Voces Retro: Jorge Galemire (1989)

Nuestra revista under impresa de julio de 1989 encaraba un nuevo reportaje central con una entrevista a Jorge Galemire. Por aquel año y con la banda Los Championes disuelta, Galemire recorre su carrera, sus proyectos y también da su mirada sobre el rock nacional de esos años.


Jorge Galemire (38 años) es uno de esos pocos músicos que viene tocando desde fines de la década del ’60 – principios del ’70 y aún sigue en actividad en nuestro medio. Para los que no lo ubiquen, les diremos que, a modo de reciente referencia, fue integrante del actualmente disuelto grupo Los Championes. Claro, esto es sólo una ínfima parte dentro del variadísimo espectro que cubrió Jorge. Pero dejemos que sea él mismo quien nos cuente su historia:

SR: Hablanos sobre tu carrera.

Jorge: Año ’71, un grupo llamado Epílogo De Sueños, que tenía mucho que ver con Crosby, Stills y Nash pero con algunas candombeces. Teníamos dos violas, un par de flautas dulces y hacíamos armonías vocales. En el ’73, con grupos que manejaban un idioma más parecido al candombe beat. En el ’75 toqué con Pajarito Canzani en una banda con fuertes influencias brasileñas. En el ’76 formamos con Eduardo Rivero, que ahora está con Lavanda Elástica, un dúo, Galermire-Rivero, y debutamos junto a Eduardo Darnauchans en un espectáculo que se llamó Nosotros Tres. Pasaron los años y grabé con Darnauchans su disco Sansueña. Ahí yo era arreglador y director musical. Después en el ’78 hicimos un grupo de fusión, cuando vino Daniel Bertolone de Australia, que había sido muy conocido en la década del ’70 por Días De Blues y Opus Alfa. Él venía con la onda cambiada, mucho más jazz; entonces con Gustavo Etchenique, Yamandú Pérez, Jorge Simonetti, Osvaldo Casco, Daniel y yo (que tocaba el bajo en aquella época) hicimos un grupo que se llamaba De Querusa. También acompañé a Daniel Amaro por el mismo año. Volviendo al ’75, también integré Canciones Para No Dormir La Siesta, Los Que Iban Cantando. Acompañé a un lote de tipos del canto popular. En el ’80 me largué como solista. En el ’81 grabé mi primer disco, que se llama Presentación; en el ’83 largué otro disco que se llama Segundos Afuera, donde maduré el estilo que había empezado con Presentación, en el cual yo retomaba el candombe beat. Pasó el tiempo y en el ’85 integré un grupo pop rock que era Polyester. En el ’86 acompañé a Fernando Cabrera. Grabó Buzos Azules con la banda que habíamos hecho: Carlos Cotelo, Gustavo Etchenique, Andrés Recagno, Cabrera y yo. Después, en el ’87 sale mi tercer disco, que es Ferrocarriles; y en el ’87-’88 hicimos Los Championes. Y ahora en el ’89 estoy de vuelta en plan solista. Debuté en La Barraca el 3 y el 10 de junio, dos sábados donde hice un repertorio que abarcaba los tres discos más temas nuevos. Y ahora en julio voy a retomar en La Barraca con más o menos el mismo repertorio pero con algunos agregados.

SR: ¿Qué influencias podés reconocer en la música que hacés?

Jorge: Tengo tantas que no podría especificártelas bien. Mi primer amor, como para casi todos los tipos de mi edad, son Los Beatles. Ahí empezó una gran revolución. Los locos me dieron vuelta la cabeza por lo arriesgado de los arreglos, lo novedoso de la composición de los temas. Todo el movimiento de los ’60 con los Yardbirds, los Stones, los Beach Boys; había muchos grupos para escuchar. En el ’67 empieza a cambiar un poco con el advenimiento de la sicodelia, con la cual me sentí bastante identificado. Me mataba escuchando esos grupos sicodélicos: Jefferson Airplane, Country Joe & The Fish, millones de grupos de esa época. Básicamente Los Beatles y casi toda la época de los ’60 con todos los grupos que involucraba me influyeron mucho. Me impresionaron The Who, Jethro Tull, los dos primeros discos de Billy Cobham, el rock sinfónico con Yes, Genesis en sus primeros discos. Después escuchaba blues: John Mayall con Peter Green y con Eric Clapton. Led Zeppelin me dio otro piñazo brutal; la primera época de Deep Purple me gustó mucho, pero un poco menos que los Zeppelin. Police me pareció una música muy fresca. Lo de los Pistols me pareció notable, que se cagaran en todo. Casi siempre escuché de todo. Y en el plano local escuché a El Kinto. Yo dudo que exista en este país una música tan montevideana como lo que hizo El Kinto a fines de los ’60. Tenía la esencia de una música montevideana que manejaba un idioma negro y un idioma blanco. Escuchaba también a Los Delfines, Cold Coffee, los Shakers, los Knacks. En los ’70 había grupos como Génesis, Días De Blues, Opus Alfa, Psiglo. Todo eso se truncó con la dictadura, y volvió a explotar en el ’84.

