto a Chindogu y Guille Gross en 2009/2010.

La filmación de los videos me entretiene y me parece la mejor manera de mostrar las canciones, más allá de que el disco haya sido terminado a finales de 2020. En varias ocaciones tuve el apoyo de Salado Films, como para el video también dirigido por Michael Abt, el que la protagonista principal es Vitto Saravia, “C’mon C’mon C’mon”.

Itatí Pereira (Klavelvet) es otra amiga muy genia; es modelo/diseñadora y sale en muchos de mis videos.

SR: ¿Para dónde va tu música en el futuro, por dónde vienen los próximos sonidos?

Jack: Si te tengo que responder, te diré más bien a dónde se esfuma y a dónde se va. Porque hoy en día las nuevas generaciones están re colgadas con todo el tema del trap, y como que ellos dirigen el bote ahora, y lo van a seguir dirigiendo cada vez más. Lo único que puedo soñar, es que a veces pienso que la vida es una especie de rueda gigante que en algún momento para para vos; seguís dando vueltas hasta que un momento para y te tenés que bajar o subir. Obviamente hay gente que todavía consume rock, rock alternativo y sus derivados, y hasta hay gente que le sigue encantando la música de los ’80, pero hay toda otra cosa, lo que es el reggaeton o la cumbia cheta, que no es mi mundo. La verdad que más que hacia dónde voy, es cómo me retiro (risas).

SR: ¿El rock tiene futuro?

Jack: Es difícil pensar en Montevideo en estos términos. Montevideo, como ciudad chica, es una gran cocina para hacer música, porque hay mucha gente que le gusta hacer música y es fácil encontrarse y ensayar por las distancias cortas que tiene. Va a depender de que la gente lo siga haciendo. Hay mucha gente haciendo cosas, lo que pasa es que tampoco les va bien como para poder vivir de eso, aunque si lo hacés y te gusta, ya te está yendo bien, claro. La verdad que no sé adónde va el rock. Hay otras corrientes nuevas que los pendejos gozan y eso yo lo respeto. Y lo respeto porque me acuerdo de lo que pensaban de nosotros la gente más grande, y no quiero hacerle a otros lo que a mí no me gustaba que me hicieran. Capaz que a mí no me gusta lo que hacen, pero muchas veces no nos cae bien lo que no entendemos. Y ellos tienen un contexto en que lo escuchan y se divierten, lo bailan y es una moda, y así nos pasó a nosotros. Entiendo que cosas nuevas se pongan de moda, y hay que bancar eso con respeto. Más allá de la ironía algo depre (risas) de que más bien “se esfuma”, por suerte me suceden cosas como que me inviten a hacer un “Autores en Vivo” y darme el gusto de tocar con Joaquín Buriani (otro hermano de la vida con quien tocábamos en Madnite, junto a Gonza Goro Gocher), Caio Martínez y Alejandro Ferradás (ex Traidores y Séptimo velo), Gastón Lorenzo (Santullo) y Víctor Nattero (Traidores). Son buenas ondas que te tiran y agradezco especialmente a Ferradás y Diego Drexler por esa oportunidad, así como a todo el equipo de “Autores en Vivo”.

SR: ¿Tenés planes para este año?

Jack: Con la pandemia es medio incierto todo. Quiero terminar de hacer videos para los temas que más me gustan del disco, así que seguramente les haga videos a todos. Y después ver qué pasa. A esta altura de mi vida me había propuesto viajar y visitar amigos en Europa o Nueva York. Me armé un sistema de trabajo en el que puedo trabajar desde fuera, y cuando voy, trabajo desde allá o termino trabajando en cosas que surgen. Y ahora eso se me cortó y estoy a la espera de ver qué pasa. Muchas gracias por la entrevista.

Ariel Scarpa

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