Quien Dice Que El Rock Está Muerto Es Porque Él Lo Está

Es habitual escuchar por estos días que la gente joven ya no se interesa por el rock, y que por lo tanto, tiene los días contados antes de su extinción. Lo primero es cierto en buena medida, pero lo segundo dista mucho de una realidad posible.

Quizás la primera pregunta deba ser porqué los jóvenes han perdido el interés en la música que ocupa a esta revista digital. Se me ocurren varias respuestas. En primer lugar, las tendencias de los mercados de la música están llevando el público para otras corrientes. Desvalorizadas o vacías de contenido, repetitivas o simplistas, la verdad es que tienen su éxito asegurado mientras el rebaño siga lo se les ocurra que es buen negocio a los que manejan el mundo y a la música. Al rock le queda un espacio reducido en un mundo donde cada vez es menos valorado el pensar diferente y buscar alternativas, y donde el apartarse de lo que está “de moda” no está bien visto o puede ser potencialmente peligroso.

Mientras la agenda mundial sigue tirando temas sobre la mesa para que nos ocupemos de ellos (se me ocurren muchos), nos brindan espacios para expresarnos, pelearnos por estupideces, alienarnos, brindar información muy valiosa a quienes no se debe, y olvidarnos de lo que realmente importa. Dentro de eso que realmente debería importar, la música, como otros tantos elementos, sigue siendo procesada para su consumo. La creatividad, el esfuerzo y el mérito, la entrega y otros tantos valores que la música puede tener, carecen de valor en ese ámbito en esta actualidad en la cual los jóvenes (como debe ser) marcan el pulso. En pocas palabras, la música no escapa de las generales de esta absurda ley impuesta donde se pretende una desvalorización general.

Evidentemente quienes seguimos apegados a “lo que fue”, somos los viejos. Y dentro de ese pasado está nuestra querida música rock. ¿Esta realidad es mejor o peor? En líneas generales, no lo sé, aunque como veterano podría decir que todo tiempo pasado fue mejor. Y estoy completamente seguro que, en materia de música, el rock sí lo fue y aún lo es. Porque representa, ni más ni menos, todo lo que cada uno de nosotros le quiera poner dentro. Todo el mundo del escucha como contenido de esta música que ha representado varios papeles a lo largo de su historia. Y vaya si tenemos historias personales asociadas a esta música del alma, vinculadas a algo más que mover el culo frenéticamente sobre bases repetidas hasta el hartazgo producidas en laboratorios de sonido para su consumo masivo. Sueno como un viejo, ¿no? Es porque tengo más de 50 años, y pertenezco a la generación donde importaba y se valoraba al artista por su contribución. Por supuesto que siempre estuvieron las manos mágicas haciendo negocio con la música, pero por lo menos en muchos de los casos había una obra atrás.

Mi pregunta es ¿desde qué momento el rock tuvo veleidades de fama, gloria y fortuna? No desde su nacimiento, precisamente; y tampoco necesariamente por las bandas que lo practicaron o practican desde el rincón más auténtico de su corazón. Nuestro medio local sabe mucho de esto, desde siempre y no sólo en la música. Pero como el valor de la autenticidad ha ido decreciendo con el tiempo, al rock no le es ajeno.

No sólo que ya no importa el contenido habitual del rock (protesta, diversión, amor, etc.) ni la música que lo sustenta, sino que sigue siendo peligroso para el mundo en el sentido de no acompañar lo establecido. No se trata de que estemos inspirados y seamos capaces de crear, aportar y ser libres, sino todo lo contrario. Como reflejo del intento de vaciar de contenidos cada día más a la sociedad, el rock sufre en la misma medida que otros ámbitos que deberían estar poblados de jóvenes. Pero no es la idea, por supuesto, sino todo lo contrario. De cualquier manera, mientras haya algo para expresar desde el fondo del alma, siempre habrá una banda de rock sonando sobre un escenario, sin importar si la concurrencia es masiva o si el local está medio vacío, si se llena de jóvenes o sólo estamos los viejos. Porque si el rock ha de morir será cuando todos y cada uno de los que lo sustentamos haya abandonado la subversión de hacerse oír.

El rock, como música que es, proviene de los integrantes de la sociedad, en cualquier parte del mundo. Como estilo, fue utilizado como una forma de denuncia, de protesta, de marcar posiciones políticas, culturales, supo apelar al humor y al sarcasmo, y fue usado como diversión y hasta para bailar. Que hoy no haya muchos jóvenes que se dediquen a cultivar el rock, no indica que el rock se esté muriendo, sino que la juventud lo está haciendo al no tener una postura crítica frente a los hechos del mundo actual.

¿No hay más nada para decir? ¿Está todo bien como está? ¿Estamos conformes por los carriles por los que va el mundo? No se trata sólo de música, el rock siempre fue actitud, actitud para manifestarse y marcar una diferencia. Si hay algo en que esta globalización uniformizante ha sido exitosa es en hacer callar las voces disidentes adormeciéndolas, dándoles todo lo que creen que necesitan para su confort, logrando un silencio cómplice sobre todo lo que está mal.

El rock nace de la gente, y estamos todos tan mal que queda poco rock and roll en las mentes y almas de la juventud. Esto no indica que es el fin, no por lo menos mientras haya una luz de esperanza para que el rumbo del mundo cambie. Y si el rock no lo logró en otros tiempos, por lo menos era un faro aglutinante de las posiciones disidentes en la materia que fuera.

Aunque esto parece ocurrir poco en estos tiempos, decir que el rock está muerto es decir que no tenemos más chance de cambiar nada, es entregarse sin defender la disidencia, dejándose aplastar por la dominación de quienes creen que manejan todo. Por eso…

Quien dice que el rock está muerto es porque él lo está.

Ariel Scarpa