SR: ¿Cómo surge la idea de Los Championes?

Jorge: Fue después de acompañar a Cabrera. La banda que giró en torno a Buzos Azules la armó él. Entró primero Carlos Cotelo, que es fundamentalmente un guitarrista de rock and roll, y después entré yo. Entré porque yo le dije a Fernando que quería tocar con él. Se hizo el disco y luego algunas actuaciones. Después Fernando, con su mambo de irse, la banda quedó ahí y dijimos: “Vamos a seguir nosotros”. Llamamos al Indio Del Castillo, que fue uno de los primeros cantantes de Quo Vadis, y ahí empezamos a funcionar. Así que básicamente fue un grupo de amigos que se juntó para tocar. Ensayamos e hicimos una selección, yo creo que con mala puntería, porque en los ensayos sonaba otra cosa. Hacíamos otro tipo de temas que eran más lindos que los que hicimos en el disco. Y así le fue al grupo, también. Creo que hubo un error de puntería; necesitábamos madurar mucho más la cosa. Ya estábamos medio veteranos como para poder cambiar rápidamente de criterio. Yo creo que cada cual lo quería llevar para su lado.

SR: ¿Y cómo podés definir el tipo de música que estás haciendo ahora?

Jorge: Es una música bastante de fusión.

SR: ¿Recorremos tus trabajos solistas?

Jorge: Bueno. En Presentación hay un poco de jazz, un poco de rock and roll, un poco de candombez y un poco de murguez. Todo en una especie de cóctel raro. Yo disfruté mucho haciendo eso, porque además era la primera visita que hacía Hugo Fattoruso acá y tuvo la gentileza de tocar conmigo y darme una mano en ese disco. En el segundo disco maduré un poco lo que había hecho en el primero; ya con temas más concretos pero también con una faz experimental. Tal es el caso del tema “Sin saber porqué”, que es una murga muy estilizada. Ese disco está un poco más concreto. En el tercero me meto un poco en la veta más pop. Ahora, si hay algo que es evidente en mi vida, fue el mal vender los discos.

SR: La difusión tampoco ayudó, ¿no?

Jorge: Y además el tiempo. Fíjate que ’81-’83, período pre democracia. Era muy difícil comunicarse con la gente.

SR: ¿Esos temas nuevos que estás haciendo serían incluidos en un cuarto disco tuyo?

Jorge: Sí, es una etapa que ya está en camino. Hay algunas puntas ya habladas como para que en setiembre empecemos a grabar. Pero esta vez elegí un camino distinto porque el medio también cambió, y la comunicación con la gente cambió. Antes empezaba a grabar un disco y después trataba de presentarlo. Ahí me encontraba prácticamente con una pared: o a la gente no le gustaba o las emisoras no lo promocionaban. Ahora lo primero que voy a hacer es madurar los temas y después grabar. Mostrarlos ante la gente y ver si los aprueba o los desaprueba; y uno también irse construyendo en la cabeza qué es lo que va queriendo la gente, ir estableciendo una especie de diálogo. Esto no quiere decir que comercialices tu música, sino que establezcas un diálogo más fluido. Tengo, además, la loca idea de poder conseguir que algún día Los Estómagos me den bola y que podamos grabar un tema juntos. Eso sería, para mí, maravilloso, porque me encantan Los Estómagos.

SR: ¿Qué grupos destacarías del rock nacional?

Jorge: Los Estómagos me parecen un grupo importante. He sentido cosas de Cross, grabadas. Alguna cosita de Luz Roja, que ha mejorado muchísimo. Yo no he visto grupos nuevos que tengan algo que sea detonante. Creo que está todo ligado a que puedan empezar a zurcir un poco la historia, a unir los eslabones que no nos dejaron vivir, y empiecen a buscar un poco más.

SR: Vos que venís tocando desde hace años, ¿no te parece que el presente movimiento de rock nacional está completamente desvinculado uno del otro?

Jorge: Lo que pasa es que hemos tenido una falta de contacto con el pasado. Yo creo que las cosas se van construyendo ladrillo sobre ladrillo. Esa falta de contacto favoreció la formación de micro ghettos. Los jóvenes se iban formando hasta el punto que pudieron desarrollar su música en el ’84, donde explotaron.

