Nuestras Columnas: Notas Libres

Los columnistas de Sólo Rock Uruguay agregan un contenido valiosísimo al portal. Sus miradas y conceptos únicos sobre distintos aspectos de la música en general y del rock en particular, aportan contenidos que siempre resultan interesantes de leer. Desde los distintos roles que ocupa cada columnista dentro del rock nacional, nos brindan esa visión más que interesante. Para profundizar un poco en esa mirada, en esta oportunidad entrevistamos a Ramón Aloguín, responsable de Notas Libres, y estas fueron sus respuestas.

SR: ¿Por qué tu columna se llama así?

Ramón: Es una especie de aviso a navegantes. Son Notas Libres, porque los temas a menudo van más allá de lo estrictamente musical, y hasta donde la dirección de la Revista lo considere adecuado. También por la consciente combinación (¿mescolanza?) de música / músicos, la industria y la economía. Un menage a trois donde en mi opinión sólo dos de los participantes salen del “encuentro” relajados y con una sonrisa mientras el tercero a menudo se ha ido con menos de lo que tenía al principio. Libres también porque dicen las cosas tal como las siento y las pienso. En el más egoísta de los sentidos, pues creo que así contribuyo a dar un punto de vista diferente sobre las cosas. Y si logro que sólo una persona acepte reconsiderar su visión sobre un tema (no cambiarla, sólo cuestionársela), considero que habré tenido éxito.

SR: ¿Cuál es el espíritu de tu columna?

Ramón: Creo que vivimos en un mundo donde hace mucho tiempo dejamos que otros decidan por nosotros: redes sociales, algoritmos, inteligencia artificial. Por lo tanto, la misión de la columna es decir verdades de las feas (las buenas no hace falta decirlas pues ya se conocen) y dar mi opinión acerca de porqué creo que deben de modificarse, y si es posible, sugerir al menos una manera de cómo hacerlo. Y si mi experiencia puede ser útil, pues fantástico. Y si estoy solo con mi punto de vista, creo que es mejor (para mí y para todos) el haberlo dado a conocer. Del intercambio salen grandes cosas. Al fin y al cabo, ¿no es ésa una de las ventajas / derechos de tener casi 60 años? Jajajaja.

SR: ¿Qué ha representado para vos el espacio para tu columna en Sólo Rock?

Ramón: Perdón porque he de comenzar con un aspecto estrictamente personal: amistad y confianza por parte de los directores: tú y Winston Estévez. Desde 1986; ¡¡¡casi cuarenta años!!! Eso es mucho. ¡¡¡Gracias!!! Yendo ya al meollo de la pregunta, un artista es alguien que necesita expresarse y que necesita, a la vez, un cierto feedback sobre aquello que ha expresado. Las vías de expresión son múltiples, pues el ser humano es multifacético por naturaleza. Pero el ser humano también adolece de una muy exigua capacidad de atención, se distrae muy rápido y pierde el foco con cualquier cosa que pueda estar sucediendo simultáneamente. Por ello es que usualmente a los artistas se les conoce por una sola rama y no por todas o al menos varias de las que domina. Ginger Baker era escultor. Eduardo D’Angelo era dibujante, como Álvaro Armesto. Enrique Almada era pianista. Grace Slick es pintora, igual que Jeffrey Hammond-Hammond. Pero no se les conoce (o casi) por ninguna de esas otras facetas. Sin que esto signifique compararme con los anteriormente mencionados (ni siquiera por aproximación), esta columna me ha permitido combinar las cuatro cosas (posiblemente las cuatro únicas cosas) de las que sé algo: música, periodismo, números y fútbol.

SR: ¿Cuál es tu análisis sobre la actualidad del rock nacional?

Ramón: Aquí he de ser MUY cauteloso, pues no pertenezco a la actualidad del rock nacional desde antes de acabar el siglo XX. Me he mantenido al corriente, en la medida de lo posible, a través de Meridiano Juvenil en su momento o de espacios como la propia Revista Sólo Rock, Abriendo Cabezas de nuestro amigo y compañero de banda y de la vida, Pablo Daniel Techeira, El Factor S de Ernesto Sclavo, los libros de Fernando Peláez y de nuestro compañero de columna Gustavo Aguilera, o los diversos espacios de Gio Pertuzatti. De todo ello lo que me quedo es que han pasado más de 30 años, y a la distancia lo que me parece es lo siguiente: uno de los integrantes del menage a trois ha muerto (la industria discográfica). Ha fraguado su propia muerte a conciencia. He escrito un artículo al respecto en esta revista. Y como que no se trata de Jesucristo, pues no resucitará, al menos en mi opinión. Por tanto hoy es una relación “tradicional” entre dos: música / músicos y economía. Una relación que aunque haya un participante menos, continúa siendo largamente injusta e inequitativa. Y una constatación así, después de tanto tiempo, duele. Al menos a mí me duele mucho. Por tanto, mi aporte es volcar mi experiencia, para que se pueda aprovechar aquello que en mi época hicimos bien, y que la generación presente pueda aprender de nuestros errores.

SR: ¿Por qué te parece que es importante seguir apostando al rock nacional?

Ramón: Porque hay muy buenos músicos que han creado muy buena música. Por eso mismo. Jorge Barral (Opus Alfa, Días De Blues) ha salido en la contraportada del diario El País de Madrid hace unas dos semanas. Es un hombre muy inteligente y ha dicho allí un par de cosas que al menos a mí me han hecho reflexionar mucho. La primera, que ha leído aquí en España que el candombe era argentino (yo también he leído y varias veces que Galeano y Benedetti también eran argentinos). Y añade sabiamente Jorge, que para complicar más las cosas, él es un uruguayo que jamás ha tocado candombe. La lectura que yo hago de sus palabras es que el candombe es sin dudas uruguayo, pero que la música uruguaya va MUCHO más allá del candombe. La segunda cosa que dijo es que la música uruguaya es excelente, porque no puedes vivir de ella. Esto lo enlazo yo con mi obsesión por la autogestión. Y vaya por delante que con La Incandescente Blues Band tuvimos la inconmensurable suerte de no haber pagado JAMAS ni un solo peso por grabar NINGUNO de nuestros cinco fonogramas. Pero si volviésemos a grabar mañana, seguramente que habríamos de sufragar todos los gastos de nuestro propio bolsillo. A partir de aquí, no habrá sello discográfico, productor (de ninguna de todas las categorías que muy bien nos explicó Gabriel Brikman en sus artículos para Sólo Rock), manager, publicista, red social, ni absolutamente nadie que nos diga a Paula, Daniel, Rodrigo ni a mí qué es lo que tenemos que hacer ni cómo. La única excepción sería (como siempre) Amílcar Rodríguez, el quinto Incandescente. Seremos tan perfeccionistas, descuidados, estruendosos o empalagosamente románticos como nosotros queramos, y ofreceremos a nuestro público lo de siempre: un producto 100% auténtico y sincero. Y será el público el único que decida si nuestra música merece la pena ser escuchada o no. Pero lo que tengo claro es que en la INMENSA MAYORÍA de los casos, la música uruguaya y el rock uruguayo merecen ser escuchados atentamente. Pero de momento, entidades públicas apuestan por artistas argentinos y les pagan un cachet de seis dígitos en dólares. También he escrito un artículo al respecto. Gracias a todos por estar allí y por vuestros ojos y oídos. “Para hacer música, para hacer música, para hacer” (Gracias al cielo, Dino).

Ariel Scarpa