Serie Rockeros – Colección de Libros de Maxi Curcio

Sólo Rock recibe una comunicación del autor Maximiliano Curcio, argentino, donde nos cuenta de la edición de nueve volúmenes que rezan sobre siete músicos claves del rock en la vecina orilla, sumando dos artistas más de rock internacional. Más allá de la presentación de su obra, ahondamos en sus pensares con una completa entrevista, donde nos cuenta mucho más que sobre su colección “Rockeros”.


Reza su biografía en su página web:

Maximiliano Curcio nació en la ciudad de La Plata, en 1983. Es escritor, docente y comunicador, egresado de la Escuela Superior de Cinematografía de Buenos Aires.

Realizó críticas cinematográficas, análisis teóricos y ensayos para distintos medios gráficos y digitales desde 2004 hasta la fecha. También llevó a cabo coberturas de festivales de cine, muestras de arte y recitales de rock de las principales figuras de nuestra escena. Autodidacta y de espíritu artístico inquieto, ha reseñado obras de teatro, libros y discos. En el año 2016 creó el “Espacio Cultural Siete Artes”, un portal de enseñanza a distancia, tarea que complementa con el dictado de ciclos de cine y talleres grupales en diversos centros culturales. De forma paralela, ha emprendido numerosas tareas de investigación y gestión cultural.

Desde 2018 es director de la “Revista Cultural Siete Artes”, donde ha entrevistado a importantes personalidades de la cultura y el arte nacional. Es columnista semanal del programa de radio “La Cultura del Payaso” y productor y conductor del podcast radial del “Canal Siete Artes”. En el año 2019 publica su primera antología de libros titulada “THE END”, una serie de publicaciones fruto de 15 años de trabajo escribiendo acerca de la historia del cine y sus protagonistas


La serie de libros repasa la historia del rock tomando inicial el riesgo de la selección de artistas. Es así que los volúmenes comprenden una fundamentada lista, que es la siguiente:

Luis Alberto Spinetta – Volumen I – Charly García – Volumen II

Indio Solari – Volumen III – Gustavo Cerati – Volumen IV

Fito Páez – Volumen V – Andrés Calamaro – Volumen VI

Pedro Aznar – Volumen VII – Enrique Bunbury – Volumen VIII

Guns N’ Roses – Volumen IX

Pueden leer los detalles de cada uno de los artistas en el siguiente link:

https://maximiliano-curcio.webnode.com/serie-rockeros/?fbclid=IwAR1HaB_oDRwcI628gbxrxJRF5VZpIqW1wZgPnzVFq9YmbNf3HSmORWdDvfY

Enlaces del autor:

Página web: https://maximiliano-curcio.webnode.com/


Damos paso a la entrevista con Maxi Curcio, para que nos cuente mejor sobre sus ideas.

SR: ¿Cómo te presentarías ante el público uruguayo?

