Bronson y Los Turbios – Niño Esquimal (2020)

Al filo del fin de 2020, Bronson y Los Turbios nos alegraron el momento con la edición de su Niño Esquimal. Qué mejor que recibir una buena patada de rock and roll bien dada, para devolvérsela a este año complicado. Once canciones que suenan y suenan, que a alto volumen se potencian aún más –como debe ser con el buen rock– y que nos mantienen sacudiendo la cabeza.

Muchas veces no es necesaria la grandilocuencia para obtener los mejores resultados. El rock lo ha demostrado en infinidad de veces a lo largo de su historia. En esta materia alcanza con hacer las cosas con honestidad y autenticidad para obtener un buen conjunto de canciones, que nos muestren las distintas luces que la música rock nos puede brindar desde los sonidos más puros del mismo. Y esto es precisamente lo que ocurre con Niño Esquimal. Es un discazo que desde el comienzo ya se siente que la creciente tormenta va a arreciar. Esto no está nada turbio, está clarito: viene de rock and roll y no es joda.

La banda está integrada por Gonzalo Guido (voz), Jhonatan Larrama (guitarra), Pablo “Morgan” Roggero (batería) y Fabricio “Fity” Muñoz (bajo). Grabado entre octubre y diciembre de 2019 en El Ombú Records, está compuesto con los siguientes temas:

Intro Sun Tzu – De pie – Comunicación real

N.D.P (EneDePe) – Puñalada – Osvaldo Rodríguez

Ceguera – Los murciélagos – Enemigo oculto

Un instante – Invierno en la fábrica

La solemnidad de la voz de Gonzalo Guido, la entereza del sonido de los instrumentos perfectamente ejecutados para el fin buscado, lo compacto de la propuesta, las letras y la potencia de la música son los puntos más fuertes de este disco. Su característica principal es que resulta imposible no ponerle atención cuando comienza a sonar… y cuando continúa haciéndolo. Una fuerte influencia grunge asumida y procesada para el disfrute de todos nosotros.

Comenzamos el recorrido con la intrigante primera pista “Intro SunTzu”, que no hace más (ni menos) que preparar el terreno para lo que vendrá: una paliza de rock del mejor, con todas las letras. Y arranca con “De pie” con su marcadísimo riff y contundente base, decorada con la voz desgarrada que se lucirá a lo largo de toda la placa. El conjunto es la banda sonora perfecta para la declaración que ofrece la letra. “Comunicación real” acelera el ritmo pero mantiene todo lo expuesto en “De pie”. Seguimos disfrutando con N.D.P. (EneDePe), introducida por un bajo con un muy buen ataque. Cambian los ritmos y se mantiene la calidad. “Puñalada” suena impecable, tiene muchos elementos destacables, y logra un clima donde el colchón creado por la guitarra juega un papel destacado. “Osvaldo Rodríguez” cuenta con el sonido de la guitarra básica, que cuando suena sola no sólo que no tira el tema hacia abajo, sino que multiplica su poder. La bata y el bajo golpean claramente en un tema cristalino y potente.

Otros climas nos esperan cuando “Ceguera” está sonando, algo que se profundiza con “Los murciélagos”, siendo quizás el tramo más diferente del disco. Una versión muy bien lograda de la original “El cieguito volador” de Sumo, transformándola por completo y metiéndola sin problemas en el estilo de Bronson y Los Turbios. Todo un desafío. Sigue “Enemigo oculto”, que nos vuelve a volar la peluca con su polenta. “Un instante” es otro muy buen exponente de lo que la banda sabe hacer: una canción rockera con todos los componentes necesarios. El final del disco viene de la mano de “Invierno en la fábrica”, tema introducido por un piano y sonidos de fondo. Otra buenísima interpretación del mejor rock que no nos ayuda a asumir que el disco llegó a su culminación.

El rock nacional sigue dando material de lujo. La pandemia parece haber ayudado a potenciar la creatividad ante la falta de toques en vivo. Bronson y Los Turbios son un clarísimo ejemplo de lo bueno que puede hacer una banda local y cómo puede sonar. Hasta aquí lo escrito, porque ya comienza nuevamente Niño Esquimal, y mis oídos piden volumen.

Ariel Scarpa