SR: Comparando los actuales grupos de rock con los de la década del ’60 y ’70, parecería que a los de ahora les falta algo para sonar como aquellas bandas.

Jorge: Perdieron un poco el blues. Un grupo que tiene blues, porque lo tiene a través de los Stones, es Metamorfosis. Los violeros tienen blues para tocar. Es como lo veo yo. Para mí se perdió un eslabón entre ambos movimientos.

SR: ¿Se te ha acercado algún músico de esta nueva camada en busca de experiencia o consejos?

Jorge: Si se acercan en busca de experiencia y consejos, yo desconfío, porque yo creo que se trata de “vamos a tocar un poco juntos”, en el caso de músicos. En el caso de hablar, bueno, vamos a charlar: yo no sé más que vos, no sé más que nadie, yo no sé dónde está el bien y dónde está el mal. Te voy a decir la verdad, yo me cago un poco en el asunto de las experiencias. He notado un poco de arrogancia en la gente más joven, mucho más que en los veteranos. Aunque acá ya no quedan rockeros viejos; los que están, no están actuando.

SR: El medio los corre.

Jorge: Claro, entonces no hay como tocar juntos. En otros países Keith Richards toca con un guacho de 24 años sin problemas.

SR: Y sin ir más lejos, en Argentina también.

Jorge: Claro.

SR: Y si todos los rockeros se fueron, ¿qué hacés vos acá?

Jorge: Lo que pasa es que yo no soy un rockero, digamos.

SR: Pero siendo músico nomás, porque Jaime Roos, por ejemplo, también se fue y no es específicamente un rockero.

Jorge: Claro, pero Jaime, al igual que yo, tocó rock and roll en una época cuando éramos muy pendejos. Justamente, yo tenía 21 años cuando vino la dictadura, y durante la dictadura hacer rock and roll era loco, y tenías que morir en la incomunicación. Y yo elegí comunicarme un poco más. Y después de ver a El Kinto las raíces pesaron mucho. Porque yo creo que nadie que vaya a una llamada se puede quedar con las piernas quietas, y nadie puede evitar sentir esa vibración tan fuerte que tienen los tambores. Yo no soy un defensor del candombe ni un defensor a ultranza de cualquier tipo de música, yo defiendo la música por encima de todo. Pero el candombe, que son las raíces, que son las cosas que venís escuchando desde chico, es un ritmo noble, independiente de cualquier ideología. Yo creo que desde los jóvenes hasta los viejos deberíamos escucharlo y nutrirnos de eso, porque tarde o temprano vamos a tener que hacer eso. Ya están bajando para acá, están bajando porque están en crisis.

SR: ¿Vivís de la música?

Jorge: Bueno, trato. Trato porque soy muy porfiado; tengo la camiseta de la música puesta. Intenté vivir de otra cosa: fui locutor, barrí pisos, fui sereno, hice mil cosas para poder morfar.

SR: Como que acá es imposible vivir de las regalías de los discos y de las ganancias de los espectáculos en vivo.

Jorge: En este medio es imposible mientras los músicos no nos dejemos de joder y nos empecemos a valorar un poco más. Y empecemos a ver que hay una fuerza terrible. Hay mucha gente que está viviendo a costa de lo que hacen los músicos.

SR: Y el músico no se da cuenta.

Jorge: Vive como en babia. Y no se trata de trabajarse una rebeldía por la rebeldía. Eso está fenómeno, pero vos vivís en una colectividad, y defender esa colectividad, muchas veces, es defenderte a vos mismo. Los músicos nos tenemos que juntar un poco, madurar otro poco y dejarnos de joder. Si empezáramos a vernos más de frente, veríamos un montón de cosas que podemos realmente compartir. Yo te diría que hay miedos.

SR: Y acá sería fácil una integración porque el medio es chico.

Jorge: Pero por lo mismo, porque somos pocos, cuesta mucho romper esas vallas.

SR: Hace falta un poco de voluntad, poca cosa.

Jorge: La llave existe y creo que no es complicada, pero cuesta encontrarla dentro de cada uno de nosotros.

SR: Tenés 38 años. ¿Hasta cuándo música?

Jorge: Hasta que se me caiga una mano.

SR: Esa era la respuesta que quería.

Y quedaron muchas cosas fuera que no pudimos incluir (lamentablemente). De cualquier manera, lo expuesto nos brinda una clara imagen de Jorge Galemire y sus pensamientos, compartidos o no, pero muy respetables.