Maxi: Soy un escritor independiente argentino, nacido en la ciudad de La Plata. Soy periodista cultural, productor audiovisual, docente y fotógrafo aficionado. Me considero un ser creativo, curioso por antonomasia y en permanente búsqueda de trasladar, a través de un lenguaje artístico, la mirada sobre el mundo que me rodea, la visión personal sobre aquel arte que me estimula. Lo cierto es que escribo mucho y duermo muy poco, que llevo a cabo una actividad cultural incesante, producto de cuanto me apasiona mi oficio. Transitar el ámbito de la cultura no es sencillo, más aún proviniendo del campo emergente y de la autogestión. Hace dos años que soy director de una revista cultural gratuita, que se llama Revista Siete Artes y, también, durante el mismo lapso de tiempo, he estado vinculado el medio radial a través de una serie de proyectos que he llevado a cabo con absoluta pasión, porque es una forma de comunicar que amo. Me cuesta definirme en verdad, huyo de las etiquetas. Porque en mi búsqueda de recrearme y combustionar el propio fuego que se alimenta por la escritura, voy descubriendo nuevas facetas de mí y eso me parece maravilloso. Preferir la versatilidad y el desafío es regla, elegir el camino más duro y arduo a la común convención de crear sobre el territorio ya establecido y conquistado. Vivimos persuadiendo nuevos espacios, no obstante, sabemos que nos movemos dentro de una actividad bastante delirante e incierta. Transitar el ámbito de la gestoría cultural, en mi país, es una tarea que requiere de muchísimo esfuerzo y dedicación, que no siempre es justamente reconocida y valorada -ni hablemos de desempeñarse en el campo rentado y hacer del arte tu medio de vida-. En cierta forma, me considero un investigador cultural y es fundamental la formación teórica que he recibido. Soy egresado de la Escuela Superior de Cinematografía y es muy necesario incorporar herramientas didácticas, para luego transmitir en un lector, en un espectador o interlocutor aquello que te apasiona. Por supuesto que eso no es todo, también está la intuición y cierto caos donde habitan las expectativas creativas… seguimos escribiendo; urgentemente, hoy, mañana y ayer. Hace poco me dijeron que “creamos para crear”… y que “creamos para sobrevivir”. Me ayuda esa frase realmente, es encontrar el equilibrio necesario con mi forma de estar en el mundo. Te diría sí, que escribir es un acto de supervivencia, también una obligación moral. Pero, por sobre todas las cosas, es el impulso inconsciente y el deseo de viajar profundo hacia el centro de tu propia cosmovisión, lo que motiva el viaje. La misión no es la meta, sino hacer camino. Lo importante no es llegar, dijo ya un poeta rosarino…

SR: ¿Cómo surge la idea de la serie “Rockeros”?

Maxi: La idea de “Rockeros” surge como una cuenta pendiente y postergada de mi carrera de escritor. Dejada en suspenso un tiempo más que prudencial, luego de haber trabajado, de forma incesante, durante dos años, con la antología de cine “The End”. Y encuentro en ambos trabajos una misma raíz: sentí la imperiosa necesidad de realizar un proceso de recopilación, reescritura, puesta en valor y puesta en presente de mis escritos -ensayos, columnas de opinión, artículos varios, análisis de discos y cobertura de shows de rock- que realizara en los últimos quince años de mi trayectoria como periodista cultural; y, así, es donde la serie va cobrando vida… te diría, abriéndose como un prisma. Así es como puedo poner en perspectiva mi trabajo como escritor, colocar mi mirada sobre un fenómeno como el rock y pronunciarme al respecto de trazar valores conceptuales que otorgan a cada libro una entidad individual y a la serie un vuelo estético y una consecuencia de homogeneidad. Si ven cada libro, notarán un hilo individual que fuertemente los une: el camino de búsqueda biográfica sobre cada artista, en cada uno de ellos, se espeja notablemente: se revisan discos, canciones y shows; y también hay exploraciones para determinar el impacto de tal o cual artista en otras facetas y expresiones, como la literatura, el cine, la fotografía y los videoclips. Fue una tarea exhaustiva, demandante, exigente, sumamente perfeccionista y desmesurada. Al fin, de eso estamos hechos y el proceso de edición, el trabajo de corrección y reescritura casi obsesivo que dedicó la serie, tomó mi tiempo por completo, trabajando a la par de la editorial para sacar el mejor producto posible. Fue agotador en igual medida que reconfortante, y, una vez más, fue vital el apoyo incondicional de Vuelta a Casa. De su editor Sergio Sánchez y del diseñador visual Nicolás Soldo; por la confianza que depositaron en mí, para juntos conseguir este nivel de detalle con tanta puntillosidad, en un año de intenso trabajo. Sin esa sincronicidad, hubiera sido imposible.

SR: ¿Cómo seleccionaste a los músicos sobre los que escribir?

Maxi: En las nueve luminarias que aborda la serie “Rockeros”, posee una intención conceptual que tiene un guiño bastante amigable: si miramos la colección, vamos a ver que tiene cierto orden cronológico, es decir los primeros tres volúmenes están destinados a analizar a la primera generación de nuestro rock nacional -años ’60 y ’70- los siguientes cuatro volúmenes se centran en la llamada segunda generación -surgida en los años ’80- y, podrían considerarse los volúmenes VIII y IX, si se quiere, bonus tracks que tienen en su intención el riesgo necesario como para ampliar el punto de vista y llevar el juego a terrenos internacionales: si pensamos en Enrique Bunbury como elegante estandarte del rock hispanoparlante en todo el mundo y a Guns N’ Roses como el epítome de mega banda internacional, desde fines de los ochenta hasta nuestros tiempos. Intento, a través del análisis del lenguaje musical, descubrir sentidos y ampliar perspectivas; bucear en la lírica de cada canción y en el núcleo de cada disco analizado. Hacer de la crítica de rock un acto poético, un rescate histórico y un testamento emotivo.

SR: ¿Por qué son nueve?

Maxi: Pareciera que nueve es mi número de la suerte: nueve fueron los volúmenes que compusieron la antología de cine que edité el año pasado, una retrospectiva que echaba la mirada atrás acerca de mi vínculo con el séptimo arte, desde mis tempranas épocas de transitar la crítica cinematográfica hasta nuestros días. Curiosamente, el número nueve se repite en esta colección, pero te aseguro que es un hecho fortuito y azaroso. Quizás debiera revisar mi carta astral y no tomarlo tan livianamente, pero podría decirte que, literalmente, me elige este “9” por segunda vez: siempre supe que estos artistas iban a formar parte de la colección, no solamente por ser una cuestión meramente subjetiva acerca de las nueve personalidades de rock que más marcaron mi vida profesional y mi historia de amor con la música desde un costado más personal, sino también por la firme convicción de que puede contarse la historia del rock en nuestro idioma, y trazar cierto paralelo con un estado del rock mundial, a través de estos nueve paradigmas fundamentales.

SR: ¿Quiénes te quedaron afuera de esta serie?

Maxi: Nadie quedó fuera de la serie; en realidad, llevé a la editorial este proyecto con la libertad creativa que me fuera dada para poder incluir en esta selección de músicos y bandas a los artistas fundamentales que, según mi óptica, no podrían faltar. Por supuesto que uno realiza un enfoque y un recorte teórico acerca del lenguaje, y la serie consta de un formato de nueve entregas. El recorte se acota por sí solo y el capricho deja fuera del estudio musical a tantos artistas bellísimos de nuestra música (pienso en nuestro amado Litto Nebbia) o estandartes mundiales del rock siglo XX (pienso en un artista interestelar como Lennon), de otra manera, hubiera resultado un estudio mucho más amplio e inabarcable, que tampoco fue la intención que perseguía este proyecto. Independientemente, queda flotando en mi cabeza la idea de extender la serie en un futuro a otros nueve artistas, pero no es algo concreto aún. Al momento de realizar la recopilación del material y llevar a cabo un proceso de reescritura de textos para adaptarlos al formato libro, esta tarea demandó casi un año de trabajo. Me encontré con una importante cantidad de material generado por mí a lo largo de estos últimos quince años como periodista cultural, transitando la escena rock y me vi en la difícil tarea de desechar una gran porción del mismo, que abarcaba otra serie de artistas que no forman parte de la presente serie. Fue imperioso centrar la atención en estos nueves artistas, por eso es que, junto con la editorial, combinamos en reunir todo ese material que no se ajustó a los criterios conceptuales de esta colección y editarlo de forma independiente, bajo un formato de libro en dos volúmenes -pensé en un posible “lado A y lado B”, símil al formato del antiguo y siempre querido vinilo- que incluirá crónicas melómanas en primera persona, acerca de artistas, bandas, shows y canciones de rock, tanto nacional como internacional, de todos los tiempos. Estoy muy entusiasmado con que este material salga a la luz. Completamente inédito, se llamará “Rock de mi Vida” y será publicado, si todo marcha bien, en febrero de 2021.

SR: ¿Guns N’ Roses es un colado?

Maxi: En realidad, dudo que “colado” sea el adjetivo correcto y haga justicia a semejante banda. Como te explicaba anteriormente, la intención conceptual de la serie cotejó, desde un primer momento, la inclusión de una banda referente de rock internacional. En todo caso, podríamos pensar razones por las cuales es inmanente hablar de Guns a la hora de evaluar el panorama de rock internacional contemporáneo. Una banda surgida de la prolífica y efervescente movida californiana glam de los meridionales años ’80. Una banda que sintetizó influencias de bandas de rock como Aerosmith y Queen y, amparándose en el carisma y la creatividad de su líder vocal y alma mater, en el pulso de su guitar hero Slash, en las influencias de su bajista punk Duff McKagan y en el sabio don de letrista de Izzy Stradlin, supo crear una maquinaria aplastante e infalible que, durante un lustro, dominó el mapa mundial de rock. No hay un fenómeno que se le acerqué en los últimos treinta años. El género no vivió un paradigma similar, sin embargo, esta vida creativa del grupo acabó conspirando contra la idea de trascendencia: cortocircuitos internos minaron la química invariablemente y la banda se disolvió por completo. Al comando de la nave quedó Axl Rose, preso -literalmente- durante una década y media de esos demonios creativos. Sin embargo, con el completo dominio de la libertad compositiva y la autonomía creativa sobre el rumbo que la banda decidiera tomar, creó un disco tan majestuoso como caprichoso (Chinese Democracy) y este hecho tan colosal como inaudito (una banda que pasó de ser el epítome de rock de estadios en todo el mundo a editar material nuevo muy esporádicamente) merece llamar nuestra atención. Trato, entonces de echar un poco de luz sobre estas sombras. GNR es el enigma que sigue generando fascinación magnética, y mucho le debemos al genio incomprendido de Axl, para bien y para mal…

SR: ¿Cómo ves al rock internacional hoy?

Maxi: Pese a cómo se ha fragmentado el panorama musical mundial, el rock internacional goza de excelente salud, se ampara en la vigencia de bandas históricas, y aún en permanente actividad e ingenio creativo -como The Rolling Stones, Aerosmith o AC/DC-. Lo mismo podría decirse de artistas solistas fundamentales, que fueron auténticos precursores el rock and roll -como Paul McCartney, Roger Waters y Bob Dylan-. Por supuesto que, a nivel internacional, y acerca de un fenómeno tan global como el rock, se complejiza aún más la ecuación: el género sigue siendo lo suficientemente masivo y contundente como para transmitir su mensaje de autenticidad y de inconformismo. Y el planeta sigue siendo un fértil laboratorio en donde germinan bandas eminentes de la actualidad, como Muse y Arctic Monkeys, entre otras, también trazando un puente generacional con esa bisagra del fin de siglo que fue el movimiento emergente y contracultural proveniente de la ciudad de Seattle, que nos entregara bandas aún hoy en activo, como Pearl Jam y Alice in Chains. Por otra parte, pensemos en el eco que tendrá este formato rock en las nuevas generaciones. ¿De qué hablamos cuando hablamos de rock? Reflexionemos acerca de dónde están direccionadas las inquietudes y el papel que juegan los medios de comunicación… los artistas cuentan su peso en calidad de oro por la reproducción que tienen en Spotify. Y no es una valoración justa ni equitativa. Sabemos que la trascendencia no pasa por ahí, pero, al fin, es parte de la coyuntura en la que estamos metidos: valores muy llanos y una superficialidad pasmosa a nivel comercial. Pensemos cómo cambió la industria discográfica; hoy cualquiera puede sacar un disco (el formato físico apenas sobrevive y la idea homogénea de un disco parece algo utópico de tiempos más románticos) o una canción aislada, aún sin el mínimo de artesanía o disponibilidad tecnológica. Pienso en las etiquetas que rigen el mercado, músicos de moda que están grabando, que están componiendo, a merced de los parámetros marketineros que rellenan la identidad de la industria del espectáculo y el entretenimiento. No descubro nada si digo que se están haciendo hits con muy poco ingenio y, por ende, eso también habla de una construcción social, cultural, y un adormecimiento preocupante. O sea, hay una gran parte del público que se deslumbra con poquito y nada. Habría que ver cómo medimos la vara de nuestras aspiraciones como oyentes y consumidores.

SR: ¿Cómo está la escena del rock hoy en Argentina?

Maxi: Sigo sosteniendo que el rock nacional continúa sustentado en el legado de aquellos pilares fundacionales que marcaron fuertemente la tendencia del género en las generaciones que lo vieron nacer, crecer y mutar -en los años ’60, ’70 y ’80-. También, considero que Fito Páez es el músico de rock más destacado de nuestro país en el presente, congeniando un nivel de popularidad enorme y un talento creativo perpetuo, vigente lo primero en las convocatorias de sus shows solistas y, lo segundo, evidente en la preciosa arquitectura sonora de su último disco: La Conquista Del Espacio. Un álbum plagado de canciones cuyas letras reflexionan sobre el estado del mundo actual, una faceta que también pone en perspectiva el compromiso del artista con el tiempo en el que le toca vivir. Algo imprescindible. Por supuesto que tenemos referentes fundamentales de la gloriosa época que antes mencioné, aún activos y prestos a sorprendernos, como Andrés Calamaro y su incesante búsqueda por reformular el canon de la canción rock, Indio Solari haciendo cada vez más gigante su mitológico legado popular, y Pedro Aznar demostrando que es un músico que tiene mucha genialidad todavía para descubrir ante nuestros ojos. Cada uno de ellos, engendran, con absoluta personalidad y belleza, sus propias concepciones musicales, por darte tres ejemplos que integran la serie. A su manera, son fenómenos imperecederos, producto de aquel rock insurgente que mira con orgullo a los músicos que nacieron profesionalmente en el nuevo siglo y que encuentran en grupos como Eruca Sativa o en proyectos solistas como Lisandro Aristimuño, la permanente e inteligente búsqueda de la recreación estética y conceptual del género en nuestros tiempos. Por cierto, afortunadamente, al gen Spinetta me alegra de encontrarlo vivo en bandas actuales como a Amel y Jaguar, sintetizando esas influencias de nuestro entrañable Flaco y resignificándolas con absoluta dignidad y honestidad. No obstante, creo que es sensato admitir que el panorama ha cambiado a nivel mundial. Y la batalla está perdida, en cierto punto. En una reciente canción, Fito Páez dice que “los cantores de protesta perdieron la apuesta, al final reggaetón mueve el mundo”. En este sentido, también hay que hacerse cargo que el rock como lo conocimos o también trayendo a conversación la canción de protesta independizada del género; si hablamos de rock como instrumento de protesta, como síntoma y símbolo de la liberación. O sea, hoy el mapa, el mosaico musical latino, está dominado por otros ritmos, por otra realidad y por conceptos mucho más superfluos a la hora de embellecer una canción (hablamos de ritmos, de melodías, de líricas) y el mensaje no va un poquitito más allá del mero confort. Pienso en la realidad que en su momento debieron sortear Luis, Charly y Litto, adalides que llevaron adelante la tribu, este relato en boca a boca generacional y que se pronunciaron en un tiempo muy complicado, dónde era necesario forjar esos monumentos, esas figuras heroicas, ¿no? Porque había algo muy complejo contra la cual pronunciarse y a lo cual vencer… el poder de turno… entonces después de eso, ¿qué? O sea, si vemos el desarrollo del mapa político social latinoamericano en el último medio siglo, plagado de dictaduras, es más sencillo entender como la música empieza a ser ese instrumento, comienza a haber una necesidad de generar belleza en medio de todo ese horror. La incomodidad motoriza todo acto artístico. Y la alegoría fue una gran herramienta para que el rock sobreviviera a la maldita censura.

SR: ¿Sobre qué versarán tus próximas obras?

Maxi: ¡Las obras inéditas que juegan con la ansiedad de todo escritor! Bueno, además de los volúmenes que recopilan crónicas melómanas -acerca de los cuales te comentara anteriormente- me encuentro actualmente trabajando en dos proyectos en simultáneo, que también verán la luz, espero, durante el primer trimestre de 2021. Por un lado, un libro de crítica de arte que se llamará “Sentidos Revelados”, en el cual abordo una faceta como escritor inédita para mí, desde el punto de vista editorial, pero que no me resulta ajena a mi desempeño como periodista cultural, que jamás se queda quieto. Lo que hago allí es, y creo fundamental a la vocación, expandir las fronteras del juicio estético. La superación radica en reinventar tu mirada como escritor, el no cesar en la búsqueda de pronunciarte, estética y conceptualmente, sobre aquello que llama tu atención. Creo que, en ese campo de batalla, persiste y resiste la llamada voz autoral. “Sentidos Revelados” parte de una suerte de ensayo acerca de la creatividad y la inspiración (aquello tan difícil de definir con palabras), y del acto bello que representa -a través del ejercicio de la crítica y la teoría del lenguaje- explorar diversos formatos, soportes y expresiones artísticas, para intentar filosofar, si se me permite, sobre el hombre de nuestro tiempo y reflexionar acerca de qué tipo de legado artístico estamos atestiguando. En definitiva, es mi misión como escritor dar esa mirada, humilde y completamente subjetiva. Este trabajo me ilusiona particularmente, por sobre cualquiera que haya antes encarado. Será que lo dificultoso me motiva especialmente a superarme, e intentar volcar en este ensayo tan vertebrado un parecer -reitero, sumamente personal y microscópico- sobre el arte creativo, valorando ciertas obras imprescindibles del último siglo de nuestra humanidad (o un recorte teórico de ellas) en el teatro, las artes plásticas, la fotografía, la literatura de ficción, la poesía y el formato televisivo. Ha sido una aventura alucinante y ha requerido de la capacidad de síntesis, nunca una virtud para mí. El otro proyecto en el que me encuentro trabajando, y que ya está en etapa de edición, es un libro que será pronto publicado y aborda un estudio crítico del lenguaje cinematográfico, de manera cronológica, a través de cien directores fundamentales que cambiaron el curso de la historia. Por medio de los cuales puede percibirse, por la singularidad que cada uno representó en el abordaje al lenguaje cinematográfico, esenciales al desarrollo de este arte. El libro se llama “Estudio Crítico del Lenguaje” y, de alguna manera, viene a ampliar el sentido de lo que yo ya previamente abundara en el libro “Grandes Autores del Cine Mundial”, que formara parte de la mencionada colección “The End”. Sin embargo, esta futura publicación multiplicará la apuesta, ya que dobla la cantidad de directores abordados y ofrece un material inédito, que abunda en registros técnicos sobre determinados films, y que no fuera publicado previamente en la antología.

SR: Si alguien de Uruguay está interesado en tus libros, ¿cómo los puede comprar?

Maxi: Lamentablemente, ni la presente colección “Rockeros”, ni mi anterior antología “The End”, han podido viajar físicamente a Uruguay. Por una cuestión de costos de envío, que tiene que ver con las tarifas que estipula el correo postal internacional y considerando los valores que manejamos para comercializar, sería imposible de afrontar y encarecería muchísimo el precio final de cada libro. La situación de emergencia sanitaria que estamos viviendo, y las restricciones vigentes para movernos con libertad, son otro factor que complica el panorama, de momento. De todas maneras, ambas colecciones están disponibles en formato digital (e-book) para que todos los uruguayos amantes del rock y del cine puedan acceder a conocerlas.

Ariel Scarpa

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